jueves, 12 de julio de 2018

Existe aún hoy otra Memoria Histórica de la capital del Reino, inédita (¿e "incorrecta"...?)

  
   
A mediados del siglo IX, creció Madrid como una pequeña ciudad de la frontera norte de al-Ándalus, cuando a El Cairo le faltaba casi un siglo para nacer en tanto que tal. La luego «Villa», resulta la única capital europea hoy con origen islámico que surgió a caballo entre dos mundos: formó parte durante dos siglos y medio del califato de Damasco llegado a tierra peninsular y, tras de su incorporación al Reino de Castilla, mantuvo significativa presencia musulmana otros 500 años posteriores más aún.
  
El historiador cordobés Ahmad al-Razi documenta por primera vez en la crónica titulada 'Ajbar muluk al-Andalus' (Noticia de los Reyes de al-Ándalus) o 'Crónica del moro Rasis' dicha fundación de la ciudad atribuyéndolo a una iniciativa de Muhammad I, 5º emir independiente de al-Ándalus desde septiembre de 852: "Él ordenó construir el castillo de Istirash (Esteras) por salvaguardar las cosechas de Madinat Sálim (Medinaceli) y construyó para la gente de la frontera en Tulaytula (Toledo) el castillo de Maŷrit (Madrid)el cercano en Talamanka (...)". 
    
No consta la fecha exacta de fundación; pero debió ser antes del 870, pues tal año dicen crónicas que un rebelde huído hacia el norte fue interceptado por dicha guarnición en Madrid. Más adelante la región se llenó de atalayas, como las que aún son vistas en Torrelodones y camino a Somosierra, que aun entonces era llamado faŷŷ Táriq así como al-Sherrat, o «paso de Táriq» (por Táriq ibn Ziyad, conquistador de al-Ándalus) y «de las sierras»; además de por los montes en Guadalajara, así como junto a Soria u otros muchos lugares (...) Cuando al-Razi deja escrito que tal emir Muhammad 'construyó' un castillo para Madrid no dice que se creara ninguna ciudad de nueva planta; sino, tan solo, que fue fortificada. 
  
Y se cree que la etimología para el nombre árabe del río Henares, Wad al-Hiŷara,  o sea «río de las piedras» (que después dio nombre a Guadalajara), es por la cantidad de fortificaciones o torres que se alzaron en sus aledaños para dar protección hacia vías de Zaragoza. Madrid se fundó en una meseta elevada junto al río, dividida entre dos grandes cerros: en uno se alza hoy su catedral de "la Almudena", con el Palacio Real, y enfrente las Vistillas.
 

   
El Manzanares, al que madrileños del inicio llamaban Wad ar-Raml, «río de arena» (o sea, el Guadarrama, nombre que tuvo hasta el siglo XVII), corre a unos 500 metros distante y hasta con otros 60 en desnivel. Sin embargo la Villa tuvo siempre agua de sobra: los arroyos bajo las calles del Arenal, de Segovia, Leganitos más las Tenerías Norte y Sur, la fuente de Caños Viejos más la laguna de Luján en su Plaza Mayor explican 4 primeras palabras del viejo lema de Madrid: "Fui sobre aguas edificada."
  
Y su segunda parte, "Mis muros de fuego son", hace alusión al sílex usado en la construcción de sus murallas: el castillo primero era un recinto fortificado al que sus vecinos llamaban al-Mudayna (o Almudena), esto es, «la ciudadela» (...) Ésa fue la más antigua construcción madrileña. Está hecha de bloques en piedras calizas y pedernales, dispuestos con su aparejo cordobés, y se reconstruyó después de que Ramiro II de León atacara la ciudad en el año 932...
  
La única referencia a Madrid de fuente no árabe que hay antes del conquistarse la ciudad por Alfonso VI en el 1085 era escrita en latín por el cronista Sampiro, obispo de Astorga, a principios del siglo XI. En ella narra el ataque de Ramiro II a las fronteras, del año 932: "(...) juntando su ejército, se encaminó á la ciudad que llaman Magerit, desmanteló sus muros, hizo muchos estragos en un domingo, y (...) volvió ál Reino en paz con victoria..."
  
