Durante medio milenio cierto pensamiento progresista muy consolidado sostuvo ya propuestas del "Derecho", Público, "Natural de las Gentes"... orientadas a considerar todo ser humano sujeto al Igualitarismo Internacional, Universalista o Ecuménico y consecuentemente Anti-discriminatorio sobre cualesquier salvedades de tradiciones ancestrales por fueros exclusivos o privilegios diferenciadores particularizantes...
Hundía sus raíces desde algunos otros precedentes del Cosmopolitismo de cínicos o estoicos [como el singular Diógenes de Sinope] que fundaban su consideración humana común e indistintamente, por ser 'ciudadanos del Mundo entero' y no tan sólo en patriotismo de ninguna comunidad política local diferenciable dondequiera sea.
Sin embargo, durante los actuales últimos tiempos de nuestra posmodernidad "el Mercado..." (así mayormente referido, en singular, para ser todopoderoso; ya que "¡la unión hace más fuerzas...!") ha logrado difundir un "¡Divide y vencerás!" global.
Se nos venden 'únicas' nuevas modas del que cada cuales procuren manifestar sus "orgullos de las diferencias que distinguen identidades" [propias], por contraposiciones a todo lo de cualesquier otros...
Y así veremos cómo son echadas por ciertos desaguaderos de "corrección" socio-política en su mayor parte, ¡¡ay!!, aquellas mejores intenciones posibles nacidas entre nuestras gentes cada vez respecto a múltiples dimensiones...
Es lo que resulta cuando se sigue la que Aristóteles ya definió como "poco fiable vía del logos [fundamentada en alguna lógica pura, tan sólo]", operando con entes conceptualizables ideales tal que son unas "identidades" (de nichos estancos, por características o/y circunstancias territoriales u otras), y no mediante ninguna "vía -más comprobable- de la physis" [es decir, sobre la naturaleza dada para cualquier ser viviente].
Por poner solo un ejemplo, sacado desde nuestro presente, véase a continuación:
"Hace 500 años, un grupo de juristas-teólogos y filósofos se preguntaron por el fundamento y la legalidad para la Conquista y presencia españolas en América. Se toma como referencia de aquella 'Escuela' de Salamanca la llegada de Francisco de Vitoria en 1526 a su universidad. En este año 2026, pese al esfuerzo de las Universidades de Salamanca y Valladolid, el Gobierno se ha negado a sumarse a la celebración por este V Centenario –de la [también conocida como] Escuela 'Española del Derecho Internacional– con alguna comisión o sociedad nacional, como se hace en tantas ocasiones (ya hubo antes 'IV centenario' en 1926). Sería probablemente porque hay ahora una asociación de jueces (adjetivada 'conservadora') y una universidad privada con ese nombre; fruto del analfabetismo funcional y sectarismo. La 'Escuela de Salamanca' tuvo como su denominador común el compartir un espíritu crítico y renovador.
Francisco de Vitoria, nacido en 1483 y fallecido en Salamanca en 1546 (por cierto, coincidió en las dos fechas con Martín Lutero), tras sus estudios en Burgos fue a París, donde se doctoró y ejerció de profesor con gran fama. Vitoria se empapó de la doctrina de Erasmo de Róterdam, por ejemplo, en su condena general a todas las guerras, incluidas las guerras de religión contra 'el turco' y los protestantes. Vitoria no fue un incondicional erasmista, pero lo defendió cuando sus libros fueron perseguidos en España. Erasmo supo de su fama y escribió a Vitoria: «Sé cuánto estás dotado de una doctrina y equidad singulares»... Vitoria era un intelectual abierto y tolerante.
Cuando regresó de París estuvo tres años en Valladolid, sede de la Chancillería, por la que pasaban los asuntos de América y sede del convento de San Gregorio, al que llegaban los dominicos de América. Entre otros, valientes como Antón de Montesinos, quien denunció en 1511 en el famoso discurso de Navidad la brutalidad de muchos encomenderos: «Todos estáis en pecado mortal (…) por la crueldad y tiranía que usáis con estas inocentes gentes». Esa denuncia impactó tanto que un cruel encomendero 'arrepentido', Bartolomé de las Casas, abandonó las tierras encomendadas y se sumó a la defensa de los indios: gente comprometida.
