viernes, 29 de mayo de 2026

Esta presente 'Crisis del petróleo' pondrá fin al [des]Orden Global armado por las 3 anteriores

 
 
# Tras meses de guerra, EE.UU ha luchado enormemente sin conseguir aún obligar al que cese Irán obstáculo del paso seguro por el estrecho de Ormuz, y mucho menos para que acepte las 'exigencias fundamentales' desde Washington: el abandono de su programa nuclear, un desmantelamiento de sus fuerzas con misiles y la cancelación para sus redes regionales de alianzas. El ejército iraní está gravemente debilitado y su régimen desestabilizado, pero a día de hoy sigue impidiendo que la mayoría de los países transporten ya ningún petróleo, gas, fertilizantes ni helio a través del estrecho. La economía mundial está en riesgos, la popularidad de Trump en EE.UU sigue disminuyendo, Rusia se beneficia y la preparación militar estadounidense, especialmente en el Indo-Pacífico, se resiente...

Llegar a un acuerdo significa que los EE.UU. deberán encontrar alguna posición realista que no amenace la supervivencia del régimen iraní; su alternativa tan solo sería más estancamiento prolongado y perjudicial: si resulta imposible negociar los temas principales, lo más factible sería negociar el restablecimiento de la libertad de navegación precedente a la guerra a través del estrecho y la suspensión de una mayor escalada militar. Esta parece ser la dirección que anda tomando su Administración; y luego podría intentar presentar daños causados ​​a las infraestructuras militar o nuclear de Irán como una 'victoria' para los intereses estadounidenses. En realidad, por supuesto, no sería éxito ninguno pero sí pararía la erosión del poder estadounidense que ha provocado esta Guerra... 

El dilema de Trump en Irán es consecuencia previsible por su idea errónea del que algún poder económico y militar abrumador puede sustituir la voluntad de llegar a un acuerdo. Eso ha provocado ya repetidamente decepciones estratégicas en las grandes potencias durante la era posterior a su "Guerra Fría" —desde Irak hasta Ucrania—, demostrando una vez más que el poder militar nunca sustituye a la verdadera diplomacia.
   
  
La seguridad futura del Golfo Pérsico depende ahora del llegarse a un acuerdo con el régimen de Teherán. A pesar de lo afirmado por Trump del que "tenemos todas las de ganar", su realidad es casi la opuesta. Es él mismo quien está cada vez más motivado para cerrar un acuerdo y frenar el creciente impacto negativo sobre la economía estadounidense —y caídas en picado por índices de aprobación— entre su electorado. En consecuencia, es probable que Irán intente dilatar la negociación y obtener mayores concesiones de Trump, sabiendo cómo el tiempo correría en su contra.

Esas cesiones podrán implicar levantarse onerosas sanciones de "máxima presión" que Trump les impuso durante su primer mandato, y restableció al comienzo del siguiente, o reparaciones por destrucción causada en la campaña de bombardeos estadounidenses e israelíes. Si bien un punto clave de controversia serán las reservas de uranio enriquecido que aún existen, cualquier acuerdo final casi con certeza dejará como un decisivo guardián 'de facto' del Golfo Pérsico al... Irán; o, y dicho de otro modo, en posición aún más fuerte a la predecesora del que Trump iniciara su guerra.
 
 Así es actualmente la retención de buques bloqueados en el estrecho de Ormuz.
  
" La versión tradicional del orden económico internacional posterior a la Segunda Guerra Mundial no es errónea, pero sí incompleta. Los relatos convencionales afirman que la alianza entre Europa Occidental y los Estados Unidos se consolidó inmediatamente después de la Segunda Guerra Mundial, como resultado del orden de Bretton Woods, que vinculó las monedas mundiales al dólar estadounidense y estabilizó la gobernanza económica global a través del Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial. Explican que esta alianza se fortaleció aún más con la conclusión del Plan Marshall al inicio de la Guerra Fría y, en 1957, con la fundación de la Comunidad Económica Europea. 

