martes, 17 de julio de 2012

SOBRE "LAS PERAS DEL OLMO"= SURREALISMO, EN PAZ (2ª, de 2)


Seguida mente, continúa final para lo recordado por el gran amigo Martín González... que ya desde la semana pasada comenzó a destacarse: 
.
< <  (...) Los primeros años en tal actividad surrealista fueron muy ricos. No solamente modificaron la sensibilidad de la época sino que hicieron surgir una nueva poesía y una nueva pintura; pero se trataba de crear, no arte sino un hombre nuevo. Ahora bien, la Edad de Oro no aparecía entre los escombros de esa realidad tan furiosamente combatida. Al contrario, la condición del hombre era cada vez más atroz. Al período que inicia el 'Primer Manifiesto' sucede otro, presidido por preocupaciones de orden social.
.
 
 Comunicándonos con quien, aun desde toda Crisis, encontramos... (MMM)

En el ánimo de Breton, Aragon y sus amigos se instala una duda: la emancipación del espíritu humano, meta para nuestro surrealismo, ¿no exige una previa liberación de la condición social del hombre? Tras varias tormentas interiores, su grupo decide adherirse a las posiciones de la Tercera Internacional. Y así, 'La revolución surrealista' se transforma en 'El Surrealismo al servicio de la Revolución'. Sin embargo, los revolucionarios políticos no mostraron mucha simpatía por servidores tan independientes. La máquina burocrática del Partido Comunista acabó por rechazar a todos aquéllos que no pudieron o no quisieron someterse.

Durante algunos años las rupturas suceden a las tentativas de conciliación. Al fin se vio claro que toda síntesis era imposible. Sin duda el carácter cada vez más autoritario y antidemocrático del comunismo estalinista, la estrechez y rigidez de sus doctrinas estético-políticas y sobre todo la represión de que fueron síntoma entre otros los 'Procesos de Moscú' contribuyeron al hacer irreparable la ruptura. Aun así, por unos años más, el surrealismo coincidió con las tesis fundamentales del marxismo, tal como las representaba León Trotsky. En 1938 Bretón lo visita en México y redacta con el viejo revolucionario un famoso manifiesto: 'Por un arte revolucionario independiente' (ese texto apareció en todo el mundo con las firmas de André Breton y Diego Rivera)...

A pesar de la amplitud y generosidad de miras de León Trotsky, la verdad es que demasiadas cosas separaban al materialismo histórico de aquella surrealista posición; su imposibilidad de participar directamente en la lucha social fue, y es, una herida para el surrealismo. En un libro reciente Bretón vuelve sobre el tema, no sin amargura: "La historia dirá si ésos que reivindican hoy el monopolio de alguna gran transformación social trabajan por liberación del hombre o lo entregan a una esclavitud peor en su mundo. El surrealismo, como movimiento definido y organizado en vista de una voluntad de emancipación más amplia, no pudo encontrar un punto de inserción en su sistema...": reducido a sus propios medios, no ha cesado de afirmar que la liberación del hombre debe ser total.

En el seno de una sociedad en la que realmente hayan desaparecido los señores, nacerá otra poesía que será creación colectiva, como los mitos del pasado. Asistirá el hombre entonces a reconciliaciones del pensamiento y acción, desear y frutos, cosa y palabras. La escritura automática dejaría de ser una aspiración: hablar sería crear. Lo surrealista pone en tela de juicio a la realidad; pero la realidad también pone en tela de juicio a la libertad del hombre. Hay series de acontecimientos independientes entre sí que, en ciertos sitios y momentos privilegiados, se cruzan.

¿Cuál es el significado de lo que se llama destino, casualidad o, para emplear el lenguaje de Hegel, 'azar objetivo'...? En varios libros ('Nadja', 'El loco amor', 'Los vasos comunicantes') Bretón ya señalaba el carácter extraño de ciertos encuentros. ¿Se trata de meras coincidencias? Semejante manera de resolver el problema revelaría una suerte de realismo ingenuo o de positivismo primario. Lugar en que se cruzan las libertades y la necesidad, ¿qué es tal 'azar objetivo'? Engels había dicho: "La causalidad no puede ser comprendida sino ligada con las categorías del azar objetivo, formas de manifestarse lo necesario." Para Breton este 'azar objetivo' es el punto de intersección entre el deseo -o sea: la libertad humana- y la necesidad exterior. No creo que nadie haya ofrecido una respuesta definitiva a este 'problema de problemas'...

Pero si la respuesta de Bretón no logra satisfacernos, su pregunta no cesa de hostigarnos: todos hemos sido los héroes o testigos en encuentros inexplicables... Y son estos tropiezos -por citar hallazgos para personas muy alejadas de las preocupaciones surrealistas- el virus para Pasteur, la penicilina para Fleming, una rima para Valery o, en nuestra vida diaria, ¿no es el amor, de manera soberana, la ardiente encarnación del 'azar objetivo'? Las preguntas en la revista 'Minotauro' que hacían Breton&Éluard ["¿Cuál ha sido el encuentro capital de su vida?; ¿hasta que punto ese encuentro le ha dado la impresión de lo necesario o fortuito?"] las podemos repetir todos. Y estoy seguro de que la mayoría respondería que ese encuentro capital, decisivo, destinado a marcarnos para siempre con su garra dorada, se llama: amor, persona amada. 

Mas ninguno de nosotros podría afirmar con entereza si ese encuentro fortuito fue, o necesario. Los más diríamos que, si fue fortuito, tenía toda la fuerza inexorable de la necesidad; y si fue necesario, poseía la deliciosa indeterminación de lo fortuito. El 'azar objetivo' es una forma de lo necesario, la muy paradójica -por excelencia- del amor: conjunción en la doble soberanía de libertad y del destino: el amor nos revela formas más altas de su libertad, o elección libre de la necesidad.

El amor es único y exclusivo en la persona amada se enlaza necesidad con libertad. En uno de sus libros más hermosos, 'El loco amor', Breton ha puesto de relieve la naturaleza absorbente, total, del amor único: "delirio de la presencia absoluta en el seno de la naturaleza reconciliada". El verdadero amor, el amor libre y liberador, es siempre exclusivo e impide toda caída en la infidelidad:

"No hay sofisma tan temible como el que afirma que el acto sexual va necesariamente acompañado de una caída del potencial amoroso entre 2 seres, aquella pasión cuyas repeticiones los arrastrarían progresivamente a cansarse el uno del otro... Es fácil discernir sendos errores fundamentales que originan este modo de ver: uno es social; otro, moral. El error social, que no podría remediarse sin la destrucción de las bases económicas en la sociedad actual, procede de que la elección inicial hoy no está realmente permitida y, en la medida en que excepcionalmente tiende a imponerse, se produce en una atmósfera de no elección, hostil a su triunfo...

El error moral nace de la incapacidad en que se halla la mayoría de los hombres para librarse de toda preocupación ajena al amor, de todo temor como de toda duda... La experiencia del artista, como la del sabio, es aquí de gran ayuda: ambas revelan que todo lo que se edifica y perdura, de antemano, exige -para ser- algún completo abandono. El amor debe perder ese gusto amargo que no tiene, por ejemplo, el ejercicio de la poesía. Tal empresa no podrá llevarse a cabo plenamente mientras no se haya abolido, a escala universal, la infame idea cristiana del pecado."

Es decir, se trata de reconquistar inocencia. No es extraño que otro gran contemporáneo de Bretón, el inglés D. H. Lawrence, se exprese en términos semejantes. El verdadero tema de nuestro tiempo -y en todos los tiempos- será reconquistar la inocencia por el amor. ¡Despojar al amor de "ese sabor amargo que no tiene la poesía"! ¿Qué es, entonces, poesía para Bretón? Él mismo nos lo dice con texto:
'La poesía se hace en el lecho como el amor
Sus sábanas deshechas son la aurora de las cosas
La poesía se hace en los bosques
.
El abrazo poético como el abrazo carnal
Mientras duran
Prohíben caer en la miseria del mundo.'

