miércoles, 22 de noviembre de 2023

'Foucault estructuralista, "French Theory", Anti Edipo [Deleuze&Guattari] +Derrida...' {Onfray}

 
 
Desde su obra "Una historia de la Filosofía a través de la pintura" (2022) Michel Onfray nos brinda unas pinceladas útiles respecto del proceloso panorama cursado por la 'Nueva Filosofía' -gala- en las postrimerías del siglo XX
 
Jacques Derrida [y su «gata-gato»], por Valerio Adami
 
* El último libro debido a Derrida lleva por título "L'Animal que donc je suis: el animal que estoy si(gui)endo...". Y se inicia evocando el ritual de un gato que es una gata. El filósofo insiste al decirnos que no se trata de ninguna metáfora o alegoría, ni símbolo, figura estilística retórica; no, en absoluto: ese gato del que habla ha existido de verdad, y la historia fue la que cuenta: cada día de buena mañana, a la hora del aseo, la «gata-gato» acompaña al filósofo hasta el cuarto de baño; e indefectiblemente, ante su desnudez, el animal se va. De ahí la reflexión del filósofo que da lugar a un ejercicio deconstructivo de los más logrados.

¿Qué está pasando en la cabeza del gato que se larga? ¿Y en la del filósofo? El gato ve al filósofo desnudo, y el filósofo ve al gato desnudo él también. Pero uno vive sin problemas su desnudez en pelotas, mientras que el otro -en pelotas igualmente, es decir, en cueros- lo aprehende de otro modo. ¿Acaso el gato -de nombre 'Lucrecia'...- entiende la incomodidad del pensador, lo cual justificaría su huida? El caso es que Jacques Derrida se ve a sí mismo desnudo a través de su gato. Empieza entonces una larga meditación sobre la vergüenza, la vergüenza de la vergüenza, el pudor, la animalidad del hombre o la humanidad del animal; sin decir las cosas exactamente así, sino manteniendo el espíritu de reflexión sobre la posibilidad o no de una línea para demarcación entre la bestia y el 'homo sapiens sapiens'.

Derrida habla de lo «indecoroso» del encuentro matinal en el cuarto de baño. Luego, en plena meditación, crea un neologismo para calificar mejor esta situación: el «animaldecoro»...  Y deja escrito: «El animal está ahí antes de mi, ahí cerca de mí o delante de mi, que estoy después de él. Y por lo tanto también, ya que está antes de mi, aquí está detrás de mi. Me rodea. Y desde entonces este ser-ahí delante-de-mi puede dejarse mirar, sin duda, pero también -y quizás la filosofía lo olvida, puede incluso que sea ella misma ese olvido calculado- él puede mirarme a mí. Tiene su punto de vista sobre mi. El punto de vista del otro absoluto, y nunca nada me habrá dado tanto que pensar sobre esta alteridad absoluta del vecino o del prójimo como esos momentos en que me veo visto desnudo bajo la mirada de un gato».

En 'El animal que luego estoy si(gui)endo', se habla de «la familia de los gatos [...] de poetas y filósofos». Da nombres (Baudelaire y Rilke, Buber y Lewis Carroll), indicando que su gato «no pertenece todavía» a dicha familia; al tiempo que precisa, con malicia, «aunque nos vamos acercando». En efecto, ayuda a establecer la pareja Derrida y Lucrecia, igual que existieron las otras: Montaigne y su gata sin nombre, Apollinaire y Pipe, Balthus y Mitsou, Barbey d'Aurevilly y Démonette, La Fontaine y Minette, Michelet y Pluton, Hugo y Gavroche, Klee y Bimbo, Huysmans y Bibelot, Colette y Mitsou, Malraux y Essuie-Plume, Mallarmé y Neige o después Lilith, Céline y Bébert, Burroughs y Calice... Sorprendentemente, nos encontramos pocos filósofos en esta lista...

Lo que nos dice Derrida es que no existe ninguna diferencia de naturaleza entre el hombre y el animal, sino una tan sólo de grado. Esta afirmación equivale a una declaración de guerra contra el cristianismo que, por su parte, ha construido su visión del mundo sobre la afirmación de una diferencia radical por naturaleza: el hombre dispone de un alma; el animal, no. Y eso induce una jerarquía, una superioridad del hombre por encima de la bestia; lo que justifica la explotación, un empleo como esclavo al servicio de su amo, la ejecución, el consumo de su carne... Pero mostrándose costado contra costado (en el sentido etimológico: costillas de uno junto a las del otro), el Filósofo y su Gato le dicen al Tercero que son unos animales como los demás...

La lectura, o relectura, de 'Circonfessión' basta para mostrar hasta qué punto Jacques Derrida fue judío: completamente, y lo reivindicó durante toda su existencia como si estructurara su propio ser. La experiencia traumática de prohibición del saludar la bandera, como normalmente estaba previsto que hiciera el primero de la clase siempre y cuando no fuera judío, tal obligación de ceder su lugar al segundo para ese simulacro nacionalista, aquella exclusión del instituto debido a su identidad judía con inscripción en un curso paralelo impartido por profesores judíos expulsados de la función pública, eso es lo que marca profundamente al niño, al adolescente, al adulto y, evidentemente, al filósofo.

Jacques Derrida en vida nunca manifestó por ninguna parte una creencia en el Dios de Israel o ningún otro, los de Spinoza o de la teología negativa, de Isaac o de los filósofos. En cambio, una vez muerto, pero escenificando su muerte cuando todavía estaba vivo (luego estando vivo todavía una última vez, aunque muerto, última paradoja derridiana), el filósofo pidió que se leyera un texto ante su féretro. Lo leyó su hijo. Y los amigos pudieron oírle(s): «Os bendigo, os amo y os sonrío, desde donde -sea... que ahora- esté...». Jacques Derrida murió el 9 de octubre de 2004. Nuestro siglo XX filosófico se terminaba con él. 
  
Charles Darwin, Sir Charles Lyell y Joseph D. Hooker, s/ Victor Evstaf'ev
 
* Michel Foucault está vinculado a dos momentos de la historia de la filosofía: el estructuralismo y lo que se acordó llamar la 'French Theory'. ¿Qué es el estructuralismo? Un movimiento de pensamiento con el que, entre otros, se asocia al lingüista Roland Barthes, al antropólogo y etnólogo Claude Lévi-Strauss, al psicoanalista Jacques Lacan y al filósofo marxista Louis Althusser. Todos tienen en común el hecho de creer en la existencia de «estructuras» que constituyen y «arquitecturizan» el lenguaje, los sistemas de parentesco, el inconsciente, la historia y el capitalismo.

El problema está en que esas estructuras son invisibles, indescriptibles, se hallan en todas partes y en ninguna, producen todo lo que existe sin que sepamos necesariamente cómo, organizan lo que existe... Al menos eso es lo que se desprende de un artículo firmado por Gilles Deleuze que se supone lo explica y que lleva por título «¿Qué es el estructuralismo?», texto que apareció en una 'Historia de las ideologías', dirigida por el filósofo François Châtelet.

