domingo, 7 de mayo de 2023

Extracto [sobre un recorrido histórico] en "L' HOMME REVOLTÉ", por Albert Camus (4º)

 [continúa tras de la 3ª parte


III.3.- El terrorismo individual

No es de sorprender en cuánto Rusia, nación adolescente parida con fórceps apenas un siglo antes por aquel zar lo bastante ingenuo como para cortar él mismo cabezas a revoltosos, haya terminado llevando hasta extremos de sacrificio y destrucción que los profesores alemanes no habían sido capaces sino con su pensamiento la ideología germana. En aquel país joven sin tradición filosófica, un «proletariado de bachilleres» hermano de los estudiantes trágicos a lo Lautréamont, se apoderó del pensamiento alemán y encarnó con la sangre sus consecuenciasrelevándoles entonces en la tarea del gran movimiento por la emancipación del hombre, para darle su rostro más convulso.

Hasta finales del siglo XIX, no pasarían nunca de unos millares. Por sí solos, no obstante, frente al absolutismo más compacto de la época pretendieron liberar -contribuyendo, en efecto, a librar provisionalmente...- a cuarenta millones de mujics; y casi la totalidad lo pagaron con el suicidio, ejecución, penal o la locura. La historia entera del terrorismo ruso se puede resumir con las luchas por un puñado de intelectuales contra la tiranía, en presencia del pueblo silencioso: con su sacrificio y hasta en sus negaciones más extremadas dieron cuerpo a un valor o una virtud nueva que no ha terminado, ni siquiera hoy día, de afrontar las tiranías y ayudar a la verdadera liberación.

Rusia, era un terreno conquistado: la primera universidad rusa, fundada el año 1750 en Moscú, fue alemana; la lenta colonización del país, iniciada -con los educadores, burócratas y militares alemanes- durante reinado de Pedro el Grande, se transformó en germanización sistemática por decisión de Nicolás I (...)  La religión del hombre, puesta ya en fórmulas por sus doctores alemanes, carecía de apóstoles y mártires aún; hasta que cristianos rusos, apartados de su vocación original, representaron aquel papel...

III.3.1- El abandono de la virtud

En los años 1820 entre los primeros revolucionarios rusos, decembristas, la virtud aún existía. El idealismo jacobino no había sido corregido entre tales nobles: «nuestros padres eran sibaritas, nosotros somos Catones», dijo Pierre Viasemski... Recordaban a otros anteriores, franceses, que se aliaron al Estado llano y renunciaron a sus privilegios; patricios idealistas, optando por el sacrificarse a ellos mismos, para la liberación del pueblo. «Sí, moriremos, decía Pestel la víspera de su insurrección, pero será una muerte bella». Y, así, el brillante cuadro de los insurrectos fue destruido a cañonazos en diciembre de 1825 sobre la plaza del Senado de San Petersburgo.

Eran ejemplares, ya que no eficaces, entre dicho clima de tal exaltación. Una locura de filosofía inflamó a los mejores espíritus; llegaron hasta poner en verso la 'Lógica' de Hegel. En su mayoría, los intelectuales rusos sacaron primero del sistema hegeliano la justificación de un quietismo social: cobrar conciencia de la racionalidad del mundo bastaba; en todo caso, al final de los tiempos el Espíritu se realizaría. Después, la pasión rusa retrocedió ante aquella complicidad de hecho en la intención con el absolutismo; y se lanzó al otro extremo...

Si todo es lógico, todo está justificado: hay que decir sí al azote, o la servidumbre, y a Siberia. Pero si también se trataba de los sufrimientos ajenos, les fallaba el valor: algo no está justificado en el mundo; y la historia, en uno de sus puntos al menos, no coincide ya con la razón. Bielinski se revuelve con y contra Hegel mismo. Comprendía que lo que deseaba no era lo absoluto de la razón, sino la plenitud del ser, y se negó a identificarlos. Quería la inmortalidad del hombre íntegro erguido en su persona viva; y no ninguna otra más abstracta, de la especie convertida en Espíritu. Litigaba, con la misma pasión, contra nuevos adversarios, y, de aquel gran debate interior.

Sacando conclusiones del individualismo rebelde, se debe afirmar lo que séase destruyendo la realidad, sin colaborar con ella: «mis héroes son destructores de lo viejo: Lutero, Voltaire, los enciclopedistas, terroristas, y Byron en 'Caín'». El socialismo individualista francés de Fourier, Proudhon [sepultado como 'utopico' por los dizque 'científicos' del prometer abolir clases...] o Saint-Simon que seguía unido a los valores éticos acabó sucumbiendo, en su gran debate con los pensamientos nicos; mas -importado, desde la década de 1840, por el gran Herzen a Rusia- repetiría el lenguaje de Bielinski: «la aniquilación de lo viejo es el engendramiento del porvenir».
  
Padres e hijos, de Turgueniev, es referencia para 'nihilismo' al que dio nombre
  
III.3.2- Tres poseídos

La reivindicación de Stirner reapareció con el rechazo a toda historia y decisión para forjar el porvenir, ya no en función de ningún espíritu histórico, sino del individuo rey. Pero éste no podría elevarse por sí solo al poder. Necesita de otros; y entra entonces en la contradicción nihilista que Pisarev, Bakunin o Netcháiev trataron de solucionar, extendiendo cada cual más el campo de la destrucción y negatividad... hasta que con el terrorismo se anula tal contradicción por sacrificio y crimen simultáneos.