Poesía y amor son actos semejantes. Las experiencias poética y amorosa nos logran abrir las puertas de un instante eléctrico. Allí el tiempo no es sucesión; ayer, hoy y mañana dejan de tener significado: sólo hay el siempre que también es ahora y aquí. Caen los muros de la prisión mental; espacio y tiempo se abrazan, se entretejen y despliegan a nuestros pies una alfombra viviente, una vegetación que nos cubre con sus mil manos de hierba, que nos desnuda con sus mil ojos de agua. El poema, como el amor, es un acto en el que nacer y morir, esos dos extremos contradictorios que nos desgarran y hacen de tal modo precaria la condición humana, pactan y se funden. Amar es morir, han dicho nuestros místicos; pero también, y por eso mismo, es nacer. El carácter inagotable de la experiencia amorosa no es distinto al de la poesía. René Char escribe: "poema es el amor realizado del deseo que permanece deseo."

Todo el ser participa en el encuentro erótico, bañado de su luz cegadora. Y cuando tal tensión desaparece depositándonos una ola contra las orillas de lo más cotidiano, esa luz aún brilla, entreabre cortinas de nuestra condición... Entonces nos reconocemos y recordamos lo que, realmente, somos. La "vida anterior" regresa: es una mujer, la morada terrestre del hombre, la diosa de pechos desnudos que sonríe a las orillas del Mediterráneo, mientras el agua del "mar se mezcla al sol"; es Xochiquetzal, la de la falda de hojas de maíz y fuego, la de la falda de bruma, cuerpo de centella en la tormenta; es Perséfone que asciende del abismo en donde cortó narciso, flor del deseo. Paul Éluard revela identidades de amor y poesía:
'Tú das al mundo un cuerpo siempre el mismo
El tuyo
Tú eres la semejanza'

La mujer es semejanza. Y yo diría: la correspondencia. Todo rima, todo se llama y se responde. Como lo creían los antiguos, y lo han sostenido siempre los poetas y la tradición oculta, el universo está compuesto por contrarios que se unen y separan con secretos ritmos. El conocimiento poético -y la poética imaginación, esa facultad productora de imágenes en cuyo seno los contrarios se reconcilian- nos deja vislumbrar la analogía cósmica. Baudelaire decía: "La imaginación es la más científica de nuestras facultades porque sólo ella es capaz de comprender la analogía universal, aquello que una religión mística llamaría la correspondencia... La naturaleza es un Verbo, una alegoría, un modelo..."

Esa obsesionante repetición de imágenes o mitos a través de los siglos, por individuos y pueblos que no se han conocido entre ellos, tampoco puede razonablemente explicarse sino aceptando el carácter arquetípico del universo y de la palabra poética. Cierto, el hombre ha perdido la llave maestra del cosmos y de sí mismo; desgarrado en su interior, separado de la naturaleza, sometido al tormento del tiempo y el trabajo, esclavo de sí mismo y de los otros, rey destronado, perdido en un laberinto que parece no tener salida, el hombre da vueltas alrededor de sí mismo incansablemente. A veces, por un instante duramente arrebatado al tiempo, cesa la pesadilla. La poesía y el amor le revelan la existencia de ese alto lugar donde, como dijo el 'Segundo Manifiesto': "...vida y muerte, las reales e imaginarias, tanto en el pasado como del futuro, lo comunicante o incomunicable, los altos y bajos dejarán de ser percibidos contradictoriamente".

Todavía no es tiempo de hacer uno de esos balances que tanto aman los críticos y los historiadores. Hoy nadie se atreve a negar que el surrealismo ha contribuido de manera poderosa a formar la sensibilidad de nuestra época. Además, esa sensibilidad, en buena parte, es creación suya. Pero la empresa surrealista no se ha limitado únicamente a expresar las tendencias más ocultas de nuestro tiempo y anticipar las venideras; este movimiento se proponía 'encarnar en la historia y transformar el mundo con las armas de la imaginación y la poesía'. No ha sido otra la tentativa de los más grandes vates en Occidente. Frente a la ruina del mundo sagrado medieval y -cara, simultáneamente- al desierto industrial o utilitario que ha erigido la civilización racionalista, la poesía moderna se concibe como un nuevo ámbito sagrado, fuera de toda iglesia y fideísmo.

Novalis había dicho: "La poesía es la religión natural del hombre." Blake afirmó siempre que sus libros constituían las "sagradas escrituras" de la nueva Jerusalén. Fiel a esta tradición, el surrealismo busca un nuevo espacio sagrado extrarreligioso; fundado en triples ejes de Libertad, el Amor y la Poesía. Esa tentativa surrealista se ha estrellado contra un muro. Colocar a la poesía en el centro de la sociedad, convertirla en el verdadero alimento de los hombres y en la vía para conocerse tanto como para transformarse, exige también una liberación total de la misma sociedad.

Sólo en alguna sociedad libre la poesía sería un bien común, o creación colectiva y participación universal. El fracaso del surrealismo nos ilumina sobre otro, acaso de mayor envergadura: el de la tentativa revolucionaria. Allí donde las antiguas religiones y tiranías han muerto, renacen los cultos primitivos y las feroces idolatrías. Nadie sabe qué nos depararán los treinta o cuarenta años venideros. No sabemos si todo arderá, si brotará la espiga de la tierra quemada o si continuará el infierno frío que paraliza al mundo desde el fin de la guerra.

Tampoco es fácil predecir el porvenir del surrealismo. Pero ya sé algo: como las sectas de gnósticos en los primeros siglos cristianos o aquella herejía del cisma cátaro, como los grupos de iluminados del Renacimiento y el periodo romántico, como la tradición ocultista que desde la antigüedad no ha cesado de inquietar a los más altos espíritus, el surrealismo -en lo que tiene de mejor y más valioso- seguirá siendo alguna invitación a la aventura interior, del redescubrimiento de nosotros mismos; y un signo de su inteligencia, el mismo que a través de los siglos nos harán los grandes mitos y los mayores poetas.

Este signo es un relámpago: bajo su luz convulsa, entrevemos algo del misterio de nuestra condición.  > >
.
y, además de dicha edición facsimilar completa, hay
como precedente, otro poema recitado por el autor:
e, igualmente, con su versión íntegra escrita, o
'Repaso: la doble llama', Epílogo [último capítulo].
.

miércoles, 11 de julio de 2012

¿Por qué trabaja[ría]mos tant[ísim]o (¡aún!), si (ya) es[tamos -y hace tiempo- en] el Siglo XXI?


Un agudo comentarista (Owen Hatherley) acaba de volver a cuestionar algo no baladí -¡para nada!- sobre lo que ya nos prestó su atención al comienzo de la interminable Crisis actual, y también tratamos acá en algunas otras intervenciones adicionales más, tan reiterada como apasionada mente:

< Si hay algo en lo que prácticamente coincidían antaño todos los futurólogos, es que en el siglo XXI habría muchísimo menos trabajo. ¿Qué habrían pensado, de haber sabido que en 2012 la jornada laboral de 9 a 5 se ha convertido en algo más parecido a otra desde 7 de la mañana hasta 7 de la tarde? Seguramente habrían echado un vistazo en torno suyo y habrían visto cómo la tecnología tomaba el control en muchas profesiones en las que anteriormente se necesitaba una ingente mano de obra, habrían contemplado el aumento de la automatización y la producción en masa, y se habrían preguntado, ¿por qué pasan 12 horas al día en tareas de poca filfa?


Se trata de una cuestión a la que no responden adecuadamente la derecha o la izquierda oficial. A los conservadores siempre les ha gustado pontificar acerca de la virtud moral del trabajo duro y buena parte de la izquierda, concentrada en los terribles efectos del desempleo masivo, ofrece comprensiblemente "más empleos" como solución principal a las Crisis. Anteriores generaciones habrían encontrado esto perdidamente decepcionante.

En casi todos los casos, los utopistas, socialistas y demás futurólogos creían que el trabajo acabaría por quedar casi abolido sobre todo por una razón: podríamos dejar que lo hicieran las máquinas. El pensador socialista Paul Lafargue escribió en su breve tratado mordazmente titulado 'El derecho a la pereza' (1883):

"Nuestras máquinas, con aliento de fuego, con brazos de incombustible acero, con maravillosa fecundidad inagotable, ejecutan con docilidad por sí mismas su sagrada labor. Y no obstante, el genio de los grandes filósofos del capitalismo sigue estando dominado por los prejuicios del sistema salarial, la peor de las esclavitudes. No comprenden todavía que la máquina es la salvadora de la humanidad, el dios que redimirá al hombre de alquilarse para trabajar, la divinidad que le otorgará ocio y libertad".