La «estructura» parece ser una enésima variación sobre el tema de la Idea platónica, de la forma aristotélica, de la esencia tomista, del 'noumenos' kantiano, del Espíritu hegeliano; en otras palabras: un momento en la historia idealista de la filosofíaComo buen materialista ateo y marxista, Sartre no se dejaba llevar a engaño. Comprendió perfecta y rápidamente que el estructuralismo funcionaría como una máquina de guerra lanzada contra su magisterio, o un carro de combate destinado a abolir su dominación absoluta en el campo filosófico desde la Segunda Guerra Mundial.

Sartre creía en el sujeto, en el 'cogito', en la libertad, en la conciencia, en la Historia, en el sentido de la Historia, en la revolución; los estructuralistas explican que ya no queda nada de todo eso: ningún sujeto sino un cuerpo que recorren unos flujos, ningún 'cogito' sino una energía que atraviesa la carne, ninguna libertad sino un determinismo total, ninguna conciencia sino un inconsciente estructurado como un lenguaje, ninguna Historia sino un juego de relaciones entre fuerzas.

El viejo Sartre nota que le empujan hacia la salida, pero comprende perfectamente -pues tenía una inteligencia formidable- que esta filosofía abre la puerta al nihilismo y que hace que en adelante todo cambio social resulte imposible. Entiende que con ella se abre una nueva era: la de una filosofía que trabaja objetivamente para la burguesía porque no representa ningún peligro para ella. No se equivocaba, el tiempo le ha dado ella. No se equivocaba, el tiempo le ha dado la razón más allá probablemente de lo que hubiera podido imaginar.

El estructuralismo produce obras confusas, oscuras, redactadas con un estilo nebuloso, en el límite de lo comprensible -como las que había generado la escolástica-. Es verdad que el carácter filosófico eminentemente gaseoso de la estructura llevaba a esta especie de callejón sin salida. Una increíble cantidad de libros de filosofía completamente incomprensibles salen entonces a la luz. También produjo unas ideas aparentemente extravagantes y descabelladas. Así, por ejemplo, «la muerte del hombre» contribuyó mucho a despertar la curiosidad intelectual y a promover el estructuralismo como si se tratara de una moda, que lo fue.

En 'Las palabras y las cosas' Michel Foucault escribe lo siguiente: «El hombre es fecha reciente. Y quizás [sic] el próximo final» ('Obras', tomo I). Foucault plantea una invención de la que la arqueología de nuestro pensamiento muestra fácilmente la hipótesis «quizás» y redobla esa hipótesis al escribir unas líneas más adelante que hay que contemplar esa posibilidad: «Entonces se puede apostar [sic] a que el hombre desaparecería [sic] como un rostro de arena en la orilla del mar». Después del «quizás», el filósofo «apuesta», luego emplea un condicional; pero es demasiada sutileza para esperar a recepción sutil: se dijo lisa y llanamente que Foucault anunciaba la muerte del hombre una cuando en realidad explicaba que podía acontecer.

De este modo, el anuncio se convirtió en predicción con sus aduladores, que no cejaron en su empeño de matar al hombre. Foucault había decretado su fecha de nacimiento, a finales del siglo XVIII, y en su lugar se anuncia su muerte, que él había evocado triplemente a modo de hipótesis: será por lo tanto 1966, fecha de publicación de 'Las palabras y las cosas'.

Después de Mayo del 68, los sesentayochistas se esforzaron en eliminar el «quizás» para sustituirlo por un «de hecho». De la misma manera, borran el «apostar» a favor de un «afirmar» y sustituyen el condicional del «desaparecería» por el presente «desaparece». Así pues tenemos: «Entonces podemos muy bien afirmar que el hombre desaparece, como un rostro de arena en la orilla del mar».

La «muerte del hombre», contemplada como una hipótesis, se transforma en «el asesinato del hombre» gracias a lo que se denomina la French Theory. Porque, tras dicha hipótesis, ¡Foucault no dejó de trabajar en una continuación del hombre! ¿Qué significarían, si no, los tres últimos volúmenes de la historia de la sexualidad como son: 'El cuidado de sí', 'El uso de los placeres' y 'Las confesiones de la carne'? Pues son explícitamente tres ladrillos construidos con la urgencia de una vida que se va -Foucault tiene el sida-, para construir un nuevo edificio que «sigue al hombre» después del cristianismo con la propuesta de una nueva subjetividad. El pensamiento precristiano le sirve de laboratorio para construir un pensamiento postcristiano.

Foucault ha leído la obra 'Ejercicios espirituales y filosofía antigua' (1981), de Pierre Hadot, a quien debe su ingreso en el Collège de France. Después de esta lectura, inicia una obra nueva que deja atrás los períodos psicológico, epistemológico y estructuralista en favor de un período que yo denomino moralista no en el sentido de la moral moralizante, sino en el sentido de una ética práctica fundada lejos de cualquier trascendencia y en un puro plano de inmanencia. «¿Qué puede hacer el cuerpo?» era la pregunta spinozista según Deleuze; y se convierte en la del último Foucault. Desgraciadamente, la muerte impide la culminación de ese trabajo.
 
       Lorenzo de Medici, Marsilio Ficino, Pico della Mirandola, Poliziano, Benivieni, etc..
 
* ¿Qué es la 'French Theory'? Esa «teoría francesa», cuyo nombre de bautismo se formula paradójicamente en inglés, da nombre a la homogeneización de una corriente heterogénea. Este corpus doctrinario está construido con obras fragmentadas, descontextualizadas, esencializadas y traducidas de Foucault, Deleuze y Guattari, Derrida, Bourdieu, pero también de una gran parte de la producción cultural de los años 70-80 del siglo pasado. Estos fragmentos seleccionados extraídos de la obra completa constituyen y alimentan lo políticamente correcto llegado de Estados Unidos: los estudios de género, los estudios descolonizadores, los estudios afroamericanos, los estudios llamados feministas proceden todos ellos de una lectura fragmentada e ideológica de esos pensadores que son bastante más complejos y sutiles que lo que presenta esa vulgata.

Cuando se lee alguno de estos textos oscuros de dichos autores, se puede medir lo que se pierde con las traducciones al inglés. Una parte de la producción de Lacan, de Derrida o de Deleuze y Guattari se refiere más al acto literario y poético que al análisis filosófico propiamente dicho. Pensemos en los 'Escritos' (1966) de Lacan, en 'Clamor' (1974) de Derrida, en 'El Anti Edipo' (1972) y en 'Mil mesetas' (1980) de Deleuze y Guattari y en la casi imposibilidad de dar un sentido a esos textos que, a menudo, aspiraban no tanto al sentido según la razón como al sonido de una bella aliteración según Mallarmé o al imaginario liberado de una creación literaria según Raymond Roussel.

Con sus neologismos forjados a centenares, por ejemplo, Lacan no propone tanto un corpus doctrinal como un inmenso poema mallarmeano en el que triunfa una glosolalia. Ahora bien, una lengua inventada no genera tanto discipulos como sectarios que se dedican a la repetición sin sentido y a la transferencia simplona de las palabras del maestro. Del mismo modo que hubo un momento que se llamó el arte por el arte, se puede decir que en filosofia hubo también un momento de «el texto por el texto», por lo tanto, de «la filosofía por la filosofía»...