En realidad, fueron las 3 grandes Crisis petroleras de la posguerra —en 1956, 1973 y 1978/79— las que contribuyeron a consolidar la alianza entre Europa Occidental y Estados Unidos, sentando bases para el 'Orden político y económico' actual. También explican su fragilidad. Dichas 3 Crisis... formaron parte de un esfuerzo más amplio de los estados poscoloniales por utilizar el petróleo como arma para fortalecer su soberanía económica, además de su independencia política. Las tres estuvieron vinculadas a un desafío al orden de Bretton Woods por parte de una emergente mayoría global de estados en proceso de descolonización, que se opuso a la influencia occidental sobre las políticas económicas internas de Asia, África y América Latina.

La presente Crisis Energética cierra el círculo de las anteriores al desmantelar el orden que estas contribuyeron a crear. Esta 4ª Crisis del petróleo marca un capítulo crucial en el debilitamiento del poder geopolítico y económico de Estados Unidos en el escenario mundial. Además, ya se ha fracturado la alianza entre los EE.UU. y Europa Occidental, que bien podemos prever cómo no será nada fácil de reconstituirse otra vez más adelante.
   


# El 1956 surgió la Crisis petrolera, cuando Egipto nacionalizó el Canal de Suez en nombre de la soberanía sobre sus recursos. Gran Bretaña, Francia e Israel respondieron militarmente, esperando una victoria rápida. Pero cuando las tropas de Gamal Abdel Nasser llenaron decenas de barcos con rocas, bloqueando todo paso, interrumpieron suministro a Europa de petróleo del Golfo Pérsico; y aquello que se había llegado a plantear como una represalia para demostración de poderío imperial terminó en humillación: Gran Bretaña y Francia se retiraron, mientras que los EE.UU. se negaron a intervenir apoyando a sus aliados. Para muchos observadores, Gran Bretaña y Francia parecían imperios al borde de la extinción.

Para Europa Occidental, Suez fue una advertencia y un presagio de lo que aún estaba por venir. En el Caribe y África, estados recién independizados rechazaban los lazos coloniales, reclamaban la soberanía sobre sus recursos y exploraban formas alternativas de cooperación económica regional, desde la Federación de las Indias Occidentales hasta la Unión de los Estados Africanos.

Este contexto es fundamental para comprender la integración europea. El Tratado de Roma de 1957 se suele interpretar como un responderse al fascismo, pero también lo fue a las amenazas de un incipiente orden económico mundial antiimperialista. El 20 de febrero de 1957, los 6 Estados fundadores del Tratado de Roma acordaron asociar más de una docena de territorios de ultramar en virtud de la Parte IV del tratado, aun cuando a los Estados «asociados» se les negó el derecho a voto. Esto creó un sistema de comercio preferencial que vinculaba Europa con sus antiguas colonias, al tiempo que limitaba las posibilidades de soberanía sobre los recursos de países no occidentales y restringía las formas de federalismo económico que buscaban eludir a los países occidentales.
 

  
 # EE.UU. apoyó la integración europea, pero solo se alineó plenamente con ella en la configuración de su Gobernanza económica mundial tras de la 2ª Crisis del petróleo en 1973. Ese año, Egipto y Siria lanzaron ataques coordinados para recuperar la península del Sinaí [egipcia] y los Altos del Golán [sirios] que ocupaba Israel... Cuando llegaron cargamentos de armas procedentes de potencias occidentales para abastecer a Israel, estados productores de petróleo actuaron con decisión. La OPEP aumentó drásticamente sus precios, mientras que la OAPEC impuso recortes a la exportación y un embargo contra partidarios occidentales de Israel. Estas acciones se presentaron como una forma de cambiar lo que el primer ministro jamaicano, Michael Manley, denominó «las ecuaciones fundamentales del poder económico». Al igual que el caso de Suez, formaban parte de un llamamiento más amplio a favor de la soberanía antiimperialista sobre los recursos. Y en Venezuela, entonces inmersa con el nacionalizar sus propias reservas de crudo, acabó denominándose lo que se pretendía gestar por tanto América Latina como el Oriente Medio «una revolución del petróleo»...

