miércoles, 19 de mayo de 2021

Pulverizado el Estado de Derecho... ahorita en España, so pretexto de 'la pandemia del Covid'

   

Usemos las ponderadas palabras del profesor Juan M. Blanco, escuetamente: "La humanidad ha sufrido muchas pandemias; pero ninguna como la presente. Y no por la gravedad, sino por la singular manera de afrontarla. Desde la desaparición del 'telón de acero', Europa no había contemplado semejantes trabas a la circulación, incluso dentro de un mismo país. Ni el mundo tal supresión de derechos y libertades. En algunos lugares, como Australia, llegaron al amenazar con penas de cárcel a los ciudadanos que regresaran hasta su propio país.

El presente desatino comenzó de forma improvisada con la aplicación de unas ideas novedosas, insólitas, impulsadas por grupos de expertos que señalaron la eliminación del virus como primordial objetivo. Al precio que fuera. Si antaño preocupaban los enfermos, el foco se desplazó rápidamente al número de “positivos”, fueran asintomáticos o no, algo desconcertante pues el riesgo de muerte por Covid de una persona de edad avanzada es 1.000 veces superior al de una persona joven y sana. 

Pero la mística por 'el PCR' condujo a sumar ambos casos por igual, sin un tratamiento diferencial. Pocas cosas poseen tanto hechizo como las malas ideas. Librarnos definitivamente del virus parece un plan atractivo, tentador. 
  
  
Pues en la práctica desemboca en una perpetua búsqueda de un ilusorio 'El Dorado', en una
coartada para mantener indefinidamente restricciones. Porque el virus ha venido para quedarse. Mucho más eficiente es adaptarse a él, vacunar con especial empeño a los vulnerables, crear suficiente inmunidad para que la enfermedad constituya un riesgo limitado, como muchas otras. Sin embargo, la perspectiva de eliminar los virus de la faz de la Tierra causaba ya furor en ciertos colectivos.
 
El frustrante camino hacia la erradicación

Los intentos de erradicar gérmenes causantes de enfermedades comenzaron en los años 50 del siglo XX, resultando todos infructuosos. Pero en 1980 tuvo lugar un éxito inesperado, el único hasta hoy: la erradicación del virus de la viruela. El director de la campaña, Donald Henderson, explicó que el virus reunía todas las condiciones favorables: no poseía reservorios en animales, su enfermedad cursa siempre con síntomas identificables perfectamente, sin necesidad de pruebas, y existía una vacuna transportable sin refrigeración al lugar más recóndito, que garantizaba una inmunidad al 100% de por vida (obsérvese que el SAR-COV-2 no posee ninguna de estas cualidades).

Henderson declaró que no veía en el horizonte ningún otro germen susceptible de erradicación, que consideraba más razonable minimizar los daños de las enfermedades pues cualquier estrategia demasiado agresiva podría “comprometer los derechos humanos”. Había dado en el clavo: no es razonable intentar eliminar un virus si los daños causados a la sociedad van a ser superiores a los beneficios; mucho menos si la probabilidad de éxito es casi nula. También advirtió que aceptarse acríticamente unos modelos matemáticos que no consideran los efectos adversos de las intervenciones públicas, “podría transmutar una epidemia -perfectamente manejable- hasta desastre nacional”. Henderson falleció en 2016 sin poder comprobar que sus temores estaban muy bien fundados.
 
'Negociael Gobierno, con la
UE, reformas 'Hasta... 2026'
[impuestos, pensiones, etc.]
sin pasarlo por el Congreso:
¡de 'botellón' ladran mientras
o 'sin aforo...', en Bozal ando
[Pero de Vox&Ayuso 'largan']!
  
Mientras tanto, el éxito de la viruela había desencadenado una fiebre del oro, hervideros de [más o menos] expertos buscando su propia 'mina', indicando a la OMS un sinfín de gérmenes como su objetivo. Eliminar microorganismos se convirtió en una obsesión, sin considerar los costes económicos, sociales o políticos que podría generar cada intento. Quizá el atractivo de pasar a la historia como salvador de la humanidad se había tornado irresistible.
 
Un culto ultrapuritano

La gran mentira de esta pandemia ha sido pregonar que los confinamientos, las exageradas restricciones y el objetivo de suprimir el virus estaban avalados por la ciencia, algo absurdo porque la ciencia no puede señalar las mejores políticas, ni establecer los fines; o mucho menos sustituir a los ciudadanos en su toma de decisiones a través del sistema democrático. Aunque algunos expertos esgrimieron la autoridad de la ciencia, la propuesta no era más que su opinión personal.

