martes, 20 de octubre de 2020
LAS ORCHILLERAS... (Lugar de la vida)
sábado, 3 de octubre de 2020
Ponzoñoso politiqueo aquí agrava pandemia y economía: lo peor de ambas entre toda la UE...
viernes, 2 de octubre de 2020
"Por un Covid"... ¿Hemos pasado del defender libertad en la expresión a protegernos de ella?
Arthur Miller decía que un buen periódico era un país hablándose a sí mismo. El escritor neoyorkino hoy vería que los medios de Estados Unidos están más polarizados que nunca y que una parte de la sociedad no dialoga con la otra, como evidencian los sondeos del Pew Reasearch Center. Es una tendencia en Occidente: las opiniones afines se refuerzan entre sí; sin embargo, las contrarias no se debaten, sino que se censuran. Además, determinadas ideas o productos culturales se etiquetan por el efecto que pueden producir en el receptor, antes de debatir el origen de la posible ofensa.
¿Nos está engullendo una lógica en la que, más que diálogo, buscamos reafirmación y protección?
Una decena de editores de medios americanos han dimitido o sido cesados por no haber mostrado la suficiente sensibilidad con sus colegas y compatriotas negros. Uno de los casos más mediáticos fue el del editor de opinión del New York Times, que publicó una columna de un republicano que pedía la intervención militar contra los manifestantes en los disturbios raciales. En este mismo diario, esta semana escribía el columnista Bret Stephens: “Esto es una tragedia. Como periodistas, tenemos la obligación del ser rigurosos y de argumentar. También tenemos la obligación de mantener fuera de nuestras páginas editoriales las ideas odiosas innegables, como la negación del Holocausto y el racismo. Pero el periodismo serio, completo con un intercambio vigoroso de ideas, no puede sobrevivir en un ambiente en el que una modesta toma de riesgo intelectual o una ofensa menor de las nuevas ortodoxias ideológicas puedan significar la ruina profesional”.
En el libro 'The coddling of the American mind: how good intentions and bad ideas are setting up a generation for failure' ("Mimar la mente estadounidense: cómo las buenas intenciones y las malas ideas están creando una generación para el fracaso"), Greg Lukianoff, abogado experto en libertad de expresión, y Jonathan Haidt, psicólogo social, hablan de que la hiperprotección de los jóvenes en Estados Unidos les ha hecho pasar de anhelar y defender la libertad de expresión a defenderse contra ella.
Como explican Lukianoff y Haidt, esta nueva forma de entender la democracia se origina en gran parte en las universidades americanas. En muchos campus se han habilitado los llamados "espacios seguros", no solo en el sentido físico para evitar robos o agresiones, sino también en el ideológico. El objetivo es que nadie diga nada que pueda herir los sentimientos de nadie. Se obliga a incluir "advertencias" ('trigger warnings') en las películas, libros y conferencias cuando algún contenido pueda resultar doloroso para los estudiantes. Así se ha hecho, por ejemplo, en obras como 'Matar a un ruiseñor' o 'Huckleberry Finn' porque usan la palabra negro. Muchas apariciones públicas de personajes que pudieran violentar a minorías se han cancelado.
Recuperar la crítica
El periodista Ricardo Dudda, en 'La verdad de la tribu' (Debate, 2019), explica que se ha impuesto la idea de que no hay adversarios, sino enemigos irreconciliables. Es la batalla de un estereotipo contra otro. Un nudo difícil de deshacer, ya que al considerar al otro ilegítimo estamos dando todos sus marcos de análisis por falsos. El escritor José Luis Pardo alerta del peligro de sustituir la crítica por un comisariado moral y de que “la dictadura de los justos es tan dictadura como la de los bribones”.
Que algo nos haga sentir mal no quiere decir necesariamente que sea dañino o peligroso. Para Isaiah Berlín, la esencia de la libertad estaba en la posibilidad de elegir, “porque así se desea, sin coerción, sin presiones, sin verse engullido por un vasto sistema; y en el derecho a oponerse, a ser impopular, a defender las convicciones propias simplemente porque son tus convicciones”.
¿Se puede recuperar el pensamiento crítico y la objetividad frente al razonamiento sentimental?
( Foro de Foros )
miércoles, 2 de septiembre de 2020
"Esta pandemia no es novedosa; la manera de afrontarla, sí..." [Y los fríos datos no engañan]
lunes, 24 de agosto de 2020
Frente al presente "sopicaldo de Wuhan...", es decir, contra lo Capitalista o/y la pandemia [2]
Sacrifican creencias a la supervivencia. La caridad se manifiesta mediante distanciamiento. Virología desempoderó a la teología. Ya están todos escuchando a los virólogos, que tienen absoluta soberanía de interpretación. La narrativa de la resurrección ha dado paso a otras ideologías de salud y supervivencia. Frente al virus, la creencia se acaba por convertir en una farsa...