Cuando los campus americanos abordaron dichas obras, estas se convirtieron en máquinas de guerra para 'de-construir', y por lo tanto destruir al sujeto clásico, la Historia occidental, la razón cartesiana, la biología de los sexos, en favor de un nihilismo integral en el que la genealogía nietzscheana utilizada por Foucault da paso a un catecismo que sirve a los intereses de una corrección política saturada de moralina, que es el otro nombre que se da a la moral durante las épocas sin moral. No es probable que Foucault se identificara con eso...

En 'Diferencia y repetición', Deleuze escribe: «Se acerca el momento en el que ya no será posible escribir un libro de filosofía como se venía haciendo desde hace tiempo: "¡Ah, el viejo estilo...". La búsqueda de nuevos medios de expresión filosófica fue inaugurada por Nietzsche, y hoy debe ser continuada en relación con la renovación de algunas otras artes, el teatro o el cine, por ejemplo», aunque podríamos añadir igualmente el arte contemporáneo.

Cuando leemos a Deleuze & Guattari, pensamos efectivamente en las producciones estéticas contemporáneas a ambos: las 'performances' de Beuys, los materiales del 'art brut' con cartón, cuerda, hilo eléctrico, arena, detritus, desechos, polvo, alquitrán...

Deleuze busca otra forma de escribir o de componer libros, pero busca igualmente otras formas de leerlos. En «Carta a un crítico severo», el primer texto de 'Conversaciones 1972-1990', invita a otra forma de leer: no a la antigua usanza, que consiste en buscar, tontamente, la relación entre significante y significado -es decir, entre la palabra que dice la cosa y la cosa dicha por la palabra- sino de una manera radicalmente revolucionaria, practicar «una lectura en intensidad», es decir, nada menos que una negativa a buscar un solo sentido, único, estereotipado y fijado, inmutable, y esto dentro de la lógica de una lectura en la cual «no hay nada que explicar, o comprender, ni que interpretar». Se puede calcular la dificultad de este tipo de texto nuevo en el que, según afirman los autores, se entiende inmediatamente o no se entiende. Escribir es un flujo: si leer no permite captar ese flujo, entonces mala suerte, no pasa nada....

Es así como, igual que con Lacan o Derrida, Deleuze & Guattari inventan un tipo de lengua que dispone de su léxico propio, una especie de estilo como el que existe para un pintor (Bacon, por ejemplo) o para un compositor (Boulez, si queremos) habiendo sido el pintor inglés y el compositor francés dos temas de reflexión para Deleuze. ¿Cuáles son esas palabras o esas expresiones que dieron nombre a los dos filósofos?

Máquina deseante y cuerpo sin órganos, desterritorialización y nomadismo, agenciamiento colectivo de enunciación y rizoma, espacio liso y espacio estriado, plan de inmanencia y esquizo-análisis, ritornelo y sentido del rostro, caosmos y plicatura, molar y molecular, spatium intensivo y planomeno, caosoide y pliegue -lista no exhaustiva-... Porque si hay neologismos como «perplicación» ('Diferencia y repetición'), reactivaciones de una noción escolástica como la «haecceidad», expresiones del tipo «zona de indiscernabilidad», hay que contar igualmente con un agenciamiento de escritura poética, en su sentido etimológico, de creación, creador, creativo.

Se entiende cuánto el deseo de una nueva escritura que integre neologismos y que no se proponga ser forzosamente explicable, comprensible e interpretable puede propiciar también los puntos muertos o las imposturas

Tenemos el punto muerto de los loros de repetición que han comprendido que hacer malabares con un puñado de conceptos tomados prestados de Deleuze & Guattari basta para causar impresión ante los tontos aturdidos por la glosolalia y que no reconocen que no entienden nada por miedo a quedar como imbéciles; tenemos el punto muerto de las jaurías de perros que saben que el reagrupamiento de loros puede servirles de modelo para cazar en bandadas; tenemos el punto muerto de los camaleones que obligan a decir a Deleuze & Guattari lo que nunca han dicho pero que se les ha hecho decir sin que esto preocupe a ninguno de los dos autores, puesto que han tomado la precaución de afirmar que sus libros eran una especie de caja de herramientas que uno puede utilizar sin preocuparse de nada más que de su utilidad teórica y práctica.

¿Es útil, va bien, funciona: remienda, atornilla, destornilla, secciona, corta, sirve? Está bien entonces, el libro cumple sus promesas... Poco importa si hemos respetado o no la matriz: está hecha para que nos apoderemos de ella, para que la ingiramos, para que la digiramos, para que la convirtamos en palabras y la gestionemos.
 
Erasmo de Rotterdam, según Hans Holbein
 
* ¿Qué podemos intentar decir, aun así, de 'El Anti Edipo'? Antes que cualquier otra cosa, que es el libro sesentayochesco por excelencia. No pudo «hacer Mayo del 68» por la buena y sencilla razón de que llega más tarde y se publica en marzo de 1972, pero «fue hecho» por Mayo del 68. Si queremos buscar unas raíces teóricas a Mayo del 68, mejor buscar por el lado de Marcuse y Lefebvre, de Debord y Trotski, de Mao y Reich, de Fromm y Marx o en ancestros más lejanos, Fourier y Lautréamont, Rimbaud y Saint-Just; pero si queremos saber en qué obra filosófica desemboca Mayo del 68, entonces debemos pensar incontestablemente en 'El Anti Edipo'.

¿Por qué razones? Como dirá Foucault en su prefacio a la edición americana, 'El Anti Edipo' es un gran «libro ético, el primer libro de verdadera ética que se haya escrito en Francia desde hace bastante tiempo» ('Obras esenciales', III). Precisemos que un libro de ética no es un libro de moral: la ética reflexiona sobre los principios de una regla de juego, la moral dicta unos principios de acciones de comportamiento. La ética es una teoría de la moral; la moral, una práctica de la ética.

¿Cómo se puede llamar ético a este libro en una época en la que, precisamente, la antigua moral judeocristiana se derrumba bajo los violentos ataques del Mayo del 68, que destruyó considerablemente el edificio ético y moral clásico? El poder del Dios monoteísta proporcionó el esquema de una ética en la que, durante más de mil años, el hombre había ejercido la autoridad sobre la mujer, el padre sobre los hijos, el marido sobre la esposa, el patrono sobre los obreros, el profesor sobre los alumnos, el oficial sobre los soldados, el sacerdote sobre los fieles, el blanco sobre el negro, el heterosexual sobre el homosexual, el cristiano sobre quien no lo era, el occidental sobre el resto del mundo.

'El Anti Edipo' desmonta todo este dispositivo judeocristiano y examina las antípodas o los márgenes de la civilización minada. Es una máquina de guerra lanzada: contra el capitalismo culpable de reprimir el deseo y de producir cuerpos neuróticos; contra el marxismo culpable de no abolir los amos sino de querer solamente cambiarlos; contra la familia cristiana que supone una restricción de los cuerpos, de los deseos y de los placeres con la perspectiva de crear familias; contra el psicoanálisis culpable de interpretar el mundo a partir de un triángulo edípico padre-madre-hijo; contra la razón clásica que somete la literatura, la escritura, el razonamiento, la dialéctica, la reflexión, el pensamiento y la filosofía en beneficio del discurso dominante.