Resultó fácil convencer a ciertos colectivos beneficiados por las restricciones. Y también vender la idea a una sociedad bastante infantilizada, con pocos principios sólidos, que detesta cualquier riesgo, busca la seguridad antes que la libertad y acepta difícilmente la enfermedad y la muerte.

Recurso clave fue una difusión del miedo ["Covid y sinuosa estrategia del miedo"], pero también la construcción de algunos relatos coherentes con el imaginario del mundo actual, que conectasen las carencias de la gente y encajaran en sus mitos predominantes. Detrás de la fachada científica, los apóstoles del “Covid cero” predicaron una especie de doctrina ultra-puritana  pero sutil, que muy bien con ciertas corrientes actuales  enlaza muy bien

Y también un relato del Apocalipsis, cuya principal clave no sería tanto el cataclismo, la penitencia, como “el día después”, el luminoso amanecer de la “nueva normalidad” donde “saldremos más fuertes”, aun con menos pertenencias, en un mundo más sostenible, más ordenado.
  
Anuncian ahorita "recuperar pre-
mas... para toda nuestra vida No. 
Ni en atención sanitaria, ¿nunca? 
(O sí del Partido: Futbol & Polític@)
¡BASTA DE TIRANÍA "POR Covid":
discipliná... mente, con tapabocas,
y... 'libertad' a turista extranjer@!
 [Hasta en 'El PaisrenieganYA] 
  
{El pasado 2 de abril, el diario británico 'Daily Telegraph' publicaba un artículo que acusaba al Gobierno británico de utilizar tácticas psicológicas deliberadas para infundir miedo al Covid-19 entre la población. Esta práctica habría comenzado muy al principio de la pandemia pues en un Documento oficial del 22 de marzo de 2020 puede leerse: muchas personas no se sienten aun suficientemente amenazadas; quizá se mantienen tranquilas por la reducida tasa de mortalidad en su grupo demográfico… Es necesario lanzar mensajes emocionales y contundentes, hacia estos colectivos, con el fin de incrementar el nivel percibido en amenaza personal.” 
 
El objetivo detrás de los confinamientos 

A lo largo de la historia, aprovechando la peculiar forma en que las mentes humanas evalúan los riesgos, los gobernantes activaron miedos a todo tipo de amenazas mientras se ofrecían a proteger a la gente contra estos mismos peligros con el fin de lograr su agradecimiento y sumisión. El pánico nubla el pensamiento racional y vuelve más dependientes del poder a la gente, actuando como un mecanismo de control social. Como señaló Edmund Burke, “ninguna pasión priva a la mente de la capacidad de actuar y razonar con tanta eficacia como el miedo”...}

Muchas de las medidas adoptadas, y gran parte de las reacciones de la masa, parecen incoherentes, contradictorias, porque toda percepción del 'riesgo' adquirió una fuerte componente moral: escandaliza ver jóvenes celebrando el fin del toque de queda, aun cuando se trata de una actividad de bajo riesgo, pues se realiza al aire libre por un colectivo poco vulnerable. Pero pocos se rasgarían las vestiduras porque alguien ayudase a su anciana vecina a subir la pesada compra, aunque este acto implicaba un riesgo infinitamente superior. 

Parecerían importar menos los peligros objetivos que la bondad o maldad percibida en cada una de las acciones. El virus se contagia exactamente igual a cualquier hora; pero las actividades de horarios nocturnos, quizás al considerarse más 'pecaminosos' (por lúdicos)escandalizan mucho más.

Este nuevo ultra-puritanismo celebró la 'desaparición de los viajes, y su impura huella de carbono', la limitación del turismo, quizá una frivolidad, y la exaltación de ciertos símbolos, como la mascarilla al aire libre, que más parecen ritos de una nueva creencia que medidas de precaución. Convivimos con infinidad de virus y bacterias, potencialmente peligrosos, pero el SARS-COV-2 no parece un virus más, sino una encarnación de la impureza; la limpieza obsesiva, su ritual de abluciones.
  
¿Quiénes hoy son los verdaderos
'negacionistas' aquí en todo esto?
[Con palmer@s, y sin auto-crítica,
seguiremos cada vez aún peor...]
  
{La repetición constante de informaciones aterradoras es una técnica muy antigua para atemorizar pero, en esta pandemia, la reiterada difusión de datos fuera de contexto ha constituido solamente la primera fase del proceso. El miedo facilita que los ciudadanos acepten, incluso algunos soliciten, medidas que recortan radicalmente sus derechos y libertades. Y la implantación de estas medidas ejerce como un constante recordatorio que refuerza el miedo, generándose un círculo vicioso que acaba multiplicando el temor.    

