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martes, 14 de septiembre de 2021

Tras de tres días en "flâneur" solo, peripatética mente feliz, y deambulándolos por Cordobita...

   
  
"La poesía no es únicamente el poema escrito, sino todo aquello referido a la vida cotidiana capaz de instaurar en su flujo monocorde un sobresalto por el cual es posible considerar la existencia como sorprendente y extraña, como un don singular que debemos apurar hasta el fondo...
  
  
Entendida como poiesis la poesía, creación de mundo y sensibilización de lo que nos rodea, proporciona una vivencia inmediata; no intelectual sino anímica, desorientadora; o, por eso mismo, amplia (...) la poesía puede darse en cualquier parte y de mil modos diferentes {como, por ejemplo en esta Córdoba, del 7 al 9 de septiembre, con encuentros telepáticos e incluso más allá del tiempo solo}..."
   
  
"Si el hecho de vivir en el mundo cotidiano supone una cadena de rutinas que permiten que la vida social sea, la poesía como experiencia introduce una ruptura insensata, en el sentido de romper una norma o ley que hay que mantener, se supone, incólume...
 
  
También en lo que a la poesía se refiere, todas las causas perdidas vuelven a resurgir para plantar batalla una vez más en el campo abierto de su propio olvido (...) entre los soñadores del pasado y los soñadores del futuro, se extiende el mismo sueño siempre interrumpido y renaciente...
  
 'Mi casa y mi corazón ... / nunca cerrados: que pasen
los pájaros, los amigos, / el sol y el aire' [Marcos Ana]
 
La poesía es modelo indiscutible, programa máximo a seguir, en lucha por la verdadera vida con transformación del mundo; y a la vez la mejor vara de medir, la que menos engaña, sobre los presuntos éxitos que nos dicen que ya se han conseguido tanto en la vida como en el mundo. No hay falsificación que permanezca indemne ante sus ojos, ni conformismo mediocre que no se avergüence, ante un rigor tal que desconoce el compromiso...
  
  
En esta libertad primordial concibo mi relación real con la poesía, tan real que no tiene por qué someterse al dictado de lo social ni obedecer a sus prerrogativas, a lo que llega a desbordar porque la poesía se rebela y condensa como la violencia original que es; desplegando su sombra profunda y larga, por la que cae cualquier interés en consumirla... 
   
Poesía mural por algunas obras premiadas desde
un 'Certamen Popular' en Los Jardines de Orive...
    
Como el amor, la poesía no se consume sino que se consuma, como vida intemporal y asocial; ya que atraviesa todas las épocas y acarrea en su discurrir un ser en presente que se vivifica al contacto con el mundo incógnito, en el que de nuevo adviene, sobre el que siembra el germen fecundo de su actualización..."

      (Grupo Surrealista de Madrid, en 'Situación de la poesia -por otros medios...- a la luz del surrealismo', 2006)
 
  
  
"Somos testigos ante un inmenso proceso tratando de colonizar todo nuestro aparato sensible: el pensamiento, la vida psíquica, las pasiones y los sentidos han de ser enteramente instrumentalizados, transformados en potencia de arrastre para la maquinaria capitalista. ¿Mas qué puede hacer la poesía ante un desastre semejante, cuando también ella contribuye a las estrategias de la dominación? 

Desde aquí, con 'La flor más azul del mundo', se quiere contestar esta pregunta haciendo coincidir la negatividad del discurso y las afirmaciones de unas formas de vida como sempiterno drama de amor; proponer abrir espacios de utopía concreta en la vida cotidiana asistidos por el genio de la pasión: suscitar la creación de un imaginario emancipado que, llevado por una épica de lo inútil, pueda anteponerse mediante su propia simbólica a la simbólica de dominación, surgiendo así contra ella (...)  
      
     
Quisiera introducir, desde el principio, una consideración crítica sobre la imagen en tanto fenómeno mediático, y tratar después de realizar un desplazamiento a partir del cual la relación con ella pueda tomar otras direcciones, quizás liberadoras.
  
  
No estoy seguro de que seamos pocos o muchos los que en nuestros días percibimos que la imagen constituye un dominio y que es un instrumento de dominación, ni sé si existe una conciencia suficiente sobre el poder que por sí misma despliega y la influencia que ejerce. Podría también añadir que la imagen es economía, no en el sentido de contención sino, al contrario, en el de excedente.
 
 La "Sociedad de Plateros", en San Fco. junto al Círculo 
Cultural Juan XXIII (nuestro)... de medio Siglo atrás...
                           