Contra el capitalismo, Deleuze y Guattari proponen una «micropolítica». Esta palabra aparece más tarde, en 1977, en 'Diálogos', y es equiparable a una política de resistencia que, en 'El Anti Edipo', se denomina «esquizo-análisis». Es en 'Mil mesetas' donde «micropolítica» sustituye a «esquizo-análisis». ¿Qué abarca esta idea? El fascismo no es monolítico sino polimorfo, existen pues «micro-fascismos» ('Mil mesetas') a los que hay que responder mediante micro-resistencias. Contra el marxismo, Deleuze & Guattari afirman que el poder no está concentrado en Aparatos de Estado que habría que tomar por asalto en una Revolución, sino que está por todas partes. Para los partidarios de Marx, el poder está bien cuando está en manos del proletariado organizado como vanguardia ilustrada -en el caso de Lenin en el Partido-, pero es malo cuando se encuentra confiscado por los actores del Capital. Como libertarios que son, D&G rechazan el poder que consideran que es sometimiento de uno al otro, pero también de uno a sí mismo. Denuncian la servidumbre voluntaria, el deseo de someterse a un amo, las ganas de confiar la vida a terceros; procesos alienantes todos ellos de los que hay que deshacerse.

Contra la familia cristiana, D&G nos proponen «des-territorializaciones» y «re-territorializaciones», ya que la pareja o la familia son otras tantas «territorializaciones» que asignan a los seres un territorio en el que los flujos no circulan, han dejado de hacerlo o lo hacen mal. El pensamiento de los dos filósofos es vitalista, dinámico, fluido, energético y se inscribe en la lógica bergsoniana del impulso vital y de la energía creadora, dos realidades filosóficas pensadas de manera materialista y de ningún modo espiritualista o idealista. Para ellos, el inconsciente no metapsicológico, sino maquínico es.

Contra el psicoanálisis freudiano y lacaniano, fórmula de moda por aquel entonces, D&G proponen acabar con el inconsciente freudiano (que, de hecho, es el inconsciente de Freud ampliado a toda la humanidad...) para optar por un inconsciente maquínico: la «máquina deseante» que no es una metáfora o una alegoría sino un dispositivo de flujo. D&G toman prestado de Artaud el concepto de cuerpo sin órganos -también llamado CsO-. Es el cuerpo experimentado por el esquizofrénico, pero también por el masoquista o el drogadicto. Es impersonal, pero el nombre propio queda designado en él. Es el límite del cuerpo vivido. Se entiende que D&G puedan escribir que «una máquina deseante solo funciona cuando se estropea».

Contra la razón clásica, 'El Anti Edipo' otorga al esquizofrénico un papel arquitectónico. D&G hacen de la locura-neurosis, psicosis, paranoia, esquizofrenia un nuevo paradigma. Estamos lejos del método cartesiano, de la razón pura kantiana o de la dialéctica hegeliana, cuando no del materialismo dialéctico marxista. Toda la filosofía occidental se hunde bajo los violentos ataques del esquizo-análisis. 'El Anti Edipo' se parece entonces a un 'Discurso del anti-método' y también a una 'Crítica de la sin-razón pura', cuando no, parodiando a Hegel, a una 'Ilógica'.

'El Anti Edipo' es el título reservado para el libro, que va precedido por... un subtítulo; o un antetítulo, de hecho. Dicho antetítulo es "Capitalismo y esquizofrenia"; el mismo que corona 'Mil mesetas' (1980), un libro que podemos considerar como una continuación lógica de la primera obra. El volumen inicial fue un éxito de ventas; el segundo, no tanto: es una enciclopedia desordenada, muy en el espíritu de los dos compañeros, que se publica cuando están en boga los Nuevos Filósofos pasando página de tal filosofía sesentayochesca. 'El Anti Edipo' llegaba a tiempo como una síntesis de lo que fue Mayo del 68 dando un contenido y una forma al pensamiento de aquella década; 'Mil mesetas' llega con retraso a la historia, que pasó en otra parte...
 
Santo Tomás de Aquino confundiendo a Averroes, por Giovanni di Paolo
 
* En mayo de 1977, únicamente bajo su nombre, Deleuze escribe unas páginas duras aunque acertadas sobre los 'Nuevos Filósofos' (Bernard-Henri Lévy, André Glucksmann y algunos otros) en un breve texto titulado "À propos des nouveaux philosophes et d'un problème plus général". En él señala la llegada de una generación de «filósofos»   que no son tanto autores de una obra como dandis mundanos moviéndose en los medios para ofrecer apoyos intelectuales al poder liberal.

La pareja Deleuze&Guattari reaparece con su "¿Qué es la filosofía?" en 1991 (...) Deleuze fue monista, es decir, el más encarnizado adversario del dualismo platónico cuya fórmula más popular era el cristianismo. Platonismo es dualismo, idealismo, espiritualismo, ideal ascético; y el deleuzismo es monismo, vitalismo, panteísmo, hedonismo... 
 
Epicuro, en la Escuela de Atenas, por Rafael Sanzio

viernes, 17 de noviembre de 2023

Un criminal apocalipsis en{tre} Gaza y Judea... explicado por I. Pappé, gran historiador israelí

   
Cuanto hubo parecido sorprendente, o incomprensible y sin causas que se pudieran reconocer, de ningún modo lo es ya más para quien se atreve a dejar sus cuentos admitiendo una crudísima realidad ante nuestros ojos: "¡pero si el Rey está desnudo...!"
   
  
Les agradezco mucho que dediquen su tiempo en este momento tan crucial y doloroso de la historia de Israel y Palestina: antes del 7 de octubre de 2023, la mayor parte de la sociedad judía israelí observaba con cierto temor y aprensión la situación creada durante las últimas semanas de este mes, y el principal debate en Israel versaba sobre su futuro. Las manifestaciones semanales de cientos de miles de israelíes formaban parte de un movimiento de protesta contra el intento del Gobierno de cambiar la legislación constitucional en Israel y de crear un nuevo sistema político mediante el cual los poderes políticos tendrían un control total sobre el sistema judicial y la esfera pública estaría mucho más controlada por grupos judíos mesiánicos y religiosos.

En uno de mis artículos describo esa lucha particular por la identidad de Israel –que era el tema principal hasta el 7 de octubre de 2023– como una lucha entre el Estado de Judea y el Estado de Israel. El Estado de Judea lo establecieron los colonos judíos en Cisjordania y era una combinación de judaísmo mesiánico, fanatismo sionista y racismo que se convirtió en una especie de estructura de poder que se hizo mucho más notoria e importante en los últimos años –especialmente bajo el gobierno de Netanyahu– y que estaba a punto de imponer su forma de vida al resto de Israel más allá de lo que llamamos Judea y, en cierto sentido, más allá de Cisjordania o del espacio judío en Cisjordania. En su contra se alzó el Estado de Israel o, si se quiere, la ciudad de Tel Aviv, su mayor exponente. La idea de que Israel es pluralista, democrático, laico –y lo más importante, occidental o europeo– y que está luchando por su vida contra el Estado de Judea parecía ser el foco de atención de lo que podríamos llamar, si no una verdadera guerra civil, al menos una guerra civil fría, sin duda una guerra cultural entre los judíos israelíes, entre ellos mismos.
 
