miércoles, 26 de junio de 2019

Tian An Men: 30 años desde la mayor crisis, de toda su historia, en la República Popular China


Contamos con el privilegio de poder transcribir aquí algunas breves páginas conmemorativas resumidas -para un blog del 'Real Instituto Elcano'- por Enrique Fanjul Martín, quien recuerda la historia partiendo del entonces haber sido testigo inmediato en primerísimas lineas:


"Se cumple ahora este mes de junio el 30 aniversario de los violentos sucesos de Tiananmen, que provocaron una enorme conmoción en el mundo. Fue un trágico desenlace de un proceso que se había iniciado un mes y medio antes. Tuve ocasión de vivir directamente ese proceso, pues en aquellos momentos ocupaba el puesto de Consejero Comercial en la embajada de España en Pekín.

Tras la muerte, el 15 de abril de 1989, de Hu Yaobang, un dirigente del partido comunista que tenía fama de ser relativamente liberal y aperturista, comenzaron a producirse manifestaciones de estudiantes, que poco a poco fueron creciendo, y en ciertos momentos contaron con un amplio apoyo de la población.

El primer gran hecho llamativo del fenómeno de Tiananmen es el carácter espontáneo que tuvo el desarrollo del movimiento estudiantil. Estamos en 1989 en una China que ha salido hace poco de la etapa maoísta, un país que se caracteriza por un férreo control social y político, por un sistema que se puede calificar de totalitario.

Sin embargo, los estudiantes comienzan a manifestarse por las calles, y desarrollan una organización sofisticada que en un momento dado llega prácticamente a controlar el centro de Pekín. Todo esto en medio del desconcierto y la sorpresa tanto de la población como de los dirigentes chinos.

Muchos esperaban que el movimiento se desvanecería por sí solo. Pero si bien es cierto que la participación ciudadana disminuye fuertemente a partir de un determinado momento, sobre todo a partir de la proclamación de la ley marcial, un importante grupo de estudiantes persistirá en la protesta, hasta que a principios de junio los gobernantes chinos deciden que intervenga el ejército y restablezca el orden. Se produce un violento final que provoca la muerte de un número difícil de determinar de personas, probablemente unos cientos, entre los cuales se hallan también policías y soldados.

Muchos análisis caracterizaron el movimiento estudiantil como un movimiento democrático de oposición al régimen del Partido Comunista Chino, un movimiento que postulaba el advenimiento de un sistema democrático. Esta apreciación debe ser matizada teniendo en cuenta el sentido que en China, por regla general, se atribuye al concepto de democracia.



Durante las protestas de Tiananmen muy pocos pedían la implantación de un régimen democrático tal como lo entenderíamos hoy en Occidente; es decir, un régimen político con multipartidismo, elecciones libres, alternancia en el poder. Muy pocos de los que protestaron en las calles de Pekín en aquel 1989 se cuestionaban el papel central del Partido Comunista (era frecuente ver a grupos de estudiantes cantando La Internacional).

Para la mayor parte de la población china, la democracia se refiere al imperio de la ley, tener un gobierno justo, la obligación de los dirigentes políticos de responder a las necesidades de los ciudadanos, la lucha contra la corrupción, la lucha contra la arbitrariedad y el nepotismo, etc.
  
   
Los efectos indeseados de la reforma

Detrás de las protestas de Tiananmen de 1989 se encuentran en una medida determinante los efectos indeseados de la política de reforma, la nueva orientación de apertura al exterior y liberalización económica que China había adoptado en 1978. La reforma había traído consigo un gran crecimiento económico, pero también había generado corrupción, desequilibrios en la distribución de la renta, inflación, enriquecimiento de muchos dirigentes, el retorno de actividades como la prostitución.

Tras de aquellos sucesos de Tiananmen numerosísimos analistas nos pronosticaron el colapso del régimen comunista chino, ya, como... cayeron por esa época los regímenes comunistas de la Europa del este... Otros pronosticaron una involución en la política de reforma que se había adoptado en 1978; China abandonaría la reforma y la apertura al exterior y volvería hacia pautas cercanas a las de la época maoísta.



Ambos pronósticos se mostraron equivocados. China prosiguió con la política de reforma y apertura al exterior, que la ha convertido con el paso del tiempo en la segunda economía del mundo. Y el poder del Partido Comunista se ha mantenido incólume, reforzado incluso en la última etapa de Xi Jinping.