El término mismo 'nihilismo' fue forjado por Turgueniev en la novela, 'Padres e hijos'; y Pisarev proclamó que los nihilistas reconocían al protagonista, Bazarov, como su modelo: «soy un extraño para el orden de cosas existente, no tengo por qué mezclarme con él». El único valor residía, pues, en egoísmo racional: negando todo lo que no fuese autosatisfacción cínicamente, se decían materialistas y su libro en cabecera lo tenían con el 'Fuerza y materia' de Buchner; pero poniendo tal doctrina muy por encima de la materia, tenía un aire de religión y fanatismo: "Lamarck era un traidor, pues Darwin tenía razón"; en ellos  la razón se anexaba curiosamente los prejuicios de su creencia.

Optando por hacer un artículo de fe con la razón somera, nada más creían sino en ésta y el interés. Pero en vez del escepticismo eligieron el apostolado y se hicieron socialistas, en ello estriba su contradicción. Su solución personal consistió en dar a tal negación intransigencia y pasión de creyentes... Pisarev no retrocedía en el pensamiento, incluso frente al asesinato de una madre, hallando acentos justos para pontificar sobre la injusticia; y luego se volvió loco.

Bakunin encarnó, de modo espectacular, las mismas contradicciones: condena de antemano los atentados individuales, denunciando a «los Brutos de su época», pero sin embargo los respetaba. «Hasta la locura -confesó- no veía otra cosa que las categorías de Hegel». Y cuando salió de aquella iniciación fue con la exaltación de los neófitos: «mi yo personal murió para siempre, mi vida es la vida verdadera. Se identifica, en cierto modo, con la vida absoluta».

Más ruso que el propio zar, pese a sueños universales, no podía en su caso asentir a las apologías hegelianas del Estado de Prusia como depositario privilegiado para los fines del Espíritu... En los años 1840, por otra parte, Bakunin descubría las tendencias del socialismo y el anarquismo franceses: después de haber alabado la Unidad absoluta, se lanzó a los maniqueísmos más elementales; para terminar quiso «Iglesia universal o auténticamente democrática de la libertad [...] mediante un esfuerzo sobrenatural y doloroso, acallando por fuerza esa voz interior que me susurra lo absurdo de mis esperanzas».

«El Estado más pequeño e inofensivo es también criminal en sus sueños». La revolución será, pues, el bien: «el Mal es revuelta satánica, contra las autoridades divinas, en donde nosotros vemos germen fecundo de todas las emancipaciones humanas». Sus páginas ardientes ante la revolución del 1848 gritan apasionadamente ese gozo del destruir queriendo, como el ácrata Coeurderoy [en su libro 'Hurrah, o la revolución por los cosacos'] había dicho, «llevar antorchas a la casa del padre». Para los oprimidos, la revolución es Fiesta en el sentido sagrado de tal palabra.
  
  
Por ello, Bakunin es único en su tiempo al criticar con profundidad excepcional el gobierno de los sabios, ídolo para sus contemporáneos; contra toda abstracción, «tempestad y la vida, he ahí lo que necesitamos: un mundo nuevo sin leyes, y por lo tanto libre». Pero los estatutos de la 'Fraternidad Internacional' (1864-1867), que redactó él mismo, establecen ya la subordinación absoluta del individuo al comité central, durante su acción.

Esperaba para la Rusia liberada «un fuerte poder dictatorial […] de partidarios, iluminado por su libre colaboración, pero al que nada ni nadie ponga límites». Bakunin, igual que su enemigo Marx, contribuyó a la doctrina leninista. Y el sueño del imperio eslavo revolucionario (tal como evocado fue por él ante su zar) sería luego aquel mismo, hasta en los detalles de fronteras, realizado por Stalin: quien rechaza todo el pasado, sin conservar nada de lo que puede servir para vivificar la revolución, se condena a no encontrar justificación sino en un futuro; y mientras tanto encarga justificar lo provisional a la policía, pues en las hogueras de la negación total también se habrían fundido los valores éticos.

Netcháiev no se ha contentado con decir que hay que unirse «al mundo salvaje de los bandidos, verdadero y único medio revolucionario de Rusia»; su sueño más evidente fue fundar la orden asesina que permitiría propagar y hacer triunfal por fin esa divinidad negra a la que había decidido servir. Si la historia no está hecha más que de lucha entre revolución y contrarrevolución, fuera de todo principio no existe más salida que abrazar enteramente uno de dichos dos valores, para morir o resucitar en ellos. Con eso, por primera vez explícitamente, va a separarse del amor y amistad la revolución...

Pero así es el único valor que reclama la delación de todos, o hasta el sacrificio del amigo, al servicio de una idea abstracta. Fue preciso el advenimiento del reino de los 'Endemoniados' [Dostoievsky dixit...] para que, de un solo golpe, la revolución en sí misma sobrepase a quienes quería salvar. Y las amistades, que antes transfiguraron su derrota, deben ser sacrificadas remitiéndose al aún invisible día de la victoria.  La originalidad consiste, pues, en justificar violencias hechas a los hermanos. Netcháiev fundó la 'Sociedad del Hacha' y él mismo definió sus estatutos,  admitiendo que los jefes tienen el derecho de usar violencia o mentira para dirigir al subordinado, considerándolo como «un capital que puede gastarse».

El reclutamiento apeló tradicionalmente al valeroso espíritu de sacrificio. Ahora deciden que se puede chantajear o aterrorizar a vacilantes y engañar al confiado, estableciendo como principio el impulsar a los gobiernos hacia medidas represivas pero sin tocarse jamás aquellos oficiales más odiados por la población; y que, por fin, la sociedad secreta ha de aplicar toda su actividad al aumentar los padecimientos o miseria de las masas. Netcháiev, quien derivando hacia el cinismo político no atenta contra la vida de ningún tirano, mata sin embargo al camarada Ivanov por una emboscada en nombre de su común causa...