El personaje más nombrado del Madrid islámico fue sin duda "el Euclides de al-Ándalus", es decir Âbu-l-Qâsim Maslama al-Maŷriti (Maslama «el Madrileño»), así llamado precisamente porque hasta morir el año 1007 vivía en Córdoba. Matemático, astrónomo y astrólogo, resumió Tablas del Al-Jwarizmi persa, tradujo del griego el "Planisferio" de Ptolomeo y se logró colocar como consejero para el califa almohade al-Mansur (Almanzor); teniendo ahora con su nombre una mínima placita en la barriada de Prosperidad.
    
   
El actual patrono católico para la capital, San Isidro, nació en Maŷriti el mes de abril del 1082, cuando no había sido reconquistado para la Cristiandad aún el Reino toledano del cual formaba parte su ciudad: era un labrador siervo y cristiano mozárabe, cuya vida recuerda las de los 'amigos de Dios' o maestros místicos andalusíes en el Islám, devoto a la virgen de la Almudena...

El siglo XI fue de grandes cambios para Madrid. En el año 1002 murió el general al-Mansur (Almanzor), «el Victorioso», que había ejercido el poder en lugar del califa Hisham. Su muerte y relevo por parte de su hijo Abd al-Rahmán 'Sanchuelo' ―nieto materno de Sancho Garcés II de Pamplona― dio lugar a una larga guerra civil, al término de la cual se desmembró el califato y al-Ándalus comenzó su larga decadencia. 

  
En cambio, la guerra hizo que Toledo recobrara su espíritu de ciudad independiente y levantisca. Después de varias luchas internas por el poder, los toledanos ofrecieron la ciudad y sus territorios al clan bereber de los Bani Di l-Nun, y así surgió el Reino de Toledo, una de las muchas taifas o fracciones en las que se dividió al-Ándalus. Madrid formó parte del mismo desde su principio. El segundo rey de Toledo, al-Ma'mún, intentó ampliar sus territorios a costa de las taifas de Zaragoza y de Badajoz y trató de apoderarse de Córdoba, pero, sobre todo, hubo de hacer frente a Fernando I, rey de León, que a partir de mediados del siglo empezó atacando la región madrileña. La llegada masiva de repobladores por debajo del Duero hizo que los alfoces o áreas de influencia en algunas ciudades al norte del Sistema Central crecieran cada vez más rápidamente, hasta llegar a colonizar las laderas meridionales de la sierra. 
  
Ya durante 1057 Fernando I hizo una incursión contra la zona norte del reino toledano. Y en el verano de 1062, sacó «muy grand hueste, et fue correr tierra de moros», tomando castillos y atalayas musulmanas al norte del Sistema Central. En cuanto hubo hecho esto ―cuenta la 'Historia silense'― volvió hacia el sur, incendió Talamanca, devastó sus campos y se llevó un gran botín y a un gran número de mujeres y niños antes de seguir hacia Alcalá y Madrid, que también «quemó et destruxó», «et mató muchos moros sin cuenta, et destruxó otros muchos logares del regno de Toledo» en los alrededores.  
  
Luego no concuerda tal 'Historia silense' con la 'Estoria de España' sobre si fueron habitantes de Alcalá o en Guadalajara quienes, viéndose sitiados por las máquinas de guerra, suplicaron que al-Ma’mún comprara la paz rindiendo pleitesía frente a Fernando. El caso es que fue como sucedió y así Toledo entró en el sistema de 'parias', un tributo con el que las debilitadas taifas trataron de contener presión militar del norte, cada vez más intensa. Al morir, Fernando I repartió sus posesiones entre los hijos, como si fueran fincas: León de Alfonso, Galicia con García y Castilla para Sancho, el primogénito. Éste último, enseguida: primero eliminó a García y en enero de 1072 se hizo coronar rey por León. 

