sábado, 23 de mayo de 2026

Hay que asumirlo: por ruido mediático-social pensar o debatir autónomo, realmente, acaba

  
  
Por desolador que pueda parecernos reconocer las cosas tal como se presentaron a la vista de tod@s, ningún consuelo verdadero mejor tendríamos cesando del querer afrontarlas con rigor desapasionado sin tapujos, ante cualquier subjetivo interés partidista o "fidelizable"

Pese a las [cada vez menos] excepciones, lo impuesto para tendencia única desde cierto Mercad[e]o hegemónico ahora sobre todas nuestras vidas van siendo "virales" voces clónicas -de supuesta "Información" dictada o/y aun decretada...- que se nos comunican cual "indudablemente correctas" mediante metástasis incontrolable de unas "aplicaciones", desarrolladas con inconfesos ánimos de lucros...
   
        
Inútil resultaría ya, pues, aquello clásico -recomendado- del "pararnos a distinguir las voces... de los ecos" [irreflexivos y por tanto menos auténticos aun cuando siempre muchísimo más consignables -muy fácil mente...- por quienes "campana oyen pero sin saber nunca bien" el cómo ni dónde]...

E inaplicables hoy también ya se creerían asimismo múltiples conceptos heredados de longeva tradición como suponerse al ser humano un "animal racional" con "inteligencia emocional sentiente" -o capaz del ejercitar "libre albedrío, consciente, personal"- para tomar sus decisiones "razonando mediante discernir lógico propio", es decir, "tanto responsab[ilizab]le... cuanto persuadible y educable" en la práctica dialógica social comunicativa...  
 
   
A estas alturas en definitiva "lo más vendido" como relevante se define por esos "nichos, redes o cadenas" donde cada cual admite "una sumisión voluntaria" de sus identidades hasta el extremo del "orgullo" colectivizable.  
     
Y estando así, ¿para -o/y por- qué seguir procurando pensar, como si fuera luego factible compartirlo intercambiando las opiniones con que pudiéremos llegar a unos mejores grados de convencimiento enriquecido tras del discutirse?
 
 
Quizás tan sólo nos quedase aquella pulsión antigua tan reiterada de quienes concluyeron sus argumentaciones contra vientos y mareas -o sea, "¡sin la esperanza, mas con el convencimiento!"- firmando indefectiblemente, por fin, al amparo del simple mantra "dixit et salvavit anima meam"...

O algo más prosaicamente: acaso seamos un tantico como El loco Mateo, insigne analfabeto gaditano del siglo XIX notorio por sus coplas flamencos, que se andaba en cantar "voy tirando piedras por la calle y a los que dé me perdonen, primo, que tengo la cabecita loca de tantas cavilaciones"... E igualmente [por si no hubiera quedado ya bien claro...]: "yo quisiera de momento volverme loco y no sentir pues el sentir causa penas, ¡tantas que no tienen fin!, y un loco vive sin ellas..."
 
  
Aunque la inmensa mayoría no suele problematizarse porque desea tener claro cómo "a lo loco, a loco, se vive mejor...". Esto es, las recetas infalibles que aplicar recomienda su 'gramática parda' coinciden unánimes con alguna misma dirección: "si discutes opiniones queda clara la mejor, sólo puede convencer lo que diga el director"; "si quieres vivir feliz como me dices, no analices nunca, no analices""en asunto de criterio no cabe la discusión, siempre lleva su razón quien está en el ministerio"...   

Mas no se suponga que todo esto exclusivamente corresponde a espíritus poco avisados. En su célebre 'Alicia a través del espejo', Lewis Carroll lo ha sintetizado a la perfección: "La cuestión -insistió Alicia- es si puede hacerse que las palabras signifiquen tantas cosas diferentes.—No; la cuestión -zanjó Humpty Dumpty- sólo es saber quién manda..., y eso es todo".
  

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