El pasado 5 de abril, el director del Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias Sanitarias en España, Fernando Simón, declaraba: “Salir de casa solo, aunque sea sin mascarilla, no entraña riesgo para nadie… pero durante el confinamiento había mucha presión para que tampoco se permitiera esto... ¿Por qué tanta presión para implantar una medida que no ayudaba a reducir los contagios? Porque, al igual que otras imposiciones, sirve a otro fin: enviar una señal capaz de modificar la percepción que la gente tiene de la pandemia.}    
 
Miedo frente a responsabilidad
 
Las insistentes noticias de contagios y fallecimientos no bastan para mantener a largo plazo el nivel exigido de temor pues muchas personas acaban saturándose y reducen su atención. Es muy necesario que los ciudadanos tengan la pandemia en sus mentes y permanentemente, que no la olviden un instante, que ciertos rasgos de la vida cotidiana les recuerden constantemente la enfermedad, ya sea porque no pueden salir de casa, por existir muchas actividades cotidianas prohibidas o porque deben llevar mascarillas en todo momento.

Aunque los confinamientos no ejerzan apreciables efectos sobre contagios y muertes, sirven para fomentar el miedo pues transmiten el mensaje del que sí existe un riesgo enorme: “El peligro debe ser desorbitado porque, de lo contrario, las autoridades no se atreverían a vulnerar tan gravemente los derechos y libertades”, piensan muchas personas; el verdadero propósito de los encierros NO es proteger a la población tanto como una especie de farol que pone sobre su tapete medidas desmesuradas,  incrementando percepción del riesgo.

{Los toques de queda nocturnos tampoco reducen la expansión de la enfermedad; más bien lo contrario pues concentran la actividad diaria en menos horas. Si embargo, tal como reconoció una fuente gubernamental británica al 'Daily Telegraph', el toque de queda fue diseñado para "enviar una señal clara a los jóvenes" de que el virus es peligroso, “no porque tal medida reduzca los contagios”.
    
  
Igualmente, la mascarilla obligatoria en espacios abiertos tampoco contribuye a reducir los contagios pero ejerce como constante recordatorio para que el sujeto no se olvide ni un instante de la pandemia. Llámese mascarilla, tapabocas o barbijo, usada en espacios abiertos no es tanto ninguna barrera contra el virus como una cincha para atar en corto, un moderno sambenito colgado por la actual Inquisición en detrimento del respirar sano.

Aun con todos estos recordatorios, la gente acaba relajándose y, de vez en cuando, es necesario duplicar la apuesta. Y aquí entran en juego las nuevas variantes del virus… ¡cada una más peligrosa que otra? El virus muta, varía de manera aleatoria; algunas cepas deberían ser menos letales pero estas quedan excluidas del discurso público por inconvenientes, pues informar bien podría rebajar el estado de miedo. Así, “nueva variante” y “menos letal” son hoy conceptos antagónicos.} 

La emergencia sanitaria se afrontaba con claros mensajes tranquilizadores en el pasado, llamando a una cívica responsabilidad y evitando en lo posible pánicos o histeria. Todos sabían que las únicas medidas capaces de ralentizar contagios y minimizar las muertes en una pandemia son aquellas que toman voluntariamente los ciudadanos para protegerse y proteger a los demás tras recibir información fidedigna. Confinamientos, toques de queda, cierres de actividades económicas quedaban antes descartados por ineficaces y dado sus enormes costes sociales
  
El principal engaño de la Propuesta Sanchista es
que nos la presenta como un "maná" europeo
cuando -más realmente...- va a comportar una
  
Lo que separa libertades de tiranía

Pero en 2020 algo cambió radicalmente. Mientras que algunos países, como Suecia, mantuvieron su continuidad, la mayoría rompió con esta costumbre establecida y tomó partido por una estrategia completamente ignota, no experimentada hasta el momento. Seguramente pensaban que los ciudadanos actuarían de forma irresponsable, que era mejor infundir grandes dosis de terror para impulsar al actuar de las maneras 'correctas'... Para ello era conveniente asustar también, aplicando la censura y la descalificación, a quien se atreviera a poner en cuestión el enfoque oficial.  

La novedosa estrategia desembocó en un insólito experimento social sanitario, con resultados poco alentadores. Los países o regiones que apelaron a la responsabilidad sin miedo, y a las medidas voluntarias no coactivas tuvieron resultado similar al resto. Así, el porcentaje de fallecimientos en Suecia o Florida no superaba tampoco lo medio para la UE y los USA, respectivamente. 
    
   
Pero el miedo generó otras consecuencias muy graves allí donde se desencadenó. Muchas personas no acudieron a los hospitales al notar síntomas de infarto por temor al contagio. Otras aplazaron sus revisiones de cáncer, poniendo en peligro su salud. Y el estado general de pánico contribuyó, junto con los encierros, a deteriorar la salud mental de mucha gente. Incluso un estudio de la Universidad de Nottingham apunta a que pudieron aumentar las muertes por enfermedades infecciosas, pues el prolongado miedo intenso debilita sistema inmunitario.