En este sentido, las consecuencias de Tiananmen no han sido muy apreciables, ni en la evolución económica ni en la política. Quizás la principal consecuencia es que los dirigentes chinos adquirieron una especial conciencia de la necesidad de mantener la estabilidad (vigilando para controlar férreamente los movimientos de disidencia que pudieran surgir), así como de evitar que crezca el descontento social (de ahí la prioridad que tiene mantener un alto nivel de crecimiento económico, o las campañas contra la corrupción).
  
  
¿Una revisión de Tiananmen?

Muchos consideran que la herida de Tiananmen no se ha cerrado, y que en algún momento tendrá que producirse una revisión de los hechos y de su valoración oficial. Lo cierto es que la censura del gobierno chino ha borrado cualquier referencia a los sucesos de Tiananmen en medios de comunicación y libros.

Gran parte de la población china, la más joven, la que no vivió aquellos hechos, desconoce prácticamente lo que ocurrió, y que hubo una crisis –probablemente la crisis más grave de la República Popular China. Como han contado por ejemplo algunos periodistas y cineastas que han mostrado fotos de los sucesos de Tiananmen a estudiantes chinos de nuestro tiempo, casi ninguno de éstos era capaz de identificar a qué correspondían esas imágenes.



Tiananmen, como suceso histórico, está dejando de existir en la memoria de China, gracias a la eficiencia del aparato de control gubernamental, reforzada en los últimos años con las nuevas tecnologías.

Es difícil hacer previsiones a largo plazo. A corto, desde luego, con la involución que está sufriendo China en la etapa de Xi Jinping, hay que descartar un cambio en la política del gobierno chino en relación con Tiananmen."

Y por otra parte una segunda versión mucho más pormenorizada, incluyendo citas literales imperdibles y referencias para documentación complementaria muy esclarecedora, puede ser libremente disfrutada también mediante su texto paralelo 'Tiananmen: 30 años de la mayor crisis de la historia de la República Popular China':
  
"(...) Hasta muy poco antes de 1989 la sociedad china podría calificarse de totalitaria. El gobierno lo controlaba todo. La población estaba sometida a una férrea disciplina. No existía libertad de discusión ni libertad de prensa, la vida personal de la gente estaba controlada y organizada por el Estado. Por eso, lo que sucedió en Pekín en esas semanas tiene un carácter extraordinario. En un breve espacio de tiempo los estudiantes desarrollaron con independencia un movimiento muy bien organizado. Cientos de miles de ciudadanos se manifestaron en las calles, de manera libre y espontánea. No estaban siguiendo las consignas del poder político, como habían hecho en las décadas anteriores de la República Popular.

La determinación de los estudiantes fue aumentando a lo largo de las semanas. El 13 de mayo decidieron iniciar una huelga de hambre. Las manifestaciones se extendieron a otras ciudades, a Tianjin, Shanghái… Los estudiantes de diversas ciudades chinas empezaron a coordinarse entre ellos. El gobierno proclamó la ley marcial en el centro de Pekín el 20 de mayo. Sin embargo, las tropas del ejército que intentaron entrar en la ciudad para hacer efectiva la ley marcial fueron detenidas por los manifestantes, que formaron barricadas con autobuses y vallas.

El centro de Pekín pasó a estar controlado por el movimiento estudiantil. De la calle desaparecieron hasta los policías de tráfico. La capital de la República Popular China adquirió un aire irreal, festivo. Hubo noches en las que la plaza de Tiananmen y la avenida Changan se llenaban con cientos de miles de personas, familias enteras, que acudían a contemplar y participar en lo que más parecía una gran celebración festiva. Había puestos de helados, de golosinas, la gente paseaba sonriente.

Grupos de estudiantes, con bandas de tela en los brazos que los identificaban como miembros del servicio de orden, controlaban y dirigían la circulación. Pekín era una ciudad en la que normalmente la gente se retiraba temprano a casa, en la que la actividad en las calles a las nueve o diez de la noche era mínima. El hecho de que varios cientos de miles de personas estuvieran por las calles hasta la madrugada, en aquellas noches primaverales, mientras regía en teoría una ley marcial, constituía un fenómeno que, visto con la perspectiva del tiempo, parece algo irreal.

