En esta tierra nuestra y por todo su entorno el verdadero poder decisorio ultimísimo continúa sosteniéndose desde la OTAN que, con sus todavía inigualables armamentos [de y para la destrucción masiva], comandan sin cortapisas los EE.UU de Norteamérica. Pero no se debe olvidar que su incontestada hegemonía presente hasta hoy sólo ha llegado a terminar resultándole posible, tras recuperarse de aquella profunda crisis económica que supuso la 'Gran Depresión' (hace ahora -precisa mente...- 100 años), gracias al imponer fuerza superior en Otra Guerra Mundial mediante Bombas Atómicas... arrojadas contra varios cientos de miles del dizque "personal enemigo".
Pero después las posteriores 8 décadas transcurridas durante dinámicas de "la Paz" (o/y "en Guerras -tan sólo...- Frías"...) desembocarían, actualmente, en esta novedosa perspectiva muy espectacular generalizada sobre tantos imparables ascensos relativos de la China frente a tales conspicuos liderazgos Nor-Occidentales del siglo XX. Y otra vez retumban crecientes los tambores redoblando marchas de guerra, que nos apremian a diestra o siniestra, con trágica eficacia; e incluso en la bien poco decisiva España [que antes había conseguido librarse de -las otras 2- previas locuras apocalípticas planetarias], ¡ay!, parece que amenazáramos adolecer realmente ya de vacunas definitivas contra sus metástasis mortíferas...
Esta GUERRA tan largamente preparada comenzó –y es la segunda vez desde junio pasado– en medio de algunas negociaciones juzgadas 'exitosas'[¿!] por aqueilos mismos personajes (los prominentes socios inmobiliarios judíos de Trump, Witkof y Kushner) que están negociando con los rusos el fin del conflicto de Ucrania. ¿Quién puede confiar en tales “negociadores”? “Las garantías y los documentos firmados por este Presidente, no tienen valor alguno”, ha dicho en Moscú el analista Dmitri Trenin sobre Trump. E, igual mente, “No se puede mantener negociaciones con este gobierno de los Estados Unidos”, ha coincidido desde Nueva York el destacado economista Jefrey Sachs.
En noviembre de 2023 el vicesecretario de Estado para Europa y Eurasia en la primera administración Trump, Aaron Wess Mitchell, dijo que Estados Unidos podría perder una guerra si tuviese que actuar en 3 frentes simultáneamente, porque en tal caso, “Estados Unidos tendría que ser fuerte en cada uno de los 3 escenarios bélicos, mientras que sus 3 adversarios -China, Rusia e Irán- sólo tienen que ser fuertes en su propia región para alcanzar sus objetivos”. Así que optaron por transferir parcialmente a los europeos el 'marrón' de Ucrania, concentrarse en Irán, el más débil de los 3, y continuar preparándose para lidiar con China más tarde.
Dupla exultante declarando "su" GUERRA sin votarse por parlamentos...
Y en 2015 se había llegado hasta tener todo un Acuerdo ya [¡firmado!] con Irán, el 'Plan de Acción Integral Conjunto (JCPOA, por sus siglas en inglés)' por el que Teherán accedía a limitar su enriquecimiento de uranio a cambio del levantamiento de las sanciones y de las inspecciones del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) de sus instalaciones. Luego todo se quedó en nada: Trump retiró del acuerdo años después a Estados Unidos, los europeos no hicieron nada y las inspecciones de la OIEA sirvieron para afinar los objetivos de sucesivas bombas israelís contra las instalaciones o domicilios privados de los responsables del programa nuclear, algunos de ellos asesinados con su familia en junio.
Como ahora, aquel ataque se produjo en medio de una negociación. Lo decisivo no es la bomba sino el viejo plan de 2002 desvelado por el General Wesley Clark en el que se decía, “vamos a deshacernos de 7 países en pocos años, empezando con Irak, luego Siria, Líbano, Libia, Somalia, Sudán y acabando con Irán”
Ese trío líder hoy para Europa se pronuncia con infame solicitud en defensa de (la dupla, formada durante otro previo exterminio genocida sobre Gaza, por ambos dizque) 'agresores preventivos'... recordando al otro "trío de las Azores" (que también se destacó junto al Bush invasor en Irak)...