 
Cuando algunas personas preguntamos a los dos bandos de este conflicto interno israelí si, por ejemplo, la ocupación de Cisjordania no debería formar parte del debate sobre el futuro de Israel, se nos respondió que no, que ninguna de las partes debía mencionar la ocupación: "es irrelevante para el futuro de Israel"... De hecho, a cualquiera que intentara introducir el tema de la ocupación en las protestas semanales contra la reforma judicial o “revolución judicial”, como les gusta llamarla, se le pidió que se marchara y que no se dejara ver con el grupo más numeroso de manifestantes que ondeaban la bandera israelí. Sin duda, si alguien llevara la bandera palestina a esa manifestación, recibiría una paliza y le echarían, del mismo modo que si alguien mencionara el hecho de que tal vez el futuro de Israel también son las condiciones y la situación de los casi dos millones de ciudadanos palestinos de Israel que en el último año han atravesado un proceso de persecución por parte de bandas criminales que aterrorizan sus vidas. Por todo Israel hay bandas criminales fuertemente armadas –muchas de ellas formadas por antiguos colaboradores de Israel en Cisjordania y la Franja de Gaza que fueron sacados de estos territorios tras el Acuerdo de Oslo y que son totalmente inmunes a cualquier tipo de persecución policial o acción penal efectiva–, lo que supone que, como muchos de ustedes sabrán, los palestinos que viven en el propio Israel, me refiero a ciudadanos israelíes, tienen miedo de salir por la noche debido a la nueva realidad en sus calles y espacios. Tampoco se permitía que este tema formara parte del debate público sobre el futuro de Israel.
 
 
Si se intentaba mencionar Jerusalén Este y la limpieza étnica de los barrios árabes de Jerusalén, los manifestantes y sus líderes declaraban, de nuevo, que no era un tema importante. O como dijo Amira Hass, la valiente periodista de Haaretz, por lo que respecta a los israelíes, hasta el 7 de octubre de 2023, la ocupación no existía, lo que significaba que ya no existía como problema. Está resuelto; hay una enorme presencia de asentamientos judíos en Cisjordania, ya nadie tiene que ocuparse de ello. De hecho, en las últimas cuatro campañas electorales en Israel, y hubo una cada año, nadie mencionó el tema, la cuestión u ocupación palestina, como quieran llamarlo. No se le pidió a los israelíes que votaran sobre este tema porque ya no existía como problema. Si alguien mencionaba la Franja de Gaza y se volvía a hablar del asedio, le respondían: ¿de qué estás hablando? Se trataba de una cuestión que ya no preocupaba a nadie, del mismo modo que la matanza diaria de palestinos en los últimos dos años en Cisjordania. Pero la constante y recurrente invasión de la mezquita de Al-Aqsa no pasa desapercibida, y el hecho de que las débiles autoridades palestinas sean incapaces de proteger a los palestinos de la violencia ejercida por los colonos, el ejército israelí y la policía fronteriza israelí, no significa que no haya grupos dispuestos a defender a los palestinos, no sólo en la Franja de Gaza, sino también en otras partes de la Palestina histórica. Esto se ha comunicado una y otra vez a la opinión pública israelí, a los responsables políticos, a los jefes del ejército y de los servicios secretos israelíes, pero todos sostenían que no había ningún problema. El único problema era la reforma legal, nos gustase o no.

Y estaba muy claro por qué no se trataban todas estas otras cuestiones. Porque, en esencia, lo que teníamos en Israel era una lucha entre dos formas de apartheid. Por una parte, estaba el apartheid israelí laico, en el que los judíos israelíes sin duda disfrutan de la vida en una democracia plural, al estilo occidental. Por otra parte, tenías la versión contraria del apartheid, la mesiánica, la religiosa, la teocrática. De modo que la lucha era una cuestión interna judía sobre el tipo de vida judía en la esfera pública, sin ninguna referencia a la vida de los palestinos, ya fueran palestinos sometidos a la ocupación en Cisjordania, al asedio en la Franja de Gaza o a un sistema discriminatorio dentro de Israel, por no hablar de los muchos millones de refugiados palestinos: todo esto no estaba allí.
  
  
La mañana del 7 de octubre, todo esto explotó en la cara de los israelíes. Y ahora existe la ilusión óptica de que, debido a la conmoción que sin duda sufrió Israel esa mañana, todas estas grietas del edificio sionista han desaparecido porque el ataque de Hamás fue tan brutal, tan devastador, que todos los debates internos se han olvidado, y todo el mundo está unido en torno al ejército y su plan actual para invadir la Franja de Gaza y comenzar con lo que ya estaba en marcha: las políticas genocidas sobre el terreno. Creo que es una ilusión óptica, que el conflicto interno israelí no va a desaparecer. Volverá. No sé cuándo, pero volverá. Sin embargo, lo más importante es que como activistas, como académicos, cualquiera que de un modo u otro esté relacionado con Palestina y la lucha palestina, independientemente de cómo entendamos y enfoquemos los acontecimientos del 7 de octubre desde un punto de vista humano, estratégico, moral, como quiera que lo hagamos, no caigamos en la trampa de descontextualizar y eliminar la perspectiva histórica de estos acontecimientos –y parece que hay bastante gente buena en este país que está cayendo en ello–. Esto es algo que no va a cambiar en las próximas semanas. La realidad básica sobre el terreno sigue siendo la misma que existía antes del 7 de octubre.

El pueblo palestino está inmerso en una lucha por la liberación probablemente desde 1929. Es una lucha contra sus colonizadores y, como toda lucha anticolonial, tiene sus altibajos, sus momentos de gloria y sus difíciles momentos de violencia. La descolonización no es un proceso farmacéutico y estéril, es un asunto desordenado. Y cuanto más duren el colonialismo y la opresión, más probable será que el estallido sea violento y desesperado en muchísimos sentidos. Es sumamente importante recordar a la gente la historia de las rebeliones de los esclavos en este país y cómo se acabó con las revueltas de los nativos americanos, las rebeliones de los argelinos contra los colonos en Argelia, la masacre de Orán durante la lucha del FLN (Frente de Liberación Nacional) por la liberación. En ocasiones se pueden cuestionar algunas de las ideas estratégicas, se puede tener momentos de inquietud, y con razón, sobre la forma en que se están haciendo las cosas; sin embargo, si no se descontextualiza, si no se elimina la perspectiva histórica del propio acontecimiento, nunca se pierde la brújula moral.
 
 
Parece que estemos luchando contra una cobertura típica –tanto por parte de los medios de comunicación como del mundo académico de este país, de Occidente y del hemisferio norte en general–, que tiene esa capacidad de tratar un acontecimiento como si no tuviera historia ni consecuencias. Incluso los relatos sobre el festival que fue atacado el 7 de octubre no mencionan el hecho de que se trataba de un festival sobre 'el amor y la paz': a 1,5 km. del 'gueto' de Gaza, la gente estaba celebrando el amor y la paz mientras la población gazatí estaba siendo sometida a uno de los asedios más brutales de la historia de la humanidad, que se prolonga desde hace más de 15 años. Los israelíes deciden cuántas calorías entran en la Franja de Gaza, quién entra y sale, y retienen a 2.000.000 de personas en la mayor cárcel a cielo abierto del planeta.
 
