martes, 10 de marzo de 2026

Presidentes de USA llevan décadas ordenando ejecutar a miles 'asesinato extrajudicial en paz'

   
Persisten aquí hoy ciertas realidades merecedoras de todo máximo escándalo que, sin embargo, nunca se suelen mencionar ni parecerían en absoluto verosímiles; mas a pesar de todo ello...

"Al inicio de 2026, durante una larga entrevista con el presidente Donald TRUMP en el New York Times, uno de los reporteros del periódico le preguntó si veía algún freno a su poder en el escenario mundial. Y respondió: «Sí. Hay una cosa. Mi propia moralidad. Mi propia mente. Es lo único que puede detenerme, y eso es muy bueno». Otro reportero le preguntó sobre el derecho internacional. «No necesito el derecho internacional», explicó. «No busco hacer daño a la gente. No busco matar gente». Esa actitud —salvo las dos últimas frases— se ha puesto de manifiesto dramáticamente en los últimos meses. Incluso antes del declararse las últimas 'guerras' -en Gaza e Irán- con su habitual secuela de innumerables víctimas 'colaterales' civiles, ya ha servido de base para la ejecución extrajudicial de hasta más de 150 personas (presuntamente transportando drogas) en alta mar y a continuación para la muerte de al menos otro centenar de personas, durante la invasión ilegal de Venezuela (buscando detener al presidente Nicolás Maduro, provocar un cambio de régimen y obtener acceso al petróleo del país)...

Tras de los atentados terroristas del 11 de septiembre, George W. BUSH declaró una "guerra contra el terrorismo" amorfa, global y preventiva, ampliando el concepto de guerra preventiva más allá de cualquier límite significativo (...) Bajo esa teoría, Bush se atribuyó el derecho a atacar a cualquier organización terrorista internacional en cualquier parte del mundo, declarando así una guerra global. Las medidas "preventivas" de la administración incluyeron la desaparición de sospechosos en centros clandestinos de la CIA, donde fueron sometidos a torturas, incluyendo el ahogamiento simulado. También detuvo a más de 700 musulmanes árabes en EE.UU con cargos migratorios como pretexto y sólo entonces los investigó para determinar si tenían vínculos terroristas. Entre todas esas víctimas, ninguna víctima fue antes acusada de ningún delito relacionado con el terrorismo...

El presidente Barack Obama hizo campaña para poner fin a la guerra en Irak y anunció la conclusión de una larga retirada de tropas en 2011. Sin embargo, no abandonó el concepto de guerra preventiva ni buscó responsabilizar a los funcionarios de la administración Bush por los crímenes que cometieron en su nombre. Uno de los legados más perdurables de OBAMA es el uso de asesinatos a distancia mediante ataques con drones. Para cuando dejó el cargo, había autorizado unos 542 ataques con drones para ejecutar a personas que las agencias de seguridad habían incluido en "listas de asesinatos" basándose en acusaciones secretas de terrorismo. Se estima que esos ataques mataron a 3.797 personas. Dado que la inclusión en la lista de asesinatos no requería juicio ni condena, todas las personas asesinadas por el programa de drones eran, al menos, presuntamente inocentes. Muchas de las víctimas, además, ni siquiera figuraban en la lista; simplemente se encontraban en el lugar equivocado en el momento equivocado cuando se produjo un ataque con drones...
 
 
Desafortunadamente, existe una conexión directa entre la lista de asesinatos de Obama y las ejecuciones ilegales de narcotraficantes por parte de Trump. En ambos casos el respectivo Presidente afirmaría, sin juicio público ni tan siquiera rendición de cuentas ninguna, que cual[es]quier persona[s] representa[n] una amenaza futura[!] para EE.UU ordenando que alguien pulse botones... acabando con su[s] vida[s], así como con la de quienes lo rodean..."

(David Cole, ex Director Jurídico Nacional de la ACLU y "Honorable Prof. George J. Mitchell de Derecho y Políticas Públicas", para el Centro del Derecho de la Georgetown University: THE LIE OF 'PREVENTIVE' WAR-26/03/06-'The_New_York_Review')
 

 

jueves, 5 de marzo de 2026

Empeñad@s en arrastrarnos a otra Carnicería Global no inferior a las 1ª y 2ª del último siglo

  
En esta tierra nuestra y por todo su entorno el verdadero poder decisorio ultimísimo continúa sosteniéndose desde la OTAN que, con sus todavía inigualables armamentos [de y para la destrucción masiva], comandan sin cortapisas los EE.UU de Norteamérica. Pero no se debe olvidar que su incontestada hegemonía presente hasta hoy sólo ha llegado a terminar resultándole posible, tras recuperarse de aquella profunda crisis económica que supuso la 'Gran Depresión' (hace ahora -precisa mente...- 100 años), gracias al imponer fuerza superior en Otra Guerra Mundial mediante Bombas Atómicas... arrojadas contra varios cientos de miles del dizque "personal enemigo".
 