¡Lo han cumplido todo! Llevan más de 4 millones de muertos y 40 millones de desplazados. Solo les falta Irán. Quieren crear en ese país un "agujero negro".
Para el Estado judío -potencia que detenta un monopolio actual sobre poder de destrucción total, incluso con bombas atómicas, del Oriente Medio y Próximo...- en particular se trata de acabar con aquel único país de la zona capaz para impedir su loco proyecto colonial del “Gran Israel, sin fronteras”, desde el Nilo al Éufrates. Como ha dicho el embajador americano en Israel, Mike Huckabee, Israel goza de un “derecho bíblico” a expandirse por toda la región. E Israel, como se sabe, tiene una gran influencia en la política de Estados Unidos...
Este muy reciente Informe tan escandaloso no es 'anti-sionista' sino que se acaba de publicar al fin por el diario "Haaretz", israelita, de Tel Aviv ...
Todo este pandemonio nos lo disecciona bien Nathalie Tocci, profesora honoraria de la Universidad de Tübingen, adjunta del Instituto Universitario Europeo y miembro del Instituto de Ciencias Humanas:
Desde el verano pasado se esperaba ampliamente una renovada campaña estadounidense-israelí contra Irán. Los defensores de la diplomacia y el derecho internacional depositaban sus esperanzas en las conversaciones nucleares entre Estados Unidos e Irán en Omán y Suiza, aunque pocos creían realmente que fueran algo más que una cortina de humo. Tras un año en el que el presidente estadounidense, Donald Trump, lanzó ataques contra Irak, Irán, Nigeria, Siria, Somalia, Venezuela y Yemen, todos sin un amplio apoyo internacional, se requiere un esfuerzo concertado para no inmutarse ante su uso depredador del poder estadounidense. En este contexto, la noticia de otra guerra ilegal contra Irán, incluso mientras la diplomacia seguía en curso, generó tristeza, pero no sorpresa.
Más impactante, sin embargo, fue la reacción europea. Si un extraterrestre hubiera aterrizado en Europa y recurrido a sus líderes para obtener una explicación de los acontecimientos en Oriente Medio, no se habría enterado de que Israel y Estados Unidos atacaron a Irán. En cambio, habría concluido que Irán inició la guerra.
La ausencia de una condena oficial europea al ataque estadounidense e israelí no fue sorprendente, reflejo de la continua dependencia geopolítica del continente respecto a Washington. Sin embargo, lo que llamó la atención fue hasta qué punto la reacción oficial distorsionó la realidad para evitar siquiera reconocer la tensión entre la respuesta de Europa y sus valores.
En redes sociales, la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, hizo referencia a las sanciones de la Unión Europea contra el "régimen asesino" de Irán. A continuación, condenó los "ataques imprudentes e indiscriminados" de Irán contra sus vecinos y países soberanos y, finalmente, apoyó un cambio de régimen en Teherán. La presidenta del Parlamento Europeo, Roberta Metsola, hizo un llamado a poner fin a la "era de dictadores en Irán", mientras que el canciller alemán, Friedrich Merz, declaró: "Compartimos el interés de Estados Unidos e Israel en ver el fin del terrorismo de este régimen y su peligroso armamento nuclear y balístico". Añadió, aún más alarmante: "Este no es el momento de dar sermones a nuestros socios y aliados".
El E3 (Francia, Alemania y el Reino Unido) emitió una declaración conjunta condenando con la mayor firmeza los {contra}"ataques" iraníes contra países de la región. Un día después, emitieron otra declaración que decía: «Tomaremos medidas para defender nuestros intereses y los de nuestros aliados en la región, posiblemente habilitando acciones defensivas necesarias y proporcionadas para destruir la capacidad de Irán de disparar misiles y drones en su origen».
Como siempre, no todos los países europeos siguieron el mismo ejemplo. España, Noruega, Dinamarca y algunos otros tuvieron la valentía de llamar a las cosas por su nombre, denunciando —e incluso condenando, en algunos casos— el ataque por lo que fue. Otros países, como Italia, se inclinaron en la dirección opuesta, apoyando explícitamente el ataque estadounidense-israelí a pesar de que Washington ni siquiera advirtió al ministro de Defensa italiano, quien se encontraba de vacaciones en Dubái y se vio obligado a valerse por sí mismo. La mayoría de los demás gobiernos europeos coincidieron con la postura del E3.
