"Los propagandistas climáticos andan nerviosos. En efecto, las condiciones meteorológicas preferidas para la propaganda climática son el calor y la sequía, y desde finales de diciembre hemos tenido frío y mucha lluvia. De hecho, en la España peninsular, enero ha sido el más lluvioso de los últimos 25 años, y muchos pantanos han acabado el mes al 100% de capacidad. Por todo ello podríamos extraer unas cuantas lecciones.
La primera es la falta de fiabilidad de las predicciones meteorológicas más allá de un horizonte temporal de unos pocos días. Un secreto bien guardado es que la ciencia aún está en pañales en su comprensión del clima, un sistema no lineal, complejo y caótico. Por tanto, los meteorólogos no tienen forma de saber con un mínimo de certeza qué pasará esta próxima primavera, ni el año que viene, ni mucho menos el aún muy lejano 2100: se mueven por entornos con enormes incertidumbres y se apoyan para sus previsiones estacionales en varios factores sólo parcialmente explicativos, como el ENSO (La Oscilación del Sur - El Niño).
Otra vez la AEMET
De ahí las aproximaciones probabilísticas obtenidas por la AEMET, tras "laboriosos cálculos", a ojo de buen cubero —vale decir...— al pronosticar que había un 60% de probabilidades de tener un invierno más cálido de lo normal. Por ello, ha recibido muchas críticas, amortiguadas por la feroz defensa que de la Agencia realizan sistemáticamente los fact-checkers y la prensa dizque 'políticamente correcta' o 'no negacionista' (casi toda), pues la AEMET es la principal «autoridad» para promover la agenda climática y, por lo tanto, hay que protegerla.
En realidad, el gigantesco error de la AEMET estriba en no haber sido capaz de prever el enorme volumen de precipitaciones registradas en enero. De hecho, las críticas a su previsión de temperaturas distraen la atención sobre este punto y, además, son ingenuas, dado que la AEMET tiene su monopolio para cálculos de temperaturas en España. También son prematuras. En efecto, la temperatura media del invierno meteorológico en la España peninsular es de 6,6 ºC, luego para tener un invierno «más cálido de lo normal» bastaría con obtener unas pocas décimas superiores a esa temperatura. Si damos por bueno que las temperaturas de enero han sido sorprendentemente normales (como parece haber afirmado la AEMET), para que falle su pronóstico sería necesario que febrero acabara siendo «más frío de lo normal» (por debajo del percentil 40), algo estadísticamente más improbable que el escenario opuesto. De ahí que la Agencia confíe su remontada reputacional a las temperaturas de febrero (que calcularán ell@s mism@s).
La segunda lección que debemos recordar es que la gran amenaza climática que debería preocuparnos es el frío extremo propio de las Eras Glaciales y no las temperaturas más templadas causadas por el ligero calentamiento que afortunadamente estamos viviendo desde que terminó la Pequeña Edad de Hielo, a mediados del siglo XIX. Calor es sinónimo de vida y frío, en cambio, de muerte. Por eso los pájaros migran hacia zonas más cálidas en invierno y los ciudadanos del centro y norte de Europa vienen de vacaciones a España, ¡y no al revés!
La última lección que podemos extraer es que debemos estar en guardia frente al inmisericorde bombardeo 'único' de la propaganda climática, estilo goebbelsiano. En efecto, si este comienzo de invierno hubiera sido cálido y seco en vez de helador y lluvioso, la propaganda climática lo habría achacado inmediatamente al cambio climático. Pues bien, tan ridículo y acientífico es extrapolar un mes frío, lluvioso y nevoso ligándolo a un supuesto enfriamiento global como lo es ligar cada ola de calor, cada sequía o cada estación especialmente cálida al calentamiento global. Por favor, recuérdenlo la próxima vez que los activistas climáticos ―empezando por la AEMET― conviertan meros fenómenos meteorológicos locales, pasajeros e irrelevantes, en pruebas irrefutables del cambio climático planetario.