A finales de mayo los estudiantes erigieron en la plaza de Tiananmen una estatua, que llamaron la «Diosa de la democracia». Estudiantes de la Academia de Bellas Artes prepararon la estatua, que parecía estar inspirada en la Estatua de la Libertad norteamericana. Situada frente a la entrada de la Ciudad Prohibida, justo enfrente del retrato de Mao Tse-tung, aquella estatua, inspirada en un popular símbolo democrático del mundo occidental, representaba una nueva provocación al gobierno.

La “primavera de Pekín” tendría, en la noche del 3 al 4 de junio, un final violento. El gobierno decidió enviar las tropas del ejército para que desalojaran a los estudiantes de Tiananmen y restablecieran el orden y el control de la capital. Los soldados irrumpieron en la plaza desde varios de los edificios públicos que la rodean, a donde llegaron a través de la red de túneles subterráneos que los comunican (construidos en la época de Mao). En paralelo, las tropas avanzaron en vehículos militares hacia el centro de la ciudad desde diversas direcciones, arrollando las barricadas y los obstáculos con los que se intentó frenarlas. Las cámaras de televisión transmitieron a todo el mundo escenas de gran violencia: vehículos incendiados, heridos que eran evacuados con precipitación, carros de combate que arrollaban a los manifestantes, disparos, humo, sangre, y heridos y muertos.

La evidencia proporcionada por personas que estuvieron presentes en la plaza durante la noche del 3 al 4 de junio parece confirmar que los soldados no entraron en la plaza disparando contra los estudiantes, sino en todo caso al aire. Los estudiantes se concentraron alrededor del monumento a los Héroes del Pueblo, en el centro de la plaza. Desde allí, y tras una pequeña negociación, abandonaron la plaza en relativo orden. En la negociación tuvo una participación destacada el conocido intelectual, Liu Xiaobo, que se encontraba en la plaza en solidaridad con los estudiantes. Liu adquiriría posteriormente una fama notable. 

[Liu fue uno de los principales promotores de la Carta 08, un manifiesto firmado por intelectuales y defensores de los derechos humanos. Xiaobo recibió el Premio Nobel de la Paz en 2010, algo que irritó enormemente a los gobernantes chinos. En 2009 fue juzgado y condenado a 11 años de cárcel, la cuarta vez que era condenado. Liu falleció en 2017]. Tras convencer a los estudiantes de que lo mejor era retirarse, se negoció con los jefes de las unidades militares para que permitieran el abandono pacífico de la plaza. A eso de las 5 de la mañana los estudiantes comenzaron a marcharse de la plaza de Tiananmen, sin que se produjeran incidentes violentos [*].

Enfrentamientos y muertes se produjeron en numerosas otras partes de Pekín, en especial en la parte oeste de la avenida Changan. Por qué y cómo se produjeron estos hechos violentos no está claro. Probablemente hubo una diversidad de situaciones y motivos (...) La líder estudiantil más famosa, Chai Ling, llegó a declarar en una ocasión que «lo que estamos esperando es el derramamiento de sangre, el momento en el que el gobierno esté dispuesto a masacrar descaradamente al pueblo. Solo cuando la plaza (de Tiananmen) esté bañada en sangre, el pueblo de China abrirá sus ojos» [IHT, 3-5-95]. 
 