En toda Europa Occidental y Norteamérica estos acontecimientos se conocieron, sin embargo, como «la Crisis del petróleo». Los precios del crudo se dispararon, perturbando economías que se habían vuelto altamente dependientes de una energía barata. Para 1970, el petróleo había reemplazado al carbón como principal fuente de la energía en dicho espacio del Occidente más próspero.

La crisis no se limitaba al costo de vida: era una cuestión de identidad. Tras décadas de fácil acceso al petróleo y un consumo creciente, resultaba indignante para muchos observadores occidentales que una coalición heterogénea de estados de Oriente Medio y América Latina pudiera paralizar repentinamente la vida. Las tensiones se agravaron con otras tendencias desestabilizadoras. En 1971, Estados Unidos había comenzado a desmantelar el sistema de Bretton Woods al poner fin a la convertibilidad del dólar estadounidense en oro, lo que provocó tipos de cambio flotantes y volatilidad financiera. El declive industrial se aceleró en Europa y Norteamérica; el desempleo y el estancamiento económico aumentaron. Le siguió una crisis bancaria. Europa Occidental entró en recesión oficialmente.
 
  
En medio de tal inestabilidad, el futuro del orden mundial era incierto. En 1974 una coalición entre los Estados no occidentales formada en la Conferencia de la ONU sobre Comercio y Desarrollo, "el Grupo de los 77", proclamó un «Nuevo orden económico internacional»: abogaban por la soberanía sobre sus recursos, el comercio justo y una mayor autonomía para los países en desarrollo. La 2ª Crisis del petróleo reforzaba su poder.

En respuesta, los países occidentales intensificaron su coordinación. Se crearon nuevas instituciones, como el 'Grupo de los 6' (ó, posteriormente, G-7) y la Agencia Internacional de Energía, para gestionar la política económica y la seguridad energética fuera del marco de la ONU. Al mismo tiempo, Europa y Estados Unidos otorgaron un poder sin precedentes a instituciones financieras occidentales, como el FMI y el Banco Mundial. Pronto, los miles de millones de petrodólares generados por los productores de petróleo y depositados en bancos occidentales fueron reciclados por las potencias occidentales como capital inicial para los países en desarrollo, con ciertas condiciones.
 


Así nació el “ajuste estructural”. Impuesto por el FMI y el Banco Mundial a los países no occidentales importadores de petróleo a partir de 1976, el ajuste estructural permitiría a las antiguas potencias coloniales influir en las decisiones políticas internas de los países anteriormente colonizados, al tiempo que vinculaba al mundo descolonizado con las antiguas potencias coloniales mediante relaciones de deuda.

Según los términos de los préstamos de ajuste estructural, los países se vieron obligados a implementar la devaluación de la moneda, la austeridad fiscal, la contención salarial y la reducción de la intervención estatal en la economía. La soberanía sobre los recursos y la diversificación económica quedaron fuertemente desincentivadas. Además, se presionó a los países no occidentales para que liberalizaran el comercio y se les castigó si intentaban establecer relaciones preferenciales con socios comerciales no occidentales. Y mientras los países occidentales ocupaban los puestos más altos en el FMI y el Banco Mundial, los países africanos, asiáticos y latino-americanos tenían poca influencia. Al igual que sucedió con la Comunidad Económica Europea, volvieron a estar atrapados en relaciones económicas coloniales y excluidos de los espacios de toma de decisiones.
  