Profetas de calamidades
Para los profetas de calamidades climáticas las malas noticias se acumulan, pues hasta Bill Gates afirmó -ahora, ya...- que «aun cuando el cambio climático tendrá graves consecuencias (…), las personas podrán prosperar viviendo sobre la mayoría de los lugares de nuestra Tierra en el futuro previsible...». Tras escribir hace pocos años un libro alarmantemente titulado 'Cómo evitar un desastre climático', su cambio de tono (o giro oportunista) ha coincidido con el desgaste de las proyecciones apocalípticas ―desacreditadas una y otra vez por los datos observados― y, sobre todo, con el cambio político acontecido en EEUU, país que ha decidido abandonar, y, por tanto, dejar de financiar, todo tipo de organizaciones ecologistas, incluyendo el IPCC de la ONU.
Debemos ser conscientes de que la eficaz propaganda climática achaca al cambio climático todo tipo de fenómenos, aunque sean de naturaleza opuesta. Precisamente por eso el «calentamiento global» pasó a «cambio climático» ser denominado, concepto menos restrictivo que admite todo. Éste es el motivo por el que quienes viven del cuento climático intenten explicar que el calentamiento global es culpable del calor, pero también del frío; de la lluvia torrencial, pero también de la sequía; de la calma total, pero también de los vientos más tempestuosos. No obstante, aunque la física atmosférica sea en ocasiones contraintuitiva, confiemos en que sentido común indique cómo suele ser difícil que un mismo factor cause resultados completamente opuestos. Si no es así, tengamos cuidado la próxima vez que nos pongan hielo en la bebida (no vaya a resultar que se caliente), o cuando tomemos un antipirético (no vaya tampoco a ser que, al contrario de bajar la fiebre, se dispare).
Al contrario de lo que afirma la propaganda, hasta ahora el calentamiento global no ha provocado ningún aumento en la inestabilidad climática o en la frecuencia o intensidad de los fenómenos meteorológicos extremos, como reconoce incluso el propio Panel Internacional del Cambio Climático [IPCC AR5, WG 1, Chapter 2.6, p.214-220 y IPCC AR6, WG 1, Chapter 12, p. 1770-1856]. Pero imaginemos por un momento que lo hiciera, según afirman sus propagandistas: ¿deberíamos concluir entonces que el enfriamiento global traería una gran estabilidad climática? No parece ser el caso. De hecho, fue la Pequeña Edad de Hielo período de «gran inestabilidad climática» que produjo severas carestías en la cosecha de cereales y, por lo tanto, hambrunas (en s. XIII - s. XIX). Por el contrario, el aumento de CO2 y unas temperaturas más templadas favorecen el crecimiento de las plantas. Así, el rendimiento de los cultivos de cereales (medido en toneladas por hectárea cultivada) no ha hecho más que crecer en las últimas décadas y es hoy el doble de lo que era hace 60 años, lo que supone una magnífica noticia para alimentar a creciente población mundial. Bendito CO2.
Caída global de temperaturas
El frío, la lluvia y la nieve no han sido un fenómeno limitado a España, sino que se trataba de otro fenómeno global en el hemisferio norte. De forma más bien anecdótica, cabe mencionar cómo en la noche de Reyes cayeron 30 cm de nieve sobre playas de la costa atlántica francesa, que en EEUU un temporal de frío y nieve de finales de enero compitió con el último récord del invierno anterior, y que, en la península de Kamchatka, del extremo oriental ruso, también se producía simultánea nevada sin precedentes.
Pero por encima de lo anecdótico que supone vivir un mes frío, lluvioso y nevoso, el hecho es que las temperaturas del planeta están cayendo desde hace dos años, lo que significa que el inusual pico observado en 2023-2025 ―de naturaleza claramente exógena y coyuntural, por extremo y repentino― está remitiendo en un típico ejemplo de reversión o regresión a la media. No se olvide cómo en 2023 el 42% de la superficie del planeta experimentó temperaturas hasta 2 desviaciones estándar por encima de la media. En este sentido, resulta elocuente el contraste entre el sinnúmero de noticias publicitando el brusco calentamiento de aquellos años y el sepulcral silencio que acompañó al enfriamiento subsiguiente, igualmente brusco, pero que no encaja en el relato oficial.