{Acostumbrados a anunciar constantemente el Apocalipsis, a asustar de manera reiterada a la población con un éxito formidable, los gobernantes consideraron que esa estrategia funcionaría también en una pandemia, sin ser conscientes de los tremendos daños colaterales que causaría tal irresponsabilidad. Agitado con una fuerza colosal, el miedo se tornó incontrolable, sus vientos soplaron en todas direcciones trasladando el pánico a cualquier aspecto de la pandemia, incluida la vacuna. Y, una vez abierto el tapón, ni el más hábil de los magos sería capaz de llevar todos los vientos de vuelta a su botella.

Por ello resultan admirables esos países y regiones que, resistiendo la arrolladora presión ambiental para restringir derechos fundamentales, decidieron aferrarse a los planes de siempre. Apelaron a las responsabilidades de la gente y al sentido común, no impulso primario, salvaguardando dignidad en los ciudadanos así. Porque el muro que marca el linde entre la responsabilidad y el miedo es el mismo que separa la libertad de la tiranía.} 
   
Recuperar la democracia
 
Hay que desoír y rechazar con energía los cantos de sirena de quienes, por motivos diversos, van pregonando el 'Armagedón' para mantener indefinidamente las medidas restrictivas. Una vez vacunados prácticamente todos los vulnerables, tal como ocurre en Europa, EEUU y otros países, la letalidad decae drásticamente hasta equipararse a la de otros gérmenes que conviven cotidianamente con nosotros. Si antes eran exageradas, estas restricciones "por Covid..." constituyen ahora ya un sinsentido que se debe levantar de inmediato, dejando necesaria precaución a las acciones voluntarias por responsables ciudadanías.
   
 

  
       
Si algo ha demostrado este cataclismo es que la libertad y los derechos fundamentales no están garantizados aquí en Occidente. Porque la democracia, o el Estado del Derecho, no se fundamentan tanto en leyes escritas como en convenciones, en normas y principios no escritos compartidos de manera generalizada. 

En su ausencia, cualquier Constitución se convierte sólo en papel mojado. Pues también se requiere una población consciente de sus derechos, con coraje y valentía para comprender cuánto el ejercicio de la libertad implica siempre asumir inevitables riesgos.

Las convenciones que sostenían nuestros derechos y libertades han saltado por los aires a la primera arremetida del pánico y no resultará fácil recomponerlas. Porque, aprovechando el temor de la población, las autoridades han rebasado ampliamente los límites que por el sistema democrático se han establecido para evitar que se ejerza  el poder de manera tiránica o despótica. 

Así se ha creado un gravísimo precedente, una peligrosa deriva que solo una actitud consciente, valiente y decidida de los ciudadanos podría enderezar."

    
¡Qué bien 'gobernanzadit@s',
andamos con bocas tapadas
y entre permanentes Alarmas,
por... Decretar tras Decretar!
Fatxa dícenle a quien lo cuente:
todo sería 'por nuestra Salud'.
 


 






viernes, 30 de abril de 2021

Quienes hoy son los verdaderos 'negacionistas'

     
 
Espectacular la deriva del arrancar desde un inmovilista No es No... para seguir enrocándose con Mandato Único que como Negacionismo anatemiza cuanto no coree otro mero seguidismo a su Nueva Normalidad en un simplista Sólo Sí es Sí (o sea, 'por las Alarmas de la excepcional pandemia': ¡viva todo el Ordeno y Mando propio, SIN... sujección a ningunas Normas constitucionales vigentes cualesquiera, ni aun tan siquiera réplicas tolerables!)...
  
Si alguien -¡de verdad!- aceptara el
método científico aquí, se debería
poder tener un debate al respecto...
 
¡Y no censurarse todo argumentar
con linchamientos -totalitarios- o/y
goebbelsiana propaganda como ésa
que -jaleada por doquier, ahorita- es!
     
"El pasado 17 de marzo fallecía el presidente de Tanzania, John Magufuli, un personaje muy polémico por su singular modo de afrontar la covid-19. En mayo de 2020 ordenaba suspender las pruebas de detección del virus SARS-COV-2, un paso que implicaba la desaparición oficial de la covid-19 en Tanzania: en adelante, los casos registrados serían siempre cero. Y, no existiendo epidemia, cualquier medida era innecesaria.
Se ha acusado a Magufuli de negacionista, un término hoy viciado, convertido en mero insulto o descalificación. Así, se tacha impropiamente de negacionistas a quienes mantienen posturas o criterios distintos a los oficiales, como poner en tela de juicio la idoneidad de los confinamientos o la eficacia de las mascarillas en espacios abiertos. Sin embargo, este término sí puede aplicarse apropiadamente al presidente tanzano pues la negación consiste en cerrar los ojos ante una parte de la realidad, pretendiendo que no existe. Naturalmente, la desaparición estadística de la enfermedad no implica su erradicación, buen ejemplo de que la verdad oficial y la realidad suelen seguir caminos muy dispares.
 