Algunos de los intelectuales que participaron en las protestas criticaron después la política de los estudiantes. Liu Xiaobo llegó a describirlos como «niños jugando a la guerra». Otro intelectual, Dai Qing, diría que «los intelectuales estábamos atrapados entre un gobierno irracional y unos estudiantes irracionales». El 15 de mayo, uno de los dirigentes estudiantiles, Shen Tong, propuso una retirada táctica de los estudiantes de la plaza de Tiananmen, con el fin de darle una oportunidad al gobierno de salvar la cara y facilitarle a Zhao Ziyang una oportunidad de maniobra. Con ello se trataba de favorecer a los sectores más reformistas y moderados dentro del Partido Comunista...
Un trabajador le gritó: «Estás abandonando al pueblo de Pekín. Estás abandonando a los trabajadores. Pedirnos que abandonemos te hace un traidor al movimiento». Según una versión bastante aceptada de los acontecimientos, el 27 de mayo hubo una reunión de estudiantes e intelectuales en la que se acordó que habría una retirada el 30 de mayo. Sin embargo, los grupos radicales boicotearon este acuerdo, e impusieron la idea de que había que seguir adelante.
A mediados de los años 1990 el director de cine Michael Apted realizó un interesante documental sobre los sucesos de Tiananmen, llamado “Moviendo la montaña”. En ella se recoge el enfrentamiento entre las tendencias moderadas y radicales que hubo en el movimiento estudiantil. En la película impresiona la sinceridad con la que habla una de las líderes estudiantiles, Wang Chaochua: «No puedo decir que he matado a nadie, pero hay un viejo dicho chino de hace miles de años: ‘Tal vez tú no hayas matado a una persona, pero es posible que haya muerto por una acción tuya'» [en el documental, cuando Wang Chaochua dice estas palabras, la cámara enfoca durante unos instantes a Chai Ling]. «Siempre he pensado eso. Que puede que hubiera mucha gente que murió por mi culpa. Por mis acciones, por los errores que cometí», continúa Wang Chaochua, rompiendo a llorar..."
  
(íntegro en el 'Observatorio de Política China', 2019-05-30)
  
   
Finalmente nos añadía otro dato clave Juan Restrepo, corresponsal entonces allí presente, de TVE: "(...) Teníamos noticias de hechos similares en Polonia aquel año, y en otros países del este de Europa, y hay que admitir que eso también nos confundió. Muchos pensamos que China tomaría por aquel mismo camino y eso precisamente era lo que los dirigentes chinos no estaban dispuestos a tolerar. Por eso se sumieron en un silencio que dio la impresión de vacío de poder y desgobierno y lo que había era un dramático debate en el interior del Comité Central del partido sobre la forma de salir de aquel atolladero y conservar el control de una ciudad sumida en el caos.

Deng Xiaoping y los demás dirigentes chinos también pagaron un precio muy alto para lo que son los valores de una sociedad tan alejada de la nuestra. "Perdieron la cara" ante el líder soviético Mijail Gorbachov, que visitó por aquellos días la capital china y no pudo hacer una visita obligada a la plaza de Tiananmen, y esto es una afrenta que solo los chinos saben valorar. Si quienes cubríamos aquellos acontecimientos para medios occidentales entonces hubiésemos comprendido la verdadera dimensión de la ofensa quizá habríamos podido intuir la reacción violenta que se incubaba..."
  
  
   
.    .[Enrique Fanjul acaba de publicar el ebook 'Memoria de Tiananmen. Una primavera de Pekín' sobre los sucesos de 1989]


lunes, 17 de junio de 2019

Nuestra ruina por la concepción 'liberal' de las Pensiones tras el consenso entre UPPSOERC...s


Desde hace más de un año preside nuestro Gobierno quien hizo notorio el firme y prolongado 'No es No' a su predecesor hasta que, apoyado por todas las muy variopintas fuerzas coincidentes tan sólo en dicha 'censura', consiguió relevarle al frente del Ejecutivo para... prorrogarnos durante 2019 aquel Presupuesto suscrito (desde otras previas mayorías parlamentarias PNV+C's+PP...) ante 2018; ¡y todo indica que la perpetuación de tamañas viejas cuentas ya sería inevitable también, cuando menos, en el siguiente año 2020...!        

Como bien concluía esta misma semana el catedrático en Economía y experto analista político Mikel Buesa Blanco, sesuda mente: queda claro cómo en política, de pronto, lo retorcido se nos hace derecho y la fragilidad robustez mientras que se nos tornan evanescentes las aritméticas... 

"Milton Friedeman, en una conferencia pronunciada para la Universidad de Londres relataba que al colaborar en un libro sobre la historia monetaria de los EE.UU. se vio obligado a leer medio siglo de informes del Banco de la Reserva Federal, y cómo el único elemento que hizo más liviana esa tarea ingrata y tediosa fue la oscilación cíclica que los mismos atribuían a la importancia y efectividad de la política monetaria. En los años buenos se decía: “Gracias a la excelente política monetaria de la Reserva Federal…”; en los años malos, por el contrario, se afirmaba: “Pese a la excelente política de la Reserva Federal…”, y luego se criticaban las políticas o medidas consideradas "erróneas".