 # La Crisis petrolera, desencadenada por la Revolución iraní (1979), intensificó esta dinámica. Prometiendo luchar contra el imperialismo y otorgar soberanía duradera a Irán, los revolucionarios iraníes se habían comprometido al rectificar el golpe de Estado estadounidense-británico de 1953 que derrocó al primer ministro Mohammad Mossadegh y paralizó su proceso de nacionalización {inspirado por lo que, al crear la empresa estatal PEMEX, había hecho el general mejicano Lázaro Cárdenas -¡en Norteamérica, 15 años antes...!- ya} del petróleo en Irán. Forjaron nuevas alianzas regionales e incorporaron el antiimperialismo en los libros de texto escolares y en las calles: la bulliciosa capital, Teherán, por ejemplo, se convirtió en sede de las calles Patrice Lumumba, Gandhi, Bobby Sands y Nelson Mandela, en un guiño a los orígenes y ambiciones antiimperialistas de la República Islámica. Dicha 3ª Crisis apareció cuando los precios mundiales del petróleo se duplicaron.
   
  
Como ya había ocurrido en aquellas 2 primeras Crisis del petróleo, las potencias occidentales respondieron con rapidez. En noviembre de 1979 EE.UU. impuso sanciones económicas al Irán por re-nacionalizar su crudo, junto con restricciones comerciales, y congeló unos 8 millones de dólares en activos iraníes. Pocos años después, los países de Europa Occidental se sumaron a la causa, presentando a Irán como la principal fuerza desestabilizadora de la región e incrementando la venta de armas y los flujos financieros hacia Irak en medio de su devastadora guerra contra el vecino Irán (1980-1988).

Paralelamente, el ajuste estructural se convirtió en un rasgo distintivo de la gobernanza económica mundial. Las zonas económicas especiales se vincularon estrechamente con los programas de ajuste estructural, al igual que las exenciones fiscales neoliberales para producir orientado a exportación, lo que desencadenó una competencia a la baja en materia de salarios y estándares ambientales. 

En la década del 1980, los países de Europa Occidental y Estados Unidos internalizaron la lógica neoliberal, reduciendo el Estado de bienestar y adoptando la desregulación. La devastadora crisis de la deuda del Tercer Mundo apenas logró frenar este proceso. El neoliberalismo, inicialmente forjado en respuesta a las primeras 3 Crisis del petróleo, se había globalizado, a medida que los EE.UU. y Europa Occidental confirmaban su liderazgo en el orden económico mundial.
  
 
 # Nos encontramos inmersos en otra Crisis petrolera, centrada contra Irán, ahora... porque la República Islámica es un régimen autoritario, impopular y brutal... Aunque, sin embargo, su existencia estuvo ligada al activismo anti-imperialista y a un compromiso inquebrantable del otorgársele toda la soberanía sobre sus recursos naturales al pueblo iraní.

Tras el ataque conjunto israelí-estadounidense contra Irán el 28 de febrero, Irán cerró el estrecho de Ormuz, lo que ralentizó el flujo de petróleo y llevó a los Estados Unidos al imponer un 'bloqueo'... La interrupción de sus flujos energéticos y las cadenas de suministro pone de manifiesto, una vez más, la fragilidad del orden establecido.

Las consecuencias van más allá de la energía. Las cadenas de suministro se han visto interrumpidas, incluidos los flujos del helio, esencial para la producción de semiconductores. Todos los planes para el desarrollo de infraestructuras digitales e inteligencia artificial en países del Golfo Pérsico son ahora inciertos, ya que los inversores reevalúan los riesgos geopolíticos, mientras que los estados del Golfo luchan por suprimir cualquier cobertura de los importantes daños causados ​​por ataques iraníes. De hecho, funcionarios de Dubái amenazan con hasta 2 años de prisión a cualquiera que se atreviere al compartir una foto de los ataques con misiles iraníes.
  

 

Al mismo tiempo, el conflicto está reconfigurando las alianzas geopolíticas. A diferencia de crisis petroleras anteriores, que fortalecieron la unidad occidental, la situación actual la está fragmentando. Ha quedado claro que Estados Unidos e Israel no pueden proteger el Golfo de los ataques de Irán. En consecuencia, se están negociando acuerdos horizontales por doquier: Arabia Saudita y los Emiratos Árabes Unidos con Ucrania, Canadá con China, y las potencias europeas con países independientes de la región.

