viernes, 29 de mayo de 2026

Esta presente 'Crisis del petróleo' pondrá fin al [des]Orden Global armado por las 3 anteriores

 
 
# Tras meses de guerra, EE.UU ha luchado enormemente sin conseguir aún obligar al que cese Irán obstáculo del paso seguro por el estrecho de Ormuz, y mucho menos para que acepte las 'exigencias fundamentales' desde Washington: el abandono de su programa nuclear, un desmantelamiento de sus fuerzas con misiles y la cancelación para sus redes regionales de alianzas. El ejército iraní está gravemente debilitado y su régimen desestabilizado, pero a día de hoy sigue impidiendo que la mayoría de los países transporten ya ningún petróleo, gas, fertilizantes ni helio a través del estrecho. La economía mundial está en riesgos, la popularidad de Trump en EE.UU sigue disminuyendo, Rusia se beneficia y la preparación militar estadounidense, especialmente en el Indo-Pacífico, se resiente...

Llegar a un acuerdo significa que los EE.UU. deberán encontrar alguna posición realista que no amenace la supervivencia del régimen iraní; su alternativa tan solo sería más estancamiento prolongado y perjudicial: si resulta imposible negociar los temas principales, lo más factible sería negociar el restablecimiento de la libertad de navegación precedente a la guerra a través del estrecho y la suspensión de una mayor escalada militar. Esta parece ser la dirección que anda tomando su Administración; y luego podría intentar presentar daños causados ​​a las infraestructuras militar o nuclear de Irán como una 'victoria' para los intereses estadounidenses. En realidad, por supuesto, no sería éxito ninguno pero sí pararía la erosión del poder estadounidense que ha provocado esta Guerra... 

El dilema de Trump en Irán es consecuencia previsible por su idea errónea del que algún poder económico y militar abrumador puede sustituir la voluntad de llegar a un acuerdo. Eso ha provocado ya repetidamente decepciones estratégicas en las grandes potencias durante la era posterior a su "Guerra Fría" —desde Irak hasta Ucrania—, demostrando una vez más que el poder militar nunca sustituye a la verdadera diplomacia.
   
  
La seguridad futura del Golfo Pérsico depende ahora del llegarse a un acuerdo con el régimen de Teherán. A pesar de lo afirmado por Trump del que "tenemos todas las de ganar", su realidad es casi la opuesta. Es él mismo quien está cada vez más motivado para cerrar un acuerdo y frenar el creciente impacto negativo sobre la economía estadounidense —y caídas en picado por índices de aprobación— entre su electorado. En consecuencia, es probable que Irán intente dilatar la negociación y obtener mayores concesiones de Trump, sabiendo cómo el tiempo correría en su contra.

Esas cesiones podrán implicar levantarse onerosas sanciones de "máxima presión" que Trump les impuso durante su primer mandato, y restableció al comienzo del siguiente, o reparaciones por destrucción causada en la campaña de bombardeos estadounidenses e israelíes. Si bien un punto clave de controversia serán las reservas de uranio enriquecido que aún existen, cualquier acuerdo final casi con certeza dejará como un decisivo guardián 'de facto' del Golfo Pérsico al... Irán; o, y dicho de otro modo, en posición aún más fuerte a la predecesora del que Trump iniciara su guerra.
 
 Así es actualmente la retención de buques bloqueados en el estrecho de Ormuz.
  
" La versión tradicional del orden económico internacional posterior a la Segunda Guerra Mundial no es errónea, pero sí incompleta. Los relatos convencionales afirman que la alianza entre Europa Occidental y los Estados Unidos se consolidó inmediatamente después de la Segunda Guerra Mundial, como resultado del orden de Bretton Woods, que vinculó las monedas mundiales al dólar estadounidense y estabilizó la gobernanza económica global a través del Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial. Explican que esta alianza se fortaleció aún más con la conclusión del Plan Marshall al inicio de la Guerra Fría y, en 1957, con la fundación de la Comunidad Económica Europea. 

En realidad, fueron las 3 grandes Crisis petroleras de la posguerra —en 1956, 1973 y 1978/79— las que contribuyeron a consolidar la alianza entre Europa Occidental y Estados Unidos, sentando bases para el 'Orden político y económico' actual. También explican su fragilidad. Dichas 3 Crisis... formaron parte de un esfuerzo más amplio de los estados poscoloniales por utilizar el petróleo como arma para fortalecer su soberanía económica, además de su independencia política. Las tres estuvieron vinculadas a un desafío al orden de Bretton Woods por parte de una emergente mayoría global de estados en proceso de descolonización, que se opuso a la influencia occidental sobre las políticas económicas internas de Asia, África y América Latina.

La presente Crisis Energética cierra el círculo de las anteriores al desmantelar el orden que estas contribuyeron a crear. Esta 4ª Crisis del petróleo marca un capítulo crucial en el debilitamiento del poder geopolítico y económico de Estados Unidos en el escenario mundial. Además, ya se ha fracturado la alianza entre los EE.UU. y Europa Occidental, que bien podemos prever cómo no será nada fácil de reconstituirse otra vez más adelante.
   


# El 1956 surgió la Crisis petrolera, cuando Egipto nacionalizó el Canal de Suez en nombre de la soberanía sobre sus recursos. Gran Bretaña, Francia e Israel respondieron militarmente, esperando una victoria rápida. Pero cuando las tropas de Gamal Abdel Nasser llenaron decenas de barcos con rocas, bloqueando todo paso, interrumpieron suministro a Europa de petróleo del Golfo Pérsico; y aquello que se había llegado a plantear como una represalia para demostración de poderío imperial terminó en humillación: Gran Bretaña y Francia se retiraron, mientras que los EE.UU. se negaron a intervenir apoyando a sus aliados. Para muchos observadores, Gran Bretaña y Francia parecían imperios al borde de la extinción.

Para Europa Occidental, Suez fue una advertencia y un presagio de lo que aún estaba por venir. En el Caribe y África, estados recién independizados rechazaban los lazos coloniales, reclamaban la soberanía sobre sus recursos y exploraban formas alternativas de cooperación económica regional, desde la Federación de las Indias Occidentales hasta la Unión de los Estados Africanos.

Este contexto es fundamental para comprender la integración europea. El Tratado de Roma de 1957 se suele interpretar como un responderse al fascismo, pero también lo fue a las amenazas de un incipiente orden económico mundial antiimperialista. El 20 de febrero de 1957, los 6 Estados fundadores del Tratado de Roma acordaron asociar más de una docena de territorios de ultramar en virtud de la Parte IV del tratado, aun cuando a los Estados «asociados» se les negó el derecho a voto. Esto creó un sistema de comercio preferencial que vinculaba Europa con sus antiguas colonias, al tiempo que limitaba las posibilidades de soberanía sobre los recursos de países no occidentales y restringía las formas de federalismo económico que buscaban eludir a los países occidentales.
 