Como ya se hizo notar en su día, ningún científico serio achacó al supuesto cambio climático antrópico el súbito aumento de las temperaturas del 2023-2025 (al contrario de lo que sí hace AEMET). Algunos lo ligaron a un fenómeno El Niño fuerte; otros a una bajísima cobertura global de nubes completamente inexplicada, pues la ciencia aún patina con la convección húmeda y, por lo tanto, se desconocen los factores que controlan la nubosidad del planeta (¿cómo no van a fallar los modelos climáticos?). O finalmente, otros científicos señalaban a cierta masiva erupción del volcán submarino Hunga-Tonga..., que constituiría uno entre los fenómenos geológicos de mayor magnitud del último siglo al liberar a la atmósfera, de golpe, 150 Mt de vapor de agua, el más importante gas del efecto invernadero.
Por lo tanto, es posible que el reciente y brusco enfriamiento terrestre haya estado asociado a La Niña, fenómeno que, como tantos otros, resulta imposible de predecir en duración e intensidad salvo con cómodos rangos probabilísticos que no suelen separarse mucho de la equiprobabilidad (para proteger la reputación al pronosticador). Pero también es posible que el principal factor explicativo del reciente enfriamiento haya sido la paulatina desaparición del temporal efecto invernadero que se causó por la erupción del Hunga-Tonga... ¿Quién sabe?
Como puede verse por el siguiente gráfico, desde 1979 ―un año particularmente frío, pero el primero en el que hubo satélites en el espacio para medir la temperatura― se estima que para la Tierra su temperatura media sólo aumentó a imperceptible ritmo de 0,15 ºC por década (o sea, 15 centésimas de grado Celsius por década). Podría convenirse sin duda en cómo hay que afinar mucho para detectar este aumento centesimal de la temperatura de todo un planeta:
Asimismo, podrán observar que dicha temperatura global apenas aumentó en el período 1980-1995 y se mantuvo muy constante desde 1998 hasta el 2015, aproximadamente, a pesar del aumento constante de la concentración atmosférica de CO2. Este último episodio se denominó «la pausa», aunque posteriormente la propaganda climática negaría que dicho término hubiera existido. ¡Qué memoria más corta! La revista Nature había publicado en 2013 un artículo titulado "La reciente pausa del calentamiento global" y el propio IPCC citaba «la pausa» 53 veces en su 'Quinto Informe' (2013) dedicándole además un capítulo especial titulado "Modelos climáticos y la pausa en el calentamiento global de los últimos 15 años" [IPCC, AR5, WG 1, p. 61].
Gráficos largos
El gráfico anterior de datos por satélite es para un período muy corto, pues la evolución de clima suele ser medida en siglos o milenios. Por eso merece la pena introducir aquí también otro más largo que incluía el IPCC con su 'Primer Informe', que muestra reconstrucciones de temperaturas del planeta durante los últimos 10.000 y 1.000 años. En él podrán observar cómo las temperaturas de finales del s. XX fueron similares o incluso menores a las de anterior época... cuando Pedro Picapiedra conducía su tronco-móvil; es decir, en las cuales no existían industrialización alguna ni CO2 de orígenes antrópicos [IPCC, AR1, The IPCC Scientific Assessment, fig. 7.1, p. 202]:
Buenas noticias
Por otro lado, algunos de los ciudadanos canadienses preocupados por la última propaganda climática se habrán visto tranquilizados con una reciente publicación de la serie de temperaturas veraniegas en su país desde el año 1900, la cual muestra una suave ciclicidad sin tendencia clara equiparando las temperaturas de principio del s. XXI como lo vivido hace 100 años ya, cuando supuestamente el nivel de CO2 era «normal» (según la nomenclatura de la propaganda climática):
Y también les relajará saber que el llanto ceñudo de la pobre Greta Thunberg al denunciar en la ONU una supuesta extinción masiva de especies consecuencia del cambio climático era fruto de su histeria más que de ciencia. En efecto, un estudio reciente publicado por la Royal Society concluye que el ritmo de extinción de especies ―irrelevante en cualquier caso desde el punto de vista relativo― ha disminuido en los últimos 100 años. Sí, se ha leído bien: hay menos extinciones de las especies, lo cual significa que a la biosfera (sistema englobando a todos los seres vivos del planeta) le sientan de maravilla una temperatura un poquito más templada y un poco más de CO2, fuente de la vida y alimento por antonomasia de las plantas.