 
Pero después las posteriores 8 décadas transcurridas durante dinámicas de "la Paz" (o/y "en Guerras -tan sólo...- Frías"...) desembocarían, actualmente, en esta novedosa perspectiva muy espectacular generalizada sobre tantos imparables ascensos relativos de la China frente a tales conspicuos liderazgos Nor-Occidentales del siglo XX. Y otra vez retumban crecientes los tambores redoblando marchas de guerra, que nos apremian a diestra o siniestra, con trágica eficacia; e incluso en la bien poco decisiva España [que antes había conseguido librarse de -las otras 2- previas locuras apocalípticas planetarias], ¡ay!, parece que amenazáramos adolecer realmente ya de vacunas definitivas contra sus metástasis mortíferas...
  

  
Esta GUERRA tan largamente preparada comenzó –y es la segunda vez desde junio pasado– en medio de algunas negociaciones juzgadas 'exitosas'[¿!] por aqueilos mismos personajes (los prominentes socios inmobiliarios judíos de Trump, Witkof y Kushner) que están negociando con los rusos el fin del conflicto de Ucrania. ¿Quién puede confiar en tales “negociadores”? “Las garantías y los documentos firmados por este Presidente, no tienen valor alguno”, ha dicho en Moscú el analista Dmitri Trenin sobre Trump. E, igual mente, “No se puede mantener negociaciones con este gobierno de los Estados Unidos”, ha coincidido desde Nueva York el destacado economista Jefrey Sachs.
 
En noviembre de 2023 el vicesecretario de Estado para Europa y Eurasia en la primera administración Trump, Aaron Wess Mitchell, dijo que Estados Unidos podría perder una guerra si tuviese que actuar en 3 frentes simultáneamente, porque en tal caso, “Estados Unidos tendría que ser fuerte en cada uno de los 3 escenarios bélicos, mientras que sus 3 adversarios -China, Rusia e Irán- sólo tienen que ser fuertes en su propia región para alcanzar sus objetivos”. Así que optaron por transferir parcialmente a los europeos el 'marrón' de Ucrania, concentrarse en Irán, el más débil de los 3, y continuar preparándose para lidiar con China más tarde.
 
Dupla exultante declarando "su" GUERRA sin votarse por parlamentos...
  
Y en 2015 se había llegado hasta tener todo un Acuerdo ya [¡firmado!] con Irán, el 'Plan de Acción Integral Conjunto (JCPOA, por sus siglas en inglés)' por el que Teherán accedía a limitar su enriquecimiento de uranio a cambio del levantamiento de las sanciones y de las inspecciones del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) de sus instalaciones. Luego todo se quedó en nada: Trump retiró del acuerdo años después a Estados Unidos, los europeos no hicieron nada y las inspecciones de la OIEA sirvieron para afinar los objetivos de sucesivas bombas israelís contra las instalaciones o domicilios privados de los responsables del programa nuclear, algunos de ellos asesinados con su familia en junio.

Como ahora, aquel ataque se produjo en medio de una negociación. Lo decisivo no es la bomba sino el viejo plan de 2002 desvelado por el General Wesley Clark en el que se decía, vamos a deshacernos de 7 países en pocos años, empezando con Irak, luego Siria, Líbano, Libia, Somalia, Sudán y acabando con Irán 
 
 
Ese trío Calavera para Europa se pronuncia con infame solicitud en defensa de (la Dupla, formada durante otro previo exterminio genocida sobre Gaza, por ambos dizque) 'agresores preventivos' recordando al otro 'trío de las Azores' (que también se destacó -junto al Bush invasor- en Irak)...
 
¡Lo han cumplido todo! Llevan más de 4 millones de muertos y 40 millones de desplazados. Solo les falta Irán. Quieren crear en ese país un "agujero negro".

Para el Estado judío -potencia que detenta un monopolio actual sobre poder de destrucción total, incluso con bombas atómicas, del Oriente Medio y Próximo...- en particular se trata de acabar con aquel único país de la zona capaz para impedir su loco proyecto colonial del Gran Israel, sin fronteras”, desde el Nilo al Éufrates. Como ha dicho el embajador americano en Israel, Mike Huckabee, Israel goza de un “derecho bíblico” a expandirse por toda la región. E Israel, como se sabe, tiene una gran influencia en la política de Estados Unidos... 
  