  
 # EE.UU. apoyó la integración europea, pero solo se alineó plenamente con ella en la configuración de su Gobernanza económica mundial tras de la 2ª Crisis del petróleo en 1973. Ese año, Egipto y Siria lanzaron ataques coordinados para recuperar la península del Sinaí [egipcia] y los Altos del Golán [sirios] que ocupaba Israel... Cuando llegaron cargamentos de armas procedentes de potencias occidentales para abastecer a Israel, estados productores de petróleo actuaron con decisión. La OPEP aumentó drásticamente sus precios, mientras que la OAPEC impuso recortes a la exportación y un embargo contra partidarios occidentales de Israel. Estas acciones se presentaron como una forma de cambiar lo que el primer ministro jamaicano, Michael Manley, denominó «las ecuaciones fundamentales del poder económico». Al igual que el caso de Suez, formaban parte de un llamamiento más amplio a favor de la soberanía antiimperialista sobre los recursos. Y en Venezuela, entonces inmersa con el nacionalizar sus propias reservas de crudo, acabó denominándose lo que se pretendía gestar por tanto América Latina como el Oriente Medio «una revolución del petróleo»...

En toda Europa Occidental y Norteamérica estos acontecimientos se conocieron, sin embargo, como «la Crisis del petróleo». Los precios del crudo se dispararon, perturbando economías que se habían vuelto altamente dependientes de una energía barata. Para 1970, el petróleo había reemplazado al carbón como principal fuente de la energía en dicho espacio del Occidente más próspero.

La crisis no se limitaba al costo de vida: era una cuestión de identidad. Tras décadas de fácil acceso al petróleo y un consumo creciente, resultaba indignante para muchos observadores occidentales que una coalición heterogénea de estados de Oriente Medio y América Latina pudiera paralizar repentinamente la vida. Las tensiones se agravaron con otras tendencias desestabilizadoras. En 1971, Estados Unidos había comenzado a desmantelar el sistema de Bretton Woods al poner fin a la convertibilidad del dólar estadounidense en oro, lo que provocó tipos de cambio flotantes y volatilidad financiera. El declive industrial se aceleró en Europa y Norteamérica; el desempleo y el estancamiento económico aumentaron. Le siguió una crisis bancaria. Europa Occidental entró en recesión oficialmente.
 
  
En medio de tal inestabilidad, el futuro del orden mundial era incierto. En 1974 una coalición entre los Estados no occidentales formada en la Conferencia de la ONU sobre Comercio y Desarrollo, "el Grupo de los 77", proclamó un «Nuevo orden económico internacional»: abogaban por la soberanía sobre sus recursos, el comercio justo y una mayor autonomía para los países en desarrollo. La 2ª Crisis del petróleo reforzaba su poder.

En respuesta, los países occidentales intensificaron su coordinación. Se crearon nuevas instituciones, como el 'Grupo de los 6' (ó, posteriormente, G-7) y la Agencia Internacional de Energía, para gestionar la política económica y la seguridad energética fuera del marco de la ONU. Al mismo tiempo, Europa y Estados Unidos otorgaron un poder sin precedentes a instituciones financieras occidentales, como el FMI y el Banco Mundial. Pronto, los miles de millones de petrodólares generados por los productores de petróleo y depositados en bancos occidentales fueron reciclados por las potencias occidentales como capital inicial para los países en desarrollo, con ciertas condiciones.
 


Así nació el “ajuste estructural”. Impuesto por el FMI y el Banco Mundial a los países no occidentales importadores de petróleo a partir de 1976, el ajuste estructural permitiría a las antiguas potencias coloniales influir en las decisiones políticas internas de los países anteriormente colonizados, al tiempo que vinculaba al mundo descolonizado con las antiguas potencias coloniales mediante relaciones de deuda.

Según los términos de los préstamos de ajuste estructural, los países se vieron obligados a implementar la devaluación de la moneda, la austeridad fiscal, la contención salarial y la reducción de la intervención estatal en la economía. La soberanía sobre los recursos y la diversificación económica quedaron fuertemente desincentivadas. Además, se presionó a los países no occidentales para que liberalizaran el comercio y se les castigó si intentaban establecer relaciones preferenciales con socios comerciales no occidentales. Y mientras los países occidentales ocupaban los puestos más altos en el FMI y el Banco Mundial, los países africanos, asiáticos y latino-americanos tenían poca influencia. Al igual que sucedió con la Comunidad Económica Europea, volvieron a estar atrapados en relaciones económicas coloniales y excluidos de los espacios de toma de decisiones.
  

 # La Crisis petrolera, desencadenada por la Revolución iraní (1979), intensificó esta dinámica. Prometiendo luchar contra el imperialismo y otorgar soberanía duradera a Irán, los revolucionarios iraníes se habían comprometido al rectificar el golpe de Estado estadounidense-británico de 1953 que derrocó al primer ministro Mohammad Mossadegh y paralizó su proceso de nacionalización {inspirado por lo que, al crear la empresa estatal PEMEX, había hecho el general mejicano Lázaro Cárdenas -¡en Norteamérica, 15 años antes...!- ya} del petróleo en Irán. Forjaron nuevas alianzas regionales e incorporaron el antiimperialismo en los libros de texto escolares y en las calles: la bulliciosa capital, Teherán, por ejemplo, se convirtió en sede de las calles Patrice Lumumba, Gandhi, Bobby Sands y Nelson Mandela, en un guiño a los orígenes y ambiciones antiimperialistas de la República Islámica. Dicha 3ª Crisis apareció cuando los precios mundiales del petróleo se duplicaron.
   
  
Como ya había ocurrido en aquellas 2 primeras Crisis del petróleo, las potencias occidentales respondieron con rapidez. En noviembre de 1979 EE.UU. impuso sanciones económicas al Irán por re-nacionalizar su crudo, junto con restricciones comerciales, y congeló unos 8 millones de dólares en activos iraníes. Pocos años después, los países de Europa Occidental se sumaron a la causa, presentando a Irán como la principal fuerza desestabilizadora de la región e incrementando la venta de armas y los flujos financieros hacia Irak en medio de su devastadora guerra contra el vecino Irán (1980-1988).

Paralelamente, el ajuste estructural se convirtió en un rasgo distintivo de la gobernanza económica mundial. Las zonas económicas especiales se vincularon estrechamente con los programas de ajuste estructural, al igual que las exenciones fiscales neoliberales para producir orientado a exportación, lo que desencadenó una competencia a la baja en materia de salarios y estándares ambientales. 

En la década del 1980, los países de Europa Occidental y Estados Unidos internalizaron la lógica neoliberal, reduciendo el Estado de bienestar y adoptando la desregulación. La devastadora crisis de la deuda del Tercer Mundo apenas logró frenar este proceso. El neoliberalismo, inicialmente forjado en respuesta a las primeras 3 Crisis del petróleo, se había globalizado, a medida que los EE.UU. y Europa Occidental confirmaban su liderazgo en el orden económico mundial.
  
 
 # Nos encontramos inmersos en otra Crisis petrolera, centrada contra Irán, ahora... porque la República Islámica es un régimen autoritario, impopular y brutal... Aunque, sin embargo, su existencia estuvo ligada al activismo anti-imperialista y a un compromiso inquebrantable del otorgársele toda la soberanía sobre sus recursos naturales al pueblo iraní.