«Poco a poco -escribió Bakunin- llegó a convencerse de que, para fundar una sociedad indestructible, era preciso tomar en base a la política de Maquiavelo y adoptar el sistema de los jesuitas: para el cuerpo violencia sola, para el alma la mentira». En la medida que la intelligentzia no pudo atraer hacia ella al pueblo, se sintió sola de nuevo ante la autocracia: otra vez, el mundo se le reapareció bajo las especies del amo y el esclavo. El grupo de 'La Voluntad del Pueblo' erigirá el terrorismo individual por principio inaugurando la serie de crímenes que se prolongaría hasta 1905, con el Partido Socialista Revolucionario.
  
  
III.3.3- Los asesinos delicados

1878 es el año en que nacía el terrorismo ruso. Vera Zassúlich mató al general Trepov, gobernador de San Petersburgo, el día siguiente del proceso a 193 populistas. Aquel pistoletazo provocó una cascada de represiones y atentados, que se respondieron unos a otros...

Ese mismo año, el miembro de 'La Voluntad del Pueblo' Kravchinski con su panfleto «Muerte por muerte» puso el terror en principios; y las consecuencias siguieron a éstos; el emperador de Alemania más los reyes de Italia y España fueron víctimas de atentados; Alejandro II creó, con la Ojrana, el arma más eficaz del terrorismo de Estado...

En 1881, asesinato del zar. El año 1883, atentado contra el emperador de Alemania, cuyo autor fue decapitado. En 1887, ejecución de los mártires de Chicago, y congreso de Valencia de los anarquistas españoles: «Si la sociedad no cede, es preciso que mal y vicio perezcan, aunque debamos perecer todos con ellos».

Sólo el año 1892, se contaron más de 1.000 atentados con dinamita en Europa. Cerca de 500 en Norteamérica. El 1898, asesinato de la emperatriz de Austria. En 1901, el de McKinley, presidente de los EE.UU. Asesinatos de Plehve y el gran duque Sergio en 1905 marcan puntos culminantes de aquellos 30 años de sangriento apostolado terrorista terminando para la nihilista religión revolucionaria su era de los mártires [...] que quisieron en realidad crear una Iglesia de la cual brotaría un día el nuevo Dios.

El ejercicio terrorista era embellecido con el sacrificio que le hacían los terroristas: Savinkov, al evadirse de una cárcel zarista, decidió disparar contra los oficiales que habrían podido oponerse a su fuga, pero asimismo decidió matarse antes que dirigir su arma contra soldados. Un olvido tan grande de sí mismo, aliado a una preocupación tan profunda por la vida de los otros, permite suponer cuánto aquellos asesinos delicados vivieron el destino rebelde en su contradicción más extrema.

Se contentarán, en nombre de los principios formales, juzgando inexcusable toda violencia inmediata... y la permitirán o se consolarán, en nombre de la historia, con que sea necesaria y añadirán entonces el crimen... Esto define los dos rostros del nihilismo contemporáneo, burgués o revolucionario. Para ellos, también, crimen se identifica con suicidio: entonces, una vida se paga con otra y surge desde tales holocaustos la promesa de un valor.

En medio de un mundo que niegan y los rechaza, como todos gran corazón , tratan de rehacer una fraternidad hombre tras hombre.  Kaliayev, condenado a la horca, declaró con firmeza: «Considero mi muerte como una protesta suprema contra un mundo de lágrimas y sangre». Era el reflejo, histórico esta vez, del «existimos» de un espíritu en rebeldíatodavía. Mediante tal valor, estos terroristas  demostraron, por última vez en nuestra historia, que la verdadera rebeldía es creadora de valores.
  
   
Después de 1905 empezó una decadencia. Los mártires no hacen las Iglesias: son su coartada, o cemento. Después vienen sacerdotes y beatos; los revolucionarios ya no exigirán intercambio de las vidas. Consentirán el riesgo de muerte, pero aceptarán también guardarse lo más posible para la revolución y su servicio; aceptarán, pues, para sí mismos, la culpabilidad total: el consentimiento a la humillación, tal es la verdadera característica de los revolucionarios del siglo XX, situando revolución e Iglesia humanas por encima de sí mismos.

Fueron Kaliayev y sus hermanos rusos o alemanes los que en la historia del mundo, considerando el reconocimiento universal primero necesario y después insuficiente, se opusieron realmente a Hegel. Quien acepta morir, pagar una vida con otra, sean las que sean sus negaciones, afirma con ello un valor que lo supera a él mismo en tanto que individuo histórico venciendo al nihilismo.

III.3.4- El chigalevismo

Pero ese triunfo no tendría futuro: coincidía con la muerte. Tal nihilismo sobrevivió, provisionalmente, en aquel mismo Partido Socialista Revolucionario; el cinismo político seguía marchando hacia la victoria. El jefe que mandó a Kaliayev hasta su muerte, Azev, practicaba el doble juego denunciando revolucionarios ante la Ojrana al mismo tiempo que hacía ejecutar ministros y grandes duques. El nihilismo, tras haber influido en el socialismo individualista, fue a contaminar al llamado científico que surgió con un grupo social-demócrata de Plejanov desde 1883: herencia conjugada de Netcháiev y Marx daría origen a la revolución totalitaria del siglo XX.