Estados Unidos afronta desafíos particulares: bajo la presidencia de Donald Trump, el país agotó a sus antiguos aliados, quienes buscan socios comerciales más fiables en otros lugares. En medio de la escalada arancelaria y la incertidumbre en las relaciones comerciales transatlánticas, la UE finalizó un acuerdo comercial largamente postergado con Brasil, Argentina, Paraguay y Uruguay, y concluyó un histórico acuerdo comercial con India. Los líderes de la UE también exploran una cooperación más estrecha con el Acuerdo Integral y Progresista de Asociación Transpacífico (CTP), un tratado comercial multilateral que ya no incluye a Estados Unidos.

Mientras tanto, la fascinación de Trump por las criptomonedas no sienta las bases para ningún orden económico mundial nuevo: los especialistas consideran que tales monedas tampoco son sino instrumentos altamente volátiles y especulativos, propensos al fraude (Si bien es cierto que la criptomoneda con el logo de Trump está generando grandes ganancias para el presidente y sus allegados, esto no es amiguismo, sino el inicio de un nuevo modelo económico global).

 

 

La antigua hegemonía del dólar se está debilitando. El FMI y el Banco Mundial han constatado una creciente incapacidad para amortiguar el daño económico derivado de las crisis geopolíticas. Los países diversifican sus reservas y aumentan su tenencia de oro a medida que  la participación del dólar estadounidense en las reservas mundiales de divisas sigue disminuyendo. 

La tendencia hacia la desdolarización ha sido una motivación explícita para los países del Sur Global —especialmente dentro del bloque BRICS+—, que buscan expandir el comercio bilateral en monedas locales y aumentar su dependencia de herramientas como el Sistema de Pagos Interbancarios Transfronterizos de China (CIPS). Desde el inicio de la guerra contra Irán a finales de febrero, el uso del CIPS ha experimentado un rápido aumento .

El mundo está transitando de un dominio unipolar del dólar a un orden monetario fragmentado y parcialmente multipolar. Hemos visto el creciente poder de Irán para negociar petroyuanes en lugar de petrodólares, con el objetivo de debilitar aún más la hegemonía estadounidense. (Desde su introducción en 2018, el petroyuan ha ganado terreno en Rusia, Irán y Venezuela, impulsado por el hecho de que China es el mayor importador de petróleo del mundo). India también ha comenzado a liquidar el comercio de petróleo en yuanes y dírhams emiratíes en lugar de dólares; incluso aliados de Washington en el Golfo, como Arabia Saudita, han comenzado a experimentar con ventas de petróleo en monedas distintas al dólar, particularmente a países asiáticos.
  

 

Paralelamente, la situación política y económica de Israel está cambiando. Israel se prepara para las repercusiones económicas de la guerra, ya que los esfuerzos por ampliar la cooperación con los estados del Golfo se han estancado. El "Proyecto Amanecer" y la iniciativa "Junta de Paz" de Trump y el primer ministro israelí Benjamin Netanyahu —que busca crear una zona económica especial de 112.000 millones de dólares en Gaza— han enfrentado importantes obstáculos para su implementación. Y como resultado del alto costo de la guerra para la población civil tanto en Irán como en Líbano (donde se lanzan bombas de 900 kilos sobre barrios civiles, desmintiendo las afirmaciones de "objetivos estratégicos"), ni Israel ni EE.UU están ganando aliados a largo plazo ni credibilidad en la región.

¿Se formará una nueva OPEP o G-77? Y, de ser así, ¿será el anticolonialismo su estandarte? Hasta ahora, todo parece indicar que China e Irán —y no Israel ni EE.UU.— son vencedores por esta guerra. China tiene mucho que ganar, ya que los países buscan alternativas a la dependencia del petróleo. Además, la influencia de China ha aumentado a medida que busca posicionarse como pacificador en la región.
 