¿Cómo debe interpretarse la deprimente respuesta de Europa? Tradicionalmente, los europeos han sido campeones mundiales de la grandilocuencia normativa, enmarcando su política exterior como impulsada por valores durante décadas. A medida que el entorno de seguridad se deterioraba y la fuerza bruta recobraba vigencia, los europeos se acostumbraron a hablar el lenguaje del poder, aunque nunca abandonaron por completo su retórica tradicional basada en valores. Algunos incluso intentaron conceptualizar este equilibrio, acuñando términos como «pragmatismo basado en principios» y «realismo basado en valores».
La grandilocuencia normativa inevitablemente invita a la hipocresía. El ejercicio del poder rara vez se alinea con las aspiraciones normativas, especialmente en regiones como Oriente Medio, donde los legados coloniales, el sesgo proisraelí y el apoyo a Estados Unidos hacen a los europeos particularmente vulnerables a tales acusaciones. Esta acusación resurgió con especial fuerza durante la guerra de Israel en Gaza, ya que toda la -sólo- complicidad de Europa contrasta marcadamente con su continua retórica de derechos y leyes.

Hay tres maneras de acabar con la hipocresía. La primera, y la más difícil, es cerrar la brecha acatando los ideales normativos. Europa lo ha hecho, aunque de forma imperfecta, en Ucrania, no solo por moralidad, sino porque sus intereses de seguridad estaban en juego. Aun así, lo hizo. Una segunda vía es abandonar las normas por completo. Trump puede ser acusado de muchas cosas, pero la hipocresía no es una de ellas. No se pretende respetar el derecho internacional, ni se intenta, por muy poco sincero que sea, buscar la aprobación de las Naciones Unidas o incluso del Congreso para sus aventuras militares. No hay un barniz normativo que cubra el crudo ejercicio del poder. El camino de Trump para acabar con la hipocresía es descartar las normas y abrazar una política de poder impenitente.
Europa no puede seguir ese camino. Si bien puede violar las normas, no puede desconocerlas públicamente como lo hace Estados Unidos. No hay un ejercicio efectivo del poder duro europeo sin reivindicaciones normativas. Los europeos simplemente carecen del poder militar necesario para hacerlo. Un mundo sin ningún atisbo de normas es un mundo en el que Europa es más vulnerable y se ve más debilitada.
Así, los europeos han optado por una tercera vía: reconciliar sus valores y creencias inventando una realidad paralela. Siguen profesando normas, pero las aplican a un mundo imaginario en el que Irán se despertó una mañana y atacó a Israel y a sus vecinos del Golfo, y por lo tanto merece ser condenado. Peor aún, este enfoque solo es posible porque la reacción de Europa a la guerra en Oriente Medio es en gran medida irrelevante. Al no haber participado en la elaboración de la política estadounidense, Europa puede fingir con mayor facilidad que no responde a la agresión iraní. El E3 ha acordado colaborar con Estados Unidos e Israel para interceptar y destruir misiles iraníes, y el Reino Unido ha permitido el uso de sus bases militares para tal fin. Esto pone a Europa del lado de los agresores, pero sin la influencia que esto podría suponer.
Hay algo particularmente trágico en todo lo que está sucediendo en torno a Irán. Después de todo, la cuestión nuclear iraní fue uno de los pocos casos en que los europeos lograron un resultado basado en principios y realista. Hace poco más de una década, las principales potencias del continente utilizaron su influencia económica y diplomática para negociar el Plan de Acción Integral Conjunto (PAIC), abordando así una grave amenaza estratégica sin violar sus valores.
Trump acabó destruyendo ese éxito. Pero los líderes europeos aún podrían haber seguido una línea más ética y eficaz. Podrían haber declarado que esta es una guerra elegida por Estados Unidos e Israel, violando la Carta de la ONU, y haber defendido su postura en el Consejo de Seguridad de la ONU. Podrían haber rechazado ser arrastrados a las hostilidades por Washington y, en su lugar, haber formado una coalición de los dispuestos con los actores regionales para buscar una solución diplomática. Por improbables que fueran las posibilidades de éxito, esta política habría, en el peor de los casos, preservado la integridad de Europa y, en el mejor, promovido sus intereses.












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