Este muy reciente Informe tan escandaloso no es 'anti-sionista' sino que se acaba de publicar al fin por el diario "Haaretz", israelita, de Tel Aviv ...
 
Todo este pandemonio nos lo disecciona bien Nathalie Tocci, profesora honoraria de la Universidad de Tübingen, adjunta del Instituto Universitario Europeo y miembro del Instituto de Ciencias Humanas:

Desde el verano pasado se esperaba ampliamente una renovada campaña estadounidense-israelí contra Irán. Los defensores de la diplomacia y el derecho internacional depositaban sus esperanzas en las conversaciones nucleares entre Estados Unidos e Irán en Omán y Suiza, aunque pocos creían realmente que fueran algo más que una cortina de humo. Tras un año en el que el presidente estadounidense, Donald Trump, lanzó ataques contra Irak, Irán, Nigeria, Siria, Somalia, Venezuela y Yemen, todos sin un amplio apoyo internacional, se requiere un esfuerzo concertado para no inmutarse ante su uso depredador del poder estadounidense. En este contexto, la noticia de otra guerra ilegal contra Irán, incluso mientras la diplomacia seguía en curso, generó tristeza, pero no sorpresa.

Más impactante, sin embargo, fue la reacción europea. Si un extraterrestre hubiera aterrizado en Europa y recurrido a sus líderes para obtener una explicación de los acontecimientos en Oriente Medio, no se habría enterado de que Israel y Estados Unidos atacaron a Irán. En cambio, habría concluido que Irán inició la guerra.

La ausencia de una condena oficial europea al ataque estadounidense e israelí no fue sorprendente, reflejo de la continua dependencia geopolítica del continente respecto a Washington. Sin embargo, lo que llamó la atención fue hasta qué punto la reacción oficial distorsionó la realidad para evitar siquiera reconocer la tensión entre la respuesta de Europa y sus valores.
  
 
En redes sociales, la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, hizo referencia a las sanciones de la Unión Europea contra el "régimen asesino" de Irán. A continuación, condenó los "ataques imprudentes e indiscriminados" de Irán contra sus vecinos y países soberanos y, finalmente, apoyó un cambio de régimen en Teherán. La presidenta del Parlamento Europeo, Roberta Metsola, hizo un llamado a poner fin a la "era de dictadores en Irán", mientras que el canciller alemán, Friedrich Merz, declaró: "Compartimos el interés de Estados Unidos e Israel en ver el fin del terrorismo de este régimen y su peligroso armamento nuclear y balístico". Añadió, aún más alarmante: "Este no es el momento de dar sermones a nuestros socios y aliados".

El E3 (Francia, Alemania y el Reino Unido) emitió una declaración conjunta condenando con la mayor firmeza los {contra}"ataques" iraníes contra países de la región. Un día después, emitieron otra declaración que decía: «Tomaremos medidas para defender nuestros intereses y los de nuestros aliados en la región, posiblemente habilitando acciones defensivas necesarias y proporcionadas para destruir la capacidad de Irán de disparar misiles y drones en su origen».

Como siempre, no todos los países europeos siguieron el mismo ejemplo. España, Noruega, Dinamarca y algunos otros tuvieron la valentía de llamar a las cosas por su nombre, denunciando —e incluso condenando, en algunos casos— el ataque por lo que fue. Otros países, como Italia, se inclinaron en la dirección opuesta, apoyando explícitamente el ataque estadounidense-israelí a pesar de que Washington ni siquiera advirtió al ministro de Defensa italiano, quien se encontraba de vacaciones en Dubái y se vio obligado a valerse por sí mismo. La mayoría de los demás gobiernos europeos coincidieron con la postura del E3.

¿Cómo debe interpretarse la deprimente respuesta de Europa? Tradicionalmente, los europeos han sido campeones mundiales de la grandilocuencia normativa, enmarcando su política exterior como impulsada por valores durante décadas. A medida que el entorno de seguridad se deterioraba y la fuerza bruta recobraba vigencia, los europeos se acostumbraron a hablar el lenguaje del poder, aunque nunca abandonaron por completo su retórica tradicional basada en valores. Algunos incluso intentaron conceptualizar este equilibrio, acuñando términos como «pragmatismo basado en principios» y «realismo basado en valores».

La grandilocuencia normativa inevitablemente invita a la hipocresía. El ejercicio del poder rara vez se alinea con las aspiraciones normativas, especialmente en regiones como Oriente Medio, donde los legados coloniales, el sesgo proisraelí y el apoyo a Estados Unidos hacen a los europeos particularmente vulnerables a tales acusaciones. Esta acusación resurgió con especial fuerza durante la guerra de Israel en Gaza, ya que toda la -sólo- complicidad de Europa contrasta marcadamente con su continua retórica de derechos y leyes.
 