La imagen forma parte de las dinámicas productivistas de un sistema económico que porta en sí la raíz de lo que algunos llamamos capitalismo de espíritu (monopolio de los afectos conscientes e inconscientes del hombre). De tal modo la imagen lo es de la proliferación del capitalismo que el mundo sensible y el espíritu humano se resienten gravemente: a causa de tal proliferación la experiencia, lo más directa posible -y que cada cual puede tener a partir de lo que le queda de inédito en su interior, y de lo que hay de inédito fuera de él- está siendo usurpada por una simulación paroxística. 
  
  
La vida en su conjunto, quiero decir, la experiencia propia y plena, es la que más acusa este embate tan obvio como, en apariencia, inocuo. Pero no es inocuo, porque no lo es la imagen, que como dominio se extiende colonizadora, hasta hacer que la vida comience a ausentarse: puede convenirse que la vida cada vez más está siendo excluida mediante una operación perversa en su naturaleza, pues está siendo diferida en directo
    
   
Y esto tiene sus efectos. Piénsese si no -y este es un ejemplo rápido- en esos grupos de jóvenes japoneses que deciden encerrarse en las habitaciones de las casas de sus padres, a los que obligan a construirse una cocina; pues se apropian de la familiar para, de ese modo, aislarse por completo de cualquier contacto físico con la existencia entregados a sus psicopatías telemáticas.
      
       
No cabe duda de que comportamientos semejantes representan el principio de eficacia de la cultura de la imagen por la imagen, lo que no puede dejar de considerarse en su relación con las tecnologías generadoras de tal agente de enajenación. En esto, toda la cibernética se coloca a la cabeza de esta transformación mundial que afecta al ser humano en toda su integridad. Esta generalidad se justifica si tenemos en cuenta a sus usuarios, que no solamente son los llamados profesionales de la imagen, tan negativamente determinantes en este punto: publicistas, <creativos>, diseñadores, logotipistas, etc.; también está el colectivo de artistas de la fotografía de última generación, que contribuyen de manera acrítica y crédula a hacer de la vida mero plasma, sola sustancia espectral de un mundo desmaterializado. 
   
Copla tradicional en fachada exterior, junto a Catedral
     
La gran mayoría de los autodenominados artistas de la fotografía, por ser la suya la disciplina más practicada en la última generación, rinden pleitesía a los prerrequisitos de la epidemia de la imagen; una epidemia que corroe el inconsciente humano. Y digo fotógrafos con la boca chica, a sabiendas de que las posibilidades que ofrecen las últimas tecnologías no convierten al usuario de una cámara fotográfica en fotógrafo (o para usar la definición que más les gustaría a ellos emplear, artista, a secas; o en su gusto pueril por el esnobismo, <artista multidisciplinar>). 
    
    
Lo cierto es que, tanto el uso indiscriminado de esta herramienta, como su aceptación y potenciación en el marco de la llamada «creación artística», ayudan a la fundación de nuevos valores políticos, morales, económicos, sociales, culturales que se imponen sobre el hombre en el mundo casi insensiblemente; en el sentido de que tomando un cariz «distraídamente» dogmático se presentan como modelo civilizador, pero de una civilización que quisiera excluir de sí la cultura de los sentidos. Todo ello, en beneficio de un cerebrismo mecánico que tan bien entra en sintonía con una jerarquía tecnócrata, propia de la civilización de la máquina y de las tecnologías de última generación (que no terminan nunca de ser de última generación).
  
     
Hago esta primera incidencia para preguntarme sobre cuál es la conciencia política del fotógrafo -en el sentido emancipador del término- con respecto a su hacer. Porque cuando alguien decide poner su atención en un objeto, en tal o cual cosa o en un ser y lo exhibe no deja de establecer con ello una relación que -por su inmediatez- excede el simple propósito artístico y lo pone en relación con el mundo. Quiero decir que una experiencia real se está produciendo en esos momentos, la cual antecede al artificio de la creación estética o de su exposición y forma parte de un hecho de vida. Me parece relevante significar este hecho de vida pues en él se inscribe un principio emancipador de la imagen que, como se adivinará, no reside en la imagen convertida en objeto artístico; sino en la mirada que la ha dado a luz.
   
 
Aquí empezamos a tomar ya el otro camino anunciado pues es la mirada la que, en efecto, importa; la que, por anticipación, auxilia a la imagen y la advierte de su posibilidad de fugarse del dominio de las imágenes. ¿Por qué? Pues porque mirar pertenece al orden de la vida antes que al del arte. Hablo -para intentar hacerme entender- del mirar como acto de liberación en sí mismo, del que es subsidiario el acto de creación, lo cual tiene su predominancia; ya que por una parte mirar antecede al hecho de fotografiar y por otra es ejercicio de visión que determina la elección de una imagen fotográfica, esté por hacer o esté ya hecha [me extenderé sobre este punto con el ejemplo de Javier Gálvez]. 
    