Seguro que algo parecido le sucedería al estudioso español que quisiera bucear en los informes del Banco de España (BE) y consultar en las hemerotecas las declaraciones de sus responsables. La experiencia sería también terriblemente monótona, porque año tras años vienen repitiendo las mismas cantinelas y proponiendo las mismas recetas. Entre sus obsesiones se encuentra siempre presente el tema de las pensiones públicas. Hay que reconocer, sin embargo, que en este aspecto el BE no es nada original, las pensiones constituyen también la obsesión de la OCDE, del FMI, de la Comisión, del BCE, etc., y, como no podía ser menos, de los servicios de estudio en todas las entidades financieras, que -y no en balde- obtienen jugosos beneficios por los fondos privados de pensiones.




En el informe de 2018 publicado hace unos días no podía faltar el tema de las pensiones. El BE reitera la urgencia de la reforma del sistema y reprocha al Gobierno no haberla acometido ya, aun cuando no se hubiese logrado el acuerdo de todas las fuerzas políticas. Lo cierto es que la postura resulta un tanto ingenua, puesto que en plena campaña electoral era imposible no ya la unanimidad, ni siquiera el mínimo acuerdo. Más bien, cada partido ha aprovechado la cuestión para apuntarse el tanto, presentándose como el máximo defensor del sistema público, al tiempo que reprochaba a los otros partidos que cuestionasen su viabilidad y que estuviesen dispuestos a reducir en el futuro la cuantía de las prestaciones.

No es la primera vez que ocurre. Ya sucedió a principio de los años 90, cuando el PSOE y el PP se acusaban mutuamente de poner en riesgo el sistema. El llamado 'Pacto de Toledo' nació en buena medida del deseo de sacar el tema de las pensiones de la confrontación política y electoral y convertirlo en un pacto de Estado. En realidad, este fue el único elemento positivo del pacto, tal vez junto al compromiso de todos los partidos del que 'se actualizarían todos los años las prestaciones' con el IPC (lo cual, si bien garantizaba el mantenimiento del poder adquisitivo de los pensionistas, les privaba de cualquier participación en la prosperidad y en el crecimiento de la economía); compromiso éste que, por otra parte, ha sido roto recientemente.




Al margen de todo esto, dicho 'Pacto de Toledo' introdujo al sistema público en una TRAMPA de difícil salida ligando su financiación a 'un solo ingreso, el de las cotizaciones'. Se le hace depender así de la pirámide de población, del número de trabajadores, del empleo y de la relación activos/pasivos. Incluso se le somete a soportar ofensivas de los empresarios y sus políticos liberales, que demandarán la bajada de las cotizaciones como forma de ser más competitivos y crear más empleo. Se separó a la Seguridad Social del Estado, no solo administrativamente sino también financieramente. Para que la operación tuviese algunos visos de verosimilitud, la sanidad y otras prestaciones se sustrajeron a la SS, y se presentó a ésta como un sistema cerrado (ahora reducido únicamente a pensiones) teniendo que auto-financiarse...

Este artificial fraccionamiento entre Estado y SS se refuerza con dos prácticas también erróneas y que inducirían a confusión. La primera es lo que se llama “hucha de las pensiones” falsamente, constituida por los superávits en las cuentas de la SS (que lógicamente cada vez serán más raros), teóricamente destinada a enjugar los déficits que se producen en otros años. La segunda son los créditos que el Estado concede a la SS cuando la cuantía de sus ingresos es inferior a la de los gastos.



El error de fondo consiste en considerar a la SS como algo distinto del Estado, que precisa tener alguna hucha o que le preste el propio Estado. Lo lógico sería que los excedentes de la SS (cuando los hubiere) revirtieran en el Estado y que sus déficits (en su caso) se enjugasen con aportaciones (no préstamos) del mismo Estado. Hasta el momento no hay ningún partido que defienda este planteamiento. Todos hablan de préstamos y no de aportaciones a fondo perdido. Es más, el discurso de algunos políticos se ha rodeado de una sorprendente demagogia acerca de la tal 'hucha de las pensiones'. El Tribunal de Cuentas participa de esa misma equivocación cuando afirma que la SS está en quiebra. Olvida que es parte del Estado y sus cuentas se integran en las estatales, y su deuda desaparece al consolidar las cuentas de la Administración central. Son todos los ingresos del Estado los que deben garantizar las pensiones públicas y no hay por qué dar a su financiación un tratamiento diferente del que se proporciona a la sanidad (que antes estaba en la SS), a la educación, al seguro de desempleo, o a los gastos de la dependencia, etc. No 'de... las pensiones', sino se necesita una 'reforma...' de nuestro sistema fiscal, en realidad.