Tras el ataque conjunto israelí-estadounidense contra Irán el 28 de febrero, Irán cerró el estrecho de Ormuz, lo que ralentizó el flujo de petróleo y llevó a los Estados Unidos al imponer un 'bloqueo'... La interrupción de sus flujos energéticos y las cadenas de suministro pone de manifiesto, una vez más, la fragilidad del orden establecido.

Las consecuencias van más allá de la energía. Las cadenas de suministro se han visto interrumpidas, incluidos los flujos del helio, esencial para la producción de semiconductores. Todos los planes para el desarrollo de infraestructuras digitales e inteligencia artificial en países del Golfo Pérsico son ahora inciertos, ya que los inversores reevalúan los riesgos geopolíticos, mientras que los estados del Golfo luchan por suprimir cualquier cobertura de los importantes daños causados ​​por ataques iraníes. De hecho, funcionarios de Dubái amenazan con hasta 2 años de prisión a cualquiera que se atreviere al compartir una foto de los ataques con misiles iraníes.
  

 

Al mismo tiempo, el conflicto está reconfigurando las alianzas geopolíticas. A diferencia de crisis petroleras anteriores, que fortalecieron la unidad occidental, la situación actual la está fragmentando. Ha quedado claro que Estados Unidos e Israel no pueden proteger el Golfo de los ataques de Irán. En consecuencia, se están negociando acuerdos horizontales por doquier: Arabia Saudita y los Emiratos Árabes Unidos con Ucrania, Canadá con China, y las potencias europeas con países independientes de la región.

Estados Unidos afronta desafíos particulares: bajo la presidencia de Donald Trump, el país agotó a sus antiguos aliados, quienes buscan socios comerciales más fiables en otros lugares. En medio de la escalada arancelaria y la incertidumbre en las relaciones comerciales transatlánticas, la UE finalizó un acuerdo comercial largamente postergado con Brasil, Argentina, Paraguay y Uruguay, y concluyó un histórico acuerdo comercial con India. Los líderes de la UE también exploran una cooperación más estrecha con el Acuerdo Integral y Progresista de Asociación Transpacífico (CTP), un tratado comercial multilateral que ya no incluye a Estados Unidos.

Mientras tanto, la fascinación de Trump por las criptomonedas no sienta las bases para ningún orden económico mundial nuevo: los especialistas consideran que tales monedas tampoco son sino instrumentos altamente volátiles y especulativos, propensos al fraude (Si bien es cierto que la criptomoneda con el logo de Trump está generando grandes ganancias para el presidente y sus allegados, esto no es amiguismo, sino el inicio de un nuevo modelo económico global).

 

 

La antigua hegemonía del dólar se está debilitando. El FMI y el Banco Mundial han constatado una creciente incapacidad para amortiguar el daño económico derivado de las crisis geopolíticas. Los países diversifican sus reservas y aumentan su tenencia de oro a medida que  la participación del dólar estadounidense en las reservas mundiales de divisas sigue disminuyendo. 

La tendencia hacia la desdolarización ha sido una motivación explícita para los países del Sur Global —especialmente dentro del bloque BRICS+—, que buscan expandir el comercio bilateral en monedas locales y aumentar su dependencia de herramientas como el Sistema de Pagos Interbancarios Transfronterizos de China (CIPS). Desde el inicio de la guerra contra Irán a finales de febrero, el uso del CIPS ha experimentado un rápido aumento .

El mundo está transitando de un dominio unipolar del dólar a un orden monetario fragmentado y parcialmente multipolar. Hemos visto el creciente poder de Irán para negociar petroyuanes en lugar de petrodólares, con el objetivo de debilitar aún más la hegemonía estadounidense. (Desde su introducción en 2018, el petroyuan ha ganado terreno en Rusia, Irán y Venezuela, impulsado por el hecho de que China es el mayor importador de petróleo del mundo). India también ha comenzado a liquidar el comercio de petróleo en yuanes y dírhams emiratíes en lugar de dólares; incluso aliados de Washington en el Golfo, como Arabia Saudita, han comenzado a experimentar con ventas de petróleo en monedas distintas al dólar, particularmente a países asiáticos.
  

 

Paralelamente, la situación política y económica de Israel está cambiando. Israel se prepara para las repercusiones económicas de la guerra, ya que los esfuerzos por ampliar la cooperación con los estados del Golfo se han estancado. El "Proyecto Amanecer" y la iniciativa "Junta de Paz" de Trump y el primer ministro israelí Benjamin Netanyahu —que busca crear una zona económica especial de 112.000 millones de dólares en Gaza— han enfrentado importantes obstáculos para su implementación. Y como resultado del alto costo de la guerra para la población civil tanto en Irán como en Líbano (donde se lanzan bombas de 900 kilos sobre barrios civiles, desmintiendo las afirmaciones de "objetivos estratégicos"), ni Israel ni EE.UU están ganando aliados a largo plazo ni credibilidad en la región.

¿Se formará una nueva OPEP o G-77? Y, de ser así, ¿será el anticolonialismo su estandarte? Hasta ahora, todo parece indicar que China e Irán —y no Israel ni EE.UU.— son vencedores por esta guerra. China tiene mucho que ganar, ya que los países buscan alternativas a la dependencia del petróleo. Además, la influencia de China ha aumentado a medida que busca posicionarse como pacificador en la región.
 

 

Además, la vulnerabilidad de los estados del Golfo ante los ataques de Irán —y el hecho de que históricamente estos países hayan podido negociar acuerdos con Irán— podría conducir a un escenario de pesadilla para Israel y Estados Unidos, en el que Irán emergiera como una nueva potencia económica regional hegemónica que, junto con China y Rusia, garantizara la seguridad militar y de recursos de la región del Golfo.

Algunos analistas han afirmado que la cuestión de si la guerra contra Irán inaugura un nuevo orden político-económico depende de su duración. Esto no parece correcto. Si la guerra termina pronto, Irán será sin duda declarado vencedor y el mundo se reajustará en consecuencia. Pero incluso si el conflicto se prolonga con un costo enorme para la población civil, quedará claro para todos que Irán era una potencia estratégica militar y económica mucho más formidable de lo que Estados Unidos o Israel imaginaban. Además, China se beneficiará independientemente de lo que suceda: su poderío económico y su posición como "potencia global responsable" se han visto reforzados por el conflicto.

La 4ª Crisis del petróleo está fracturando el bloque occidental. Gran Bretaña, Alemania y Francia se han negado a participar en la guerra, y los líderes de la UE han insistido en la necesidad de una solución negociada en lugar de una victoria militar. Además, las crecientes crisis económicas y sociales desencadenadas por esta guerra han convencido aún más a los países europeos de la necesidad de estabilizar Oriente Medio mediante un realineamiento que excluya a Estados Unidos.
  

   

Aunque un presidente estadounidense menos imperialista llegara al poder, Washington habría debilitado permanentemente su papel como pilar institucional del orden mundial, socavando normas como la defensa mutua incondicional, fragmentando el G-7 y debilitando al Banco Mundial y al FMI. Además, a los líderes europeos no les preocupa solo un líder, sino también que futuras elecciones estadounidenses produzcan líderes similares. Y a medida que los estados europeos sigan forjando alianzas alternativas para eludir a Estados Unidos —tanto en materia de comercio como de defensa mutua—, será cada vez más difícil revertir la ruptura occidental. Incluso si Estados Unidos reafirma su compromiso con Europa en el futuro, estos acuerdos tienen su propia trayectoria y un impulso propio.