 
  
Hay tres maneras de acabar con la hipocresía. La primera, y la más difícil, es cerrar la brecha acatando los ideales normativos. Europa lo ha hecho, aunque de forma imperfecta, en Ucrania, no solo por moralidad, sino porque sus intereses de seguridad estaban en juego. Aun así, lo hizo. Una segunda vía es abandonar las normas por completo. Trump puede ser acusado de muchas cosas, pero la hipocresía no es una de ellas. No se pretende respetar el derecho internacional, ni se intenta, por muy poco sincero que sea, buscar la aprobación de las Naciones Unidas o incluso del Congreso para sus aventuras militares. No hay un barniz normativo que cubra el crudo ejercicio del poder. El camino de Trump para acabar con la hipocresía es descartar las normas y abrazar una política de poder impenitente.

Europa no puede seguir ese camino. Si bien puede violar las normas, no puede desconocerlas públicamente como lo hace Estados Unidos. No hay un ejercicio efectivo del poder duro europeo sin reivindicaciones normativas. Los europeos simplemente carecen del poder militar necesario para hacerlo. Un mundo sin ningún atisbo de normas es un mundo en el que Europa es más vulnerable y se ve más debilitada.

Así, los europeos han optado por una tercera vía: reconciliar sus valores y creencias inventando una realidad paralela. Siguen profesando normas, pero las aplican a un mundo imaginario en el que Irán se despertó una mañana y atacó a Israel y a sus vecinos del Golfo, y por lo tanto merece ser condenado. Peor aún, este enfoque solo es posible porque la reacción de Europa a la guerra en Oriente Medio es en gran medida irrelevante. Al no haber participado en la elaboración de la política estadounidense, Europa puede fingir con mayor facilidad que no responde a la agresión iraní. El E3 ha acordado colaborar con Estados Unidos e Israel para interceptar y destruir misiles iraníes, y el Reino Unido ha permitido el uso de sus bases militares para tal fin. Esto pone a Europa del lado de los agresores, pero sin la influencia que esto podría suponer.

Hay algo particularmente trágico en todo lo que está sucediendo en torno a Irán. Después de todo, la cuestión nuclear iraní fue uno de los pocos casos en que los europeos lograron un resultado basado en principios y realista. Hace poco más de una década, las principales potencias del continente utilizaron su influencia económica y diplomática para negociar el Plan de Acción Integral Conjunto (PAIC), abordando así una grave amenaza estratégica sin violar sus valores.

Trump acabó destruyendo ese éxito. Pero los líderes europeos aún podrían haber seguido una línea más ética y eficaz. Podrían haber declarado que esta es una guerra elegida por Estados Unidos e Israel, violando la Carta de la ONU, y haber defendido su postura en el Consejo de Seguridad de la ONU. Podrían haber rechazado ser arrastrados a las hostilidades por Washington y, en su lugar, haber formado una coalición de los dispuestos con los actores regionales para buscar una solución diplomática. Por improbables que fueran las posibilidades de éxito, esta política habría, en el peor de los casos, preservado la integridad de Europa y, en el mejor, promovido sus intereses.
 
   
Post-data (6/3/26):
 
Ya tanto Starmer [UK] como, sobre todo, Macron [Francia] han precisado 'rectificar', marcando progresivamente distancias con Trump... "No estamos en combate y tampoco vamos a involucrarnos”, subrayó el Presidente Francés, que consideraba esta intervención "... al margen del Derecho Internacional". Parece, así, que aún habría quien tiene muy claras las diferencias entre DEFENDERSE y un volver a coaligarse en "ataques preventivos" (para otra -definitiva- Guerra Global) como los desencadenados por el actual EJE del Internacional-Sionismo desde Washington - London - Tel Aviv - Bonn...
 
"¡
NO NOS DEJEMOS ARRASTRAR A GUERRA CON IRÁN!

Si la indignación moral hacia una dictadura brutal es legítima (...) no nos exime de considerar las consecuencias de esta intervención, tan brutal como unilateral. Debemos hacerlo para evitar repetir los mismos errores.

La historia contemporánea es de una coherencia desarmante: una democracia no se construye con ataques aéreos, por muy potentes que sean. Desde 1945, los cambios de régimen impuestos principalmente por fuerzas externas rara vez han producido otra cosa que destrucción del Estado existente, seguida por un largo período de inestabilidad, si no de caos (...)

Irak sigue siendo el precedente más impactante (...) Libia ofrece otra dura lección (...) En cuanto a Afganistán, 20 años de intervención no han impedido el regreso de los talibanes. Los ejemplos convergen.