La solución que propone el informe del Banco de España es, como de costumbre, muy simple. Todo se reduce a minorar por uno u otro procedimiento las prestaciones, con el peligro de que el sistema quede convertido en pura beneficencia. Aconseja alargar la vida laboral y retrasar la edad legal de jubilación. La contestación parece evidente. Vale poco dilatar la edad legal, cuando la edad real es bastante inferior, ya que se utiliza la jubilación anticipada como un escape de la presión de los expedientes de regulación de empleo y un sustituto del seguro de desempleo. Es más, mientras ascienda el paro a unos 3 millones de personas, es absurdo hablar de retrasar la edad de jubilación pues el seguro de desempleo y las prestaciones de jubilación constituyen tan sólo dos vasos comunicantes. Y será gasto en seguro de paro lo que se ahorre de pensiones.



Tampoco es muy feliz esa idea de considerar la totalidad de la vida laboral a efectos de calcular las pensiones. En realidad, es tan solo una forma de reducir la cuantía general de las prestaciones, amén de modificar la concepción que de las pensiones públicas tiene la Constitución española. Su razón, según la Carta Magna, no está en reintegrar al pensionista lo cotizado a lo largo de su vida laboral, sino en asegurarle al trabajador -tras de su jubilación...- contar con ingresos similares a los que tenía antes de jubilarse. No se trata de una prestación privada basada en el 'do ut des...' o dotación para rescates. No tiene por qué existir una equivalencia entre cotización y prestación. De ahí que se conforme como sistema de reparto y que su carácter sea público.

La idea sobre las pensiones que tiene nuestra Constitución se aleja de ese modelo liberal en el que estaba seguramente pensando Carlos Solchaga, aquel ex ministro socialista de Economía, cuando, en contestación a los pensionistas que se manifestaban, afirmó que estaban "recibiendo mucho más de lo que habían ellos aportado". En el sistema español las cotizaciones, que en su mayor medida corren a cargo de los empresarios, tienen la condición de tributos y no de otras aportaciones a un fondo que se rescatará posteriormente, y las pensiones no son la recuperación de ningún ahorro personal sino una prestación social más, que -al igual de la educación, el seguro del desempleo, la sanidad, etc.- son propiedades (en el puro sentido, aristotélico, del término) que siguen necesariamente a la esencia del Estado social.




Carece de sentido plantear ese tema como una lucha entre generaciones. Primero porque todos o casi todos, antes o después, seremos pensionistas y los posibles recortes, si bien van a afectar a los jubilados actuales, tendrán un impacto aún mayor sobre los futuros pensionistas... Segundo porque durante toda su vida laboral los pensionistas actuales no solo han contribuido con las cotizaciones sociales, sino con impuestos con los que se han costeado la educación, las infraestructuras, etc., beneficiando así a las generaciones más jóvenes, y elevando la productividad de la economía y con ello el nivel de vida promedio de todos los ciudadanos. En los últimos 40 años se habría duplicado ya la renta per cápita.

La viabilidad de las pensiones al igual que la de todos los gastos sociales no depende, como nos quieren hacer creer, de cuántos son los que producen, sino de cuánto se ha producido y de la decisión sociopolítica sobre distribuir lo que se produjo. Sin embargo, son estos dos parámetros los que parecerían estar en crisis. El pensamiento único neoliberal domina la Unión Europea, y la falta de una armonización fiscal, laboral y social dificulta la posibilidad de una política redistributiva y la suficiencia y progresividad de los sistemas fiscales. A su vez, la necesaria creación de empleo en España dentro de la Unión Monetaria parece conducir, tal como apuntan las últimas estadísticas, al estancamiento de la productividad. He ahí el verdadero peligro que acecha no solo a las pensiones, sino a todo el Estado Social."

lunes, 27 de mayo de 2019

España, ¡con t@ntas Castas!, se aleja de agendas europeas y centra debatir electorero en Cataluña