Lenin [cuyo hermano mayor fue ajusticiado por terrorista... y que había ido a la escuela en donde impartía clases el padre del socialista revolucionario Kerenski, hecho jefe de gobierno como un último intento zarista de parar la toma del poder bolchevique...] tomaen Tkachev, un compañero y hermano espiritual de Netcháiev, su concepción sobre la toma del poder que juzgó «majestuosa» y él mismo resumió así: «secreto riguroso, elección minuciosa de miembros, formación del revolucionario profesional» (Aquél profeta pretendía no imitar a los jacobinos más que su técnica de acción al negar, también él, todo principio y toda virtud; enemigo del arte y la moral, concilió sólo en su táctica lo racional e irracional: el objetivo consistía en realizar la igualdad humana mediante su toma del poder estatal. Propuso suprimir a todos los rusos con al menos 25 años como incapaces de aceptar las nuevas ideas del superestado moderno, donde la educación frenética del niño se realizaría entre adultos aterrorizados, alegando construir una humanidad por fin divinizada como única justificación... Y murió loco).

Aquí se había cerrado la rebeldía, cortada de sus verdaderas raíces e infiel al hombre por someterse a la historia, maquinando avasallar ya el universo entero [...] El 'endemoniado' Chigalev, tras desesperar en largas reflexiones, llegó a concluir: «Salido de la libertad ilimitada, llego al despotismo ilimitado [...] Una décima parte de la humanidad poseerá los derechos de personalidad, ejerciendo autoridad ilimitada sobre las otras que lo perderán todo siendo como un rebaño; sometidas a obediencia pasiva, volverán hasta la inocencia primera... o al paraíso primitivo, donde tendrán que trabajar». Era el gobierno de los filósofos con que soñaban esos utopistas; sólo que aquéllos ya no creían en nada.

Los nuevos señores como grandes inquisidores reinan al presente. Para que se hagan Dios los hombres, preciso es rebajarse las víctimas hasta volverse verdugos. Así la divinización del hombre por sí mismo rompió límites que la rebeldía había establecido y se introdujo en los caminos cenagosos de la táctica y el terror desde donde la historia no ha salido aún.  
                                                                

viernes, 5 de mayo de 2023

Inaudito, mas consentido, tocomochar cada día sobre la Sareb y sus dizque 'Viviendas a gogó'...

   
¡Si acá hubiere aquellas
'10 personas justas' [por
millón, al menos] en los
análisis y cuentas -ante
t@ntísimo cuento- que
según al Abrahám tuvo
prometido Yahveh [ver
el Génesis 18:24-32...]
habrían servido para la
salvación a Sodoma...!
  
Al presidente del Gobierno lo tenemos acostumbrado a sacar conejos de la chistera. Lo que sucede es que cada vez se le escapan antes y se ve en la obligación de sacar uno nuevo, de manera que el personal se está habituando al numerito de magia y ya no se lo toma en serio. Eso es lo que ha ocurrido en el mes de abril. El día 14 representantes de Esquerra y Bildu anunciaron modificaciones a la Ley de Vivienda que se encontraba estacionada desde hacía un año en el Congreso y que empeoraban sustancialmente el proyecto de ley que en su día había aprobado el Gobierno. Hay quien dice que parte del Ejecutivo estaba en contra, que Sánchez la tenía parada y que al final había dado vía libre a los cambios para restañar la fractura que se había creado en la coalición con la otra del 'sí es sí'. En Sánchez todo es instrumental.

Sea como fuere, la Ley tal como va a quedar no hay por dónde cogerla (es muy dañina para los inquilinos...) y las críticas han sido generalizadas: han venido de todas partes excepto del bloque de la investidura o de los medios de comunicación afines. Tan es así que el presidente del Gobierno se ha visto en la tesitura de retornar a los trucos de prestidigitador y a sacarse otro truco de la manga. De pronto, como el que no quiere la cosa, nos anunció la construcción de 50.000 viviendas para alquiler social.

El hecho ya resultaba un poco chungo por el momento en el que se realizaba, cuando está terminando la legislatura; y porque reincidía sobre otras promesas efectuadas por los gobiernos de Sánchez durante todos estos últimos 5 años, sin que se haya construido ni 1 sola vivienda para esta finalidad. Pero la broma adquiere una intensidad mucho mayor cuando se nos explicita el plan diciendo de dónde piensan sacarlas: de la SAREB.
 
 
Conviene antes que nada decir algo sobre la SAREB para no incurrir en ciertos errores a los que nos tienen acostumbrados algunos políticos, que terminan cayendo claramente en la demagogia. Por ejemplo, a principios del año pasado Íñigo Errejón escribía un tuit en el que criticaba al Gobierno porque -según él- acababa de aprobar una adquisición por 1 € del agujero sobre 35.000.000.000 €; y añadía que tal cantidad era el 43% del gasto sanitario del año 2021 en España.

Al Gobierno se le puede criticar por muchas cosas, pero no por esa operación que consistía tan solo en adaptar jurídica y contablemente lo que ya era una realidad, porque las pérdidas de dichos 35.000 millones eran imputables sólo al Estado [avalista de todas las deudas acumuladas por el SAREB, según se fundó] desde un principio. Pero no adelantemos acontecimientos; esta digresión pretendía únicamente señalar que la demagogia es muy mala consejera, sobre todo si se suma a la ignorancia...

La "Sociedad de Gestión de Activos procedentes de la Restructuración Bancaria" (habitualmente denominada como SAREB) se creó el año 2012 en gran medida a instancias de la Unión Europea como condición para recibir los 50.000 millones de euros del "rescate bancario". El objeto: adquirir los activos tóxicos -en su mayoría inmobiliarios, cerca de 200.000- de las entidades financieras en crisis -9 Cajas de Ahorro- y venderlos más tarde según en el mercado fuese posible.
 
