Ayer celebramos un singular homenaje poético en la otrora popularísima "Casa de Fieras" del madrileño Parque de Buen Retiro, que ahora ya nos funciona como Biblioteca municipal 'Eugenio Trías', feliz mente...
A continuación se recogen palabras del orador Félix Recio Palacios accesibles por otra parte -como las otras de su compañero ateneísta, y también para esta ocasión en el estrado, Antonio Chazarra- mediante páginas culturales que, digitalizadas, habían publicado sus 'Entreletras':
A continuación se recogen palabras del orador Félix Recio Palacios accesibles por otra parte -como las otras de su compañero ateneísta, y también para esta ocasión en el estrado, Antonio Chazarra- mediante páginas culturales que, digitalizadas, habían publicado sus 'Entreletras':
Pertenece a cierta estirpe
de poetas que descienden hasta las sombras, como forma de alcanzar
la luz, Valente. Al igual que Homero, Virgilio o Dante. En su segundo libro 'Poemas a Lázaro' o en el
poema 'Eneas, hijo de Anquises,
consulta a las sombras' del libro 'Interior con figuras’:
'Aquí está el límite / Ya nunca, / Oscuros por la sombra bajo la noche sola, / Podríamos volver / Pero no cedas, baja / Al antro donde / Se envuelve en sombras la verdad / Y bebe / De bruces, como animal herido, bebe su tiniebla / Al fin'.
'Aquí está el límite / Ya nunca, / Oscuros por la sombra bajo la noche sola, / Podríamos volver / Pero no cedas, baja / Al antro donde / Se envuelve en sombras la verdad / Y bebe / De bruces, como animal herido, bebe su tiniebla / Al fin'.
El título de este artículo pertenece a un verso del poema 'Limite', del libro 'El Inocente', o sea: 'Qué oscuro el borde de la luz / Donde ya nada / Reaparece'.
Poética del Límite, Borde, Umbral, Frontera, Cerco: cernir el
vacío como condición de la palabra poética. La luz, metáfora donde la palabra
se dirige, quedándose en el borde, sin cruzar el cerco.
María Zambrano, en su
libro 'Algunos lugares de la
poesía', dirá 'una
luz remota esclarece la poesía de José Ángel Valente... no haciendo sospechar
de inmediato que viene de una herida'; y también a propósito del
poeta: 'todo método depende de
la luz y si alguien la recibió solo un instante, aunque fuese para perderla, se
quedará ella ya indeleble'.
'La
luz remota' es ¿hacia dónde la palabra se dirige o desde dónde la
palabra parte? Pues en Valente, el origen y el final se intercambian 'Nací viscosamente pegado a los residuos
de mi vida' (ver ‘El
inocente’), momento del nacimiento o
imagen de un final, la biografía como biografía de restos.
Heidegger, en su artículo 'La cosa' del libro 'Ensayos y conferencias' pone como ejemplo de La Cosa, el vacío que crea el alfarero al crear el hueco de la jarra al modelar sus bordes.
El poema el 'Cántaro' de Valente está próximo a la temática del vacío de Heidegger, 'pues la matriz de la creación es la nada o, dicho de otro modo, la creación de la nada es el acto que precede a toda creación'. En este poema, Valente dice:
'... El cántaro que tiene la suprema / Realidad de la forma / Creado de la tierra / Para que pueda el ojo / Contemplar la frescura / El cántaro que existe conteniendo / Hueco de contener se quebraría / Inánime. Su forma / Existe solo así / Sonora y respirada / El hondo cántaro / De clara curvatura / Bella y servil / El cántaro y el canto':
No obstante, hay una diferencia entre Heidegger y Valente. Para Heidegger, la cosa es un mero vacío, un límite de la representación, el custodio del ser frente a lo ente. Para Valente, en cambio, es el lugar del canto.
El vacío más que
ontológico es material 'sonora', 'respirada', 'se quebraría'. Hará referencia,
al cuerpo, al dolor de existir, al barro y lo germinal de la proto-palabra. Así
en 'Fragmentos de un libro
futuro':
'Formó / De la
tierra y de la saliva un hueco, el único / Que pudo al cabo contener la luz /
Vacío / No tener / No sentir el calor de tu cuerpo'.
Valente, se dirige a lo real, lo real de la realidad, pues 'oscura es la naturaleza del canto'. El fondo está vinculado con 'lo oscuro': 'aguas', 'limos', 'sustancias viscosas', 'peces', 'branquias', 'serpientes'. Invasión de la superficie por las formas reptantes del fondo. Hay una resonancia entre el inconsciente real (el inconsciente real es la pulsión) y esta caracterización del fondo.
Homología, de Valente con La
Cosa, el Das Ding,
de Lacan 'centro vivo,
incandescente, que aspira' y el horror que se insinúa. En 'El fin de la edad de plata',
Valente, escribe: 'Nadaba en
aceite un pez enorme. Tenía un ojo solo, el otro, sumergido, abrasado,
chirriaba. Lo miraste. Era tiempo de huir'; y en 'Tres lecciones de tinieblas',
también, 'musgo, humedad,
arcillas, limo, fenómenos del fondo y no del sueño o de los sueños sino de los
barros oscuros donde las figuras de los sueños fermentan' el mundo
de lo informe.
En el poema 'El vino', del libro 'El dios del lugar', el dios aparece ligado a la muerte. La muerte como fondo de la vida 'Beber la ceniza hasta las heces' y frente a ese fondo la escritura es cercanía y distancia, de forma simultánea, respecto a La Cosa.