Todos estos contextos permiten navegar con moralidad sin perder esa brújula; sin embargo, mucho más importante que el contexto inmediato e incluso el contexto del asedio –y en esto me gustaría centrarme hoy– es el hecho de que uno de nuestros mayores retos como activistas en defensa de Palestina, o estudiosos de Palestina comprometidos, es que no podemos desafiar décadas de propaganda e invención, enfrentarnos a esa narrativa, con frases cortas. Creo que este es nuestro principal problema. Necesitamos espacio y tiempo para explicar la realidad ante la enorme cantidad de canales, fuentes de información e instituciones culturales que han proyectado una imagen y un análisis de Palestina falso, inventado, que se ha construido a lo largo de los años con la ayuda del mundo académico, los medios de comunicación, Hollywood, las series de televisión, etcétera. 
 
 
Todo esto influye en las mentes y las emociones de la gente y crea una historia determinada que no se puede cuestionar con una sola frase. Ni siquiera se puede desafiar únicamente con el sentido de la justicia, sino con un sentido de la justicia basado en un profundo conocimiento de la historia, con un análisis profundo y preciso de la realidad mediante el uso del lenguaje adecuado, porque el que utilizan incluso las fuerzas liberales, llamadas progresistas, es un lenguaje que inmuniza a Israel y no permite que la lucha anticolonial palestina se justifique, se acepte y se legitime. Y, ya saben, en el panteón de la lucha anticolonialista, en el que mucha gente pondría a un montón de héroes –desde Nelson Mandela a Gandhi y a otros importantes líderes del movimiento por la liberación–, no encontrarán a ningún palestino. Siempre serán tratados como terroristas, cuando en esencia es un movimiento anticolonialista. Y para emplear el lenguaje adecuado, conocer la historia del lugar y llevar a cabo un análisis correcto se necesita, como he dicho, espacio; no puedes llegar y decirle a alguien: tú estás equivocado y yo tengo razón. Y es un enorme reto para todos nosotros en un momento como el que se está viviendo estos días en Estados Unidos, por ejemplo, donde parece haber un apoyo incondicional a Israel y una postura sólo hipócrita ante todo el sufrimiento de los israelíes que no se mostró igual frente al de los palestinos en ningún momento durante la historia de Palestina.
 
 
 
Las lecciones de Historia, por así decirlo, son el antídoto a la eliminación de la perspectiva histórica de los acontecimientos del 7 de octubre y los que se están desarrollando ante nuestros ojos hoy –y probablemente en las próximas semanas, si no meses–. El contexto histórico tiene dos niveles, dos pilares básicos sobre los que deberían apoyarse el ámbito académico o el de los medios de comunicación y que considero muy importantes para cualquiera que participe en debates públicos a título individual o institucional. Uno es no dejar nunca de insistir en una definición precisa del sionismo, esto es muy importante: no se debería permitir ninguna discusión sobre lo que ocurre hoy en Israel o en Palestina sin hablar del sionismo. Israel y sus partidarios han invertido mucho esfuerzo en equiparar el antisionismo con el antisemitismo para que, si alguna vez mencionas la palabra “sionismo”, estés pisando el peligroso terreno de ser considerado antisemita, y por lo tanto, seas silenciado. Sin embargo, eso no significa que esta no sea la única manera correcta de iniciar el relato, que comienza con una ideología que es racista y muy dura. El sionismo pertenece a la genealogía del racismo, no a la historia de los movimientos de liberación –que es como se enseña en la mayoría de las universidades estadounidenses–, no a la historia de los movimientos nacionales –que es como se enseña en la mayor parte del hemisferio norte o de la que hablan o cubren los medios de comunicación occidentales–. No, pertenece a la historia del racismo, que originalmente no era una ideología, sino que se manifestó como tal en la tierra de Palestina.
 
 
Y este racismo forma parte de la naturaleza colonialista del movimiento sionista, que no es excepcional y con la que ustedes también están familiarizados en este país de europeos que no eran aceptados como tales, que fueron expulsados de Europa y tuvieron que encontrar un lugar diferente. Y encontraron países en los que vivían otras personas y, como dijo el difunto Patrick Wolf, en ese encuentro se activó la lógica de la eliminación del nativo, en el momento en que esos colonos se encontraron con los indígenas. Y eso también es cierto en el caso de Palestina. Las políticas de eliminación forman parte del ADN sionista desde el inicio mismo del movimiento a finales del siglo XIX. Para decirlo con palabras menos académicas, se quería la mayor parte posible de Palestina con el menor número posible de palestinos. Siempre existieron la dimensión demográfica y la geográfica, la de la población y la del espacio: cuanto más espacio tienes, menos quieres a la población indígena que hay en él.

Las políticas de eliminación pueden ser el genocidio, la limpieza étnica o el apartheid. Adoptan formas diferentes en lugares diferentes o en el mismo lugar según la capacidad, las circunstancias históricas y la situación. Sin embargo, no se puede separar lo que pasa en Gaza de estas políticas israelíes de eliminación del nativo, que tienen su origen en el pensamiento sionista –en los dibujos de los pintores sionistas, en la escritura de los intelectuales sionistas–, y que en 1930 se convirtieron en una estrategia que se implementó por primera vez en 1948, con la limpieza étnica que terminó con la expulsión de la mitad de los palestinos y la destrucción de la mitad de los pueblos de Palestina. Por cierto, muchos pueblos israelíes están construidos sobre las ruinas de aquellos; algunos kibutz que fueron ocupados por Hamás durante unas horas se construyeron sobre las ruinas de esos pueblos palestinos de 1948, y una cantidad considerable de los palestinos que entraron en los kibutz eran una tercera generación de refugiados de estos mismos pueblos destruidos no lejos de Gaza. Esto también forma parte de la historia. No estoy justificando lo que se hizo, sino que trato de ofrecer un contexto histórico, sin el cual no se llega al origen de la violencia y sólo se abordan sus síntomas. Hay que ir al origen de la violencia, que es una determinada ideología racista que, en su esencia, es la idea de la eliminación del nativo y, como digo, no es algo exclusivo del sionismo.
 