Oscar Wilde estuvo evidentemente de acuerdo: en su ensayo de 1891, 'El alma del hombre bajo el socialismo', desdeña "el disparate de lo que hoy se escribe y dice acerca de la dignidad del trabajo manual", e insiste en que "el hombre está hecho para algo mejor que repartir mugre. Todo el trabajo de esa laya debería realizarlo una máquina". Deja bien claro lo que quiere decir:

"La maquinaria debe trabajar para nosotros en las minas de carbón, y ocuparse de todos los servicios sanitarios, y ser fogonero de los vapores, y limpiar las calles y llevar mensajes los días de lluvia y realizar todo lo que sea tedioso o penoso".

Tanto Lafargue como Wilde se hubieran sentido horrorizados de haberse dado cuenta que, sólo 20 años después, el trabajo manual mismo se convertiría en ideología de los partidos laboristas y comunistas, que se dedicaron a glorificarlo en lugar de a abolirlo.

En esto también, sin embargo, la idea consistía en que finalmente quedaría substituido. Tras la Revolución Rusa, uno de los grandes defensores del culto al trabajo fue Aleksei Gastev, un antiguo metalúrgico y dirigente sindical que se convirtió en poeta, publicando antologías de títulos como 'Poesía de la planta de producción'. Se convirtió en el entusiasta principal del taylorismo, la técnica norteamericana de gestión habitualmente criticada por la izquierda por reducir al trabajador a una simple pieza de la máquina, dirigiendo el Instituto Central del Trabajo, con patrocinio del Estado. Cuando le preguntó por ello el izquierdista alemán Ernst Toller, Gastev contestó: "Tenemos la esperanza de que gracias a nuestros descubrimientos lleguemos a un estadio en el que un trabajador que antes en determinado empleo trabajaba unas '8 horas' tenga que trabajar no más de otras '2 ó 3, sólo', ya". En algún momento de la cadena esto quedó olvidado en beneficio de los supermusculosos estajanovistas que ejecutaban proezas sobrehumanas de extracción de carbón.

Los teóricos industriales norteamericanos, por raro que parezca, parecían compartir la visión socialista. Buckminster Fuller, el diseñador, ingeniero y polifacético sabio norteamericano, declaró que la "ecuación industrial", es decir, el hecho de que la tecnología faculta a la humanidad para hacer "más con menos", pronto eliminaría la noción misma de trabajo por completo. En 1963 escribió: "[D]entro de un siglo, la palabra 'trabajador' no tendrá ningún significado actual. Será algo que haya que mirar en un diccionario de principios del siglo XX". Si eso ha resultado cierto de los últimos 10 años, lo ha sido sólo en el sentido de "hoy en día somos todos de clase media" del Nuevo Laborismo, no en el sentido de eliminar de veras el trabajo de poca monta, o la división entre trabajadores y propietarios.

Los sondeos llevan mostrando desde hace mucho que la mayoría de los trabajadores piensan que sus empleos son irrelevantes, y echando un vistazo a las disputadas vacantes en una oficina de empleo media –el personal de oficinas de atención telefónica al cliente, archivista y, sobre todo, las diversas tareas de la industria de servicios– es difícil no estar de acuerdo.

Sin embargo, la visión utópica de la eliminación del trabajo industrial ha pasado de muy diversos modos a mejor vida. En la última década, las acerías de Sheffield han logrado producir más que nunca con mínima parte del personal previo; y en los puertos de contenedores de Avonmouth, Tilbury, Teesport y Southampton se deshicieron de la mayoría de los estibadores, pero no del tonelaje.

El resultado no fue que los estibadores o trabajadores siderúrgicos se vieran libres, tal como dijera una vez Marx, para "cazar por la mañana, pescar por la tarde y dedicarse a la crítica después de cenar". Por el contrario, se vieron sometidos al oprobio, la pobreza, y la incesante preocupación de buscar otro empleo que, caso de conseguirse, podía ser inseguro, mal pagado, no sindicalizado, en el sector servicios. En la presente era del trabajo eventual es prácticamente la norma, ésta; de modo que la idea del empleo seguro, cualificado y el orgullo en el trabajo no parecen tan horribles. No obstante, el movimiento obrero se consagró en otro tiempo a la abolición última de todo trabajo de poca entidad, tedioso, agotador. Disponemos de las máquinas para convertirlo hoy en realidad, pero carecemos de la voluntad.' >
.
(en 'The Guardian', traducido por Lucas Antón)
.

domingo, 8 de julio de 2012

SOBRE "LAS PERAS DEL OLMO": SURREALISMO, EN PAZ [1ª de 2]

 .
Merced a los muy excelentes oficios como zahorí de nuestro querido M. Glez. Núñez y al, tan bien, amigo blog -astur- El osu que mató a Favila: "Es revelador el cómo los organizadores de este ciclo de Conferencias hayan tenido que pensar en esto del Surrealismo como uno de los grandes temas para nuestra época.

Día a día se hace más patente que la casa construida por la civilización occidental se nos ha vuelto prisión, laberinto sangriento, matadero colectivo. No es extraño, por tanto, que pongamos en entredicho a la realidad y que busquemos una salida. El surrealismo no pretende otra cosa: es un poner en radical entredicho a lo que hasta ahora ha sido considerado inmutable por nuestra sociedad, tanto como una desesperada tentativa por encontrar la vía de salida. No, ciertamente, en busca de la salvación, sino de la verdadera vida.
.
 Trabajando en el puerto marítimo senegalés de M'bour (por MYM, año 2009)
.
Al mundo de 'robots' de la sociedad contemporánea el surrealismo opone los fantasmas del deseo, dispuestos siempre a encarnar en un rostro de mujer. Pero hace cinco o seis años esta conferencia habría sido imposible. Graves críticos -enterradores de profesión y, como siempre, demasiado apresurados- nos habían dicho que el surrealismo era un movimiento pasado. Su acta de defunción había sido extendida, no sin placer por los notarios del espíritu. Para descanso de todos, el surrealismo dormía ya el sueño eterno de las otras escuelas de los principios del siglo: futurismos, cubismos, imaginismos, dadaísmo, ultraísmo, etcétera. Bastaba, pues, con que el historiador de la literatura pronunciase su pequeño elogio fúnebre para que, ya tranquilos, volviésemos a los quehaceres diarios; lo maravilloso cotidiano había muerto; en realidad, nunca había existido. Existía sólo lo cotidiano: la moral del trabajo, el 'ganarás el pan con el sudor de tu frente', el mundo sólido del humanismo clásico y de la prodigiosa ciencia atómica.

Pero el cadáver estaba vivo. Tan vivo, que ha saltado de su fosa y se ha presentado de nuevo ante nosotros, con su misma cara terrible e inocente, cara de tormenta súbita, cara de incendio, cara y figura de hada en medio del bosque encantado. Seguir a esa muchacha que sonríe y delira, internarse con ella en las profundidades de la espesura verde y oro, en donde cada árbol es una columna viviente que canta, es volver a la infancia. Seguir ese llamado es partir a la reconquista de los poderes infantiles. Esos poderes -más grandes quizá que los de nuestra ciencia orgullosa- viven intactos en cada uno de nosotros. No son un tesoro escondido sino la misteriosa fuerza que hace de la gota de rocío un diamante y del diamante el zapato de Cenicienta. Constituyen nuestra manera propia de ser y se llaman: imaginación y deseo

                                                  .
El hombre es un ser que imagina y su razón misma no es sino una de las formas de ese continuo imaginar. En su esencia, imaginar es ir más allá de sí mismo, proyectarse, continuo trascenderse. Ser que imagina porque desea, el hombre es el ser capaz de transformar el universo entero en imagen de su deseo. Y por esto es un ser amoroso, sediento de una presencia que es la viva imagen, la encarnación de su sueño. Movido por el deseo, aspira a fundirse con esa imagen y, a su vez, convertirse en imagen; juego de espejos, ecos, cuerpos que se deshacen y recrean bajo el sol inmóvil del amor infatigablemente. La máxima de Novalis: "
el hombre es imagen", la hace ya suya el surrealismo. Pero la recíproca también es verdadera: 'la imagen encarna en el hombre'.