Respecto a la subida para el nivel de los océanos también tenemos datos tranquilizadores. Un estudio publicado desde el Journal of Marine Science and Engineering ha comparado los aumentos pronosticados para 2020 por el IPCC sobre multitud de localidades costeras en todo el planeta con las mediciones reales obtenidas en dichos lugares y la conclusión es rotunda: «Aproximadamente un 95 % de las ubicaciones no muestra estadísticamente aceleración significativa ninguna en sus tasas de aumento para el nivel del mar. Nuestra investigación sugiere que en el 5 % restante de las ubicaciones los fenómenos locales no climáticos son la causa plausible del aumento acelerado para el nivel del mar». Y termina: «En promedio, la tasa de aumento proyectada por el IPCC tiene un sesgo —al alza— de, aproximadamente, unos 2 mm / año en comparación con las observaciones». Y dado que el último 'Informe' del IPCC proyecta un aumento de 4mm / año hasta el 2100 en su escenario más plausible, esto significa que dichos fallidos modelos multiplican por dos la subida real del nivel de los océanos. No tengan prisa por vender el apartamento de la playa.
¿Consenso o censura?
La propaganda climática asegura existir un consenso casi absoluto entre toda la comunidad científica con respecto al origen dizque antrópico del calentamiento global y a las consecuencias apocalípticas que se le atribuyen. Esto es rotundamente falso: lo que sí ha habido es un tratamiento mediático asimétrico entre ambas posturas del debate y unas agresivas censuras de tinte orwelliano materializadas en el silenciamiento activo para la multitud de científicos escépticos o escandalizados con tal secuestro político de la ciencia.
Éste es el caso con un editor de los números monográficos especiales para el American Journal of Economics and Sociology, el ingeniero ambiental Dr. Marty Rowland, tras permitir la publicación de un artículo que pronto se convertiría en el segundo más leído de toda esa publicación durante sus 83 años de historia. El artículo criticaba un alarmismo del IPCC, nunca corroborado por la evidencia empírica; es decir, osaba blasfemar con una laudable claridad contra el dogma imperante... y fue despedido el editor...
Mas leáse, por favor, con atención lo concluido en aquel artículo: «El IPCC afirma que los fenómenos meteorológicos extremos son ahora peores que en el pasado, pero las observaciones no le respaldan tal afirmación. Algunos fenómenos meteorológicos extremos, como la superficie terrestre afectada por sequías extremas, están disminuyendo, en lugar de aumentar (Lomborg, 2020). A nivel mundial, la incidencia de huracanes no muestra una tendencia significativa (IPCC, 2013, p. 216; Lomborg, 2020). Las observaciones tampoco muestran ningún aumento de los daños ni ningún peligro para la humanidad en la actualidad debido al clima extremo o al calentamiento global (Crok & May, 2023, pp. 140-161; Scafetta, 2024). Por lo tanto, dado que el clima actual es posiblemente mejor que el clima preindustrial y que no hemos observado ningún aumento de la mortalidad por fenómenos meteorológicos extremos, concluimos que podemos planificar la adaptación a cualquier cambio futuro. Hasta que se identifique un peligro, no hay por ello necesidad de llegar a eliminar el uso de combustibles fósiles».
Amén."
[F. del Pino: 'Frío, lluvia, nieve: ¿cambio climático?']




