Alfonso se autoexilió a la corte toledana de su aliado y vasallo al-Ma’mún, quien le dió acogimiento hasta que, muerto Sancho ese mismo año, lo acompañó al puerto de Tablada, en la región de Madrid, por donde Alfonso regresó a León. 

  
Cuando al-Ma’mún murió en el 1075 y fue sucedido por su nieto al-Qádir, personaje «débil y de poco saber», según Ibn al-Kardabús, se sucedieron luchas internas y rebeliones contra el rey de Toledo, en las cuales participó Madrid. La pésima gestión de al-Qádir y su aislamiento, en el que no encontraba más aliado salvo al interesado rey castellano-leonés Alfonso VI, hicieron que por fin el sultán toledano decidiera entregar el reino a su protector, a cambio de que lo ayudara éste a conquistar Valencia...
  
Toledo se rindió ante Alfonso VI, y con ella todo el reino andalusí del Tajo caía, Madrid incluido, desde 6 de mayo del 1085 (...) Pero entre los 19 representantes del pueblo madrileño que acudieron para jurar y suscribir un Fuero de la sede capitalina toledana en 1118 (es decir, 33 años después de la conquista), firmaban en árabe 4 cristianos mozárabes aún (...) Y sus nombres del todo andalusíes eran: Ali ibn Jayr, Abd Allah ibn Házim, Abd Allah ibn Faqir y Abu l-Hasan ibn Mikáyil...
  
Por última vez, según recogen crónicas fiables, en 1196 el soberano Almanzor avanzó a Talavera desde Córdoba y de ahí hasta Toledo, donde le llegó noticia del cómo las tropas de Alfonso VIII y el conde de Barcelona se habían unido en Madrid para su defensa conjunta; si bien parece haberse tratado más bien de sólo alarde con fuerzas ante la muralla madrileña que de ningún amago en serio por conquistarla. Y la plaza nunca volvió a estar luego ya bajo poder musulmán...
  
Las capitulaciones firmadas con al-Qádir les daban libertad a los musulmanes de Toledo para ir o quedarse, e incluso para irse y luego volver; garantizándoseles el ejercitar su religión y un uso perpetuo de la mezquita mayor, por quedar sujetos a costear un impuesto especial (...) Mas el rey tuvo que hacer frente a críticas de cuantos -especialmente "galianos", o sea franceses, dadas las alianzas urdidas por Alfonso para su «reconquista» con la casa de Borgoña...- consideraron que no debía ser permitido el culto a judíos y musulmanes e incluso ni para los mozárabes, que aun cuando eran católicos también tenían su liturgia específica, distinta del rito "gregoriano" sobre toda Europa impuesto.
    
 
  

Así, aunque había sido asegurado a los musulmanes que conservarían siempre su Mezquita mayor, apenas 2 meses después hubieron de permitir que se transformase a Catedral; y siguieron en 1089 todas las demás localizadas al sur del puerto de "Balatomer" (Balat Humayd o Tablada, sobre Guadarrama), es decir todas las del reino recién conquistado, incluida la de Madrid.
  
El término mudéjar que se aplicó a los musulmanes en territorio cristiano viene del árabe mudaŷŷan, y suele verterse por «domesticado», aunque significa «el que se queda» o «quien se habitúa» también; los de Madrid se mencionaban por vez primera en el Fuero de la Villa del 1202.

Más tarde fue legislado por Alfonso X (Partida VII): "...E dezimos que deben bevir los moros entre cristianos en aquella mesma manera que diximos en el título ante deste que lo deven fazer los judíos, guardando su ley e non denostando la nuestra." 
  
Los musulmanes en Madrid, como los judíos, estaban sujetos a un régimen de inferioridad legal (...) Sin embargo, estas medidas se relajaron mucho en la realidad madrileña, al menos hasta que los Reyes Católicos decidieron poner fin a la diversidad para sus reinos, y en la práctica era frecuente que los mudéjares se rigieran por el derecho común. Esto a veces llevó hasta situación esperpéntica como el que la Iglesia excomulgara de Toledo durante 1488 a cierto musulmán madrileño llamado Abdalla de Getafe por impagar deudas, algo absurdo pues mal se podría excomulgar a quien tampoco fue antes católico.
   