El borde, en un sentido topológico, no
discrimina un lado u otro de una superficie. Límite
que conjuga un exterior y un interior en continuidad. Lógica paradójica, donde
lo uno comunica con lo otro. La Banda de Moebius o el 'lo estimo' de Lacan.
La escritura en Valente, al igual que el inconsciente tiene una estructura de borde, pues no hay contradicción entre los términos, en la escritura de Valente un término se puede transformar en su opuesto. En el libro 'Nadie':
'Entrar ahora
en el poniente / Ser absorbido en luz / Con vocación de sombra'.
El primer libro de Valente, 'A modo de esperanza', se abre con los siguientes versos, del poema 'Serán ceniza':
'Cruzo un
desierto y su secreta / Desolación sin nombre'
En estos primeros versos de su primer libro se ha considerado que está el núcleo de su obra, siendo ésta un desarrollo de lo que aquí está ya poetizado: nombrar lo que no tiene nombre.
Heidegger dirá en 'El
habla del poema' en su libro 'Del
camino al habla'. 'El
lugar es el lugar de un decir poético, el decir de un poeta permanece en lo no
dicho. Ningún poema individual lo dice todo, cada poema habla desde la
totalidad del Poema único, que permanece por decir'.
Lugar del canto: la voz y el dolor. Dolor existencial con el quevediano 'serán ceniza' y la voz que surge de 'un desierto sin nombre'. Voz que surgirá también de la noche, en el libro 'No amanece el cantor'.
'La noche', 'el desierto', 'la luz', 'la sombra', formas de poetizar lo no dicho. Formas en que la voz declina lo indecible.
Valente recogerá la siguiente cita de Lezama Lima 'la luz es el primer animal visible de lo invisible'.
'En las palabras de la tribu' Valente, opondrá el lenguaje poético
al lenguaje referencial. La poesía como conocimiento a la poesía como
comunicación. Pues la poesía es una palabra insumisa en contra de los sentidos
instituidos o cristalizados.
Lo propio de la palabra poética no es la
significación, sino la significancia, una palabra no determinada por el
referente, sino indeterminada. 'El punto cero' de la poesía de Valente
es el lugar de la indeterminación del sentido.
José Miguel Ullán, en su artículo 'La luminosa opacidad de los signos', dirá 'El lenguaje poético: es destrucción, metamorfosis, generación, las oposiciones en Valente: luz/sombra, vida/ muerte, amor/odio, exilio/reino... se metamorfosean la una en la otra, destruyéndose mutuamente. Reversibilidad de la palabra, agujero, vacío de la palabra.'
El uso que hace Valente del fragmento, tanto en 'Treinta y siete fragmentos', como en 'Fragmentos para un libro futuro', tiene que ver con destituir el sentido, pues el fragmento hace corte, corta el sentido.
El punto cero del lenguaje es el lugar de la indeterminación de la palabra, lenguaje como germen, como posibilidad del sentido. Más allá del sentido, la palabra poética se ocupará (en ‘Tres lecciones de tinieblas’) del 'oscuro barro de los sueños inconscientes'.
La palabra poética dirigida hacia la materia, a lo que la antecede: voz,
ritmo, limo, germen, cuerpo, sexo. Erótica de la escritura y la palabra como una
'oscura luz del engendramiento'..
'Escribir es como la segregación de las resinas, no un acto, sino una lenta formación natural' (en ‘Mandorla’).
'Con las manos se forman las palabras / Con las manos y en su concavidad / Se forman corporales las palabras / Que no podíamos decir'.
'Con las manos se forman las palabras / Con las manos y en su concavidad / Se forman corporales las palabras / Que no podíamos decir'.
'Cima del canto / El ruiseñor y tú / Sois lo mismo'.
La poesía como conocimiento, es una poesía más allá del yo, hacia el pensamiento del afuera (Blanchot). No hay un uso instrumental del lenguaje, sino que el poeta sirve al lenguaje, la escritura poética es un desposeerse; de ahí su confluencia con la mística.
La poesía como conocimiento, es una poesía más allá del yo, hacia el pensamiento del afuera (Blanchot). No hay un uso instrumental del lenguaje, sino que el poeta sirve al lenguaje, la escritura poética es un desposeerse; de ahí su confluencia con la mística.
El yo desposeído, como otro, como un tú. El cantor frente al autor. Pájaro solitario, 'el silencio como resultado, donde la palabra al fin se encuentra'. Valente tiene en común con la modernidad la preocupación por el lenguaje y la búsqueda de una palabra poética insumisa, no colonizada. El poetizar como objeto poético, siendo 'la cortedad del decir' un dirigirse hacia los límites, hacia lo imposible de decir. Poesía 'retraída' entre la ante-palabra y el silencio
Los últimos libros de Valente se hacen más graves; a el tono elegíaco en 'El
fulgor' le siguen libros escritos desde la otra orilla, desde el mundo de
las sombras; lo traumático de la muerte del hijo y el avance de su enfermedad
dan lugar a una escritura melancolizada, hermosísima y de gran profundidad.
Textos que dan razón a 'Duelo y melancolía' de Freud; en donde, ante la
pérdida, el sujeto se pierde con lo perdido. Cenit del desposeimiento.
'Quedar / En lo que queda / Después del fuego / Residuo solo' y, también, 'Se llena a veces el mundo de tristeza / Los armarios de luna con la imagen de un niño / Navegan en la noche'.
José Ángel Valente tradujo a su admirado Paul Celan: escribió, éste, 'dice
verdad quien dice sombra'; y Valente, ya muy enfermo, sobre una hermosa
fotografía de Manuel Falces dejó escrito 'Para siempre la sombra'.