 
Ahora bien, no es probable que Magufuli actuara movido por superstición, mucho menos por ignorancia científica, pues era doctor en Química. Se trataba, más bien, de una posición política enfocada exclusivamente en una vertiente del problema: los enormes perjuicios que se causaría en la población -que mayoritariamente se gana la vida en actividades informales, callejeras- por suspensión de la actividad económica. La prohibición de salir a la calle implicaba unos costes sociales enormes, seguramente hambre generalizada, incluso mortalidad por inanición.
 
[gracias a la enmienda... del PSOE]
🤨 
Pero resulta que tal 'Ley' -por la cual
venían sancionando, ya, desde Julio-
no pudo estar vigente... al ni tenerla
publicada -en el BOEhasta Marzo...
¿Y esto sería un Estado de Derecho?
😱
 
El enfoque era negacionista porque olvidaba la otra cara del problema: la propia enfermedad. Es cierto que, en comparación con otros países, la covid-19 ocasionaría menos muertes en una población muy joven como la tanzana. Aun así, Magufuli podía haber buscado un mejor equilibrio entre ambos males, una postura que, sin impedir a la gente ganar el sustento, contribuyera a mitigar la incidencia de la epidemia: informar correctamente a la población, recomendar medidas de higiene voluntarias y proteger a los vulnerables.
  
Occidente miró hacia el otro lado

Pero Tanzania no era el único país que enfocaba la pandemia desde una sola vertiente: casi todos los gobiernos occidentales practicaron el negacionismo con la misma intensidad… pero a la inversa. Si un negacionismo consiste en considerar solamente el daño causado por los encierros, olvidando la propia enfermedad, otro mucho más común es justo el contrario: incidir en el peligro de los contagios pero despreciar, pretendiendo que no existen, enormes perjuicios sanitarios, mentales, sociales, económicos y políticos que los confinamientos y las demás medidas restrictivas causan a la sociedad.
 
 
Con pocas excepciones, Occidente miró hacia otro lado ante el notable aumento de la mortalidad por cáncer e infartos, ante el avance imparable de las enfermedades mentales, del número de suicidios, ante el colosal incremento del abuso de alcohol y drogas, ante la generalización de la pobreza, el desempleo y la quiebra de pequeñas empresas. Tampoco reparó en el profundo deterioro de la democracia causado por prolongadas vulneraciones, teóricamente “excepcionales”, de los derechos y libertades.
 
 

 
 
Se ha escrito que la pandemia pilló a los Estados desprevenidos, algo que no es del todo cierto. Desde hacía un par de décadas, muchos países poseían planes estratégicos para actuar en caso de pandemia, unos documentos generalmente bien elaborados y bastante sensatos, con una estrategia integral que atendía a todos y cada uno de los aspectos del problema. Los informes hacían gran hincapié en que, para aplicar una medida no farmacéutica, antes debían sopesarse beneficios y perjuicios. 
Estos planes priorizaban las recomendaciones sobre las medidas coactivas y no contemplaban en modo alguno los confinamientos, cierres perimetrales o suspensión de actividades económicas, ni siquiera para pandemias mucho más graves. Porque algunos remedios podían causar más daño que la enfermedad.
  
Marzo de 2020: ¿el mundo enloqueció?

Pero esos enfoques racionales y equilibrados desaparecen súbitamente por marzo de 2020, en uno de los episodios más insólitos de la historia moderna. Occidente quedó paralizado, congelado, arrinconó al instante los planes elaborados y comenzó a improvisar. Ofuscado por el contador oficial de contagios, y siguiendo la estela de China, se dispuso a aplicar cualquier medida, por draconiana, opresiva y peligrosa que fuera, con tal de reducir la cifra. No reparó siquiera en que el número total de casos refleja mal la gravedad de la pandemia pues existe un abismo entre las peligrosidades en el contagio de personas jóvenes con buena salud y otras en aquellas de avanzada edad o con dolencias previas [ni mucho menos, tampoco, consideró las otras "vícimas colaterales"; como es el caso, por ejemplo, con todas aquellas personas confinadas y fallecidas en geriátricos... antes del haber llegado a tener ninguna posibilidad para salir al objeto de recibir sus precisas atenciones hospitalarias]...
 