 

Además, la vulnerabilidad de los estados del Golfo ante los ataques de Irán —y el hecho de que históricamente estos países hayan podido negociar acuerdos con Irán— podría conducir a un escenario de pesadilla para Israel y Estados Unidos, en el que Irán emergiera como una nueva potencia económica regional hegemónica que, junto con China y Rusia, garantizara la seguridad militar y de recursos de la región del Golfo.

Algunos analistas han afirmado que la cuestión de si la guerra contra Irán inaugura un nuevo orden político-económico depende de su duración. Esto no parece correcto. Si la guerra termina pronto, Irán será sin duda declarado vencedor y el mundo se reajustará en consecuencia. Pero incluso si el conflicto se prolonga con un costo enorme para la población civil, quedará claro para todos que Irán era una potencia estratégica militar y económica mucho más formidable de lo que Estados Unidos o Israel imaginaban. Además, China se beneficiará independientemente de lo que suceda: su poderío económico y su posición como "potencia global responsable" se han visto reforzados por el conflicto.

La 4ª Crisis del petróleo está fracturando el bloque occidental. Gran Bretaña, Alemania y Francia se han negado a participar en la guerra, y los líderes de la UE han insistido en la necesidad de una solución negociada en lugar de una victoria militar. Además, las crecientes crisis económicas y sociales desencadenadas por esta guerra han convencido aún más a los países europeos de la necesidad de estabilizar Oriente Medio mediante un realineamiento que excluya a Estados Unidos.
  

   

Aunque un presidente estadounidense menos imperialista llegara al poder, Washington habría debilitado permanentemente su papel como pilar institucional del orden mundial, socavando normas como la defensa mutua incondicional, fragmentando el G-7 y debilitando al Banco Mundial y al FMI. Además, a los líderes europeos no les preocupa solo un líder, sino también que futuras elecciones estadounidenses produzcan líderes similares. Y a medida que los estados europeos sigan forjando alianzas alternativas para eludir a Estados Unidos —tanto en materia de comercio como de defensa mutua—, será cada vez más difícil revertir la ruptura occidental. Incluso si Estados Unidos reafirma su compromiso con Europa en el futuro, estos acuerdos tienen su propia trayectoria y un impulso propio.


 # En resumen: el orden liderado por Occidente, consolidado por las 3 Crisis Energéticas del siglo XX, se está desmoronando con esta otra 4ª y primera del siglo XXI. Queda por ver si ello conducirá, o no, a un mundo más justo. Si tanto Irán cuanto China salen victoriosos, es razonable suponer que, al menos a corto plazo, el mundo presenciará la expansión de un mercantilismo autoritario dirigido por el Estado, caracterizado por la creación de nuevas algunas alianzas político-económicas fuertemente militarizadas que eluden a Estados Unidos.
 
  
También existe la posibilidad de que se constituya una plutocracia global posnacional, que dé lugar a formas de «tecno-feudalismo» o un capitalismo policéntrico. Pero incluso existe una posibilidad más remota: el surgimiento de un nuevo modelo democrático transnacional que priorice a los trabajadores sobre el capitalismo, las cadenas de suministro seguras sobre la producción de bajo coste y la sostenibilidad ambiental como eje central de la política económica.

La crisis energética desencadenada por la guerra contra Irán ha asestado el golpe de gracia al orden económico internacional liderado por Occidente, que se constituyó en respuesta tras de las 3 Crisis energéticas del siglo XX anterior. Y hoy algún orden político-económico global nuevo se vislumbraría en el horizonte..."
 