 # En resumen: el orden liderado por Occidente, consolidado por las 3 Crisis Energéticas del siglo XX, se está desmoronando con esta otra 4ª y primera del siglo XXI. Queda por ver si ello conducirá, o no, a un mundo más justo. Si tanto Irán cuanto China salen victoriosos, es razonable suponer que, al menos a corto plazo, el mundo presenciará la expansión de un mercantilismo autoritario dirigido por el Estado, caracterizado por la creación de nuevas algunas alianzas político-económicas fuertemente militarizadas que eluden a Estados Unidos.
 
  
También existe la posibilidad de que se constituya una plutocracia global posnacional, que dé lugar a formas de «tecno-feudalismo» o un capitalismo policéntrico. Pero incluso existe una posibilidad más remota: el surgimiento de un nuevo modelo democrático transnacional que priorice a los trabajadores sobre el capitalismo, las cadenas de suministro seguras sobre la producción de bajo coste y la sostenibilidad ambiental como eje central de la política económica.

La crisis energética desencadenada por la guerra contra Irán ha asestado el golpe de gracia al orden económico internacional liderado por Occidente, que se constituyó en respuesta tras de las 3 Crisis energéticas del siglo XX anterior. Y hoy algún orden político-económico global nuevo se vislumbraría en el horizonte..."
 
(Giuliana Chamedes, Wisconsin-Madison University, en 'Foreign Policy')
  

     
  
El eje Pakistán - Arabia Saudita medió Acuerdo de Irán y EEUU
La mediana potencia nuclear, Pakistán, dotada con 170 bombas nucleares equilibrando la terrorífica disuasión nuclear de la “Opción Sansón” por Israel, consigue un arreglo impensable [para crédulos de los mass media internacional-sionistas...] cuando su jefe del Estado mayor, el general Asim Munir (AM) progresa logrando asombrosamente un Memorándum de Acuerdo que traduce posicionamientos de los grandes jugadores regionales acoplados al axioma de la “estabilidad geoestratégica” tripolar.
Por la “naturaleza de las cosas”, como solían instruir los clásicos griegos, pudo (con)vencer a tirios y troyanos el posicionamiento de Pakistán: supremo asociado a China, íntimo aliado de Arabia Saudita, potente interlocutor de Trump y vecino amigo e indispensable de Irán; sin olvidar la conspicua visita del primer pakistaní Shahbaz Sharif –coincidentemente, a posteriori, con las dos de Trump y Putin- a Xi... 
¿Arregló China el contencioso iraní?
Será muy amigo el general AM de Trump, pero lo único que pudo éste obtener Trump en su viaje hasta Pekín, para resolver el bloqueo del Estrecho de Ormuz, fue la participación china para incitar a su aliado pakistaní a contribuir en la resolución del conflicto. El talento de la mediación desde Islamabad fue haber sabido medir la situación regional medioriental frente a cierta “estabilidad estratégica constructiva” pactada entre Trump y Xi (constando el tácito apoyo de Putin, ¡con quien el Presidente de China se ha encontrado 46 veces desde 2013!).
  

 

Entre otros varios rubros, en el Memorandum of Understanding que publica Al Mayadeen de Líbano, muy cercano a Hezbollah e Irán, se patentiza un descongelamiento sobre varios miles de millones de dólares entre los fondos bloqueados a Irán por el embargo directo y las sanciones de EEUU.
Ese doble levantamiento del bloqueo de Estados Unidos y apertura para el Estrecho de Ormuz exponen el paroxismo de la “fase financiera” de la guerra asimétrica. Mas allá del inevitable no-regreso a las bases de EEUU, severamente dañadas, como exponen rotativos estadunidenses y de la “vecindad inmediata” (sic) de Irán, se decanta cómo el enclave se ha vuelto un Golfo 'Pérsico al cuadrado'...
  

  

Mucho se debatirá si su entrega por Trump a Irán pueda ser equivalente de su relativa desnuclearización. Pero más importantes que detentar una bomba atómica son las “4 bombas nucleares metafóricas” de Irán: 1ª) el martirologio consustancial al chiísmo persa; 2ª) sus indetectables cuan pletóricos misiles hipersónicos; 3ª) la soberanía del estrecho de Ormuz compartida con Omán: una entre las 6 petromonarquías del CCG (Consejo de Cooperación del Golfo) que ya expuso la vulnerabilidad financiera del globalismo neoliberal con el eje resquebrajado de La City más Wall Street, y 4ª) la impactante educación científica de las universidades públicas del “país-Civilización” de Irán, uno de los líderes en los rankings del STEM (Ciencia, Tecnología, Ingeniería y Matemáticas) global.
Estos 4 puntos nodales fueron subestimados lastimosamente por el Mossad y Trump, quien se dejó empujar por el talmúdico genocida Netanyahu, que hoy no pudo ya obstaculizar un arreglo transformador para la faz del “Gran Medio Oriente”, como en su momento hace 110 años también lo hizo el acuerdo anglofrancés Sykes-Picot.
¿Existe un arreglo estadunidense-iraní-pakistaní-saudita, sin la obstrucción perniciosa de IsraelNo faltarán críticos y apologistas al esbozo de resolución del conflicto entre EEUU e Irán –cada quien con sus muy respetables argumentos-... Mas a nuestro juicio, Irán ha leído perfectamente el momento geoestratégico del planeta y actuó en consecuencia."  
(A. Jalife-Rahme: "Bajo la lupa" en el diario 'La Jornada' de México)

  


martes, 26 de mayo de 2026

Venezuela no será otro Panamá; pero Trump sí soñaba ser Putin y ni recordó Bahía Cochinos...

 
Lo que imaginaron una 'Crimea, pero al revés', resultaría les termina con otra frustración como la del desembarco [anti-revolucionario] fracasado ya 65 años atrás en Cuba...
 
 
  "El año nuevo comenzó con lo que en un principio parecía ser un golpe fatal para el chavismo, movimiento que lleva un cuarto de siglo gobernando Venezuela y desafiando la supremacía estadounidense en América Latina. El 3 de enero, fuerzas especiales estadounidenses realizaron una incursión relámpago en Caracas, en la que capturaron a Nicolás Maduro, presidente desde 2013, junto con su esposa, y los trasladaron a una cárcel en Brooklyn para enfrentar cargos de tráfico de drogas y otros delitos. Un mensaje de audio, aparentemente grabado pocos días después por Delcy Rodríguez, quien fuera la vicepresidenta de Maduro y quien es ahora la presidenta interina de Venezuela, no tardó en circular entre las bases políticas del chavismo. En él, Rodríguez advertía que se avecinaban decisiones difíciles y que los partidarios “debían actuar con paciencia y prudencia estratégica” para garantizar la supervivencia del movimiento. También afirmaba que, para lograr la liberación de Maduro y la primera dama, preservar la paz y mantener el control de Venezuela, el chavismo tendría que adaptarse.