Del mismo modo, en 1481 el Concejo acordó que sus judíos y musulmanes debían participar, como los restantes vecinos de la Villa, entre la procesión del Corpus Christi; ordenando «sacasen, el dicho día, los moros sus juegos e dança, e los judios sus danças».
    

   
¿A qué se dedicaban los mudéjares de la Villa? La mayoría tenía oficios similares a los de sus convecinos cristianos (...) El cargo semioficial de alarife (esto es, al-'arif, o "el experto") del Concejo recayó casi en exclusiva sobre alguno: a veces el mismo alcalde de su aljama ocupaba ese puesto -del constructor y urbanista- municipal, como sucedía con el maestre Abraen de San Salvador; quien lo había heredado en 1478 del padre, Abdallá, tras de su muerte. Años después fue nombrado también Mahomad de Gormaz; por cuya sucesión, al morir en el 1490, litigaron sus hermanos Abraen y Yuçaf... 
   
El mudéjar, pues, más que ser un estilo desarrollado directamente por artesanos musulmanes, expresa una hibridación cultural generalizada en las sociedades peninsulares de la época (...) Y la propia sociedad dominante cristiana tenía muy asumidos, conscientemente o no tanto, numerosos usos culturales andalusíes... 
  
Cuando el geógrafo alemán Hieronymus Münzer visitó en 1499 Madrid, donde se reunió con los reyes, dejó anotado que la Villa "dispone de mucha fuente, víveres baratos y dos morerías, habitadas por numerosos sarracenos" (...) aunque su existencia no implica que los mudéjares tampoco vivieran fuera de las mismas. Un documento de 1382, por ejemplo, recoge la venta de unas casas en la calle Real de la Almudena -es decir, en pleno centro- a un mesonero llamado Abdalla; y una provisión por Isabel la Católica de 1477 señala que el maestre Mahomad vivió alquilado en otra casa propiedad de la mujer de Pedro Luján; quizás una de las Casas de los Lujanes por la Plaza de la Villa, dado que se trata de uno de los miembros prominentes en su aljama.
  
Aunque las Cortes castellanas y otras autoridades habían dispuesto varias veces que los mudéjares debían vivir segregados, en Madrid estas medidas no se cumplieron de hecho, o en todo caso lo hicieron parcialmente solo, al menos hasta que se recrudecieron las medidas de discriminación a finales del siglo XV.
    
        
Los Reyes Católicos llegaron al trono con el discurso antimusulmán que los partidarios de Isabel habían usado en la guerra de Sucesión; durante la cual, por denigrar a Juana (sucesora legítima de Enrique IV), habían acusado a éste del haber sido «un rey que saboreaba con insolencia y avidez cualquier exquisitez árabe a manera de la secta de Mahoma que se le ofreciera» (...) Y que «aun en su vestimenta o su andar, su comida y su hábito de reclinarse a la mesa, así como en excesos secretos y más indecentes, había preferido las costumbres de los mahometanos a las otras de la religión cristiana»... 
   
Bajo la égida por los nuevos reyes, las Cortes de Madrigal en 1476 y Toledo el 1480 ordenaron aplicar «apartamiento» (o 'apartheid', diríamos hoy) del judío y musulmán, obligación de llevar señal cosida en la ropa que los identificaran, etc. (...) disposiciones estas que fueron confirmadas poco después por una bula del papa Sixto IV.
  
Más grave que la segregación de las viviendas fue la de los comercios (...) y precisamente fueron herreros quienes más destacaron en las protestas contra la medida. Su peso específico social les permitió protagonizar lo que quizá sea la huelga más antigua que se conoce de Madrid y duró sobre medio año... A finales de 1481, justo cuando empezaron a verse los efectos reales de la mentada segregación, los herreros dejaron de trabajar y se mantuvieron firmes en su decisión; obligando al Concejo, el 26 de abril de 1482, a elevar una «petiçión para los reyes nuestros señores en fauor de los moros, para que puedan tener sus tiendas de día solamente en las plaças desta Villa».
  