Nada más sintomático de cierto estado de espíritu contemporáneo que aceptar sin pestañear la presencia de tendencias que pueden calificarse de
surrealistas a lo largo del pasado -el romanticismo alemán, la novela gótica inglesa, como ejemplos próximos- y en cambio negarse a reconocerlas en el presente. Cierto, hay un estilo surrealista que, perdido su inicial poder de sorpresa, se ha transformado en manera y receta. El surrealismo es uno de los frutos de nuestra época y no es invulnerable al tiempo; pero, asimismo, la época está bañada por la luz surrealista y su vegetación de llamas y piedras preciosas ha cubierto todo su cuerpo. Y no es fácil que esas lujosas cicatrices desaparezcan sin que desaparezca la época misma. Esas cicatrices forman una constelación de obras a las que no es posible renunciar sin renunciar a nosotros mismos. Sin embargo, el surrealismo traspasa el significado de estas obras porque no es una escuela (aunque constituya un grupo o secta), ni una poética (a pesar de que uno de sus postulados esenciales sea de orden poético: el poder liberador de la inspiración), ni una religión o un partido político. El surrealismo es una actitud del espíritu humano. Acaso la más antigua y constante, la más poderosa y secreta.

En 'Arcano 17', André Breton habla de una estrella que hace palidecer a las otras: el lucero de la mañana, Lucifer, ángel de la rebelión. Su luz la forman tres elementos:
la libertad, el amor y la poesía. Cada uno de ellos se refleja en los otros dos, como tres astros que cruzan sus rayos para formar una estrella única. Así, hablar de la libertad será hablar de la poesía y del amor. Movimiento de rebelión total, nacido de Dadá y su gran sacudimiento, el surrealismo se proclama como una actividad destructora que quiere hacer tabla rasa con los valores de la civilización racionalista y cristiana. A diferencia del dadaísmo, es también una empresa revolucionaria que aspira a transformar la realidad y, así, obligarla a ser ella misma. 

                                                           .
El
surrealismo no parte de una teoría de la realidad; tampoco es una doctrina de la libertad. Se trata más bien del ejercicio concreto de la libertad, esto es, de poner en acción la libre disposición del hombre en un cuerpo a cuerpo con lo real. Desde el principio la concepción surrealista no distingue entre el conocimiento poético de la realidad y su transformación: conocer es acto transformando aquello que se conoce. Y la actividad poética vuelve a ser, pues, así una operación mágica.

Para nosotros el mundo real es un conjunto de objetos o entes. Antes de la edad moderna, ese mundo estaba dotado de una cierta intencionalidad, atravesado, por decirlo así, por la voluntad de Dios. Los hombres, la naturaleza y las cosas mismas estaban impregnadas de algo que las impregnaba de trascendencia; poseían un valor: eran buenas o malas. La idea de utilidad -que no es sino la degradación moderna de la noción de bien- impregnó después nuestra idea de la realidad. Los entes y objetos que constituyen el mundo se nos han vuelto cosas útiles, inservibles o nocivas. Nada escapa a esta idea del mundo como un vasto utensilio: ni la naturaleza, ni los hombres, ni la mujer misma: todo es un para..., todos somos instrumentos. Y aquellos que en lo alto de la pirámide social manejan esta enorme y ruinosa maquinaria, también son utensilios, también son herramientas que se mueven maquinalmente.

El mundo se ha convertido en una gigantesca máquina que gira en el vacío, alimentándose de sus detritus. Pues bien, el
surrealismo se rehúsa a ver el mundo como un conjunto de cosas buenas y malas, unas henchidas del ser divino y otras roídas por la nada; de ahí su anticristianismo. Asimismo, se niega a ver la realidad como un conglomerado de sólo cosas útiles o nocivas; y desde ahí su anticapitalismo

                                                    .
Las ideas de moral y utilidad le son extranjeras. Finalmente, tampoco considera el mundo a la manera del hombre de ciencia puro, es decir, como un objeto o grupo de objetos desnudos de todo valor, desprendidos del espectador. Nunca es posible ver el objeto en sí; siempre está iluminado por ese ojo que lo mira, siempre está moldeado por la mano que lo acaricia, oprime o empuña. El objeto, instalado en su realidad irrisoria como un rey en un volcán, de pronto cambia de forma y se transforma en otra cosa: ese ojo que mira lo ablanda como cera, la mano que tocaba lo modeló como arcilla, el objeto se subjetiviza. O como dice un héroe de Arnim:
"Discierno con pena lo que veo con los ojos de la realidad, de lo que veo con aquéllos de la imaginación." Evidentemente se trata de los mismos ojos, sólo que sirviendo a poderes distintos. Y así se inicia una vasta transformación de la realidad. Hijo del deseo, nace el objeto surrealista: la asamblea de montes es otra vez cena de gigantes; las manchas de la pared cobran vida, se echan a volar y son un ejército de aves que con sus picos terribles desgarran el vientre de la hermosa encadenada.

Las imágenes del sueño proporcionan ciertos arquetipos para esta subversión de la realidad. Y no sólo las del sueño; otros estados análogos, desde la locura hasta el ensueño diurno, provocan rupturas y reacomodación a nuestra visión de lo real. Consecuentes por tal programa, Bretón y Éluard reproducen en su libro 'La Inmaculada Concepción' el pensamiento de los enfermos mentales; durante una época Dalí se sirve de la "paranoia crítica"; Aragón escribe 'Una ola de sueños'. Y, en efecto, se trataba de una inundación de imágenes destinadas a quebrantar la realidad.

                                           .
Otro de los procedimientos para lograr la aparición de lo insólito consiste en desplazar un objeto ordinario de su mundo habitual ("el encuentro de una máquina de coser y un paraguas en una mesa de disección"). Ningún arma más poderosa que el humor: al absurdo del mundo la conciencia responde con otro y el humor establece así una suerte de "empate" entre objeto y sujeto. Todos estos métodos -y otros muchos- no eran, ni son, ejercicios gratuitos de carácter estético. Su propósito es subversivo: abolir esta realidad que una civilización vacilante nos ha impuesto como la sola y única verdadera.

El carácter destructivo de estas operaciones no es sino un primer paso; su fin último es desnudar la realidad, despojarla de sus apariencias, para que muestre al fin su verdadero rostro. "El ser ama ocultarse": la poesía se propone hacerlo reaparecer. De alguna manera, en algún momento privilegiado, la realidad escondida se levanta de su tumba de lugares comunes y coincide con el hombre. En ese momento paradisíaco, un instante para siempre por primera y única vez, somos de verdad. Ella y nosotros. 

                 .
Arrasado por el humor y recreado por la imaginación, el mundo no se presenta ya como un "horizonte de utensilios" sino como un campo magnético. Todo está vivo: todo habla o hace signos; los objetos y las palabras se unen o separan conforme a ciertas llamadas misteriosas; la yedra que asalta el muro es la cabellera verde y dorada de Melusina. Espacio y tiempo vuelven a ser lo que fueron para los primitivos: una realidad viviente, dotada de poderes nefastos o benéficos, algo, en suma, concreto y cualitativo, no una simple extensión mensurable.

Mientras el mundo se torna maleable al deseo, escapa de las nociones utilitarias y se entrega a la subjetividad, ¿qué ocurre con el sujeto? Aquí la subversión adquiere una tonalidad más peligrosa y radical. Si el objeto se subjetiviza, el yo se disgrega.
"Desde Arnim (dice Bretón), toda la historia de la poesía moderna es la de las libertades que los poetas se han tomado con la idea del yo soy." Y así es: al margen de un retrato de Nerval aparece, de su puño y letra, una frase que años más tarde, apenas modificada, servirá también de identificación para Rimbaud. Nerval escribía: "Yo soy el otro". 

                    .
Rimbaud sentenció: "Yo es otro". Y no se hable de coincidencias: se trata de una afirmación que viene de muy lejos y que, desde Blake y los románticos alemanes, todos los poetas nos han repetido incansablemente. La idea del doble -que ha perseguido a Kafka y a Rilke- se abre paso en la conciencia de un poeta tan aparentemente insensible al otro mundo como Guillermo Apollinaire:
'Je me disais Guillaume il est temps que tu viennes
Un jour je m'attendais moi-même
Pour que je sache enfin celui-là que je suis...'
                                            .
El casi enternecido asombro con que Apollinaire se espera a sí mismo, se transforma en el rabioso horror de Antonin Artaud: "transpirando la argucia de sí mismo a sí mismo". En un libro de Benjamín Péret, 'Je sublime', la corriente temporal del yo se dispersa en mil gotas coloreadas, como el agua de una cascada a la luz solar. A más de dos mil años de distancia, la poesía occidental descubre algo que constituye la enseñanza central del budismo: el yo es una mera ilusión, la congregación de sensaciones, pensamientos y deseo.