Desde la adaptación en aquel momento se ha pasado a lo que parece haber sido una serie de cambios devastadores para el movimiento: de posturas abiertamente socialistas, antiimperialistas y orgullosamente soberanas, siempre respaldadas por aliados como China, Rusia e Irán, a la sumisión ante los dictados de Washington.

Para intentar mantener la calma, varios funcionarios han recurrido a las palabras de Vladimir Lenin: Salvo el poder, todo es ilusión. El chavismo, creen, puede sobrevivir incluso si tienen que hacer concesiones sobre los que fuesen los pilares de su credo, entre ellos la propiedad estatal de los recursos naturales, la independencia soberana y un Estado orientado hacia las necesidades de los pobres, sobre todo porque estos principios ya se han visto erosionados durante años de duros conflictos políticos y colapso económico. Pero el consenso dentro del movimiento es que hay un objetivo supera a todos los demás: el imperativo de mantener el control del poder, o de no ser así, la importancia del determinar el ritmo y demás condiciones bajo las cuales éste podría cederse.  

Chavismo después de Chávez.- Según sus partidarios, el movimiento chavista siempre ha sido una especie de camaleón ideológico. Nacido en los cuarteles militares como un movimiento nacionalista y populista, era lo suficientemente flexible como para reunir a sectores tanto de derecha como de izquierda en torno a su fundador, el difunto presidente Hugo Chávez. Pero su naturaleza inclusiva duró poco, ya que el movimiento dio un giro hacia la izquierda radical cuando entró en conflicto con las élites empresariales respaldadas por Washington, especialmente tras del fallido golpe de Estado anti-chavista en 2002. Sin embargo ha adoptado posiciones dispares a lo largo del tiempo, pasando de fe en la elaboración democrática de una constitución a un fervor autoritario que, en su peor momento, resultó en la detención de miles de presos políticos. Por ello, el chavismo se permitía participar en redes de corrupción para beneficiar a aliados empresariales y ciertas potencias extranjeras, mientras que al mismo tiempo se presentaba como defensor de los pobres; también podía diseñar políticas públicas para supuestamente empoderárseles a las comunidades locales, mientras impulsaba un régimen hipercentralista que intentaba cooptar a las bases.
 
  
Aun así, muchos de los seguidores de Chávez creen que, tras su muerte por cáncer en 2013, sus sucesores han ido despojando lenta pero sistemáticamente varios de los principios básicos del movimiento. Los líderes venezolanos argumentaron que los cambios eran necesarios para que el movimiento sobreviviera a conspiraciones internas y externas destinadas a derrocar al gobierno, así como a la “guerra económica” librada por Washington y otros (las primeras sanciones económicas estadounidenses contra Venezuela se impusieron en 2017). Maduro, el sucesor elegido a dedo por Chávez, así como sus aliados cercanos, entre ellos los hermanos Delcy y Jorge Rodríguez, el líder chavista y actual ministro del Interior, Diosdado Cabello, y el ex-ministro de Defensa, Vladimir Padrino López, demostraron su disposición a un pragmatismo extremo en diversos frentes. De la mano con la creciente persecución a sus críticos, a la que apelaron con más intensidad, esta flexibilidad ideológica les permitió mantener el control político y sofocar el creciente desafío de la oposición. 

Poco después de que Maduro asumiera la presidencia, se desató una oleada de protestas respaldadas por un frente de oposición notablemente fortalecido. A principios de 2014, tras un mes en el que el país se vio sumido en manifestaciones masivas por parte de ambos bandos políticos, Maduro respondió con un uso desmedido de la fuerza estatal, algo poco común hasta ese momento. Las fuerzas de seguridad detuvieron a líderes opositores y asesinaron a manifestantes en una magnitud que superó todo lo visto bajo su predecesor, a pesar de que Chávez nunca dudo en reprimir la disidencia, en especial dentro de las filas militares. Cuando la oposición política ganó el control de la Asamblea Nacional en 2015, en medio de un profundo malestar económico, Maduro debilitó los poderes de la legislatura. Y eventualmente marginó completamente al Congreso mediante la posterior creación de una nueva Asamblea Constituyente totalmente chavista.

Con cada año que pasaba, el aparato represivo de Maduro fue erosionando aún más los derechos humanos, el debido proceso y las garantías legales consagradas en la Constitución de 1999, un texto que fue producto de un proceso controlado minuciosamente por Chávez y dirigido por sus partidarios. La democracia fue otra víctima de la represión. Chávez, sin duda, tenía reservas respecto a la democracia representativa y el sistema de pesos y contrapesos al poder ejecutivo, y en 2006 impulsó una reforma constitucional radical que pretendía crear lo que él denominó democracia participativa y comunitaria (la cual fue rechazada en un plebiscito). Eventualmente, consiguió la aprobación popular de la reelección indefinida a cargos políticos mediante un referéndum en 2009, con que se despejó camino hacia el mandato 3º. En realidad, el difunto presidente prosperó gracias a su carisma, popularidad y reiteradas victorias en las urnas. En contraste, desde el éxito de la oposición en las elecciones legislativas de 2015, Maduro tuvo que inclinar cada vez más la balanza electoral a favor del gobierno, llegando al extremo, en julio de 2024, de proclamarse vencedor a pesar de la abundante evidencia de una derrota del chavismo por contundente mayoría.

Ante el desplome de la economía del país, el gobierno de Maduro derribó las ortodoxas doctrinas fiscales y monetarias chavistas. A partir de 2018, tras alcanzar un pico de hiperinflación, Maduro impulsó una dolarización de facto, eliminó los controles de precios, liberalizó la economía y abrió sectores a la inversión privada, aunque los vínculos entre los organismos estatales y las empresas tendían a ser turbios. Conforme disminuía la intervención estatal, también se redujo el gasto social dirigido a los pobres drásticamente, eliminando una importante fuente de lealtad entre la base social tradicional del chavismo. Ante el colapso económico y la falta de apoyo estatal, algunos de los antiguos bastiones urbanos del movimiento rompieron decisivamente con el chavismo en época electoral, aunque ante la escasez y el hambre se vieron obligados a realizar ocasionales muestras de su lealtad política para obtener los productos básicos, como raciones de alimentos, y evitar la atención de grupos parapoliciales leales, conocidos como “colectivos”. Mientras tanto, las denuncias del gobierno contra el neoliberalismo y la codicia de los ricos dieron paso a la glorificación del espíritu emprendedor y la iniciativa privada por parte de ciertos destacados funcionarios chavistas.
  
 
La captura de Maduro asestó el golpe definitivo a cualquier pretensión de coherencia ideológica. La presidenta interina Rodríguez ha abandonado en la práctica el último principio fundamental que le quedaba al movimiento, al aceptar sin mucha resistencia una relación de subordinación con Washington, dejando de lado así toda apariencia de antiimperialismo. Su cesión del control de recursos naturales del país a EE.UU. es el giro más radical del chavismo quizás, deshaciendo no solo la obra de Chávez, sino también la nacionalización de la industria petrolera venezolana de 1976, que precedió en más de 20 años su llegada al poder.