(...) Irán no es un castillo de naipes a punto de derrumbarse a la primera sacudida. Es un país de casi 90 millones de habitantes, con una historia milenaria y un estado centralizado (...) La historia demuestra que cuando el Estado se derrumba abruptamente, son las fuerzas mejor armadas y organizadas las que se imponen, rara vez las más moderadas.

Sería considerable el coste humano y estratégico de un colapso iraní (...) tendría repercusiones en Irak, Líbano, Siria y el Golfo (...) Nuestros numerosos intereses en la región no saldrían indemnes.

(...) En un escenario de fragmentación del poder, ciertas facciones podrían verse tentadas a recurrir a actos terroristas contra los intereses occidentales (...) condenar un régimen, por aborrecible que sea, no puede ni debe sustituir a la estrategia. La historia reciente exige cautela. Demuestra que la destrucción es más fácil que la transformación y que las promesas de una transición rápida a menudo dan paso a prolongados ciclos de violencia. Es imperativo que no nos dejemos arrastrar a una guerra con Irán.

Invocamos con razón el derecho internacional ante la agresión rusa en Ucrania, y más recientemente en Groenlandia, y reiteramos la soberanía de los Estados como principio cardinal del orden internacional. No podemos relativizar ese principio... según para qué circunstancias. El multilateralismo se ha debilitado, las Naciones Unidas se ven cuestionadas, pero el marco jurídico internacional sigue siendo la única arquitectura común capaz de limitar la ley del más fuerte. Esto es también lo que sustenta la posición única de Europa en un mundo que se ha vuelto brutal una vez más.

Francia y Europa tienen intereses, responsabilidades y principios. Deben evitar cualquier escalada que las conduzca a una lógica de confrontación descontrolada. Deben mantener su compromiso con la desescalada y reiterar constantemente el Estado de derecho. Esta es precisamente la línea que el presidente Emmanuel Macron reafirmó acertadamente en su discurso televisado del martes 3 de marzo. En un orden internacional fracturado, abandonar esta brújula equivaldría a alinearnos con la lógica de las dinámicas de poder que pretendemos restringir... Sería ceder ante los depredadores, legitimar el derecho del más fuerte, es decir, la ley de la selvaY sería, más allá de Irán, un debilitamiento duradero de quienes somos. O de lo que queda de nosotros."

(K. Amellal, embajador de Francia en el Mediterráneo hasta 2025, 'LE MONDE')
  


martes, 17 de febrero de 2026

Frío, lluvia, nieve: ¿cambio climático? Despido 'orwelliano' por permitir... el Debate científico!

 
 
"Los propagandistas climáticos andan nerviosos. En efecto, las condiciones meteorológicas preferidas para la propaganda climática son el calor y la sequía, y desde finales de diciembre hemos tenido frío y mucha lluvia. De hecho, en la España peninsular, enero ha sido el más lluvioso de los últimos 25 años, y muchos pantanos han acabado el mes al 100% de capacidad. Por todo ello podríamos extraer unas cuantas lecciones

La primera es la falta de fiabilidad de las predicciones meteorológicas más allá de un horizonte temporal de unos pocos días. Un secreto bien guardado es que la ciencia aún está en pañales en su comprensión del clima, un sistema no lineal, complejo y caótico. Por tanto, los meteorólogos no tienen forma de saber con un mínimo de certeza qué pasará esta próxima primavera, ni el año que viene, ni mucho menos el aún muy lejano 2100: se mueven por entornos con enormes incertidumbres  y se apoyan para sus previsiones estacionales en varios factores sólo parcialmente explicativos, como el ENSO  (La Oscilación del Sur - El Niño).
 
 
Otra vez la AEMET

De ahí las aproximaciones probabilísticas obtenidas por la AEMET, tras "laboriosos cálculos", a ojo de buen cubero vale decir...— al pronosticar que había un 60% de probabilidades de tener un invierno más cálido de lo normal. Por ello, ha recibido muchas críticas, amortiguadas por la feroz defensa que de la Agencia realizan sistemáticamente los fact-checkers y la prensa dizque 'políticamente correcta' o 'no negacionista' (casi toda), pues la AEMET es la principal «autoridad» para promover la agenda climática y, por lo tanto, hay que protegerla.
 