  
'Mientras por aquí aún en España se discutía sobre si acaso eran galgos o podencos; es decir, si debía ser el Tribunal Supremo o el Congreso quien tuviera que suspender de sus funciones a los parlamentarios independentistas, el mundo contenía el aliento por una guerra que puede marcar el siglo XXI: el conflicto entre EE.UU. y China por la hegemonía del planeta mediante el control de la tecnología, lo que afecta de forma decisiva a las cadenas globales de valor. Y que tiene en Huawei una especie de archiduque Francisco José de Austria tras su asesinato en Sarajevo. Ni un minuto ha dedicado la política española a este asunto. Probablemente, porque se trata de una cuestión menor pese a que el 34,3% del PIB depende de la exportación de bienes y servicios al resto del mundo. 'Peccata minuta'. 

Tampoco el futuro de la Unión Europea ha centrado los debates electorales. Entre otras cosas, salvo excepciones, porque el parlamento europeo sigue teniendo algo de Erasmus ciertamente tardío para muchos políticos. Sin duda, porque este asunto, pese a afectar a una comunidad de 508 millones de habitantes, tampoco es relevante. Tanto herr Manfred Weber (Partido Popular Europeo) como Frans Timmermans (socialdemócrata), los candidatos mejor colocados para presidir la Comisión Europea, son unos perfectos desconocidos pese a que España es el cuarto país de la UE por tamaño (sin Reino Unido). Aquí lo importante es quién saldrá alcalde del pueblo.

No se trata, en todo caso, de un problema genuinamente español. Tampoco Europa, enfrascada en una crisis de identidad sin precedentes, ha sido capaz de tener una posición estratégica sobre qué hacer con China, que hace una década puso en marcha un plan a largo plazo con el objetivo de situar al país en 2025 como primera potencia mundial mediante subsidios y una política monetaria expansiva para que sus empresas ganen cuota de mercado y sean líderes en supercomputación, inteligencia artificial, nuevos materiales, impresión 3D, software de reconocimiento facial, robótica, automóviles eléctricos, vehículos autónomos, microchips inalámbricos o desarrollo de la red 5G, como ha recordado el historiador Thomas L. Friedman. 'Peccata minuta'.

Verborrea política

Mientras España discutía sobre qué hacer con los políticos presos (a la vuelta del verano la discusión girará sobre el indulto), el populismo sacaba músculo —se verá en las elecciones de este domingo— y ponía en marcha una auténtica Internacional de la verborrea política. Líderes de la extrema derecha se reunían en Milán para subvertir algunos de los principios fundacionales de la Unión Europea. En particular, en una cuestión clave como es la inmigración, que debería estar en el centro del interés general no solo por razones humanitarias, sino, también, por motivos económicos. 

La crisis demográfica está afectando ya a los potenciales de crecimiento de los países centrales del euro, lo que contribuye a hacer realidad lo que en los años 30 se llamaba 'estancamiento secular', y que en el caso de Europa se manifiesta a través de un cóctel explosivo: baja productividad y envejecimiento acelerado, lo cual es especialmente relevante para una economía basada en las exportaciones, lo que no sucede en EEUU y Japón, con mercados domésticos más desarrollados que satisfacen la demanda interna.

Lo que se sabe, y en contra de la tendencia a mitificar los avances técnicos, es que tanto las nuevas tecnologías de la información y las comunicaciones (TIC) como los procesos de digitalización hacen la vida más fácil, pero no son capaces de aumentar de forma relevante la productividad total de los factores. Al menos, al mismo ritmo que lo hicieron las tres revoluciones industriales anteriores.

La productividad por hora trabajada en EEUU, como ha puesto de manifiesto la profesora Matilde Mas, creció entre 1995 y 2004 en una tasa del 3% anual, fundamentalmente por el impulso de las TIC, pero, a pesar de que la revolución digital continuó a buen ritmo, se desaceleró al 2% durante el periodo 2004-2010. Pero es que todavía fue peor entre 2010 y 2016, periodo en el que tan solo creció al 0.5% anual. Como se ve, un problema poco relevante. Y eso que España sufre ya la mayor caída de la productividad en 20 años. 'Peccata minuta'.