Informantes chavistas sugieren que los más pragmáticos dentro del régimen han aprovechado la presión externa para realizar cambios que llevaban tiempo contemplando, con la esperanza de impulsar la inversión extranjera en Venezuela y facilitar su reincorporación a los mercados crediticios internacionales. En conversaciones con Washington, el propio Maduro aparentemente había insinuado la posibilidad de abrir contratos petroleros a empresas e inversionistas estadounidenses. Aparentemente también estaba contemplando una reforma de la legislación laboral similar a la propuesta por Rodríguez, e incluso había explorado la idea de una reforma constitucional destinada a diversificar la economía venezolana. Sin embargo, antes de la intervención estadounidense, estas ideas encontraron resistencia interna por parte de facciones aferradas a los vestigios de las políticas estatistas. Es posible que algunos observadores extranjeros se hayan sorprendido por la facilidad con la que el círculo íntimo de Maduro acató los dictados estadounidenses, pero altos funcionarios, entre los que destacan los hermanos Rodríguez, parecen haber aprovechado la oportunidad para deshacerse de dogmas que deseaban dejar atrás hace tiempo. Su objetivo no ha sido solo evitar una separación traumática del poder, sino también obtener el máximo beneficio. Aunque la incursión estadounidense pareciese haber socavado al pilar chavista, pueden haberse abierto puertas a cambio que quizá resulte revitalizador del movimiento.

Mitología del cambio.- La pregunta de si hubo alguna negociación con Washington para entregar a Maduro antes del 3 de enero, o si alguna respuesta armada más activa al ataque estadounidense hubiera sido posible, es prácticamente un tabú en los círculos chavistas. Por otro lado, los partidarios del gobierno parecen dispuestos a ofrecer sus explicaciones sobre lo sucedido tras la incursión, y en particular a justificar los cambios de los últimos meses. 

Un argumento es el de la coacción extranjera. Rodríguez, dicen, negocia con una pistola apuntándole a la cabeza y, por ahora, no tiene más opción que acatar órdenes. La propia presidenta interina ha dicho que solo le dieron minutos para decidir si se alineaba con la Casa Blanca o se enfrentaba a un destino similar al de Maduro. Intentar resistirse, según esta teoría, habría sido a la fija un suicidio político dadas las abismales asimetrías de fuerza entre Venezuela y los ahora tan belicosos EE.UU
 
  
Otros ven a Rodríguez como una astuta negociadora, que logró realinearse hábilmente con las corrientes geopolíticas para mantener al movimiento en el poder. Según algunos defensores de esta teoría, el chavismo tenía preparada una respuesta para este tipo de situación, y Rodríguez simplemente la está ejecutando hábilmente. Se habría evitado un cambio de régimen al tiempo del haberse conseguido gradualmente suspensión o levantamiento de sanciones estadounidenses. “¿Tú no te das cuenta que se trata de un plan?”, dice algún funcionario gubernamental: “Estamos venciendo el plan de la derecha y el de los gringos sin que se den cuenta”. Quienes defienden esta postura creen que "Rodríguez pretende esperar a que termine el mandato del presidente Donald Trump y luego negociar con quien le suceda, presumiblemente en unas condiciones más favorables".

Una tercera justificación se basa en el prolongado estancamiento económico de Venezuela, que, a pesar de uno que otro repunte de crecimiento, parecía en gran medida irremediable bajo Maduro. Este argumento es, en esencia, al que apelan los chavistas más pragmáticos mencionados anteriormente. Ceder el control de los recursos naturales, según esta versión de los hechos, era esencial para que el país retomara el camino de la expansión. Rodríguez podría estar esperando que, con un impulso económico suficiente gracias al control estadounidense sobre las exportaciones de petróleo y otras inversiones, ella pueda ganar unas elecciones competitivas. Chavistas ponen China como ejemplo del país que se ha abierto económicamente y ha cosechado frutos de la inversión extranjera sin dejar de ser aún el Estado unipartidista. Al defender la reforma de la industria petrolera, Jorge Rodríguez recurrió a una famosa frase de Deng Xiaoping que utilizó para justificar las reformas capitalistas: “No importa qué color tenga el gato, siempre que cace ratones”. Aunque cabe añadir cómo Rodríguez atribuyó el refrán a su abuela... 

Equilibrio interno.- En lo que coinciden todas estas narrativas es en la importancia de mantener al chavismo al frente del Estado. El movimiento político que gobierna Venezuela ha demostrado ser experto en prolongar su permanencia en el poder. Parte de esta longevidad ha sido producto de denigrar, dividir y, cuando es necesario, intimidar a sus oponentes. Pero el chavismo también se ha esforzado por mantener un equilibrio interno, lo cual ha sido crucial para su cohesión en momentos de crisis. Rodríguez también parece dominar estas artes, logrando complacer a Trump, presentando a su gobierno como un socio dócil con el que es fácil trabajar, mientras apacigua a importantes figuras del ala más radical del gobierno que podrían oponerse a la cooperación con Washington.

Sin embargo, este delicado equilibrio de poder dentro del movimiento no debe darse por sentado. La familia Rodríguez era solo una de las corrientes rivales, pero el ascenso de Delcy y sus maniobras para asegurarse la lealtad del gabinete han encendido desde entonces los celos y reavivado los rencores. Delcy ha destituido a varios de los más cercanos a Maduro, mientras que ha mantenido a otras figuras consolidadas en puestos de poder, posiblemente por temor a que de otro modo se pudiera generar desestabilidad. Y rumor de purgas, reasignaciones o más destituciones sumarias se propaga sin control por los pasillos oficiales... ya que se han producido cambios importantes, incluido un descabalgamiento del hasta entonces ministro de Defensa, Padrino, quien fue sustituido por Gustavo González López (otro aliado cercano de la presidenta interina como ex-jefe de los servicios de inteligencia y contrainteligencia militar). El poderoso ministro del Interior, Cabello, sigue siendo un posible factor desestabilizador, pero hasta ahora parece haber ligado su destino a la suerte de Delcy; él mantiene un control férreo sobre las partes más críticas del aparato de seguridad, lo que posiblemente llevó a la Presidenta en funciones al concluir que su destitución podía resultar demasiado riesgosa. 
 
 
Una rebelión interna sigue siendo poco probable. La fragmentación del poder y el clientelismo que la acompañó bajo Maduro se traducen en que ninguna de las facciones del chavismo cuentan con el suficiente poder político, las capacidades de movilización ni deseo de competir con la influencia de las demás. Cuando aquellos cercanos al poder han caído en desgracia, la respuesta más común ha sido guardar silencio y rezar por que haya clemencia. Ésta fue la reacción típica entre quienes fueron apartados de sus puestos tras la caída de Tareck El Aissami, quien llegó a controlar la economía y el negocio del petróleo hasta ser destituido de su cargo en marzo de 2023 y arrestado un año después. Un silencio similar ha reinado luego de que Padrino, la figura de más alto perfil reasignada a un cargo de menor importancia durante el mandato de Delcy Rodríguez, perdiera su trabajo.