 
En realidad, el gigantesco error de la AEMET estriba en no haber sido capaz de prever el enorme volumen de precipitaciones registradas en enero. De hecho, las críticas a su previsión de temperaturas distraen la atención sobre este punto y, además, son ingenuas, dado que la AEMET tiene su monopolio para cálculos de temperaturas en España. También son prematuras. En efecto, la temperatura media del invierno meteorológico en la España peninsular es de 6,6 ºC, luego para tener un invierno «más cálido de lo normal» bastaría con obtener unas pocas décimas superiores a esa temperatura. Si damos por bueno que las temperaturas de enero han sido sorprendentemente normales (como parece haber afirmado la AEMET), para que falle su pronóstico sería necesario que febrero acabara siendo «más frío de lo normal» (por debajo del percentil 40), algo estadísticamente más improbable que el escenario opuesto. De ahí que la Agencia confíe su remontada reputacional a las temperaturas de febrero (que calcularán ell@s mism@s).

La segunda lección que debemos recordar es que la gran amenaza climática que debería preocuparnos es el frío extremo propio de las Eras Glaciales y no las temperaturas más templadas causadas por el ligero calentamiento que afortunadamente estamos viviendo desde que terminó la Pequeña Edad de Hielo, a mediados del siglo XIX. Calor es sinónimo de vida y frío, en cambio, de muerte. Por eso los pájaros migran hacia zonas más cálidas en invierno y los ciudadanos del centro y norte de Europa vienen de vacaciones a España, ¡y no al revés!
 
 
La última lección que podemos extraer es que debemos estar en guardia frente al inmisericorde bombardeo 'único' de la propaganda climática, estilo goebbelsiano. En efecto, si este comienzo de invierno hubiera sido cálido y seco en vez de helador y lluvioso, la propaganda climática lo habría achacado inmediatamente al cambio climático. Pues bien, tan ridículo y acientífico es extrapolar un mes frío, lluvioso y nevoso ligándolo a un supuesto enfriamiento global como lo es ligar cada ola de calor, cada sequía o cada estación especialmente cálida al calentamiento global. Por favor, recuérdenlo la próxima vez que los activistas climáticos ―empezando por la AEMET― conviertan meros fenómenos meteorológicos locales, pasajeros e irrelevantes, en pruebas irrefutables del cambio climático planetario.

Profetas de calamidades

Para los profetas de calamidades climáticas las malas noticias se acumulan, pues hasta Bill Gates afirmó -ahora, ya...- que «aun cuando el cambio climático tendrá graves consecuencias (…), las personas podrán prosperar viviendo sobre la mayoría de los lugares de nuestra Tierra en el futuro previsible...». Tras escribir hace pocos años un libro alarmantemente titulado 'Cómo evitar un desastre climático', su cambio de tono (o giro oportunista) ha coincidido con el desgaste de las proyecciones apocalípticas ―desacreditadas una y otra vez por los datos observados― y, sobre todo, con el cambio político acontecido en EEUU, país que ha decidido abandonar, y, por tanto, dejar de financiar, todo tipo de organizaciones ecologistas, incluyendo el IPCC de la ONU.
 
 
Debemos ser conscientes de que la eficaz propaganda climática achaca al cambio climático todo tipo de fenómenos, aunque sean de naturaleza opuesta. Precisamente por eso el «calentamiento global» pasó a «cambio climático» ser denominado, concepto menos restrictivo que admite todo. Éste es el motivo por el que quienes viven del cuento climático intenten explicar que el calentamiento global es culpable del calor, pero también del frío; de la lluvia torrencial, pero también de la sequía; de la calma total, pero también de los vientos más tempestuosos. No obstante, aunque la física atmosférica sea en ocasiones contraintuitiva, confiemos en que sentido común indique cómo suele ser difícil que un mismo factor cause resultados completamente opuestos. Si no es así, tengamos cuidado la próxima vez que nos pongan hielo en la bebida (no vaya a resultar que se caliente), o cuando tomemos un antipirético (no vaya tampoco a ser que, al contrario de bajar la fiebre, se dispare).

Al contrario de lo que afirma la propaganda, hasta ahora el calentamiento global no ha provocado ningún aumento en la inestabilidad climática o en la frecuencia o intensidad de los fenómenos meteorológicos extremos, como reconoce incluso el propio Panel Internacional del Cambio Climático [IPCC AR5, WG 1, Chapter 2.6, p.214-220 y IPCC AR6, WG 1, Chapter 12, p. 1770-1856]. Pero imaginemos por un momento que lo hiciera, según afirman sus propagandistas: ¿deberíamos concluir entonces que el enfriamiento global traería una gran estabilidad climática? No parece ser el caso. De hecho, fue la Pequeña Edad de Hielo período de «gran inestabilidad climática» que produjo severas carestías en la cosecha de cereales y, por lo tanto, hambrunas (en s. XIII - s. XIX). Por el contrario, el aumento de CO2 y unas temperaturas más templadas favorecen el crecimiento de las plantas. Así, el rendimiento de los cultivos de cereales (medido en toneladas por hectárea cultivada) no ha hecho más que crecer en las últimas décadas y es hoy el doble de lo que era hace 60 años, lo que supone una magnífica noticia para alimentar a creciente población mundial. Bendito CO2.
 