Mientras que España discutía acaloradamente, en algunos casos, incluso, hiperventilando, sobre el futuro político de Junqueras y el resto de los presos del 'procés', el Tesoro se endeudaba un poco más. Tan solo en el primer trimestre del año —el Tesoro ha acelerado las emisiones para aprovechar la bajada de los tipos de interés— el endeudamiento público ha crecido en 26.666 millones de euros, hasta los 1,2 billones de euros. Es decir, 296 millones de euros al día. 

Al mismo tiempo, y como se sabe, algunos políticos prometían bajar impuestos, pero sin decir cómo se iba a ajustar el gasto público para reducir el déficit. Obviando, por ejemplo, que algo más de la tercera parte de lo que gasta cada año el sector público ya va a financiar las pensiones. Y con una tendencia creciente. Entre 2005 y 2019 el número de nuevas pensiones habrá crecido en 1,7 millones, pero, por el contrario, la población ocupada apenas habrá avanzado. En concreto, 19,47 millones frente a 19,20 millones aquel año de fuerte crecimiento. 'Peccata minuta'. 

Mientras que Cataluña seguía condicionando el debate político, el empleo precario no daba tregua. Nada menos que el 40,8% de la población activa (algo más de 9,1 millones de trabajadores) o tiene un empleo temporal o lo tiene a tiempo parcial, lo cual más allá del debate sobre la calidad del empleo y del modelo de sociedad, tiene importantes consecuencias sobre la cualificación de los trabajadores (el empleo temporal desincentiva la formación en las empresas), las cuentas públicas y, por ende, sobre el nivel de nuestra presión fiscal. Empleo basura conduce a recaudación basura, indefectiblemente, que restringe la financiación de los servicios públicos esenciales. 
 
    2015                                      2016                            2019        
 PODEMOS                         UNIDOS Podemos           UNIDAS Podemos     
69 congresistas                       71 congresistas              42 congresistas
Tampoco parece que esta cuestión sea relevante en el debate público, pese a que España tiene la mayor temporalidad de Europa. Hace casi un mes que se celebraron las elecciones generales y todavía no hay fecha para el debate de investidura, y eso que ha habido un claro ganador. Y eso, habría que añadir, que era urgente derogar la reforma laboral.

Un fantasma recorre el mundo  

Mientras que España seguía enfrascada en la cuestión catalana, un fantasma muy distinto al que pensó Marx en el siglo XIX, avanza de forma inexorable. Como ha puesto de relieve el propio Fondo Monetario Internacional (FMI), poco sospechoso de ser un agente estatalizador que reparte octavillas revolucionarias a las puertas de las fábricas, el peso de las grandes corporaciones sobre el PIB mundial no deja de crecer, lo que, sin duda, afecta al ensanchamiento de la desigualdad, ya que los gobiernos disponen de menos instrumentos fiscales en aras de promover la cohesión social. Además del efecto que tiene sobre las pequeñas empresas, con mayores dificultades para competir.

La existencia de grandes corporaciones con un enorme poder de mercado, en todo caso, no sería tan malo si no fuera por la conclusión a la que llega el FMI a través de una investigación realizada a partir de la información suministrada por un millón de empresas en 27 economías avanzadas. El creciente poder de mercado de las empresas ha tenido un "impacto negativo", todavía de forma limitada, pero "si no se controla podría en el futuro pasar una mayor factura al crecimiento económico y los ingresos de las personas". Es más, según el FMI, "las autoridades necesitan diversas políticas para preservar el vigor de la competencia en el mercado".

Tampoco parece que este asunto esté en el centro de la agenda política. Lo único importante sigue siendo Cataluña. Y eso que desde hace años —y en esto coinciden los gobiernos de derecha e izquierda— está identificado que uno de los problemas centrales de la economía española tiene que ver con el tamaño de sus empresas. No en vano, el 92% de las sociedades tiene menos de 5 trabajadores y apenas 71.472 (el 0,2%) cuenta con más de 20 asalariados. Lo paradójico, en este caso, es que hay bastante consenso en cómo aumentar el tamaño medio de la empresa para hacerla más competitiva. Nada se hace. Cataluña marca la agenda. El mundo se equivoca y el cambio climático tendrá que esperar. Cataluña, siempre Cataluña.'
.     (Carlos Sánchez, 26/5/19, 'El Confidencial')


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