Pero mientras las figuras emblemáticas y los altos funcionarios del movimiento están ocupados justificando el repentino cambio de doctrina, los partidarios más fieles del chavismo y de su ideología original se encuentran mucho más decepcionados con el tutelaje estadounidense. Sin embargo, su margen de maniobra es limitado: por diseño, no cuentan con un mecanismo para canalizar su descontento hacia una resistencia organizada. Un debate honesto es imposible en las asambleas locales o del partido, por ejemplo. Los activistas chavistas que lo cuentan oscilan entre incredulidad, dudar abiertamente sobre todo lo que hace el gobierno y descontento absoluto porque falta una explicación apropiada de lo ocurrido el 3 de enero con la sumisión ante las órdenes de EE.UU. desde entonces.


En los círculos chavistas, ha podido constatarse que medidas como la liberación de presos políticos, la declaración de una amnistía y permitir más manifestaciones no han sido recibidos como avances positivos, sino signos de debilidad. (Esas mismas decisiones han sido usadas por EE.UU. como prueba de que se avecinan "cambios reales" en Venezuela). Las bases chavistas, que incluyen a algunos de los defensores más acérrimos del movimiento, desconfían de la disposición en el gobierno acatando las exigencias de Washington: el conocido presentador de un programa de entrevistas oficialista, Mario Silva, es uno de los más fuertes críticos. “Pretenden que aceptemos calladitos que el imperialismo destruya 27 años de revolución, como si nada pasase”... Pero si el chavismo decide retomar una postura más beligerante, concentrando sus iras en algún "Enemigo..." exterior o interno que identifique como una amenaza existencial, podría llegar a movilizar a las bases en favor del gobierno.


Líneas rojas.-
Aunque las fronteras ideológicas del chavismo han demostrado ser fluidas desde hace tiempo, sus miembros, en todos los niveles del movimiento, trazan una línea roja clara ante cualquier amenaza a su cohesión interna y a su control del poder. Como ya se ha explicado anteriormente, los altos mandos chavistas aluden a las amenazas muy reales de ser judicializados y perseguidos políticamente en caso de perder el poder como una razón para no ceder ante la oposición. Aun así, el hecho es que el gobierno de Maduro nunca mostró interés alguno en negociar los términos de una hipotética salida (ni el propio Maduro estuvo siquiera cerca de considerar la supuesta oferta estadounidense de un exilio de oro). En definitiva, aferrarse al poder parece haberse convertido en el único objetivo.
   
 

Con la supervivencia como máxima prioridad, funcionarios gubernamentales dicen que su mayor riesgo para el chavismo no es alinearse con EE.UU., y menos bajo la presidencia de Trump, sino el papel que pudiera llegar a desempeñar la líder opositora y premio Nobel María Corina Machado; quien sigue siendo la política más popular de Venezuela según las encuestas, ha dejado claro en repetidas ocasiones su deseo de expulsar al chavismo del poder de manera definitiva. “Lo de EE.UU. se va a resolver. Lo más seguro es que Trump no dure mucho en el poder, o que tenga una derrota en las elecciones de medio término”, se dice, sugiriendo que el gobierno estadounidense eventualmente perderá interés en mantener un control férreo sobre Caracas. “El verdadero problema es María Corina, por ser la candidata de Washington [y continuaría con las políticas de Trump más allá de su mandato]; con Corina sí se terminaría de consumar una subordinación colonial [de Venezuela]”. Según esta línea, la estrategia en el corto plazo del chavismo será evitar convocar nuevas elecciones y, si resulta inevitable, hacer todo lo posible para asegurar su victoria en las urnas, incluso si eso implica prohibir nuevamente la participación de Machado.


Hasta el momento, la ausencia de Maduro ha resultado ser una justificación política y jurídica útil para no celebrar nuevas elecciones. Tan solo unos días después de su captura, el Tribunal Supremo de Venezuela, controlado por el gobierno, determinó que la separación de Maduro representaba una “ausencia forzosa” del cargo y, por lo tanto, no daba lugar a una nueva elección, como habría sido el caso si hubiera fallecido o dimitido. Según esta interpretación, Rodríguez está habilitada para completar el mandato de Maduro, que finaliza en 2030, antes de someterse a unos nuevos comicios. Por ahora, el plan en tres fases para Venezuela del secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, también parece destinado a evitar detalles concretos, al citarse únicamente una hipotética fase futura de “transición”.


Los partidarios del chavismo han reiterado que no puede haber elecciones hasta que Maduro sea liberado, y algunos parecen dispuestos a adoptar el modelo chino de liberalización económica sin un cambio político como vía para evitar las urnas. Por ahora, le apuestan a que, mientras EE.UU. se conforme con reformas económicas favorables a la inversión, fácil acceso a los recursos naturales venezolanos y algunas señales de que Caracas está limitando el uso de su aparato represivo, Washington no presiona para que se celebren elecciones. En un movimiento plagado de profundas diferencias internas, el único punto en el que todas las facciones coinciden es la necesidad de mantenerse en el poder. El riesgo de perderlo podría desencadenar conflictos difíciles de contener.


Una transición política negociada que incluya a líderes gubernamentales y simpatizantes podría llevar al movimiento a redefinirse como un partido político similar a otros en América Latina, inspirados en el legado de líderes individuales, como el peronismo en Argentina. Sin embargo, si el régimen es derrocado a la fuerza, el chavismo podría terminar desapareciendo o, por el contrario, retomar su bandera ideológica original de la lucha por la dignidad de los más pobres.

  
  

Conscientes de tal amenaza existencial, Delcy Rodríguez y otros miembros del régimen sortean la tormenta. Caracas sigue dispuesta a ofrecer concesiones para EE.UU. considerando que así pueden apaciguar las facciones de la Casa Blanca inclinadas al presionar por un cambio de régimen. En última instancia, el gobierno espera que permanecer en el poder hasta 2030 le permita obtener una victoria electoral limpia. Pero si estas concesiones amenazan su permanencia en el poder o ponen en peligro a amplios sectores del movimiento chavista, podrían aflorar una infinidad de conflictos internos. Los dogmas del pasado han sido descartados sin mucha consideración. Pero si la supervivencia del movimiento o de sus componentes se ve amenazada, la tentación de tomar medidas drásticas y poner a prueba las líneas rojas de Washington podría intensificarse."


(International Crisis Group, 25-05-2026)

 

  "En el caso venezolano, EEUU ha invocado tres motivos: la droga, la falta de libertades y el petróleo.

El primero, aunque ha servido como coartada jurídica para 'extraer' a Maduro, tendría muy escasos vuelos... De Venezuela procede apenas en torno al 1% de cocaína que a EEUU llega. Y el llamado Cártel de los Soles, según una acusación revisada del Departamento de Justicia que acaba de recoger el NYT , no es 'cártel' real, sino una etiqueta políticamente funcional que, a lo sumo, designa un sistema de corrupción estatal. Útil para la batalla política, pero nada más.

La "defensa de la democracia", que no mencionaron ni Trump ni los tribunales, resulta menos creíble aún. Las vaporosas palabras de Rubio de hace pocos días cumplen todos los requisitos de la racionalización decorativa 'a posteriori'. Mampostería cosmética. La elocuencia de la política exterior es suficiente. Arabia Saudita es el mejor experimento natural para comprobar la arbitrariedad moral –esto es, la amoralidad– que rigen estas invocaciones: no manipula elecciones porque, sencillamente, no existen; el año pasado ejecutó a 345 personas; y su historial en materia de derechos de las mujeres es conocido. Y tan amigos.

