Alemania no parece tener remedio. Vuelve por donde solía. La estúpida arrogancia de sus políticos está en línea con la de sus padres y abuelos derrotados en Stalingrado. Vuelven a rearmarse... y proclaman su objetivo del “volver a contar con el ejército más poderoso de Europa”. La frase nos provoca escalofríos. No por la amenaza de un nuevo Hitler, sino ante la imbecilidad que transmite a cualesquiera que tengan una mínima memoria histórica.
La simple realidad es que Alemania volvió a las andadas en cuanto el país recuperó su soberanía nacional en octubre de 1990. Sólo 19 meses después de su reunificación nacional -un generoso regalo de la URSS con Mikhaíl Gorbachov...- ya utilizaron sus fuerzas armadas por primera vez desde Hitler contra un pueblo, el serbio, cuya guerrilla había sido la primera en combatir a las fuerzas nazis [tanto germanas como ustachis locales] en los Balcanes medio siglo antes.
Volvieron al apoyo a los antiguos aliados del eje nazi[onal-socialista] para la región, croatas y musulmanes bosnios, en su esfuerzo por disolver Yugoslavia (un país que diarios como el 'Frankfurter Allgemeine Zeitung', y 'Die Welt', así como el semanario 'Der Spiegel', consideraban “creación artificial”)...
Para eso, el ministro de asuntos exteriores [¡verde!] Josef Fischer tuvo que comparar a “los serbios” con los nazis, y al conflicto de Kosovo con ¡Auschwitz!; sendas comparaciones monstruosas “especialmente en boca de un alemán”, según el General Heinz Loquai, uno de los raros militares alemanes que criticó aquello.
Como en uno de los mejores libros sobre la intervención militar occidental contra Yugoslavia ("Fools Crussade") su autora, Diana Johnstone, apuntaba [2002]: “Lo que ocurrió en Alemania fue una extraña especie de transferencia masiva para la identidad nazi, y sus culpas, hacia los serbios... Quizás eso les proporcionó a los alemanes una reconfortante sensación de alivio al sentirse inocentes -¡e incluso héroes!- frente a un nuevo pueblo “criminal”, los serbios. Condenar el “genocidio” serbio parecía proporcionar la clave psicológica para superar el pasado nazi de Alemania con el fin de volver a ser alguna gran potencia “normal”, capaz de proyectar su poderío militar en el extranjero”.
Más de 20 años después de aquello, el marco de dicho psicoanálisis se amplia exponencialmente. Rusia, que cuando era la URSS fue asolada por una guerra alemana para su exterminio con millones de víctimas civiles, ha vuelto a ser ahora declarada oficialmente "Enemiga" en la doctrina militar alemana. Y hay creciente presencia militar germana en las repúblicas bálticas, muy especialmente sobre Lituania, donde periódicamente se realizan maniobras contra Rusia.
Los tanques “Leopard” marchan en Ucrania sobre las roderas de sus antepasados “Tiger” o “Panther”. Los hijos y nietos de los derrotados en Stalingrado no se avergüenzan por ello, ni muestran complejo ninguno. Al mismo tiempo, vuelven a situarse con l@s band@s genocidas, apoyando ciegamente la masacre israelí de Gaza y su guerra contra Irán. “Israel hace los trabajo sucios por todos nosotros”, había ya dicho su energúmeno canciller; mientras que sus policías reprimieron, como en ningunos otros lugares de la Europa parda, cualquier manifestación solidaria con las víctimas.
En 2025 Europa -la Unión Europea más Inglaterra- gastó 559.000 millones $ con sus fuerzas amadas, es decir hasta casi 3 veces lo que Rusia (190.000 millones), según computa el SIPRI [Instituto de las Investigaciones por la Paz] desde Estocolmo. Rusia es el 3er. país del mundo más gastador, seguido por Alemania, que ocupaba otro 5º puesto en 2024. Y subiendo...
El 14 de abril, durante la visita de Zelenski a Berlín, el Canciller Merz declaró a Ucrania “socio estratégico” de Alemania. Sumando el gasto militar alemán con su asociado ucraniano, dicho conjunto ya superó al total belicista ruso. ¿El nuevo 'Eje Berlín-Kiev', embrión del futuro ejército europeo, como sostiene Manolo Monereo?. Desde 2026 “Ucrania será nuestro socio bilateral más importante” ha dicho Merz al anunciar ayudas a Kiev en materia de defensas antiaéreas, armas de largo alcance, drones y munición de artillería. Mientras en 'The Wall Street Journal' constatan que “Ucrania es ahora la guerra de Europa”, muchos se preguntan si tal país no es ya un verdadero protectorado alemán.
Es la 4ª vez en 150 años que un conflicto entre regiones ucranianas –rusófilas las del Este y rusófoba la del Oeste [Galizia]– ha degenerado en otra guerra exacerbada por intervención de potencias extranjeras que buscan utilizar al país para sus provechos. Ocurrió durante la 1ª y 2ª Guerras Mundiales, durante su guerra civil después del 'Maidán' en 2014 y tras la invasión rusa de 2022. El nacionalismo ucraniano también vuelve a tropezar con la misma piedra y en esa piedra, siempre, figura Alemania…
En cualquier caso, el objetivo con esa última partida de 90.000 millones otorgados a Ucrania por la UE es mantener la maltrecha capacidad militar ucraniana todavía 2 años más y prepararnos mientras tanto para una gran guerra contra Rusia en Europa; otra Guerra que pueda librarse, incluso si Estados Unidos no participa en ella. El máximo jefe militar del ejército belga, Frederik Vansina, lo acaba de poner claro al decir que aún les faltan varios años para lograr adquirir la capacidad necesaria; y que mientras tanto, "para mantener todo el frente, debe alimentarse a Ucrania". En Moscú se suceden los comentarios belicosos sobre la necesidad de romperle los dientes a tal Alemania antes de que sus delirios revanchistas y militaristas vayan a mayores.
La simple realidad es que todo aquello de la 'Vergangenheits Bewältigung' -o sea, confrontación responsable con el pasado- y el 'Schuld Komplex' (es decir, el auto cuestionamiento por culpa) sobre los crímenes de la nación durante sus 12 años del régimen nazi fue una comedia de posguerra, tan sólo, a la cual se le puso fin en cuanto el país recuperó su soberanía desde octubre del 1990. ¿Cómo, si no, se podría explicar cuanto está gestándose?
(Rafael Poch, en Ctxt.es: "Alemania vuelve a las andadas")









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