Mienten, pues ¡NO HAY "4ª Ola..."!
Lo afirman "Sus" Cuentas, Oficiales:
la 'CASTA' son l@s Negacionistas,
buscan -excepcional- poder perpetuo
TeleVacunando&prohibiendo solo
 
De un plumazo se ocultó que las medidas adoptadas no solo eran poco eficaces para reducir los contagios; también causarían a la larga más muertes de las que evitaban. La estrategia no resistía una rigurosa comparación de beneficios frente a sus perjuicios pero Occidente había caído en una peligrosa ceguera y un cortoplacismo extremo
 
 
La cifra de "contagios" era ya la única guía que impregnaba las decisiones políticas, la comunicación e, incluso, la propia estrategia para vacunaciones. Nadie recordó que los planes anteriores recomendaban adaptarse a la pandemia, minimizar sus daños, nunca acometer un estéril intento de suprimir el virus a cualquier precio... Presa del pánico por sólo alarmantes noticias, la mayoría de la población aceptó, e incluso alentó, esta insólita línea de actuaciones desde sus gobernantes.  
 
¡Toques de Quedar... para su Negocio...!
 
Aunque no existe aún una explicación completa de lo ocurrido, todo apunta a que, a pesar de tantos avances científicos, este mundo actual se encuentra mucho peor preparado para afrontar una pandemia que el de nuestros antepasados. Y no solo por el miedo; sobre todo por la enorme debilidad de nuestras convicciones
 
 
  
 
 
  
Las últimas décadas han contemplado indiferentes cómo se difuminaba la racionalidad, el valor de la objetividad, cómo se convertían en verdaderos dogmas lo que no eran más que opiniones y criterios muy discutibles y cómo se calificaba como herejía a cualquier desviación de esa ortodoxia del pensamiento. Las sociedades actuales, vacías de principios y valores, han perdido la capacidad de gestionar el miedo y se muestran especialmente proclives a creer cualquier disparate siempre que... lo diga la televisión.
 
 
    CON EL "GRAN CONFINAMIENTO"... Y 'SIN CONFINARSE ASÍ'...
  
La covid-19 no ha hecho más que exacerbar las tendencias de los últimos tiempos hasta el extremo de que ahora se descalifica como herejes, incluso asesinos, a quienes abogan por un planteamiento más equilibrado de la pandemia, un enfoque que pondere ventajas e inconvenientes de cada medida. 
  
  
La enfermedad surgió en un entorno social y cultural propicio para una visión unidireccional, negacionista, apocalíptica, que asigna invariablemente la culpa a un segmento de los ciudadanos y busca la redención en la intervención de unos gobernantes empeñados crear una nueva sociedad. De ahí ese peligroso mensaje de que, tras la pandemia, se construirá “un mundo mejor".

Mucho más dependientes del Estado

Aunque no existiera una estrategia consciente, muchos gobernantes -y grupos de presión- aprovecharon (toda) esta coyuntura de miedo, indefensión y credulidad para impulsar sus 'Agendas' a una velocidad que hubiera resultado imposible sin el concurso de la pandemia
 
 
Hay total inseguridad. Mandan lo que quieren: sin sujeción
a Norma ni tan siquiera dar publicidad o transparencia
[art° 116.6 en Constitución: Declaración de los
estados de alarma o excepción y del sitio no
modifican el principio de responsabilidad
del Gobierno y sus agentes reconocidos
en la Constitución y en las leyes.]
  
Percibieron rápidamente la facilidad de pescar en río revuelto, de avanzar hacia una “nueva sociedad” más dependiente del Estado, con mayor regulación de la vida privada, e incluso del pensamiento. Y hacia una economía menos competitiva, con acrecentado predominio de las grandes empresas tecnológicas. En definitiva, hacia un mundo con menguante democracia y decrecientes autonomía o libertad individuales.
 
  
Ya comienza a oírse que las medidas de distancia social permanecerán durante años, incluso con la mayoría de la población vacunada y los colectivos vulnerables a salvo. Y todo con el pretexto de que el virus seguirá aun circulando. Desgraciadamente, no hay vacuna para esa obsesiva fijación en el número de los contagios; o mucho menos contra esta pandemia ideológica, política y social que nos atenaza."

  
¡No hay nada como tener fe... para  
ver males menores en l@s dizque 
'Antifascistas...' que no quisieren 
acatar, ni siquiera, esos nuestros 
"Derechos Fundamentales..." desde 
Constitución [transaccionadadel 78.
   