 
Caída global de temperaturas

El frío, la lluvia y la nieve no han sido un fenómeno limitado a España, sino que se trataba de otro fenómeno global en el hemisferio norte. De forma más bien anecdótica, cabe mencionar cómo en la noche de Reyes cayeron 30 cm de nieve sobre playas de la costa atlántica francesa, que en EEUU un temporal de frío y nieve de finales de enero compitió con el último récord del invierno anterior, y que, en la península de Kamchatka, del extremo oriental ruso, también se producía simultánea nevada sin precedentes.

Pero por encima de lo anecdótico que supone vivir un mes frío, lluvioso y nevoso, el hecho es que las temperaturas del planeta están cayendo desde hace dos años, lo que significa que el inusual pico observado en 2023-2025 ―de naturaleza claramente exógena y coyuntural, por extremo y repentino― está remitiendo en un típico ejemplo de reversión o regresión a la media. No se olvide cómo en 2023 el 42% de la superficie del planeta experimentó temperaturas hasta 2 desviaciones estándar por encima de la media. En este sentido, resulta elocuente el contraste entre el sinnúmero de noticias publicitando el brusco calentamiento de aquellos años y el sepulcral silencio que acompañó al enfriamiento subsiguiente, igualmente brusco, pero que no encaja en el relato oficial.

Como ya se hizo notar en su día, ningún científico serio achacó al supuesto cambio climático antrópico el súbito aumento de las temperaturas del 2023-2025 (al contrario de lo que sí hace AEMET). Algunos lo ligaron a un fenómeno El Niño fuerte; otros a una bajísima cobertura global de nubes completamente inexplicada, pues la ciencia aún patina con la convección húmeda y, por lo tanto, se desconocen los factores que controlan la nubosidad del planeta (¿cómo no van a fallar los modelos climáticos?). O finalmente, otros científicos señalaban a cierta masiva erupción del volcán submarino Hunga-Tonga..., que constituiría uno entre los fenómenos geológicos de mayor magnitud del último siglo al liberar a la atmósfera, de golpe, 150 Mt de vapor de agua, el más importante gas del efecto invernadero.
 
 
Por lo tanto, es posible que el reciente y brusco enfriamiento terrestre haya estado asociado a La Niña, fenómeno que, como tantos otros, resulta imposible de predecir en duración e intensidad salvo con cómodos rangos probabilísticos que no suelen separarse mucho de la equiprobabilidad (para proteger la reputación al pronosticador). Pero también es posible que el principal factor explicativo del reciente enfriamiento haya sido la paulatina desaparición del temporal efecto invernadero que se causó por la erupción del Hunga-Tonga... ¿Quién sabe?

Como puede verse por el siguiente gráfico, desde 1979 ―un año particularmente frío, pero el primero en el que hubo satélites en el espacio para medir la temperatura― se estima que para la Tierra su temperatura media sólo aumentó a imperceptible ritmo de 0,15 ºC por década (o sea, 15 centésimas de grado Celsius por década). Podría convenirse sin duda en cómo hay que afinar mucho para detectar este aumento centesimal de la temperatura de todo un planeta:
  
 
Asimismo, podrán observar que dicha temperatura global apenas aumentó en el período 1980-1995 y se mantuvo muy constante desde 1998 hasta el 2015, aproximadamente, a pesar del aumento constante de la concentración atmosférica de CO2. Este último episodio se denominó «la pausa», aunque posteriormente la propaganda climática negaría que dicho término hubiera existido. ¡Qué memoria más corta! La revista Nature había publicado en 2013 un artículo titulado "La reciente pausa del calentamiento global" y el propio IPCC citaba «la pausa» 53 veces en su 'Quinto Informe' (2013) dedicándole además un capítulo especial titulado "Modelos climáticos y la pausa en el calentamiento global de los últimos 15 años" [IPCC, AR5, WG 1, p. 61].