 
Su accionariado estaba compuesto por el Estado, a través del "FROB (Fondo de Reestructuración Ordenada Bancaria)" con un 45,9%, más resto de las acciones distribuidas entre 9 Compañías de Seguros y Entidades Bancarias. La adquisición de los activos tóxicos se realizó mediante bonos asegurados por el Tesoro español y que podían hacerse líquidos en el BCE. El motivo por el que se decidió que la participación del Estado no sobrepasara un 50% del capital radicaba en la conveniencia de que la sociedad no se tipificase como entidad pública y sus pérdidas o deudas no fueren contabilizadas en las cuentas del Estado, con la finalidad del no incrementar [las cifras oficialmente computadas para] los déficits y endeudamientos públicos.

Resultaba extraño cómo Eurostat admitió entonces que la SAREB se clasificara como sociedad privada... porque, si bien es cierto que no poseía el Estado la mayoría del capital, no lo era menos el que avalaba todas sus operaciones. Sin embargo, 10 años después tal Oficina Estadística de la Unión Europea dio marcha atrás y ordenó al Reino de España que considerase a la Sociedad como entidad estatal; y que, por lo tanto, contabilizase ya sus pérdidas en un endeudamiento público. Desde dicho momento no tenía ningún sentido que el Estado a través del FROB no tuviese la mayoría del capital, de manera que ejerciera plenamente y de forma clara la dirección de la sociedad; de ahí el que comprase -y por 1 €- las acciones necesarias: sus pérdidas habían sido siempre imputables al Estado, asumiese la mayoría o no, puesto que la deuda estuvo avalada. Esta es la razón de la operación que a Íñigo Errejón escandalízale tanto. Y es que la ignorancia es muy atrevida... y puede resultar muy peligrosa cuando quien la posee ostenta un cargo público.

Durante sus 10 años de existencia, no sé si bien o mal, la SAREB ha intentado realizar el mayor número de activos posible; de hecho, parece ser que -de los 200.000 iniciales- le quedan menos de 50.000, que son a los que se ha referido Sánchez. Conviene recordar que si la SAREB recibió el nombre de “banco malo” es porque los activos que se vio obligada a comprar eran tóxicos y de difícil realización; podremos imaginar de qué calidad serán los que aún le queden por vender después de 10 años.
 
 
Sánchez suele anunciar sus promesas a bombo y platillo hablando de millones de euros, pero sin ninguna concreción y sin facilitar información alguna; con lo que, aunque se sospeche que las medidas carecen de toda identidad y consistencia, es difícil mostrar su vaciedad: sólo se puede constatar al cabo de los años, cuando se ve que no se ha hecho nada. En esta ocasión las cosas son distintas porque la información, le guste o no al presidente del Gobierno, es pública; con lo cual casi toda la prensa ha venido desgranando la falacia del anuncio, y cómo se identifica con el timo del “toco mocho”...

Se sabe que, de las 50.000 viviendas anunciadas, 15.000 no están construidas todavía: sólo existe el suelo, que es como si no existiese nada, porque habrá que ver dónde está ubicado; seguramente hay otras formas de conseguir terrenos donde construir las viviendas, y situados mucho mejor, allí donde se sitúan las necesidades. 

Otro grupo está constituido por 14.000 que ocupadas están; se supone que de dos clases: aquellas que se encuentran alquiladas legalmente y las que se okupan arrebatadas de forma ilegal. En ninguno de ambos tipos podríase decir que las viviendas estén disponibles para paliar nuevas necesidades; en todo caso sería simplemente normalizar las que se encuentren en situación irregular. Por otra parte, sería una paradoja que un gobierno que hoy está propiciando la okupación vaya a practicar los desahucios.
 
  
Por último, según dicen, están las 21.000 viviendas que se quieren traspasar a las Comunidades Autónomas. ¡Menudo regalito! En este lote debe de haber de todo y en situación bastante inservible, desde casas o urbanizaciones a medio terminar hasta otras totalmente abandonadas y deterioradas, la mayoría situadas muy lejos de donde se ubican las necesidades. Ha habido medios de comunicación que se han entretenido en catalogar la naturaleza, situación y estado de las distintas viviendas. El resultado no ha podido ser más decepcionante.

Ya a primera vista, el anuncio de Sánchez en Sevilla aparece como un timo, pero su envergadura se agranda cuando consideramos que la SAREB tiene que liquidarse en 2027. Habrá quien piense mal y se le ocurra que la medida, además de tener una finalidad electoral, en realidad no pretende solucionar el problema de la vivienda sino el de la SAREB: trasladando toda la morralla con la que en estos momentos cuenta a las Comunidades Autónomas.

El asunto ha sido tan descarado y risible que el presidente del Gobierno se ha visto obligado a sacar un nuevo conejo de la chistera; y tan solo dos días después anunciaba otras 43.000 viviendas más que va a construir, utilizando 4.000 millones de los Fondos de Recuperación Europea. De nuevo, la situación se presta a la comicidad. No por el anuncio en sí mismo. En varios artículos he mantenido que construcciones de viviendas en alquiler -junto con la sanidad o la justicia- podrían haber constituido destinos claros y coherentes de los Fondos Europeos, en lugar de las múltiples ocurrencias para las que los están empleando.
 
 
La comicidad del anuncio se encuentra en hacerlo dos días después de haber prometido las 50.000 de la SAREB... ¡93.000 viviendas públicas en una semana, y además al término de la legislatura, cuando en casi 5 años Sánchez no ha construido ni una sola y cuando con ninguna de las múltiples presentaciones para los Fondos Europeos -todas ellas adornadas por la digitalización o el cambio climático- se ha mencionado la construcción de viviendas públicas como objetivo!