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      Postdata (1 de mayo del 2021) =
  
Las terminales mediáticas más conspícuas desde La Moncloa compiten desatadas en Terrorismos del Súper Alarmar sobre cuentos de "paralizarse quirófanos (¡cuando a nadie se le puede operar ningún Covid...!) ante una -fake- extrema saturación", contra toda cuenta estadística oficial de [su] Sanidad... mientras que convocan mitines electorales en "zonas confinadas" y manifestaciones por este 1° de Mayo, así como 'abre Madrid' como vez única para salir en el próximo Puente (sobre todo escolar) de las Elecciones...
  
 
Las "atenciones asistenciales" que por la Seguridad Social se han llegado a imponer como habituales con los 'protocolos para esta Nueva Normalidad' resultan de un verdadero menosprecio al (demasiado...) 'paciente' hasta hoy nunca imaginable.  
   
      
[Imagen del Hospital Gregorio Marañón madrileño durante
vacunación de 3.000 personas ... el reciente 27 de abril,
pasándose tras hacer una cola de horas por las calles hasta
llegar a ser atendidas: en 1 punto de inyección operativo]
  

Caso real del cómo la Seguridad Social plantea hoy "atención":
cita que para "15 meses después" de ser solicitada se comunica,
y condicionándolo al -acudir paciente- 'sólo si NO tiene Fiebre'
 [Teléfono es única oferta para ese caso normal cuando pide cita].

jueves, 8 de abril de 2021

Bauman: sobre cómo van liquidándonos tanto, luego de haber "licuado" economías y Sociedad

 
El sociólogo y filósofo que acuñó la expresión “Modernidad líquida” sostenía en su libro póstumo, "RETROTOPÍA" (2017), que los seres humanos perdimos fe respecto a posibilidades de alcanzar la felicidad humana en un Estado futuro ideal; por ende, se abandonaba la creencia en cualesquier utopías: el futuro llegó hace rato... y ya es visto en 'Black Mirror'. Todos los futuros, aún soñables, peores que lo actual serían.

De paso Bauman ha marcado un dato: esa tendencia que se inauguró en las distopías futuristas de mediados del siglo XX como "Un mundo feliz" de Huxley o "1984" de Orwell, se acentuó significativamente en los últimos tiempos. Todo lo escrito y filmado en materia de la ciencia ficción dibuja sociedades futuras invivibles, insoportables, mucho peores a las contemporáneas. La "Utopía" de Tomás Moro ha transmutado en el horror que presentan películas como "Código 46", "Minority Report" o "Elysium"... El detalle (¿in-empeorable?) sería que tales distopias de la ciencia ficción no se plantean en un futuro lejanísimo: tienen fecha cercana, todas están previstas para los próximos años, al alcance de quienes las consumen hoy.


 
 

Pero como la vida es impensable sin un sentido, lo que no ha muerto es la esperanza humana, su aspiración a una felicidad, precisamente la causa de que aquellos sueños fueran tan cautivadores. Y como sea, aquella utopía perdida, la sociedad ideal de libres e iguales podemos encontrarla... entre lo pasado: ya no por un futuro hacia delante, sino en el atrás que abandonamos e idealizamos desde comparaciones frente a lo actual frustrante y al horroroso futuro inmediato.

¿Qué tiene de novedoso que haya quienes creen encontrar en el pasado los modos y las formas de la felicidad? Los conservadores, retrógrados de todo tiempo y lugar han sido predicadores con ese tipo de fábulas redentoras o restauradoras; aunque lo novedoso es que sean los sectores progresistas quienes hoy son más proclives a frenar el reloj o tirar sus manecillas hacia atrás ante el fracaso de las utopías.


  


«El futuro es, en principio al menos, moldeable, pero el pasado es sólido, macizo e inapelablemente fijo. Sin embargo, en la práctica de la política de la memoria, futuro y pasado han intercambiado sus dos actitudes respectivas», dice Bauman. La desigualdad, la inseguridad, la incertidumbre acerca del empleo, la multiculturalidad, la superficialidad de la vida basada en el consumo, el riesgo de que nos volvamos inservibles porque la tecnología nos sustituya por máquinas, el miedo (en suma) a que todo aquello que durante tanto tiempo nos parecía muy sólido de pronto es claramente volátil o -mejor- fluido y dizque “líquido”… precisamente el adjetivo que ha incorporado él al dialogo público contemporáneo (en algunos aspectos, aun a su pesar).

«Hay una creciente brecha abierta entre lo que hay que hacer y lo que puede hacerse, lo que importa de verdad y lo que cuenta para quienes hacen y deshacen; entre lo que ocurre y aquello deseable», señala. Bauman defiende que habríamos regresado a la tribu, al seno materno, al mundo despiadado que describía Hobbes para justificar la necesidad del Leviatán (el Estado fuerte que nos evitaría la guerra de todos contra todos): a la más flagrante desigualdad en la cual «el ‘otro’ es una amenaza» o «la solidaridad se le antoja al ingenuo, al incrédulo, al insensato y al frívolo una especie de trampa traicionera» [¡todo ello, incluso, años antes de inventarse la "Pandemia" que todo lo cambia desde 2019...!]