   
Piénsese, en todo caso, que mirar es una acción real que construye realidad, y no necesariamente dependiente. Me asalta aquí una pregunta que considero pertinente: ¿es preciso tener un sentido inspirado de la mirada para que ésta no se enmarañe en la costumbre y pueda quedar esterilizada? No me cabe duda de que esto es importante. Y bastaría poner una gran atención en las cosas para que algo advenga con su carácter inédito y promisorio. 
  
La bodega Guzmán, un templo para las Tertulias
   
También sería importante tomarse conciencia, en apoyo de esta presunción, del cómo el acto de mirar es un acto poético primordial que puede conferir a una vida el sentimiento de ser una vida inspirada: la verdad de ser una vida vivida. 
  
    
Esto es absolutamente legítimo en la medida en que, por oposición, se enfrenta a una vida desmoralizada. Una vida inspirada digo, y todo lo parcial que se quiera pero que le corresponde a quien la experimenta por sí mismo, en cuanto descontento con la que le es predeterminada. 
  
   
Este principio de libertad es básico para alcanzar aquélla. Y si hemos de pensar en que un documento fotográfico ha de testimoniar tal experiencia, pues muy bien, que así sea. Lo que sucede es que ese documento no tiene por qué medirse según la tabla de valores de lo estético y aún menos según valores estéticos «cultos», eruditos, especializados; porque éstos -como se ha demostrado y se seguirá demostrando- no logran acceder a la profunda irreductibilidad de unos documentos que se erigen en afirmaciones de una experiencia real intransferible como es -insisto una y otra vez- la del mirar. 
   
    
No es posible dejar de tener en cuenta que, de ese modo, al construir una realidad propia e inspirada, se hace efectiva una experiencia de lo real; pues el hallazgo en unos casos, o el encuentro en otros, lo propicia. Por lo tanto, lo que confiere -aquí sí- un valor de inspiración a este hecho es la inspiración que pone en juego la subjetividad de cada cual, en el sentido de que la satisface mediante una acción que (como la consumación del amor) colma el objeto del deseo.   
  
  Cordobita sólo respira, siempre, con sus Letras y Músicas...
     
Y desear es crear; es el impulso que, con intensidad gradual según lo imprevisto de su desencadenamiento, confiere a una vida su grado de autenticidad: su verdad.
  
 Plaza 'del descabezao' Séneca: "
el vino lava nuestras iniquidades,
 nos enjuga el Alma -hasta lo más profundo...- y entre otras Virtudes
 asegura curación de la tristeza", con Taberna de la Sdad. de Plateros
    
Al respecto, no es mi intención establecer una jerarquía de valores. De lo que se trata es de mostrar que ese grado de inspiración se juzga, como acabo de sugerir, por las intensidades que libera y su encuentro con las que la interioridad de uno solicita; así como por su relación con una visión -un mirar- en la que adivino un estadio de la imagen en el que ésta alcanza un grado importante de emancipación, que se asocia a la mirada de quien las ha generado. ¿Por qué? Con toda la inocencia que mi afirmación pueda contener, diré que es debido a su naturaleza visionaria; esto es, porque desplazan un sentimiento de lo desconocido, un sentimiento de surrealidad (como lo nombraron, con gran acierto, los surrealistas)...
  
Frente a la 'fundación Antonio Gala', expo en el Teatro Cómico Principal
     
De tal modo que lo desconocido asciende a la superficie de la conciencia mediante una operación por la que, enfrentándose a la ley totalitaria de la imajenación (la enajenación de la imaginación individual -enajenación del inconsciente subjetivo, y la alienación del imaginario social enajenación del inconsciente colectivo-, a través de su colonización por medio de la expansión paroxística de la imagen), tiende a restituir en el espíritu humano los poderes perdidos, dormidos o hurtados de su imaginación creadora. 
     

 
Se trata pues de la construcción de un imaginario propio que concentre, aún su actual dispersión, las promesas todavía ignoradas -reevaluándose las conocidas- de la utopía; haciendo entrar ese imaginario individual en relación con el de la comunidad.
 