La respuesta real se hizo esperar y el 29 de mayo el Concejo amenazó a Hamad de Cubas y Hamad de Griñón, como representantes de todos los herreros mudéjares, dándoles un plazo de 1 día para habilitar fraguas en sus casas de la Morería, como sustitución de las que tenían fuera de ella, y atender inmediatamente a las demandas de los labradores que necesitaban «adobar sus rrejas e açadas e otras cosas», so pena de hasta 10.000 maravedís que se destinarían a sufragar los gastos del madrileño puente de Toledo. 
   
Sin embargo, los mudéjares se mantuvieron firmes en su pulso a la Corona y por fin, el 26 de julio de 1482 los reyes tuvieron que dar su brazo a torcer permitiendo a los musulmanes -y, por extensión, judíos- «tener las dichas sus tiendas de oficios e mercaduria en las dichas plaças segund que lo solian tener, con tanto que las dichas tiendas sean pequeñas e non sean casas de morada, e asy mismo que no coman en ellas ni esten en ellas de noche». En años siguientes, el Concejo, a petición de los mudéjares, hizo variadas solicitudes para que pudiesen éstos no solo tener tienda por el arrabal sino vivir en ella, y el 1500 concedían permiso las autoridades en este sentido sin siquiera solicitar autorización real...
     
   
Por otro lado, en 1487 el Concejo volvió a establecer que los varones mudéjares debían llevar capuces cerrados de color amarillo-verdoso y tanto hombres como mujeres lucir bien visible una media luna en azul cosida sobre la ropa, bajo penas de multa (...) La institución del hammam o baño público islámico fue inicialmente mantenida por los reyes cristianos, que se apropiaron de ellos en condiciones de monopolio y en muchas ocasiones los remodelaron o incluso los levantaron de nueva planta, pues que proporcionaban pingües beneficios. 
   
En 1263 Alfonso X cedió al Concejo el solar en que estaban los antiguos baños, con el encargo de que los rehabilitara y volviese a poner en funcionamiento tal como en los tiempos de Alfonso VIII y Fernando III, empleándose las rentas derivadas de su explotación en reparar las murallas y otras obras públicas. A finales del siglo siguiente, en 1399 (...) su última concesionaria había sido, durante largo tiempo, «una mora que dezían Doña Xançi -o doña "Sol", Shams en árabe- que arrendados los tenía del dicho Conçejo cada año, por quinientos o seysçientos maravedís»... 
   
No solo musulmanes, sino también cristianos y judíos acudían a los baños, con horario distinto para hombres o mujeres (...) Se mantuvieron todavía un par de siglos en lugares de gran presencia musulmana, hasta que a mediados del siglo XVI los prohibieron (...) También tenemos noticia de mudéjares madrileños formando parte de la «guardia morisca» de los reyes de Castilla, un cuerpo mercenario empleado por Juan II y Enrique IV...
   
En 1494, los reyes tuvieron que pedir al corregidor madrileño que tomara cartas «para que a los moros de dicha villa no les digan que los han de echar de estos reinos» (...) El 25 de noviembre de 1491, los Reyes Católicos habían pactado con Muhammad XII (también llamado Abu Abd Allah, lo que dio Boabdil en castellano) la entrega del Reino de Granada —que se hizo efectiva el 2 de enero siguiente— bajo una serie de condiciones garantizando ejercicio libre de la religión musulmana así como una salvaguarda para cultura, instituciones y modos de vida propios de los granadinos. 
Pero esas capitulaciones rápidamente se convirtieron en papel mojado y las nuevas (...) medidas pronto se hicieron extensivas al resto de los mudéjares del reino de Castilla: la pragmática del 12 de febrero de 1502 les daba a elegir entre "bautizarse o el exilio", como 10 años antes les había ocurrido a los judíos...
   