Pero el chiste no ha terminado aún, en el Senado el presidente del Gobierno se vuelve a desmelenar y anuncia otras 20.000 viviendas algunos días después; en este caso se remite a terrenos de Defensa. Pero una cosa es el suelo y otra las casas. Estas hay que construirlas. Bien es verdad que por prometer que no quede, ya van 113.000 en pocos días, y a lo mejor no hemos terminado. ¡Viviendas a gogó! Sánchez va pregonando por ahí que es el número uno en gestión; y en su lógica debe de serlo, porque identifica la gestión con la creación de los entes de razón.

Juan F. Martin Seco"La Sareb y las viviendas a gogó"

     
(véase desde las hemerotecas...)

jueves, 20 de abril de 2023

Aunque aquí sobre la UE no lo reconozcan: el futuro, con o sin Ucrania, se juega en Polonia

    

Miroslaw Hermaszewski (1941-2022) fue el primer y, hasta la fecha, único astronauta polaco. En 1978 formó parte de la tripulación de la Soyuz 30 y cumplió misión en la estación orbital soviética Salyut-6. Después de eso, alcanzó el generalato y fue condecorado con la medalla de Héroe de la Unión Soviética, la más alta distinción de la URSS, raramente concedida a extranjeros. Muchos años después del hundimiento del bloque del Este, en julio de 2013, el jubilado astronauta concedió una entrevista al canal de televisión polaco TVN 24 en la que ofreció detalles desconocidos de su biografía. En Polonia se conmemoraba entonces el setenta aniversario de las “masacres de Volinia”, es decir, la aniquilación de entre 70.000 y 100.000 civiles polacos a manos del brazo armado de la Organización de Nacionalistas Ucranianos (OUN), el llamado Ejército Insurgente Ucranio (UPA). Hermaszewski nació en un pueblo de Volinia llamado Lipniki y tenía dieciocho meses cuando las unidades del UPA llegaron una noche de finales de marzo de 1943.

“Asesinaron a 182 personas de nuestro pueblo, entre ellos dieciocho de nuestra familia inmediata, mi abuelo murió de siete golpes de bayoneta en la cabeza”, explicó. El pequeño Miroslaw se salvó de milagro, porque su madre lo tomó en brazos y huyó con él campo a través. “Los bandidos vieron que una mujer corría con un niño en brazos y empezaron a dispararnos”. Uno de ellos les persiguió y disparó a  la madre en la cabeza a corta distancia pero falló, solo fue herida en la sien y en la oreja, cayó inconsciente y el niño huyó [1].

Al día siguiente de aquella entrevista, el Parlamento polaco aprobó una resolución sobre las matanzas de polacos del periodo 1942-1945 en Volinia y Galitzia oriental, territorios que habían pertenecido a la segunda república polaca hasta la disolución del Estado polaco de 1939, condenando la masacre de “alrededor de 100.000 ciudadanos polacos, hombres, mujeres, ancianos y niños” a manos de los nacionalistas ucranianos de Ucrania Occidental. La resolución consideraba que “la dimensión organizada y masiva del crimen de Volinia lo caracteriza como una limpieza étnica con aspectos de genocidio”. Al mismo tiempo, el Parlamento expresaba su agradecimiento “a los ucranianos que actualmente ayudan a documentar los crímenes y conmemorar a las víctimas”, pese a que el gobierno ucraniano no autoriza excavaciones en los escenarios de las matanzas.

En septiembre de 2016, el Parlamento ucraniano, la Verjóvnaya Rada, rechazó las consideraciones de la Cámara polaca con cuatro argumentos: 1) que los polacos también mataron ucranianos, 2) que el número de víctimas polacas no pudo exceder los 30.000, porque en aquellos momentos en Volinia no había tanta población, 3) que “está bien establecido” que los perpetradores fueron agentes de la policía secreta soviética disfrazados de combatientes de la OUN/UPA (pese a que desde junio de 1941 la región estaba ocupada por los alemanes y los soviéticos se habían retirado, derrotados) y 4) que evocar este asunto solo sirve a los intereses rusos [2].

Saco esto a colación para ilustrar el hecho de la complejidad de las relaciones polaco-ucranianas. Polonia ha acogido ejemplarmente a centenares de miles de ucranianos que han huido de la guerra. Es el segundo país de Europa, después de Rusia, que más refugiados ucranianos ha recibido. Es también el país más antirruso y más proamericano del continente. Solo un 2% de los polacos expresan una opinión favorable a Rusia, según una encuesta del Pew Research Center de primavera del año pasado, que también mostraba un máximo continental de opiniones favorables a Estados Unidos (91%). Esa opinión echa sus raíces muy lejos, en una serie de experiencias históricas mutuamente desastrosas y bien conocidas, tanto con el zarismo como durante el estalinismo, cuando centenares de miles de polacos perecieron o fueron deportados por el régimen soviético y, más en general, en una divergencia histórica, cultural y religiosa con Rusia muy viva.

Jan Matejko: 'La unión de Lublin', fundacional en la 'República de las 2 Naciones'
   

Entre 1572 y 1791 la elección de los reyes polacos por los nobles, que a veces implicaba a cuarenta mil o cincuenta mil de ellos, fue norma en Polonia. El rey electo estaba atado por el llamado “pacta conventa”, una suerte de contrato que detallaba las obligaciones del rey hacia la nobleza. Si se comparan las relaciones de aquella caótica monarquía republicana, nobiliaria y católica, con las de la autocracia ortodoxa moscovita, en las que el “gosudar” (soberano) se definía por atar bien corto a sus boyardos, y donde la nobleza estaba totalmente supeditada a la corte, el contraste entre las culturas políticas de ambos países no puede ser más agudo y da lugar a verdaderas patologías.