 
Hubo otros movimientos coloniales europeos que, sin duda, estaban motivados e inspirados por la idea de la eliminación del nativo. De modo que, si observamos esa historia de un modo superficial, se infiere que lo verdaderamente importante de un movimiento ideológico que está motivado por la idea de poseer la mayor cantidad posible del nuevo territorio con la menor cantidad posible de su gente nativa es el período histórico en el que fue concebido y en el que se promulgaron sus políticas de eliminación. Ahora bien, si esas políticas de eliminación se promulgan en el siglo XIX, como se hizo en Estados Unidos, estamos hablando de un mundo bastante indiferente al colonialismo, al racismo y a otros derechos humanos o derechos civiles colectivos. Sin embargo, si te paras un minuto a pensar, te das cuenta de que esto se hizo después de la Segunda Guerra Mundial, el año que se promulgó la Declaración de los Derechos Humanos que el hemisferio norte estaba tan orgulloso de mostrar al mundo para manifestar que ya teníamos las bases morales que aseguraran que la matanza masiva de personas y el racismo que habíamos visto en tantos lugares serían erradicados, porque existía un consenso moral. Cuando te das cuenta de que, ese mismo año, promulgaba Sudáfrica el 'apartheid' e Israel 'limpieza étnica' ejercía en Palestina, empiezas a comprender el mensaje que, en 1948, recibieron tanto el régimen del apartheid en Sudáfrica como, lo que es más importante, el Estado sionista por parte de la comunidad internacional... 
 
  
Sí, anunciamos con orgullo la Declaración de los Derechos Humanos, pero también les decimos que a ustedes no se les aplica. El mensaje del mundo era que la limpieza étnica de Palestina era aceptable principalmente por una razón –esta era la propaganda, yo no creo que fuera la verdadera razón–, que era, como dijo un intelectual estadounidense, tolerar una pequeña injusticia para corregir una injusticia mucho mayor. Concretamente, los palestinos tenían que compensar a los judíos por mil años de antisemitismo europeo y cristiano. El trato estaba muy claro, y por eso Israel fue el primer Estado en reconocer una nueva Alemania. La gente en Europa y en Occidente dudaba mucho si aceptar a Alemania Occidental como miembro de las naciones civilizadas tan pocos años después del régimen nazi. Israel pretendía, y no con razón, representar tanto a los supervivientes como a las víctimas del Holocausto. Como máximos representantes del Holocausto, los israelíes dijeron: reconoceremos una nueva Alemania y, a cambio, queremos "no injerencia de Occidente en cuanto hacemos a Palestina". Se habría esperado que Israel fuera, como mínimo, el tercer país que reconociera una nueva Alemania, no el primero. Pero llegar a este acuerdo era muy importante para ellos. También implicó que la nueva Alemania proporcionara a Israel una enorme ayuda financiera que contribuyó a construir el moderno ejército israelí a principios de la década de 1950.

Ahora bien, como el mensaje que lanzó el mundo fue que, en el caso del Estado de Israel, la limpieza étnica era un método aceptable de estrategia para la seguridad nacional, no es sorprendente que la limpieza étnica continuara. Israel expulsó a 36 pueblos entre 1948 y 1967 dentro de Israel, Israel expulsó a 300.000 palestinos de Cisjordania y la Franja de Gaza durante la guerra de junio de 1967. Desde 1967 hasta hoy, Israel ha expulsado a casi 700.000 palestinos de Cisjordania y la Franja de Gaza. Y mientras hablamos, Israel continúa la limpieza étnica en lugares como Maghazi, Gaza, el sur, las montañas de Hebrón, la zona del Gran Jerusalén y otros lugares de Palestina. La limpieza étnica se ha convertido en el ADN israelí de las políticas hacia los palestinos, y emplea a cientos de miles de personas para llevarla a cabo, porque no se trata de limpiezas étnicas masivas como en 1948, sino de limpiezas étnicas graduales. A veces es la expulsión de una persona o de una familia, a veces es el cierre de un pueblo o el cerco de la Franja de Gaza, que también es una forma de limpieza étnica, porque si creas el gueto de Gaza, no tienes que incluir a esos dos millones de palestinos dentro del balance demográfico de árabes y judíos, porque estos palestinos no tienen voz ni voto en el futuro de la Palestina histórica.
 
  
Este es el único pilar histórico necesario para responder cuando alguien nos diga que si ondeamos la bandera palestina estamos apoyando el terrorismo o emplee ese vil lenguaje que la gente utiliza ahora contra los palestinos. Si la gente compara lo que ocurrió el 7 de octubre por la mañana con el Holocausto –y con ello tergiversan totalmente el Holocausto, su memoria–, o no lo entienden o no saben lo que hacen. Pero incluso si insisten y tratan de dar lecciones de moralidad, es muy importante situar este acontecimiento concreto en la historia más amplia de la Palestina moderna, y en la historia particular del asedio inhumano de dos millones de personas en Gaza que comenzó en 2007 –probablemente el más largo que jamás haya sufrido un número tan grande de personas en lo que respecta a alimentos, agua, libertad de movimiento y otras necesidades básicas de la vida–, y que, en 2020, llevó al considerar Naciones Unidas que "vida en la Franja de Gaza es ya insostenible para seres humanos". Hace ya 3 años pensaban que ya habíamos cruzado la línea roja en Gaza, así que no se sorprendan cuando la gente se desborde: hay indignación, hay venganza, hay violencia, por supuesto que la hay.
 
  
Esto mismo ocurrió con las rebeliones de los esclavos, de los indígenas americanos, de los pueblos colonizados desde la India hasta el norte de África. La lucha anticolonial, como he dicho antes, no es cosa de cuáqueros y pacifistas. Puede ser muy violenta o muy pacífica, y en gran parte depende de hasta qué punto el colonizador, el limpiador étnico, esté dispuesto a asumir cierto hecho de que no desaparecerán las personas que colonizaron u oprimieron ni tampoco abandonarán su lucha. Cuanto antes lo entiendan, más probabilidades habrá de que se produzca una transformación mucho más pacífica de una realidad colonialista a una realidad poscolonialista. Si se niegan a entenderlo, les golpeará en la cara una y otra vez, y el 7 de octubre no será el último momento de dicha circunstancia.

Sin embargo, también hay otro pilar histórico sobre el que me gustaría poner el foco. Es muy importante porque en todo el discurso que acompañó la cobertura de los medios de comunicación y de los políticos de este país, y de Occidente en general, era muy fácil ver cómo se tiende a generalizar sobre los palestinos. Lo hemos oído antes sobre los musulmanes en general después del 11-S, contra cualquier pueblo que se atreviera a desafiar a los imperios durante el período colonialista. No hay nada nuevo en ello, pero es importante recordar a la gente que el sionismo fue un desastre que destruyó una Palestina que habría sido diferente sin el sionismo. Para la gente hay algo muy importante, recordar cómo era Palestina antes de 1948: un lugar donde musulmanes, cristianos y judíos coexistían, cuando la coexistencia no era una idea imaginaria de vive y deja vivir, sino que era una forma genuina de convivir. 
  
  
No hay que idealizarla, por supuesto que tuvo su tensión y sus momentos de crisis, pero era un mosaico de vida que, en particular en Palestina, permitía a la gente disfrutar también de lo que la tierra ofrecía, algo que hoy no existe, como por ejemplo, abundancia de agua. Únicamente las personas que recuerdan la Palestina anterior a 1948 saben que cada pueblo palestino tenía un arroyo de agua dulce. Esa fábula sionista que acaba de repetir la presidenta de la Comisión Europea al afirmar que el sionismo hizo florecer el desierto, es una tremenda invención. En muchos lugares, el sionismo convirtió un país floreciente en desierto. Y hay que recordarlo, pero sólo se puede hacer si, con la ayuda de historiadores, se reconstruye la Palestina anterior a 1948 en lo que respecta tanto a las relaciones humanas como a la ecología; la conexión que había entre los palestinos y las hierbas, por ejemplo, en la naturaleza que el sionismo destruyó y que formaba parte de la calidad de vida que tenían los palestinos. O, como dijo el difunto Emil Habibi: “Cuando vivía en la calle Abbas de Haifa, antes de 1948, no sabía quién era cristiano o musulmán en mi calle”. Y creo que no es una mera cuestión nostálgica; si se quiere, se trata de una historia alternativa, en el sentido de que existía la posibilidad de una Palestina diferente.
 