La Corona de Aragón tomó una medida similar en 1525. Los musulmanes así bautizados fueron desde entonces conocidos como «cristianos nuevos de moro» o «moriscos». En Madrid, cuando su aljama pactó en bloque la conversión el 21 de febrero y solicitó entre otras cosas una exención de Impuestos (pechos) por 10 años, desde su Concejo "acordaron que porque los moros que biven en esta Villa se quieren convertir a nuestra Santa Fe Catolica y piden esençion por diez años de todos los pechos; y porque esto es honra desta Villa, porque no se despueble donde avia presonas dellos de ofiçio de albañiles e carpenteros necesarios al bien desta Villa; y se les otorgavan e otorgaron la dicha esençion..."
   
Incluso, «por ser onbres onrrados y provechosos en sus ofiçios...», algunos gozaron de privilegios específicos. Al Abraen de San Salvador, que a partir de ahora se llamaría 'Francisco Ramírez', se le dio una tienda en la plaza del Arrabal y siguió siendo alarife del Concejo. A Yuçaf Mellado, transformado por el bautismo en 'Juan Zapata', se le reconoció su oficio de «maestro de adobar quebraduras» con un salario de mil maravedís. A los dos dirigentes de la aljama, además, les eximieron del pago de impuestos a la Corona (ya gozaban de una exención respecto al Concejo) y se les dio permiso para «que bivan e moren donde quisieren» (...) Y en 1503 sabemos cómo las exenciones fiscales que había establecido el pacto no eran cumplidas, por lo cual a los Reyes no les quedó más remedio sino el de apercibir al Concejo en este sentido... 
   
Los nombres adoptados por la élite mudéjar en su paso por la pila bautismal corresponden a los de los miembros de la oligarquía madrileña que actuaron de padrinos. Juan Zapata y Francisco Ramírez eran dos regidores del Concejo y el último también coincidía con ser el secretario real y esposo de Beatriz Galindo, "la Latina". Maestre Haçan, el alarife del hospital creado por esta última, adoptó el nombre de 'Gonzalo Fernández', en honor del Gran Capitán, y maestre Mahomad el de 'Diego Hurtado', por el cardenal Hurtado de Mendoza. Los príncipes Juana ('la Loca') y ('el Hermoso') Felipe... también fueron padrinos en uno de tales bautizos.
   

   
El 15 de abril de 1501, durante su primer visitar Madrid, Antoine de Lalaing, que era lugarteniente de Felipe y cronista de aquel primer viaje junto a su esposa la reina Juana de Trastámara, relata cómo una de las cosas que más honda y peor impresión le había causado a su señor era «la multitud de moros blancos que habitaban las Españas» (...)
   
Una vez bautizados, aunque fuese a la fuerza, los moriscos quedaban bajo tutela vigilante de la Inquisición, que si antes no había podido perseguirlos por musulmanes, ahora sí los podrían ejecutar al no ser buenos católicos (...) Las autoridades se cebaron con los granadinos, que acababan de ser conquistados y colonizados pero no tenían apenas relación con la cultura castellana. Les prohibieron hablar en árabe y tener libros con esa lengua, usar nombres árabes, vestir a sus usanzas tradicionales, tomar baños o tener un aseo excesivo, cantar y tocar su música, teñirse o hacerse tatuajes de alheña (henna), y además les obligaban a tener las puertas de sus casas abiertas en días señalados desde puntos de vista religiosos o comunitario, como sábado, viernes y días de boda. 
   
En 1567, cuando estas medidas se hicieron efectivas, hubo una gran sublevación en Granada y las Alpujarras que se prolongó durante 3 años (...) Uno de sus efectos inmediatos fue la captura y esclavización a muchos de los sublevados y familias, algunos de los cuales acabaron engrosando servicio doméstico en las casas pudientes de la corte. Pero lo que trastocó completamente fue la decisión real del deportar en masas a los granadinos, que en largas marchas a pie durante el invierno de 1570 fueron repartidos por toda Castilla, con el fin de forzar su asimilación cultural...
   