Los polacos rechazaron la mano tendida de Moscú cuando, por ejemplo, Rusia, con Putin como primer ministro, reconoció directamente y asumió la responsabilidad por las matanzas estalinistas de Katyn. Cuando en abril de 2010 el avión que conducía a la plana mayor del país a un acto conmemorativo de aquellas matanzas se estrelló cerca de Smolensk por obvias negligencias polacas, la nación prefirió ver en la tragedia un atentado ruso pese al cúmulo de evidencias en contra registradas en la caja negra... La extrema beligerancia del Gobierno polaco en el actual conflicto es resultado de todo este complejo de experiencias históricas, diferencias y patologías.

Ningún gobierno europeo se ha mostrado más proclive y entusiasta con que la OTAN intervenga abiertamente en la guerra contra Rusia. Los polacos son siempre los primeros a la hora de apoyar el envío de todo tipo de armas, son los terceros que más ayuda militar han prestado a Ucrania, solo por detrás de Estados Unidos e Inglaterra, gastan proporcionalmente más que nadie en “defensa” y están reforzando su ejército a marchas forzadas junto a sus fronteras con Ucrania y Bielorrusia. Según algunas estimaciones, muy difíciles de verificar, ya hay miles de soldados polacos en Ucrania luchando de forma extraoficial, es decir, formalmente licenciados o en excedencia del ejército polaco. Pero lo que importa aquí es retener que, en el actual conflicto, Polonia tiene sus propios intereses, sus propios motivos, sus propios proyectos y marca su propio juego. ¿Qué decir del juego polaco? Pues que históricamente ha sido siempre fiel a aquella observación de Balzac, casado con una polaca nacida en Ucrania, que ya en el siglo XIX advertía que “si hay un precipicio, el polaco se tira por él”.

En época moderna, gran parte de Ucrania Occidental perteneció a Polonia desde 1918 hasta 1939, y en épocas anteriores los polacos dominaron enormes zonas de la actual Ucrania. En el siglo XVI se creó la llamada “República de las dos naciones”, formada por el reino de Polonia y el Gran Ducado de Lituania. Duró hasta finales del XVIII y dominó, además de sus dos matrices, los territorios de Bielorrusia, gran parte de las actuales Estonia, Letonia y Ucrania, y zonas de la Rusia meridional. En aquella época la influencia polaca y sus ejércitos llegaron a Moscú, enviaron a Varsovia enjaulado al zar de Rusia, donde fue ejecutado, e incluso impusieron un breve zar en Moscú, en lo que en la historia rusa se conoce como “época turbulenta”. Aquella  “gran Polonia” se extendía por casi un millón de kilómetros cuadrados y dejó en Varsovia y Cracovia un recuerdo de grandeza que siempre ha sido muy difícil compaginar con las realidades de una nación obligada a convivir con los tres colosos de su entorno: Prusia, Austria-Hungría y Rusia. Llevarse mal con todos ellos equivalía a una sentencia de muerte, pero eso es, precisamente, lo que hicieron los polacos: tirarse por el precipicio de Balzac y pagar por ello el correspondiente precio.

Entre la destrucción de la vieja república polaca, en 1795, y el fin de la Primera Guerra Mundial, en 1918, el Estado polaco dejó de existir. Fueron 123 años, cinco largas generaciones en las que Polonia sólo conoció el dominio extranjero y la opresión política por parte de prusianos, rusos y austro-húngaros. En esa larga travesía por el desierto, los polacos se metieron en un avispero de múltiples hostilidades; en Rusia contra los lituanos, en Austria-Hungría contra los ucranianos de Galitzia oriental y contra los checos, y en la mayoría de las ciudades polacas contra los judíos cuyo sionismo militante levantaba cabeza. Luchar contra todos, sin calcular las propias fuerzas y las del adversario, es una vieja tradición polaca. Una doble hostilidad geopolíticamente suicida, contra alemanes y rusos, dictó su segunda gran extinción como Estado en 1939, con el pacto Molotov/Ribbentrop y el enésimo reparto territorial y maltrato del país, ahora entre Alemania y la URSS.

Sondeo de 'mayores rechazos' en la población polaca, que Rusia encabeza.
 
¿De donde viene esa predisposición nacional al suicidio? La primera estrofa de su himno nacional, “Jeszcze Polska nie zginela” (“Polonia aún no ha muerto”), la proclama con orgullo. Norman Davies, el principal historiador británico de la nación, cuya obra rezuma simpatía hacía esa actitud polaca, la explica como virtud al observar que “todos los principales países europeos pasaron por la experiencia romántica, pero en Polonia fue particularmente intensa. Se puede pensar que ofreció el elemento principal de su cultura moderna” [3]. Sea como fuere, los polacos están regresando ahora a sus típicos delirios nacionales a propósito de la guerra de Ucrania. En el centro de esos delirios está la idea de recrear la gran Polonia del mariscal Pilsudski.

En los años veinte, el caudillo polaco Jósef Pilsudski rescató la tradición de grandeza imperial de aquella república aristocrática polaca de los siglos XVII y XVIII para formular su proyecto de federación desde Báltico hasta el Mar Negro bajo liderazgo polaco, el llamado Miedzymorze o Intermarium. Aquel espacio entre los dos mares estaba enfocado a la disolución de Rusia, primero en su encarnación zarista/imperial y luego soviética. En su actual Constitución (1997), Polonia se declara sucesora de “las mejores tradiciones” de aquella primera república, bajo la cual los campesinos ucranianos estuvieron sometidos al doble yugo de los latifundistas polacos y del catolicismo. Desde la disolución de la URSS y la integración de Polonia en la Unión Europea, la idea de una “tercera Europa liberada de dictadura franco-germana en la UE” [como el primer ministro Mateusz Morawiecki lo definió] está presente en la mentalidad de la derecha polaca y encaja con los intereses de Washington en el continente.