A través de diversas técnicas es posible realizar la sistemática destrucción del yo o, mejor dicho, una objetivización del sujeto. La más notable y eficaz es la escritura automática; o sea: el dictado del pensamiento no dirigido, emancipado de las interdicciones de la moral, la razón o el gusto artístico. Nada más difícil que llegar a estos estados de alguna suprema distracción


A este frenesí pasivo todo se opone, desde la presión del exterior hasta nuestra propia censura interior y el llamado "espíritu crítico". Tal vez no sea impertinente decir aquí lo que pienso de la "escritura automática", después de haberla practicado algunas veces. Aunque se pretende que constituye un método experimental, no creo que sea ni lo uno ni lo otro. Como experiencia me parece irrealizable, al menos en forma absoluta. Y más que método la considero una meta: no es un procedimiento para llegar a un estado de perfecta espontaneidad o inocencia sino que, si fuese realizable, sería ese estado de inocencia. Ahora bien, si alcanzamos esa inocencia -si hablar, soñar, pensar y obrar se ha vuelto ya lo mismo-, ¿a qué escribir?

El estado al que aspira la "escritura automática" excluye toda escritura. Pero se trata de un destino inalcanzable. En suma, practicarla efectivamente y no como ejercicio psicológico, exigiría haber logrado una libertad absolut; o, lo que es lo mismo, una dependencia no menos absoluta: un estado que suprimiría las diferencias entre el yo, el superego y el inconsciente. Algo contrario a nuestra naturaleza psíquica. 

No niego, claro estará, que en forma aislada, discontinua y fragmentaria, tal disciplina no nos dé ciertas revelaciones preciosas sobre un funcionamiento del lenguaje y el pensamiento. En este sentido quizá Bretón tenga razón al insistir en que, a pesar de todo, es uno de los modos más seguros "
para devolver su inocencia y poder creador originales a la palabra humana". Por lo demás ningún escritor negará que casi siempre sus mejores frases, sus imágenes más puras, son aquéllas que surgen de pronto en medio de su trabajo como misteriosas ocurrencias. Y lo mismo sucede en nuestra vida diaria: siempre hay alguna extraña intrusión, una -dichosa o nefasta- "casualidad", que vuelve irrisorias todas las previsiones del sentido común. 

Más allá de su dudoso valor como método de creación, la escritura automática puede compararse a los "ejercicios espirituales" de la Mística y las prácticas del
budismo Zen, sobre todo: se trata de llegar a un estado de pasividad activa; en el que "yo siento" es, paradójicamente, substituido por otro misterioso "se piensa". 

Lo importante, así, es lograr la ruptura de esa ficticia personalidad que el mundo nos impone o que nosotros mismos hemos creado para defendernos del exterior. El yo nos aplasta, y esconde nuestro verdadero ser. Negar al yo no es negar a seres ningunos:
'Suis-je Amour ou Phébus? Lusignan ou Byron?'
,
Renunciar a la identidad personal no implica una pérdida del ser sino, precisamente, su reconquista. El poeta es ya todos los hombres. La naturaleza se revela tal cual es y arroja sus máscaras. La tentativa, presente en la mayoría de los grandes poetas, por "ser todos los hombres" necesariamente se alía con esa 'destrucción del yo'. La empresa poética consiste no tanto en suprimir como en abrir una personalidad y convertirla en el punto para intersección de cuanto son subjetivos más lo objetivo. 

El surrealismo intenta resolver esta vieja oposición entre yo y el mundo, lo interior y lo exterior; creando objetos que son interiores y exteriores, a la vez. Si mi voz ya no es mía, sino la de todos, ¿por qué no lanzarse a una nueva experiencia: la poesía colectiva? En verdad la poesía siempre ha sido hecha por todos. Los mitos poéticos, las grandes imágenes de la poesía en todas las lenguas, son un objeto de comunión colectiva

Los surrealistas no sólo quieren participar en las creaciones poéticas: aspiran a convertir esa participación en una nueva forma de creación. Varios libros de poemas fueron escritos colectivamente por Breton, Éluard, Char y otros. Al mismo tiempo, aparecen los juegos poéticos y plásticos; todos ellos destinados a un hacer que, por medio del choque de dos o más voluntades poéticas, la imagen deslumbrante logre surgir en fin.


Continuará ] ... "

(Octavio Paz, en México, 1954)
.

miércoles, 27 de junio de 2012

El que avisó no es traidor, sino Premio Nobel = antes de "La Gran Recesión"… (Paul Krugman)

.
El profesor está por aquí ahora de visita, para debatir sin miedos, tras haber causado polémica reiterada con sus comentarios respecto a la ruina del Reino de España y consiguientes riesgos. Pero para poner en justa dimensión las capacidades de su augurio prospectivo, conviene remontarse un poco más atrás recuperando un breve suelto que publicábamos hace ya 4 años al respecto de la tan manida Crisis (por entonces negada desde alto vocerío mediático de aquellos mejorpensantes gurús que, sin casi ninguna excepción, aun tildaban como 'derrotistas' e incluso 'antipatriotas' a cuantos desmintieran cualquier 'cuento de la leche'... con tantísima sedicente 'vaca gorda' en paradisíacos bienestares) tras el Euro...  

 

< <  Del recién galardonado como Nobel en Economía, Paul Krugman, son bien conocidas hoy sus dos últimas tomas de postura principales, tanto contra los planes –Bush&Paulson, ‘Del dinero a cambio de basuras‘- para rescatar al sistema financiero norteamericano… como aplaudiendo una receta europea de emergencia –‘Gordon lo ha hecho bien’- con la (posteriormente copiada también por Estados Unidos y, en contra de lo que sostenía nuestro Gobierno inmediatamente antes, de igual modo ya para este Reino de España…) nacionalización parcial bancaria.

No obstante, resultaría de la mayor actualidad rescatar además algunas otras citas literales de cuanto nos había dejado tan bien escrito –¡10 años atrás!- con muy premonitoria obra, en su día inspiradora cuando en 2000 anduvimos preparando los Manifiestos fundacionales ante la naciente plataforma de ATTAC-Madrid [*].‘The return of Depression economics’, New York /London, 1999 [**]:

…El tema de este libro es tan nuevo –la fase más ‘caliente’ de crisis tan sólo empezó con una devaluación del ‘baht’ de Thailandia en julio de 1997- que incluso tal fenómeno todavía no ha adquirido ningún nombre generalmente aceptado. En las primeras fases fue sugerida toda una variedad de metáforas tomadas del mundo de las enfermedades: la ‘gripe asiática’, el ‘contagio asiático’, el ‘bahtulismo’ (mi propia contribución)… pero se ha visto cada vez con más claridad que aunque su daño se haya concentrado en Asia (hasta ahora), no era simplemente ninguna historia de allá: si algo como ello pudo suceder en los países que el Banco Mundial describía en 1993 aún como dechados de ‘ortodoxias pragmáticas’, los cuales habían tenido ‘un éxito notable en la creación y mantenimiento de su estabilidad macroeconómica’, ¿quién sabe cuál pueda ser el próximo país...?

A veces se ha hecho referencia a esto como una ‘crisis del mercado emergente’; pero Japón, cuyo tamaño representa el doble del conjunto de la economía en los demás países afectados, hace mucho que ya ‘emergió’. Un libro publicado por George Soros el pasado otoño (y editado en el Reino Unido como ‘The Crisis of Global Capitalism’) se titula ‘The World Financial Crisis’; pero sus acontecimientos han ido mucho más allá del ‘mercado financiero’ e incluso, cuando éste recupere la calma, los efectos reales de la crisis –el daño al crecimiento, a los empleos y a su nivel de vida- persistirán. Es por ello por lo que propongo otro nombre: la Gran Recesión […]

En los últimos años las economías de 7 países que concentran una cuarta parte de la producción mundial han experimentado recesiones económicas que tienen una misteriosa semejanza con la Gran Depresión de los años treinta. Igual que entonces, la crisis ha surgido de súbito en medio de un cielo despejado, mientras la mayoría de los entendidos seguían prediciéndonos un auge continuado, incluso cuando la recesión tomó fuerza. Como entonces, los remedios económicos convencionales han demostrado ser ineficaces, y perjudiciales tal vez. El hecho mismo de que algo semejante pueda ocurrir en nuestros días debería causarle hoy escalofríos a cualquiera que tenga sentido de la historia […]