Un segundo problema es que la Covid-19 no sustenta democracias. Como es bien sabido, del miedo se alimentan autócratas. En la crisis, las personas vuelven a buscar líderes. El húngaro Viktor Orban se beneficia enormemente de todo ello, declara el estado de emergencia y logra convertirlo en una situación normal. Es el final de la democracia...
Europa y Estados Unidos están tropezando. Ante la pandemia van perdiendo su brillo. El virus no detiene los avances en China, que venderá sus estados de vigilancias autocráticas como modelo del éxito contra la epidemia. Exhibirá por todo el mundo aún con más orgullo la superioridad de su sistema. La Covid-19 hará que se desplace un poco más hacia el gigante de Asia el poder mundial. Visto así, el virus marca un cambio de nuestra era...
Una solidaridad consistente hoy en guardar distancias mutuas no es nada que permita soñar con otra sociedad distinta, más pacífica o justa. Ni podemos dejar la revolución en sus manos. Confiemos en que tras esto venga una revolución humana. Somos NOSOTROS, PERSONAS dotadas de RAZÓN, quienes tenemos que repensar y restringir radicalmente el capitalismo destructivo así como nuestra destructiva movilidad ilimitada; para salvarnos, a nosotros, el clima y nuestro bello planeta..."
Y volviendo a nuestros -más rabiosos- aquí ahora...
Cada vez que leo titular europeo o estadounidense sobre Covid-19, recuerdo el fantástico libro de Ch. Mackay «Delirios populares extraordinarios y la locura de las masas», sobre los extremos de irracionalidad producidos por 3 burbujas financieras que pasaron a la historia. Poco texto más deslumbrante sobre cómo funciona la psicología de masas.
Europa y EEUU viven "rebrotes" del Covid que van produciendo el mismo frenesí de marzo y abril, según reflejan los media o redes sociales y, cada vez más, conversación en la calle. Ello a pesar del ser casos de mucha menor gravedad que antes y por causas estivalmente obvias.
Tan nocivo como menospreciar el Covid-19 es abordar lo que pasa hoy como si se tratara de una 'nueva ola' y no un fenómeno de mucha menor intensidad, en los países mencionados, bastante controlado. Hay un repunte del número de casos por la relajación de la conducta social desde inicios del verano, pero no son remotamente comparables a marzo y abril, ni hay un número de hospitalizaciones, y mucho menos de muertes, alarmantemente elevadas. En marzo y abril morían en España, en ciertos momentos, casi 1.000 personas por día, y hace poco el hecho de que hubiera 46 muertos en una semana (no en un día: en una semana) provocó un desenfreno mediático que recordaba los delirios de los que escribió Mackay, el genial escocés del siglo XIX.
En Francia, hace poco se publicó que este país reunía casi el 17% de los casos de Europa (retorciendo un poco la geografía, esa «Europa» incluía toda Rusia). Pero en hospitalizaciones y muertes, no está ocurriendo en Francia nada realmente fuera de lo normal en las circunstancias presentes. En Alemania, un país mucho más poblado que Francia y con un promedio de edad mayor, hay 5, casi 6, veces casos menos que en Francia, a pesar de que por variadas ciudades alemanas es donde ya se vivieron durante muchos días las mayores manifestaciones políticas europeas de inicios del verano, epifenómeno del estallido antirracista en Estados Unidos. Y hablando de los teutones: allí morían, en los meses duros, 300 personas diarias por el Covid-19, mientras que hoy prácticamente no hay muertes causadas por él.
¿Y en la denostada Suecia? El tiempo va dando la razón, parece, a estos tercos escandinavos: es el único país de la Europa seria (lo de «Europa seria» parece un oxímoron en estos tiempos) donde ni siquiera obligan a usar mascarillas. El número de nuevos casos se columpia apenas entre 100 y 300 diarios, y el número de muertos por el Covid-19 es prácticamente nulo.
No es el Covid-19 lo que nos va a matar, sino que (si no tomamos aún otras precauciones más inteligentes) podría ser la histeria."
martes, 7 de julio de 2020
PÓKER DE SOTAS... en la escena española
sábado, 4 de julio de 2020
LA CASTA QUE MANTENEMOS, AQUÍ HOY, COBRANDO TANTO POR NO CUMPLIRNOS
Al parecer, en estos meses de 'Alarma', los diputados del Congreso se han embolsado unos 2.000.000 de euros por dietas de asistencia. La cifra corresponde a la suma de los emolumentos de casi todos ellos, pues hay que salvar el caso de Odón Elorza, que renunció a cobrarlos. Sorprende tal honradez en este diputado vasco cuando todos los demás colegas han prescindido de su anómala circunstancia del que el Congreso suspendió los trámites parlamentarios el 10 de marzo y no los reanudó hasta mediados de abril. Vamos, que se cerró a cal y canto, salvo para convalidar los decretos-ley del Gobierno.
Pero no nos desviemos de lo esencial, porque esos millones son sólo peccata minuta frente al descontrol político del Gobierno en tiempo de coronavirus, pues para eso ha servido el cierre del Congreso.