(Giuliana Chamedes, Wisconsin-Madison University, en 'Foreign Policy')
  

     
  
El eje Pakistán - Arabia Saudita medió Acuerdo de Irán y EEUU
La mediana potencia nuclear, Pakistán, dotada con 170 bombas nucleares equilibrando la terrorífica disuasión nuclear de la “Opción Sansón” por Israel, consigue un arreglo impensable [para crédulos de los mass media internacional-sionistas...] cuando su jefe del Estado mayor, el general Asim Munir (AM) progresa logrando asombrosamente un Memorándum de Acuerdo que traduce posicionamientos de los grandes jugadores regionales acoplados al axioma de la “estabilidad geoestratégica” tripolar.
Por la “naturaleza de las cosas”, como solían instruir los clásicos griegos, pudo (con)vencer a tirios y troyanos el posicionamiento de Pakistán: supremo asociado a China, íntimo aliado de Arabia Saudita, potente interlocutor de Trump y vecino amigo e indispensable de Irán; sin olvidar la conspicua visita del primer pakistaní Shahbaz Sharif –coincidentemente, a posteriori, con las dos de Trump y Putin- a Xi... 
¿Arregló China el contencioso iraní?
Será muy amigo el general AM de Trump, pero lo único que pudo éste obtener Trump en su viaje hasta Pekín, para resolver el bloqueo del Estrecho de Ormuz, fue la participación china para incitar a su aliado pakistaní a contribuir en la resolución del conflicto. El talento de la mediación desde Islamabad fue haber sabido medir la situación regional medioriental frente a cierta “estabilidad estratégica constructiva” pactada entre Trump y Xi (constando el tácito apoyo de Putin, ¡con quien el Presidente de China se ha encontrado 46 veces desde 2013!).
  

 

Entre otros varios rubros, en el Memorandum of Understanding que publica Al Mayadeen de Líbano, muy cercano a Hezbollah e Irán, se patentiza un descongelamiento sobre varios miles de millones de dólares entre los fondos bloqueados a Irán por el embargo directo y las sanciones de EEUU.
Ese doble levantamiento del bloqueo de Estados Unidos y apertura para el Estrecho de Ormuz exponen el paroxismo de la “fase financiera” de la guerra asimétrica. Mas allá del inevitable no-regreso a las bases de EEUU, severamente dañadas, como exponen rotativos estadunidenses y de la “vecindad inmediata” (sic) de Irán, se decanta cómo el enclave se ha vuelto un Golfo 'Pérsico al cuadrado'...
  

  

Mucho se debatirá si su entrega por Trump a Irán pueda ser equivalente de su relativa desnuclearización. Pero más importantes que detentar una bomba atómica son las “4 bombas nucleares metafóricas” de Irán: 1ª) el martirologio consustancial al chiísmo persa; 2ª) sus indetectables cuan pletóricos misiles hipersónicos; 3ª) la soberanía del estrecho de Ormuz compartida con Omán: una entre las 6 petromonarquías del CCG (Consejo de Cooperación del Golfo) que ya expuso la vulnerabilidad financiera del globalismo neoliberal con el eje resquebrajado de La City más Wall Street, y 4ª) la impactante educación científica de las universidades públicas del “país-Civilización” de Irán, uno de los líderes en los rankings del STEM (Ciencia, Tecnología, Ingeniería y Matemáticas) global.
Estos 4 puntos nodales fueron subestimados lastimosamente por el Mossad y Trump, quien se dejó empujar por el talmúdico genocida Netanyahu, que hoy no pudo ya obstaculizar un arreglo transformador para la faz del “Gran Medio Oriente”, como en su momento hace 110 años también lo hizo el acuerdo anglofrancés Sykes-Picot.
¿Existe un arreglo estadunidense-iraní-pakistaní-saudita, sin la obstrucción perniciosa de IsraelNo faltarán críticos y apologistas al esbozo de resolución del conflicto entre EEUU e Irán –cada quien con sus muy respetables argumentos-... Mas a nuestro juicio, Irán ha leído perfectamente el momento geoestratégico del planeta y actuó en consecuencia."  
(A. Jalife-Rahme: "Bajo la lupa" en el diario 'La Jornada' de México)

  


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