 
 
Esta naturaleza visionaria de la que hablo, al igual que se advierte en lo real -excediendo sus datos inmediatos- y que tanto tiene que ver con la disponibilidad de «un ojo en estado salvaje» (André Breton), late en una interioridad que encuentra su correspondencia con la exterioridad; es decir, todo aquello que late en las profundidades de la psique humana y que un movimiento incontrolable -sea provocado, sea espontáneo, con intervención de la razón o sin ella- lo estimula, haciendo manifestar su inédita morfología en lo real; una revelación de lo propio y de lo desconocido que brota como organismo insólito capaz de conformar un imaginario no alienado en las imágenes socio-mediáticas o/y sus derivadas artístico-mediáticas. 
  
Despedidas [en graffiti, frente a las Estaciones]...
         
Es así dicha imaginación creadora e improductiva, libertaria -o automática, espontánea, simbólica y conceptual- la que genera esas otras imágenes cuyo potencial liberador se conservará por lo menos hasta antes de que se las quiera domeñar mediante las estrategias del metalenguaje y la reificación, venga esta operación de donde venga."

(Eugenio Castro: 'Mirada, fotografía e imagen fotográfica', artículo en su libro 'La flor más azul del mundo', 2010)


lunes, 4 de junio de 2012

Ecos de la(s) experiencia(s) arruinada(s)

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(...) Todo ha sufrido ese mortífero ahuecamiento en su condición más íntima, indispensable para el libre trasiego de mercados que es protagonista del escenario con las economías escindidas (...) A un espacio adocenado corresponde una experiencia anestesiada: el aire de la ciudad entonces ya no nos hace libres. La sociedad tecnológica que conecta desde su aislamiento ha originado el desarraigo y la disgregación sociales o nos incita, más exactamente, a una cohesión perversa que se sirve de la mercancía como lazo común; pues no son otras las relaciones que crean color social, sino aquellas cosas a cuyo calor nos reunimos. Así toda tensión, palpitar o sensualidades, de la vida social pierde fuerzas; y con ello cada riesgo desde los encuentros con desafío entre mirada directa, roce del jugar por las calles, carnalidad en el abrazo... La entrega, o descarga de afectividad que modelaba nuestras vidas antaño, es arcaísmo que sólo conservan unos pocos (los viejos nos lo traen de ayeres y las poblaciones inmigrantes desde otros lugares). Restos, ruinas del pasado son; y por tales generan los desasosiegos o se viven como amenazas. A veces estas ruinas de nuevo cuño irrumpen en la cotidianidad asaltando nuestro presente y, como aparición, logran sobresaltarnos con su presencia...
 
[ En un rincón de Ourense, hace pocas jornadas, antes de ir por el café Latino...]

(...) ilustran formas de vida desmoronadas como símbolo de una existencia pervertida, por dinámicas de la sociedad del consumo que han conseguido corromper las más ancestrales relaciones entre personas tornándolas en otras muy simples, entre cosas. De ahí el que aquellos contactos exuberantes entre los hombres y mujeres ahora sean un estorbo para las formas de vida del capital, que se inspiran en aislar y desarraigar. Se trata del desculturizar en las antiguas formas para el existir y reculturizarnos con sus nuevos preceptos, a fin de que lo mercantil no encuentre impedimentos al colársenos por todos los rincones (...)

Frente al mundo que nos exalta la pureza de las mercancías -o constante regeneración en cuerpos y objetos, por el mercadear entre fugacidades del presente, más amnesia perpetuas- estas ruinas exhiben con valentía una mayor riqueza del pasado vivido, el pecado de su caída en desuso, un despojamiento indigente y las abigarradas comunidades que concurren alrededor. Desde sus profundidades resuena el eco de una historia que se quiere acallar. Preservan del olvido e incitan ensoñaciones; por ello son proscritas entre una civilización que silencia memorias, expresadas a través de aquéllas, y se afana en aquietarnos todas las convulsiones posibles ante cualquier imaginación no diseñada desde sí misma.

[ Oteando sobre una maragata Casa del Filandón tras pasar el más alto Teleno ]

Se diría que son mojones de un pasado siempre por construir, tales ruinas, una especie de proyectos inacabados que claman por su realización... mas en otros tiempos (Bertold Brecht); pero cuya reconstrucción no deberá realizarse de modo arqueológico (Walter Benjamin), sino en función del cambiar presentes, forjando así unas arqueologías de porvenires [como, tan bien, María Ángeles Maeso formuló: "...con Marcuse creo que conserva, el arte, memoria para las cosas no alcanzadas mediante una promesa de felicidad..."]. No hay, pues, melancolías... Y quizá se pueda (...) construir un imaginario insurgente: son reductos de una vida real, o experiencias apegadas a lo inmediato u opuestas a más fantasmagorías en la sociedad -capitalista- e inspiradoras del (...) materialismo poético (...), impregnándonos por -ingobernables, asombradas y apasionantes- afectividades nuestros acontecimientos vitales...