Ante estas inconsistencias, algunos concluyen que el verdadero motivo es el petróleo. Hay algo de verdad, pero no toda: el problema no es el petróleo en sí, sino CÓMO SE PAGA. Durante décadas, la facturación del petróleo en dólares garantizó una demanda estable de la divisa. Al tratarse del producto más necesario e insustituible de los que engrasan las sociedades modernas, todos los países –salvo EEUU– necesitaban dólares para mantener su economía; los exportadores de crudo, a su vez, acumulaban esos excedentes y los reciclaban en deuda pública estadounidense. El resultado fue un circuito de retroalimentación tan simple como eficaz: el resto del mundo financiaba el gasto y los déficits norteamericanos mientras aseguraba su propio acceso a la energía. Ese engranaje permitió a EEUU sostener una hegemonía sin competidores posibles y la maravilla de convertir el endeudamiento externo en una fuente de poder antes que de vulnerabilidad. Ante cualquier desequilibrio bastaba con darle a la maquinita, con la tranquilidad de que siempre alguien querría los papelitos verdes. No se trataba de un privilegio posturero, sino de la arquitectura del sistema monetario y geopolítico internacional, apuntalada además por la capacidad de imponer sanciones financieras y por acuerdos de seguridad que blindaban el orden petrolero. Un chollo sin precedentes.
 
  
Ese orden, el nuestro hasta hace poco, tiene un origen preciso. En 1974, tras el colapso de Bretton Woods, EEUU y Arabia Saudita sellaron un acuerdo –impulsado por Kissinger– por el cual el crudo saudí se cotizaría SÓLO en petrodólares a cambio de protección militar y respaldo político. El esquema se extendió después al conjunto de la OPEP. El dólar dejó de estar respaldado por el oro, pero pasó a estarlo por la mercancía estratégica por excelencia: la energía.

Ese mundo ha empezado a cambiar. A medida que grandes economías buscan comerciar energía y materias primas en otras monedas o por sistemas alternativos para su compensación, se erosiona gradualmente el mecanismo que garantizaba la demanda global de dólares. La estrategia de los BRICS apunta en esa dirección: transacciones en monedas locales. No estamos ante un sustituto inmediato del dólar, pero sí ante una fragmentación progresiva que limita su centralidad. Lo que ni se concebía se contempla como posible. Y aquí, ya ven lo que son las cosas, asoma la guerra de Ucrania y del uso masivo de sanciones financieras contra Rusia, que actuaron como una señal de alarma para muchos países: lo que hoy se aplica a un adversario, mañana puede aplicarse a cualquiera. Las barbas del vecino.

El dato verdaderamente inquietante para EEUU es que este proceso ya no afecta solo a países aislados o sancionados: incluso, Arabia Saudita, uno de los pilares históricos del "petrodólar", ha empezado a mover ficha. Fue invitada a los BRICS en 2023 y participa en algunas de sus actividades, aunque su adhesión plena permanece en evaluación; un gesto políticamente significativo. El objetivo de Riad es claro: diversificar alianzas, ganar margen de maniobra internacional y proteger sus principales mercados energéticos, hoy situados en Asia, sobre todo, en China e India. En ese contexto, Saudi Aramco –la empresa estatal que controla la producción y exportación de petróleo saudí– ha comenzado a aceptar pagos en yuanes en algunas ventas a China, algo impensable hace pocos años. Al mismo tiempo, el reino participa en sistemas de pago alternativos como 'mBridge', pensados para realizar transferencias internacionales sin pasar por SWIFT, la red bancaria dominada por EEUU y Europa. No es solo un cambio de moneda, sino la CREACIÓN DE VÍAS FINANCIERAS PARALELAS que reducen la capacidad de Washington para vigilar, bloquear o sancionar el comercio internacional. Por ahora, el uso del yuan funciona como un 'circuito cerrado': sirve para liquidar comercio bilateral con China, mientras el dólar sigue siendo la principal moneda de reserva saudí. Pero el precedente inquieta.

El mayor exportador mundial de petróleo muestra, por primera vez desde 1974, apertura a otra moneda para el comercio energético de forma sostenida; aunque, de momento, minoritaria. La regla de oro del petrodólar contempla excepciones. Más allá de la retórica política, se trata de una apuesta explícita, aunque gradual, por la desdolarización en el sector que históricamente fue el sostén del orden monetario estadounidense. El temor que suscita este proceso no es el colapso inmediato del dólar, sino algo más prosaico y más grave: la erosión lenta de las condiciones excepcionales que permitían a EEUU financiar gratis sus déficits crónicos.
  
 
Y es en este contexto por donde adquiere Venezuela relevancias. No por la droga –cuyo peso real es marginal– ni por un súbito escrúpulo democrático de Washington, que convive sin mayores remilgos con regímenes bastante menos presentables (y alguno de ellos, dicho sea de paso, anfitrión de finales futbolísticas españolas). La clave es otra. Venezuela importa porque posee las mayores reservas probadas de petróleo del mundo y... porque desde 2017 ha intentado ya VENDER CRUDO EN YUANES, EUROS Y RUBLOS, esquivando tanto sanciones estadounidenses como el sistema SWIFT. Al mismo tiempo, ha solicitado su incorporación a los BRICS y ha profundizado acuerdos energéticos con China y Rusia, que participan directamente en su producción petrolera.

El 'problema Venezuela' no es moral ni policial; es, en sentido literal, energético y geopolítico. Cuando el petróleo deja de exigir dólares de manera automática –y hasta Arabia Saudita explora alternativas–, el llamado «privilegio exorbitante» deja de parecer natural y comienza a revelarse como lo que siempre fue: un equilibrio político-económico contingente. El mundo del petrodólar ya no es un destino inexorable. Eso es, ¡y para nada las tribulaciones internas de Venezuela, que sólo importan a quienes afectan!, lo que realmente está en juego.

A otros que tuvieron ocurrencias parecidas ya les avisaron en su día. Vaya si les avisaron: a IRAK, cuando en 2000 decidió facturar su petróleo en euros y recibió la visita educativa de 2003; LIBIA, que entre 2009 y 2011 soñaba con un dinar de oro panafricano respaldado en sus reservas auríferas, también tuvo su propia lección de realismo político en 2011. Avisados estamos. Fuerte y claro. Con Trump no hacen falta finos hermeneutas. Ha hablado sin rodeos: 'oil, oil, oil'...

(Félix Ovejero: DE QUÉ HABLAMOS CUANDO SE TRATA DE VENEZUELA
 
  "Con su operación en Venezuela, Trump invitó abiertamente a la República Popular de China al invadir Taiwán, a la vez que justifica la invasión de Ucrania por parte de Rusia. También ha sentado las bases para más acciones militares ilegales de Estados Unidos en América Latina y otras partes. Si el mundo quiere evitar el amanecer de una nueva era hobbesiana en las relaciones internacionales, las condenas no serán suficientes. Las grandes potencias emergentes -como Alemania, India y Japón- deberían trabajar juntas para afirmar y hacer cumplir las normas de conducta..."

(Shlomo Ben Ami, ex-embajador y ex-ministro de Israel para Exteriores)