Vitoria conoció por esos frailes las tropelías de algunos en América. Cuando llega a Salamanca en 1526 deslumbró con sus 'relecciones' o exposiciones públicas sobre temas de actualidad, aplicándoles la teoría científica, sin eslóganes reduccionistas. Y fue muy lejos, pues negó los títulos del Emperador para una conquista de América... Rechazó la autoridad y la donación papal sobre tierras, siendo pionero en desacralizar el poder temporal de los reyes, acercándose al poder estatal moderno secularizado.
Carlos V ordenó al prior de los dominicos de Salamanca en 1539 que no le permitiera disputar sus títulos ni los del Papa. Nadie hizo cumplir la requisitoria imperial; en la obra menos jurídica de Vitoria –las 'Relecciones teológicas'– se percibían sus críticas contra los abusos del pontificado, y estuvo cerca de una condena papal. Vitoria, que puso en jaque a todo poderoso, creía en el progreso del pensamiento.
Vitoria impugnó la doctrina de Aristóteles sobre la división de los hombres entre 'libres o esclavos'... Mucho antes de la Ilustración y cuatro siglos antes de la Declaración Universal de Derecho Humanos de 1948, proclamó 'dignidad innata e igual de todo ser humano' (no solo del varón, europeo y blanquito). Argumentó por qué los indios eran señores de sus territorios y dueños de sus bienes (en su más brillante obra, la 'Relectio de Indis'). Vitoria rechazó que por ser infieles y en supuesto estado de pecado se les privara de sus bienes, pues el pecado a los cristianos no les privaba de ello. Negó que los indios fueran 'a-mentes', pues estaban bien organizados y tenían ciudades magníficas, lo que requiere un uso de razón.
Y afirmó que las relaciones entre españoles e indios estaban sujetas al derecho internacional o ley de todo el orbe, transformado el viejo derecho de gentes de los romanos en el moderno derecho entre naciones todas iguales. Defendió los derechos humanos (él dice «derechos de todos») que deben ser protegidos por la autoridad del derecho internacional y llega a ellos como límites del poder, tal como se protegen por los jueces hoy. El principio democrático está embrionario en su obra 'De potestate civile', al afirmar una competencia de todo ser humano para gobernarse a sí mismo y de la propia comunidad para determinar la forma de gobierno. También preconiza la noción moderna del Estado de derecho al afirmar que «todas las leyes civiles obligan a [sus] legisladores y principalmente a los reyes». Increíble lo que hace cinco siglos decía el fundador de un moderno 'derecho internacional' que algunos quieren olvidar al tiempo del invocarlo en el vacío.
Por ello, Vitoria fue rescatado por el movimiento libertador en América, en los catorce puntos del presidente Wilson en 1918 y para crear la Sociedad de las Naciones. Los movimientos sin fronteras se nutren de su 'ius communicationis' o derecho de ir a otras tierras: derecho a emigrar, hacer turismo, derecho a la información, libertades de comercio, comercio justo («sin perjuicio de su patria»), derecho a cooperar...
Vitoria negaba que fuera causa de guerra 'justa' la ampliación de territorios (lo que se incluyó, por fin, en la Carta de la ONU en 1946). Defendió la libertad de religiones y el derecho del pueblo al rebelarse contra tiranos, luego reconocido por la Revolución Francesa y la Declaración Universal de 1948. Fue precursor de la objeción de conciencia frente a la guerra. Exigió el principio de proporcionalidad en la guerra y la reconciliación tras su final. Fue el primero en defender el castigo a los que inician las guerras, un crimen de agresión reconocido desde los tribunales de Núremberg y Tokio en 1945.
Hace años, el Gobierno de Felipe González celebró el V Centenario del nacimiento de Vitoria y emitió unos bellos sellos; ¡ahora ni sello! Ya no estamos en la España plural, sino en la de un odio a la cultura y a la historia comunes. El pensamiento y la obra de Vitoria se adelantaron cinco siglos y merecieron celebración nacional. En un tiempo en el que dos grandes potencias, Rusia y Estados Unidos, y otros países, violan o/y niegan el Derecho Internacional amenazando a la Humanidad, deberíamos haber defendido estos recuerdos de Francisco de Vitoria todos los españoles junto al Gobierno y con nuestras Universidades."

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