La pregunta es, por lo tanto, si Europa y Estados Unidos pueden encontrarse en semejantes apuros; los países del Primer Mundo, ¿somos vulnerables? Y la respuesta es que, si le pudo pasar a Japón, nos puede pasar a nosotros (la economía estadounidense, de hecho, se acercó peligrosamente a una catástrofe ya en el otoño de 1998)… Es fácil contar historias sobre cómo todos nosotros podremos convertirnos en japoneses. El crecimiento de Europa se ralentiza y está muy cerca de una deflación real: ¿qué sucederá si el BCE espera... hasta que esa deflación se haya integrado en la inflación, antes de reducir sus tipos de interés? La Bolsa en Estados Unidos ha subido a unos niveles que parecen ya muy difíciles de justificar; ¿podría otro ‘crash’ deprimir tanto la demanda de los consumidores como para que ni el FED pueda compensar sus efectos? […]

Aunque la depresión en sentido propio no haya vuelto, una economía de la depresión –los tipos de problemas que caracterizaron buena parte de la economía mundial en los años 30, pero que no se habían vuelto a ver desde aquel entonces- se ha reinstalado de una forma pasmosa. Hace solo 5 años era muy difícil que alguien pensara que los países modernos se verían obligados a soportar recesiones apabullantes por temor a especuladores monetarios; que un gran país avanzado podría verse con persistencia incapaz de generar gasto suficiente para mantener los empleos de sus trabajadores y fábricas; o que incluso la misma Reserva Federal de los estados Unidos en américa se preocuparía por su capacidad para contener un pánico del mercado financiero. La economía mundial se ha convertido en un lugar mucho más peligroso de lo que imaginábamos […]

¿Qué quiere decir que la Economía de la depresión ha vuelto? Esencialmente significa que, por primera vez en 2 generaciones, los fallos de la economía por el lado de su demanda –gastos privados con insuficiencia para utilizar toda la capacidad productiva disponible- se han convertido en una limitación, clara y actual, de la prosperidad para grandes partes del mundo… Nosotros –y me refiero a los economistas mas también a responsables de la política o al público en general- no estábamos preparados para esto […]
.
¿QUE ES LO QUE HOY ESTÁ EN JUEGO?
.
El riesgo más inmediato sobre vuelta de una economía de la depresión es hoy, por supuesto, la posibilidad de que aun siga el malestar propagándose: que Argentina, o Sudáfrica, o Turquía, o (¡Dios nos ayude!) China se añadan a la lista de bajas; que la deflación en Europa u otro ‘Crash’ bursátil en Estados Unidos generen condiciones al estilo japonés para todo el mundo desarrollado […]

Incluso ahora, hay todavía muchas lumbreras que no aceptan esta idea de que la reciente serie de crisis económicas pone de manifiesto un verdadero 'problema del sistema'. En lugar de ello, señalan la debilidad de cada uno de esos países y errores en las políticas de sus líderes. Los bancos de Japón eran demasiado imprudentes, los gobernantes de Indonesia demasiado corruptos, los déficits presupuestarios de Brasil demasiado grandes. Sigan las políticas correctas, que harán la cosa bien... Y sin ninguna duda, todo país que ha padecido los problemas de la economía de la depresión, aunque fuese ampliamente elogiado por las políticas que aplicaba antes de que las cosas fueran mal (y muchos de estos países lo fueron), ha resultado tener, después de un análisis más riguroso, graves defectos. Pero uno tiene que tener siempre cuidado con el tipo de intervenciones que lleve a cabo.

Imaginemos algún tramo de autopista que recientemente ha sido escenario de cierto número anormal de accidentes. En casi todos los casos se encontrará un factor casual: el conductor había bebido en demasía, sus neumáticos estaban ya desgastados, reaccionó mal ante un deslizamiento, etc. Sin embargo, aunque excepcionalmente haya malos conductores, ello no absuelve a la carretera: es menos probable que los mejores tengan accidentes en cualquiera, pero las buenas carreteras no exigen ninguna perfección a sus usarios. Y, de modo semejante, un buen sistema económico no tiene por qué exigir políticas 'perfectas' de su gente tampoco […]

Digámoslo así: si Estados Unidos (que con mucho ha sido despreocupadamente próspero casi tanto como Asia y Latinoamérica son castigadas) tuviera que ir también a menos, podemos estar completamente seguros de que después de producirse tal hecho las lumbreras explicarán con todo lujo de detalles la causa de que hayamos merecido nuestro destino. Por supuesto, todos aquellos ‘hedge funds’ sin regular, entradas de pequeños inversionistas mal informados en una especulación de alto riesgo, el exceso de disponibilidad del crédito al consumo y la tasa de ahorro nula resultante nos estaban anunciando los desastres que cabía esperar.

Lo que es particularmente penoso en las crisis económicas de los 2 últimos años es que en general los países atrapados en ellas estaban siguiendo, según toda la información, mejores políticas de las que habían seguido en el pasado. Como dijo un abatido brasileño: ‘No hemos tenido nunca un Gobierno tan responsable, el entorno no fue nunca mejor para los negocios; ¿por qué nos pasa esto?’. Y eso era antes de la catástrofe de enero […]

Pero la teoría está completamente equivocada. Hubo excesos; muchas inversiones tendrán que perderse, aunque las economías se recuperen. Sin embargo, no existirá ninguna buena razón por la que dichas inversiones equivocadas del pasado tengan que dejar a trabajadores perfectamente buenos en el paro, y a fábricas perfectamente útiles en la ociosidad. Si la Bolsa de los Estados Unidos se derrumba mañana, nadie esperaría que Alan Greenspan protegiese a los accionistas frente a sus pérdidas; pero podríamos y deberíamos acusarle de negligencia si no hace todo lo posible para evitar que aquellas pérdidas de valores ocasionen un desempleo masivo […] Hasta que Brasil explotó, por entonces, los funcionarios de Washington y en otras partes comenzaban a manifestar una peculiar satisfacción. Corea parecía haber superado lo peor; Japón mostraba signos de cierto crecimiento; veamos, sus políticas estaban funcionando. Eso era como decir que el programa de seguridad en las autopistas funciona porque la mayoría de las víctimas en accidentes sobreviven e incluso logran caminar de nuevo. Nos queda largo trecho por delante para que podamos afirmar que hemos terminado con un resurgimiento de la economía de la depresión..
.
¿QUÉ SERÁ LO QUE DEBEMOS HACER DE MODO DIFERENTE?
.
Estados Unidos y Europa no se encuentran aún atrapados, por lo general, en ninguna falta de liquidez, de manera que su preocupación debe ser cómo evitar caer en una. La medida de precaución más evidente consiste en asegurarse de que la inflación no sea demasiado baja cuando los tiempos vengan buenos […] Según ese criterio, quiero esperar que cuando salga este libro el Banco Central Europeo hubiere actuado enérgicamente para reducir los tipos y estimular un crecimiento; si no lo hace, la ‘trampa de la liquidez’ podría estar reclamándose otras víctimas.

A largo plazo sería una buena idea intentar reducir alguna de las vulnerabilidades ya puestas de manifiesto por los recientes acontecimientos del mercado. El susto de los ‘hedge funds’ nos reveló que los mercados financieros modernos, creando muchas instituciones que desarrollan funciones semejantes a las de los bancos pero sin sacar en cambio ningún provecho por redes de seguridad del tipo bancario, han redescubierto en efecto una posibilidad actual de pánicos financieros tradicionales. Intentemos descifrar ‘quién debe a quién’, y construir algunos ‘nuevos cortafuegos’ antes de que la crisis ataque de nuevo […]

No me gusta la idea de que los países tengan que interferir en sus mercados, que tengan que limitar un libre mercado para salvarlo. Pero es difícil ver que cualquiera que haya estado atento pueda insistir todavía con que no es preciso hacer nada por el estilo; o sobre que los mercados financieros siempre recompensarán la virtud y sólo castigarán el vicio… Pocos días antes de escribir esto, un desesperado presidente Cardoso rechazaba la idea de ‘controles al capital’, insistiendo en que imponerlos sería renunciar a las esperanzas del Brasil para convertirse en un país de ‘primera clase’. Esta afirmación llegó cuando ya los periódicos financieros estaban especulando con que se podría no pagar su deuda, incluso declarándose un día festivo en la Banca, y cuando los pronosticadores se estaban planteando aumentar sus estimaciones para la caída esperada del PIB nacional […]

Sin embargo, aún más importante que el orgullo como obstáculo para una acción prudente es el prejuicio: me refiero a la adhesión por demasiadas personas influyentes a ciertas opiniones ortodoxas sobre política económica que ya no son relevantes en nuestro cambiante mundo […] Y eso nos lleva al sentido más profundo que subyace en la vuelta a economías de la depresión: se supone que la expresión económica genuina es ‘no hay nada, de comida, gratis’; ella nos dice que los recursos son limitados, que para tener más de una cosa usted tiene que aceptar menos de otra y que no hay ganancia sin dolor.