     


Pero es que, para empezar, también el Leviatán ha fracasado, como lo ha hecho toda la -construcción conceptual de su- modernidad. Y en ese fracaso, la única salida que el mundo actual ofrece (¿pero a quiénes? ¿o cuándo? ¿y dónde?) es el individualismo extremo: la felicidad para mí. «El objetivo ya no es conseguir una sociedad mejor, pues mejorarla es a todos los efectos una esperanza vana, sino mejorar la propia posición individual dentro de esa sociedad tan esencial y definitivamente incorregible», lamenta.

El énfasis en un par de frases de pensadores muy diferentes tiende a ponerle algún cauce a la desesperanza: con Leo Strauss (en, quizás, la única coincidencia que se pueda encontrar entre ambos) Bauman afirma que “siempre hubo, hay siempre y siempre habrá cambios de perspectiva sorprendentes, inesperados que modifiquen radicalmente el sentido de todo conocimiento previamente adquirido. Ninguna visión del todo de la vida humana puede alegar ser final o universalmente válida: sin importar cuán 'final' parezca, toda doctrina será tarde o temprano superada por otra».


    


Y con Marx, esta referencia ineludible a la que Bauman jamás renunció enfatiza acerca de la posibilidad de transformar las cosas pero siendo conscientes de las limitaciones en lo real: “Los hombres hacen su propia historia, pero no a su libre arbitrio, bajo circunstancias elegidas por ellos mismos; sino bajo aquellas con las cuales directamente se encuentran, que existen y les han sido legadas por el pasado.”

Resulta chocante que algunas interpretaciones y comentarios sobre la obra póstuma del autor hayan concluido con el que comparta tal delirio retrotópico. Como si el señalamiento del que hay renuncias al proyecto de tal emancipación colectiva implicara forzosamente retroceder a los valores del pasado como solución; o si lo pasado fuera el lugar de la felicidad.


   


Por el contrario, a dicho camino, Bauman se negaba. “No hay atajos que nos lleven a ninguna pronta, hábil y cómoda contención de las corrientes de ‘vuelta a Hobbes, a las tribus, a la desigualdad o al seno materno”, explicó. Muestra con eficacia cómo también todo el pasado se modifica y es reescrito... para ser idealizable o condenado. Mentira es, dice Bauman, que el pasado sea “sólido, macizo e inapelablemente fijo”. Y rechazada esa vía, el autor ofrece algunos puntos de referencia para trazar la ruta hacia un mundo mejor. “La disyuntiva clara es”, afirma: “O juntos, o nada” (juntos: ¿quiénes? ¿cuándo? ¿dónde? ¿cómo?).

A esas preguntas apunta sin mucha precisión, aunque sea el tono bastante desesperanzado y no desarrollándose las potencialidades en toda su extensión. Y cierto es que en la balanza pesa mucho más ese tan descarnado retrato para todo el horror -inequitativo, vacuo y excluyente- del planeta globalizado en que vivimos; pero también cómo Bauman, por suerte, ofrece algunas respuestas.


    
Así parece entusiasmarse (módicamente, para ser rigurosos) con algunas utopías posibles; y hasta puntualmente cita la obra "Utopía para realistas" -de Rutger Bregman- que propone tres grandes líneas de acción para transformar el presente: la semana laboral de 15 horas, un mundo sin fronteras o (claramente, lo que a Bauman más le inspira) la renta básica universal.  

(...) Y esa -“O juntos, o nada”- es la final advertencia del pensador polaco: «Debemos prepararnos para un largo período... que seguirá marcado por más preguntas que respuestas, y por más problemas que soluciones […] Nos encontramos (más que nunca antes en la historia) en una situación de verdadera disyuntiva: o unimos nuestras manos o nos unimos a la comitiva fúnebre de nuestro propio entierro en una misma y colosal fosa común».


  
  
En suma, vale la pena tener a mano "Retrotopía". Incluso para (...) recordar, de nuevo, aquellos sabios versos {“Aunque me fuercen yo nunca voy a decir que todo tiempo por pasado fue mejor. Mañana es mejor” [“Cantata de puentes amarillos”, 1973], Luis Alberto Spinetta} que a su modo retoma Bauman: jamás el tiempo pasado, solo por ser pasado, será mejor.

(Américo Schvartzman, 26/02/2018, Lavanguardiadigital.com de Argentina)