 
Y en esa historia hay que incluir también el hecho de que el movimiento nacional anticolonialista palestino, desde el momento en que el sionismo puso un pie en la Palestina histórica, fue fiel a dos principios –y esto está tan bien documentado que no hay que esforzarse mucho para encontrarlo–, que comunicaron a los americanos porque fueron estos los que llevaron estos principios al mundo árabe a través del presidente Woodrow Wilson, especialmente al Mediterráneo oriental en 1919, y después fue Naciones Unidas la que, de algún modo, insistió sobre estos principios. Uno de los principios era el derecho de autodeterminación de los pueblos. Dijeron los palestinos que se merecían el derecho de autodeterminación también, como los iraquíes, los libaneses, los egipcios. El otro principio era la democracia. Si nos apartan del dominio otomano, bajo el que estuvimos 400 años, y quieren que decidamos nuestro futuro post-otomano cabe preguntarse cuál será la naturaleza de nuestro régimen, de nuestro Estado, de nuestra existencia política, razonaron. 
 
Queremos decidir democráticamente, por voto de la mayoría, si queremos formar parte de la Gran Siria, ser una Palestina árabe independiente o formar parte de una república panárabe federada. En cualquier caso, depende de nosotros. Y todas las delegaciones estadounidenses que fueron a Palestina desde 1918 hasta 1948 respondieron a los palestinos que, aunque los principios de democracia y autodeterminación eran apreciados por el mundo occidental y los consideraban los pilares sobre los que construir el nuevo mundo árabe post-otomano, no podían aplicarse a Palestina. El Imperio británico había prometido que Palestina se convertiría en un Estado judío, y como los judíos son una minoría tan pequeña, el principio de autodeterminación no podía aplicarse a los palestinos. Y, por supuesto, el principio de elección mayoritaria o democrática estaba descartado para ellos. Esto también es importante en el contexto de nuestro viaje histórico al pasado, para contextualizar el tipo de opresión, el tipo de historia o genealogía del racismo que fue respaldado y apoyado por Occidente en el caso de Palestina.
 
  
Ahora bien, este otro pilar no sólo es importante para recordarnos lo que hizo el sionismo o lo que podría haber sido Palestina. Es la base sobre la que construiremos una Palestina posliberada, poscolonial, son los cimientos. Y hay que pensar en los elementos de este pasado y en cómo se relacionan con una realidad diferente de la que tuvimos, y no hay que dejar que el actual ataque a la Franja de Gaza, las políticas genocidas de Israel, impidan seguir pensando en la liberación de Palestina y en cómo sería la Palestina liberada. Y hay que hablar con los palestinos que no sólo piensan en el movimiento táctico de mañana, sino que visualizan una Palestina liberada. Eso es lo que hice en el libro que escribí con Ramzy Baroud: hablamos con cuarenta intelectuales palestinos y les preguntamos cómo visualizaban una Palestina liberada. Y su visión de la liberación no sólo incluye cómo luchar por ella, sino lo que traerá consigo, que es todo lo que tenían en Palestina antes de 1948: una sociedad que no discrimina por motivos de religión, secta o identidad cultural, una sociedad que respeta la democracia y el principio de vive y deja vivir. Y lo que es más importante, tal vez más que cualquier otra cosa, una sociedad que devuelva Palestina al mundo árabe, al mundo musulmán, que le permita volver, de forma natural, al lugar del que fue extraída por la fuerza.
   
   
Ahora bien, formar parte del mundo árabe no es un escenario fácil para mucha gente, y con razón. Pero es imposible ser parte de la solución, o de escenarios más positivos para el mundo árabe, si no se forma parte de los problemas del mundo árabe. No se puede debatir sobre los derechos humanos en Irán o los derechos civiles en Egipto sin incluir los derechos humanos y civiles de los palestinos. Estos debates no tienen sentido porque siempre se llega a la excepcionalidad de los palestinos faltos de derechos, y a una posición de inferioridad si, desde fuera, se pretende ayudar al mundo árabe a tratar estas cuestiones de derechos humanos y civiles. Y únicamente cuando la Palestina del futuro forme parte del mundo árabe, será parte de sus problemas, pero también será parte de su solución.

Terminaré diciendo, sólo para insistir en el punto principal que realmente quiero plantear hoy, que siempre hay un espejismo dentro del drama, y no se puede subestimar el drama que estamos viendo. Desgraciadamente, creo que sólo es el principio: Israel va a imponer una catástrofe humana no sólo en la Franja de Gaza, sino lamentablemente también en Cisjordania, porque van a utilizar lo que está ocurriendo como pretexto para cambiar también las políticas en Cisjordania. Por supuesto, lo más urgente es intentar pararlo desde Occidente con todos los medios a nuestro alcance, presionar para que haya una intervención internacional y ponga fin al cómo estas políticas genocidas extiéndense a Cisjordania -mucho me temo...- también. Sin embargo, también tenemos que elaborar estrategias para el futuro, porque las cuestiones básicas seguirán ahí después de que este momento concreto termine de un modo u otro. 
 
   
Y, en mi opinión, este tipo de debate es el que garantiza que no perdamos nuestra brújula moral. No nos disuade el modo en que la gente intenta decirnos, sin duda después de lo que ocurrió el 7 de octubre, que no podemos mantener nuestras antiguas posturas sobre moralidad. Y debemos recordarles que nadie cuestiona el derecho de Argelia, Kenia e India a liberarse del colonialismo a pesar de los incidentes que hubo en la lucha por la liberación, de cualquier nivel de violencia que hubiera allí o de cualquiera que fuera el modo en que se produjera el enfrentamiento entre las fuerzas anticolonialistas y las fuerzas colonialistas, nunca cuestionamos el derecho básico a la liberación y la independencia, y tampoco deberíamos hacerlo en el caso de Palestina: si queremos una Palestina en paz, hay que hablar, ante todo, de una Palestina libre. Gracias.
 
(Exposición de Ilan Pappé, director para Universidad británica de Exeter del Centro Europeo de 'Estudios sobre Palestina', en la Universidad de Berkeley, 19/10/2023: facilitada -con traducción de Paloma Farré- por blog personal de Rafael Poch Feliú
 
 

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lunes, 13 de noviembre de 2023

¡Si un traidor puede más que unos cuantos que dichos tantos otros no se lo olviden fácilmente!

     
 
Que conste:
  
 
sólo les pido a los míos que lo injusto no me sea indiferente... Y si algunos traidores pudieren más que otros cuantos, que dichos tantos nunca se olviden fácilmente...!"