No obstante, una economía de la depresión es el estudio de situaciones en las que ‘sí hay, alguna, comida gratis’, sólo si podemos resolver cómo echarle mano, porque hay recursos ociosos que podrían ponerse a trabajar. En 1930, John Maynard Keynes escribió: ‘nos hemos metido en un desorden colosal, cometiendo errores garrafales al control de una máquina delicada, cuyo funcionamiento no entendemos’. La verdadera escasez en su mundo –¡y la nuestra!- no era, por tanto, de recursos; ni siquiera de virtud, sino ... de inteligencia.

En definitiva, no llegaremos a la comprensión de lo que necesitamos a menos que estemos dispuestos a pensar con claridad sobre nuestros problemas y seguir esos pensamientos hasta dondequiera que nos lleven… Algunas personas dicen que los problemas de Japón, del Asia emergente, de Brasil, son estructurales, y que no existe ningún remedio rápido; pero creo que los únicos obstáculos estructurales importantes para la prosperidad del mundo son aquellas doctrinas obsoletas de las que están atiborradas las mentes de los hombres.”  

* [ ver más en www.attacmadrid.org/d/1/dossiert.pdf y www.attacmadrid.org/informacion.php ]

** [ trad: ‘El retorno a la Economía de la Depresión’, Ed. Crítica, Barcelona, 2000 ]
.
¡Salud!  > >
[ sobre ‘Krugman, último Nobel: de La Gran Depresión…’ ( transcrito en el Obse.RB.A/M ), PGP-16.10.2008 ]

.
 
.

domingo, 17 de junio de 2012

EL REINO ... DE LA VOLUNTAD ... ¡¡No, nunca, te rindas!!

.

  Este mismo mes, en Las Médulas, como hace dos mil años...


O REINO

No tempo aquil
cando os animales falaban,
decir libertá non era triste,
decir verdá era coma un río:
decir amor,
decir amigos,
era igual que nomear a primavera.

Ninguén sabía dos aldraxes, 
cando os animales falaban
os homes cantaban nos solpores
pombas de luz e xílgaros de soños.

Decir teu e meu non se entendía,
decir espada estaba prohibido;
decir prisión somente era unha verba
sin senso, un aire que mancaba
o corazón da xente.

¿Cando,
cando se perdeu,
iste gran Reino?


Subiendo al puerto de Cotos, hoy desde Rascafría por el Lozoya


"Importancia de la VOLUNTAD: es la clave para conseguir lo que uno se ha propuesto. Es la joya de la corona de la conducta. El que tiene educada la voluntad verá que sus sueños se irán convirtiendo en realidad. La voluntad y la inteligencia forman un dúo decisivo en la geografía de la persona. A ellas se une otra pieza decisiva de nuestra psicología, la afectividad. O sea, que afectividad, inteligencia y voluntad constituyen el tríptico esencial para dirigirnos hacia lo mejor.

¿Qué es la voluntad, en qué consiste, cuáles son los principales ingredientes que se hospedan en su interior? La voluntad es la capacidad para ponerse uno objetivos concretos y luchar hasta irlos alcanzando. Está claro que no es algo genético, sino adquirido. La psicología conductista la define así: 'capacidad para el aplazar la recompensa'. Es decir, para ir trabajando y fortaleciendo la voluntad es muy importante no buscar resultados inmediatos sino mediatos, sacrificar lo cercano por lo lejano. En esa travesía se encierra un principio que me parece muy importante: saber esperar y saber continuar.

Etimológicamente la palabra voluntad procede del latín 'voluntas, -tatis', que significa querer. Hay una distinción muy interesante si nos vamos a los matices: desear es pretender algo de forma pasajera, momentánea, esporádica, sin continuidad, es algo que asoma en el escenario de los intereses y luego se difumina. Por el contrario, querer es determinación, propósito firme, decisión sólida, es haber tomado la resolución de conseguir algo y entregarse a esa tarea. El inmaduro va detrás de los deseos según van apareciendo y luego los va desechando. El que tiene madurez quiere algo con fundamento y precisión, lo califica, lo precisa, delimita su campo y se lanza con todas sus fuerzas en esa dirección evitando la dispersión, poniendo a la voluntad por delante, para que tire en ese sentido. El deseo es más emocional, el querer pertenece al patrimonio de la voluntad. Dicho de forma más rotunda: voluntad es determinación.

Toda educación empieza y termina por la voluntad. Es firmeza en los propósitos, solidez en los planes a llevar hacia delante, ánimo ante las dificultades. Todo lo grande es hijo del esfuerzo y la renuncia. Quien tiene educada la voluntad es más libre y puede llevar su vida hacia donde quiera. Cuando la voluntad se ha ido formando a base de ejercicios continuos, está siempre dispuesta a vencerse, a ceder, a dominarse, a buscar lo mejor. No eres más libre cuando haces lo que te apetece, sino cuando eliges aquello que te hace más persona. Aspirar a lo mejor y tener visión de futuro.

Quiero diseñar un decálogo sobre cómo fomentar la voluntad, o una manera de atornillar tema tan rico, complejo e importante como éste:

 1. La voluntad necesita un aprendizaje gradual, que se consigue con la repetición de actos en donde uno se vence y lucha y cae y se levanta y vuelve a empezar. Esto tiene un nombre: hábito. Es necesario ir adquiriendo hábitos positivos de voluntad, la frecuencia y regularidad de un comportamiento positivo.

 2. Para tener voluntad hay que empezar a negarse y/o vencerse en estímulos e inclinaciones inmediatas. Esto es realmente difícil en los comienzos. Toda educación de la voluntad tiene trasfondos ascéticos, esforzados, costosos.

 3. Cualquier avance en la volunta se hace más fácil si hay motivación. Estar motivado es tener el arco tenso para apuntar al mejor blanco. El ejercicio de tiro con arco en nuestros objetivos se estira más gracias a los contenidos que lo motivan. ¡Lo que estudia una persona que prepara oposiciones para llegar a sacarlas! ¡A lo que es capaz de renunciar en cuanto al placer de comer una persona que está motivada para adelgazar! El que sabe lo que quiere tiene la voluntad preparada para la lucha.

 4. Es fundamental tener objetivos claros: medibles, precisos o bien delimitados, y estables además. Cuando esto es así y se pone el esfuerzo por ir hacia delante, los resultados positivos estarán a la vuelta de la esquina. La cabeza no tolera la dispersión de aquello que pretendemos conseguir. Ni tampoco querer abarcar más de lo que uno realmente puede. Aprender a renunciar es sabiduría y paz interior.

 5. Toda educación de la voluntad tiene un fondo austero, sobrio y costoso especialmente cuando se está comenzando. Los ríos desbordados y caudalosos de la juventud deben ser conducidos por un cauce que disciplina impulsos y agavilla su volumen. Ahí tienen su puesto los padres por un lado y los educadores, por otro. Las grandes ambiciones, las mejores aventuras brotan de un pequeño riachuelo que crece poco a poco descendiendo la montaña y que se hace ancho y crecido en el valle.

 6. A medida que uno tiene más voluntad se gobierna mejor y no se deja llevar por el estímulo inmediato: tener voluntad es patrocinar la alegría, el dominio de uno mismo es uno de los retos más nobles y que nos elevan por encima de las circunstancias. Se consigue así una segunda naturaleza. Uno no hace lo que le apetece, ni lo más fácil, ni escoge el camino más blando, sino que se dirige hacia lo excelente. Es la aristocracia de la conducta.

 7. Una persona con voluntad se da cuenta de lo importante que es el orden. El orden empieza en la cabeza: el que no sabe lo que quiere no puede ser feliz. Orden en nuestra habitación, despacho o lugar donde funcionamos; orden en los horarios; orden del no querer ser salsa en muchos guisos, ni desparramados estar por demasiados asuntos. No olvidar esto: ordenar es tirar lo que sobra y no sirve; en la duda, tirar.