Gráficos largos
          
El gráfico anterior de datos por satélite es para un período muy corto, pues la evolución de clima suele ser medida en siglos o milenios. Por eso merece la pena introducir aquí también otro más largo que incluía el IPCC con su 'Primer Informe', que muestra reconstrucciones de temperaturas del planeta durante los últimos 10.000 y 1.000 años. En él podrán observar cómo las temperaturas de finales del s. XX fueron similares o incluso menores a las de anterior época... cuando Pedro Picapiedra conducía su tronco-móvil; es decir, en las cuales no existían industrialización alguna ni CO2 de orígenes antrópicos [IPCC, AR1, The IPCC Scientific Assessment, fig. 7.1, p. 202]:
 

Buenas noticias

Por otro lado, algunos de los ciudadanos canadienses preocupados por la última propaganda climática se habrán visto tranquilizados con una reciente publicación de la serie de temperaturas veraniegas en su país desde el año 1900, la cual muestra una suave ciclicidad sin tendencia clara equiparando las temperaturas de principio del s. XXI como lo vivido hace 100 años ya, cuando supuestamente el nivel de CO2 era «normal» (según la nomenclatura de la propaganda climática):
 
 
Y también les relajará saber que el llanto ceñudo de la pobre Greta Thunberg al denunciar en la ONU una supuesta extinción masiva de especies consecuencia del cambio climático era fruto de su histeria más que de ciencia. En efecto, un estudio reciente publicado por la Royal Society concluye que el ritmo de extinción de especies ―irrelevante en cualquier caso desde el punto de vista relativo― ha disminuido en los últimos 100 años. Sí, se ha leído bien: hay menos extinciones de las especies, lo cual significa que a la biosfera (sistema englobando a todos los seres vivos del planeta) le sientan de maravilla una temperatura un poquito más templada y un poco más de CO2, fuente de la vida y alimento por antonomasia de las plantas.
 
 
Respecto a la subida para el nivel de los océanos también tenemos datos tranquilizadores. Un estudio publicado desde el Journal of Marine Science and Engineering ha comparado los aumentos pronosticados para 2020 por el IPCC sobre multitud de localidades costeras en todo el planeta con las mediciones reales obtenidas en dichos lugares y la conclusión es rotunda: «Aproximadamente un 95 % de las ubicaciones no muestra estadísticamente aceleración significativa  ninguna en sus tasas de aumento para el nivel del mar. Nuestra investigación sugiere que en el 5 % restante de las ubicaciones los fenómenos locales no climáticos son la causa plausible del aumento acelerado para el nivel del mar». Y termina: «En promedio, la tasa de aumento proyectada por el IPCC tiene un sesgo —al alza— de, aproximadamente, unos 2 mm / año en comparación con las observaciones». Y dado que el último 'Informe' del IPCC proyecta un aumento de 4mm / año hasta el 2100 en su escenario más plausible, esto significa que dichos fallidos modelos multiplican por dos la subida real del nivel de los océanos. No tengan prisa por vender el apartamento de la playa.
 
 
¿Consenso o censura?

La propaganda climática asegura existir un consenso casi absoluto entre toda la comunidad científica con respecto al origen dizque antrópico del calentamiento global y a las consecuencias apocalípticas que se le atribuyen. Esto es rotundamente falso: lo que sí ha habido es un tratamiento mediático asimétrico entre ambas posturas del debate y unas agresivas censuras de tinte orwelliano materializadas en el silenciamiento activo para la multitud de científicos escépticos o escandalizados con tal secuestro político de la ciencia.
 
 
Éste es el caso con un editor de los números monográficos especiales para el American Journal of Economics and Sociology, el ingeniero ambiental Dr. Marty Rowland, tras permitir la publicación de un artículo que pronto se convertiría en el segundo más leído de toda esa publicación durante sus 83 años de historia. El artículo criticaba un alarmismo del IPCC, nunca corroborado por la evidencia empírica; es decir, osaba blasfemar con una laudable claridad contra el dogma imperante... y fue despedido el editor... 
 
 
Mas leáse, por favor, con atención lo concluido en aquel artículo«El IPCC afirma que los fenómenos meteorológicos extremos son ahora peores que en el pasado, pero las observaciones no le respaldan tal afirmación. Algunos fenómenos meteorológicos extremos, como la superficie terrestre afectada por sequías extremas, están disminuyendo, en lugar de aumentar (Lomborg, 2020). A nivel mundial, la incidencia de huracanes no muestra una tendencia significativa (IPCC, 2013, p. 216; Lomborg, 2020). Las observaciones tampoco muestran ningún aumento de los daños ni ningún peligro para la humanidad en la actualidad debido al clima extremo o al calentamiento global (Crok & May, 2023, pp. 140-161; Scafetta, 2024). Por lo tanto, dado que el clima actual es posiblemente mejor que el clima preindustrial y que no hemos observado ningún aumento de la mortalidad por fenómenos meteorológicos extremos, concluimos que podemos planificar la adaptación a cualquier cambio futuro. Hasta que se identifique un peligro, no hay por ello necesidad de llegar a eliminar el uso de combustibles fósiles».
 
Amén."