En un artículo publicado el 26 de marzo por la revista 'Foreign Policy', Dalibor Rohac, un autor neocón del American Enterprise Institute, evocaba la conveniencia de un nuevo Intermarium, una unión polaco-ucraniana que contenga a Rusia y desbarate definitivamente al competidor europeo. “Ambos países”, decía, “se enfrentan a amenazas de Rusia, Polonia forma parte de la UE y de la OTAN, así que si formaran un Estado federal o confederal común, con una misma política exterior y de defensa, Ucrania se integraría inmediatamente en la UE y en la OTAN”. “Se formaría así el mayor país de la UE (segundo en población tras Alemania) y su primera potencia militar, ofreciendo un contrapeso más que adecuado al tándem franco-alemán. Para Estados Unidos sería una forma de asegurar el flanco oriental de Europa frente a la agresión rusa a cargo de un país con una comprensión muy clara de la amenaza de Rusia”, decía. El precedente de la reunificación alemana, en la que la RFA engulló a la RDA, “demuestra que tal operación es posible si hay voluntad política”, señalaba el articulista, dejando caer de paso el detalle de que, de esa forma, Estados Unidos podría desentenderse del coste de la reconstrucción de Ucrania, lastre que recaería íntegramente en el club del cual Kiev ya sería miembro… La guinda del artículo era la frase con la que concluía, y que resume tanto las intenciones de Washington como las ambiciones de Varsovia: “El futuro de Ucrania es demasiado importante como para dejarlo en manos de Bruselas, París y Londres”.

El 5 de abril, el diario polaco Rzeczpospolita recogió la idea en un artículo del politólogo Tomasz Grzegorz Grosse, de la Universidad de Varsovia, titulado “Reconstruyamos la República de Polonia, esta vez con Ucrania”. Se trata de “construir un sistema de seguridad sólido en Europa central-oriental” que haga posible “una mayor intervención de Estados Unidos en el Pacífico” contra China, escribía el autor. “También los expertos polacos aconsejan la reconstrucción de la histórica república de las dos naciones, profundizando la cooperación entre los países de nuestra región, principalmente polacos y ucranios”, decía.
Así sería la mancomunidad Polonia-Lituania con las fronteras actuales.

El mismo día de la publicación del artículo, el presidente Zelenski realizaba su primera visita oficial a Polonia, donde fue condecorado con la orden polaca del “Águila blanca” y declaró la “amistad por los siglos” entre Polonia y Ucrania. “Entre los dos países no debe haber fronteras políticas, económicas ni sobre todo históricas”, dijo el presidente ucraniano en lo que parecía una velada referencia a las matanzas de polacos en Volinia y Galitzia de los años cuarenta. Pocos días después, el primer ministro polaco, Mateusz Morawiecki, visitaba Washington, reclamando el liderazgo de la “tercera Europa” para su país: “Polonia quiere convertirse en la base de la seguridad europea. Nuestros vecinos de Occidente fueron los primeros en cometer el gran error de una estrecha cooperación energética con Rusia, y ahora su posición hacia Ucrania no es la misma de Estados Unidos o de Polonia”, dijo en abierta referencia a las últimas declaraciones de Emmanuel Macron contra el “vasallaje” europeo, realizadas a su regreso de la visita oficial a China. “Los aliados de Europa occidental y Estados Unidos no pueden o no quieren armar y entrenar suficientemente a las tropas ucranianas para lograr una victoria espectacular”, decía Tomasz Grzegorz Grosse en el mencionado artículo. “Somos la piedra angular perfecta de las relaciones europeo-estadounidenses”, proclamó Morawiecki en Washington, criticando a “aquellos líderes europeos que quieren un alto el fuego rápido en Ucrania, prácticamente a cualquier precio”.

“Polonia se está convirtiendo en un nudo de concentración de tropas junto a Bielorrusia y Ucrania”, dice en Moscú Konstantín Zatulin, vicepresidente del comité para las relaciones con el entorno exsoviético de la Duma de Rusia. Según fuentes de la inteligencia de Estados Unidos, citadas por el periodista Seymour Hersh en su último artículo, en Polonia y Rumanía hay dos brigadas aerotransportadas, la 81 y la 101, es decir veinte mil soldados de Estados Unidos, perfectamente preparadas para una intervención militar en Ucrania, sin que se sepa cuál es el plan y el objetivo de la Casa Blanca en esta guerra. La respuesta rusa a esa tendencia ha sido el anuncio de desplegar armas nucleares tácticas en Bielorrusia, bajo estricto control ruso, el mismo estatuto que rige la presencia de esas mismas armas americanas en Turquía, Bélgica, Holanda, Italia y Alemania para torear los artículos 1 y 2 del acuerdo de no proliferación nuclear.

En el concurso de dementes que nos empuja hacia una gran guerra y a la definitiva irrelevancia mundial de la Unión Europea, Polonia ya está jugando un papel de vanguardia.

("Imperios combatientes: Polonia toma la iniciativa peligrosamente", 
Rafael Poch, 18/04/23)

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Notas:

1. "Hermaszewski wspomina historie swojej rodziny podczas rzezi wolynskiej": Hermaszewski recuerda su historia familiar durante la masacre de Volinia (en 'ONET Wiadomosci', 11/07/2013).

2. Citado por Nicolai N. Petro, 2023: "The Tragedy of Ukraine".

3. Davies en "Hearth of Europe: A short History of Poland", 1984.