 8. Una persona con voluntad alcanzará lo que se ha propuesto si logra ser constante: tenaz, insistente, perseverante, no dándose por vencidos cuando las cosas empiezan a costar, empeño, tesón férreo. Es la política de los pequeños vencimientos. De ese modo podremos decir que somos 'enanos a hombros de los gigantes'...

 9. Una buena y adecuada educación de la voluntad es un indicador de madurez de la personalidad. No hay que olvidar que cualquier avance de la voluntad se acrecienta con sus usos y se hace más eficaz a medida que incorpora firmeza en ingenierías de la conducta. Una persona con voluntad llega en la vida más lejos que una persona inteligente. Y al revés, una persona sin voluntad está siempre a merced de sus caprichos, traído y llevado y tiranizado por la filosofía del 'me apetece'...

10. Esta nuestra educación de la voluntad no se termina nunca. Lo que quiere decir que el ser humano es siempre una sinfonía inacabada... Cuando el tiempo se pose amarillo sobre nuestras fotografías, que podamos decir: 'confieso cómo he intentado sacar lo mejor, de mí mismo, a pesar de los pesares'. Intentar hacer de la vida personal una pequeña obra de arte, cada uno según sus capacidades y exigencias. Trabajo de artesanía psicológica.

Termino. 'Nihil difficile volenti', leí en una casa italiana del frontispicio de su entrada: nada es difícil si hay voluntad. Buena parte del éxito o del fracaso en la vida personal dependen de la educación de la voluntad."

.

domingo, 10 de junio de 2012

Intervenidos hace años ya, para más Rescatar a Bancos, ahora por hucha de nuestras Pensiones



No se trata de ninguna opinión. Son los hechos cuantificados en las fuentes más oficiales:

'A día de hoy según los cálculos desde últimos informes del FMI, el apoyo por la crisis del Estado al sector financiero en este Reino de Epaña llegó hasta 140.000 millones de euros ya, un 13'1% de nuestro PIB.

Y ahora, por más que otros adicionales 100.000 millones... del nuevo préstamo de 'rescate' acordado ayer por la Unión Europea solo sean para un FROB (o Fondo de Regulación para las Ordenaciones Bancarias), será ese mismo Reino de España el único responsable para su devolución ante la UE.

Lo cual supone que continuaríamos con el camino que nos viene llevando a que las ingentes Deudas Privadas en España acaben por recaerse sobre nuestros Sectores Públicos.

Como indica el comunicado del Eurogrupo, éste «confía en que España cumplirá sus compromisos dentro del procedimiento por déficit excesivo y respecto a las reformas estructurales, a fin de corregirse los desajustes; [...] su progreso será estudiado con regularidad y frecuencia».

Es decir, España deberá cumplir más Recomendaciones que recientes informes de la Comisión requieren (Impuesto del Valor Añadido, JUBILACIONES, Mercados laborales, etcétera)...

En fin, es indudable que otro paso más damos en una Pérdida continuada de soberanía que comenzó desde mayo del año 2010 y seguía cuando el BCE mandaba otro nuevo escrito a nuestro entonces presidente del Gobierno por agosto de 2011 urgiéndole incluso un cambio 'constitucional', finalmente producido luego en tan solo unos días...'

(lo resumía, claro, el conspicuo Luis Garicano hace horas)


Como avisado hace 2 años fue, con documentado precedente de otros 'rescates', hoy por fin el Gobierno nos anunció que ya se 'abre la hucha' de nuestras Pensiones futuras para pagar sus 'extras' en Julio.

En cambio, ¡nada se parece querer tomar en cuenta -todavia- de la propuesta razonada entre técnicos fiscales del ministerio de Hacienda para ingresar 63.000 millones más por el Estado anualmente pero de otro modo: sin 'recorte' sobre ninguna otra cosa sino en tantas evasiones de Impuestos...


Pero la cuestión quizá más acuciante será tratar de anticipar sin ambages lo ya previsible, con independencia de cualquier posible continuación alternativa no predeterminada hoy aún: ¿hasta cuándo seguirá en todo caso, tan cruel como inevitado, este despeñarnos cada día otro poco más? Y alguna pista puede obtenerse del gráfico siguiente...
 

Lo que más causó una razonable desconfianza en esos 'mercados' a cuyas usuras todo aquí se ha hipotecado NO es ninguna Deuda pública del Tesoro español, que aun (puede observarse cómo, con estabilidad bastante...) sigue todavía renovándose bien, sino el Endeudamiento Bancario sin frenos (y arrastrado por su negocio con 'burbujas' -¡que llevó a triplicar una valoración, sobre nuestro PIB total, infladísima!- para el sector) de la Edificación.

Y, desde 2006, dicha exposición de los prestamistas internacionales por tal riesgo (privado) ya se ha logrado reducir paulatinamente hasta en casi sus dos tercios: ¡gracias a los, tan siempre juzgados indiscutibles, 'rescates'; claro está!
.

lunes, 4 de junio de 2012

Ecos de la(s) experiencia(s) arruinada(s)

.
(...) Todo ha sufrido ese mortífero ahuecamiento en su condición más íntima, indispensable para el libre trasiego de mercados que es protagonista del escenario con las economías escindidas (...) A un espacio adocenado corresponde una experiencia anestesiada: el aire de la ciudad entonces ya no nos hace libres. La sociedad tecnológica que conecta desde su aislamiento ha originado el desarraigo y la disgregación sociales o nos incita, más exactamente, a una cohesión perversa que se sirve de la mercancía como lazo común; pues no son otras las relaciones que crean color social, sino aquellas cosas a cuyo calor nos reunimos. Así toda tensión, palpitar o sensualidades, de la vida social pierde fuerzas; y con ello cada riesgo desde los encuentros con desafío entre mirada directa, roce del jugar por las calles, carnalidad en el abrazo... La entrega, o descarga de afectividad que modelaba nuestras vidas antaño, es arcaísmo que sólo conservan unos pocos (los viejos nos lo traen de ayeres y las poblaciones inmigrantes desde otros lugares). Restos, ruinas del pasado son; y por tales generan los desasosiegos o se viven como amenazas. A veces estas ruinas de nuevo cuño irrumpen en la cotidianidad asaltando nuestro presente y, como aparición, logran sobresaltarnos con su presencia...
 
[ En un rincón de Ourense, hace pocas jornadas, antes de ir por el café Latino...]

(...) ilustran formas de vida desmoronadas como símbolo de una existencia pervertida, por dinámicas de la sociedad del consumo que han conseguido corromper las más ancestrales relaciones entre personas tornándolas en otras muy simples, entre cosas. De ahí el que aquellos contactos exuberantes entre los hombres y mujeres ahora sean un estorbo para las formas de vida del capital, que se inspiran en aislar y desarraigar. Se trata del desculturizar en las antiguas formas para el existir y reculturizarnos con sus nuevos preceptos, a fin de que lo mercantil no encuentre impedimentos al colársenos por todos los rincones (...)

Frente al mundo que nos exalta la pureza de las mercancías -o constante regeneración en cuerpos y objetos, por el mercadear entre fugacidades del presente, más amnesia perpetuas- estas ruinas exhiben con valentía una mayor riqueza del pasado vivido, el pecado de su caída en desuso, un despojamiento indigente y las abigarradas comunidades que concurren alrededor. Desde sus profundidades resuena el eco de una historia que se quiere acallar. Preservan del olvido e incitan ensoñaciones; por ello son proscritas entre una civilización que silencia memorias, expresadas a través de aquéllas, y se afana en aquietarnos todas las convulsiones posibles ante cualquier imaginación no diseñada desde sí misma.

[ Oteando sobre una maragata Casa del Filandón tras pasar el más alto Teleno ]

Se diría que son mojones de un pasado siempre por construir, tales ruinas, una especie de proyectos inacabados que claman por su realización... mas en otros tiempos (Bertold Brecht); pero cuya reconstrucción no deberá realizarse de modo arqueológico (Walter Benjamin), sino en función del cambiar presentes, forjando así unas arqueologías de porvenires [como, tan bien, María Ángeles Maeso formuló: "...con Marcuse creo que conserva, el arte, memoria para las cosas no alcanzadas mediante una promesa de felicidad..."]. No hay, pues, melancolías... Y quizá se pueda (...) construir un imaginario insurgente: son reductos de una vida real, o experiencias apegadas a lo inmediato u opuestas a más fantasmagorías en la sociedad -capitalista- e inspiradoras del (...) materialismo poético (...), impregnándonos por -ingobernables, asombradas y apasionantes- afectividades nuestros acontecimientos vitales...