La región madrileña acogió a un buen número de esos moriscos. La mayor parte por las cercanías de los ríos Guadarrama, Manzanares y Henares y, sobre todo, en las fértiles vegas del sudeste: Jarama, Tajo y Tajuña, donde aplicaban las técnicas agrícolas recibidas de sus antepasados andalusíes (...) Gracias a ellos circulaba una literatura secreta, llamada aljamiada, que usó el castellano de la época escrito con caracteres árabes para transmitir, en modo ya desesperado, últimos rescoldos de la civilización andalusí
        
     
Los granadinos, totalmente extraños en lengua y costumbres, perdidos, desarraigados, esclavos muchas veces, se convirtieron en centro de prejuicios y leyendas que inevitablemente salpicaron a los discretos moriscos castellanos (...) Ser denunciado traía grave consecuencia: el acusado era llevado a las prisiones secretas del Santo Oficio y sus bienes eran secuestrados mientras...  
   
El «tormento», la tortura, era habitual y estaba legalmente regulado como parte de la instrucción. Si al cabo del largo proceso el reo era encontrado culpable podía ser «relajado al brazo secular», es decir condenado a la hoguera, pena que competía a la justicia ordinaria, y podía conmutarse por cárcel, galeras o el más misericordioso garrote vil. En Madrid existió un famoso «quemadero» a la salida del portillo de Fuencarral, actual glorieta de Ruiz Jiménez: durante 1869, el hallazgo dio lugar a un intenso debate parlamentario sobre necesidades del rendirse tributo a la memoria histórica de las víctimas, en el que finalmente ganó su opción del «no remover el pasado más...»; razón por la cual no hay nada que hoy nos lo recuerde...
   
Casi todos los procesos seguidos contra moriscos en la región madrileña por el tribunal del Santo Oficio de Toledo —pues la Villa no tuvo tribunal propio hasta 1650— se instruyeron contra granadinos refugiados en Madrid...
   
Aun así, también ocurrió con  naturales de la Villa y su alfoz: María López, de Algete, a quien se le imputaba no comer cerdo ni beber vino; acusación que se hacía extensiva a otras personas de su localidad, y se la acusó también de amortajar a una vecina muerta con una tela nueva, cumpliendo su última voluntad según tradición musulmana. E igual tenía origen madrileño Lorenzo de Cobeña, herrero en Brunete casado con una cristiana vieja, a quien se acusó de haber compartido alguna reunión de adoctrinamiento sobre la práctica del Ramadán y por encubrir las fugas de varios parientes al norte de África; lo cual era equivalente a su apostasía. Fue penitenciado por encubrimiento de la herejía y condenado a cárcel. Mas los delitos atribuidos a los andalusís o de origen morisco fueron predominantes.
   
          
El año 1596 en Alcorcón, María de Arana fue torturada por haber vestido difuntas con camisas limpias o hasta bordadas y comer cabezas de gallinas; conductas que los inquisidores interpretaban como indicio de rituales islámicos. Alonso de Ribera, curtidor en Getafe (1603), fue acusado por otro morisco de aprenderse y enseñar oraciones «de la secta del Mahoma»; tras padecer tortura y cárcel, pudo demostrar que tal soplón era un enemigo declarado. Luis de Santa Cruz (Madrid1609) fue acusado por la propia hermana de rezar y cumplir el Ramadán; prácticas que adquirió durante su infancia en Aragón, donde la cultura islámica sobrevivía. El avecindado en Pinto don Alonso de la Guardia (1583-1584) fue delatado involuntariamente por su mujer, morisca como él y cristiana cumplidora, quien le contó a personas indiscretas cómo su marido le censuró poner velas a la Virgen. Jorge de Peralta, labrador en Villarejo de Salvanés, fue prendido el 1572 porque alguien le oyó suspirando una expresión... que interpretó como «ay, Mahoma»...
   
Y aún peor le fue a Diego Hernández, hilador de seda en el mismo pueblo, quien sufrió largo proceso y penitencia (1572-1575) porque andándose por Morata de Tajuña había reprendido a unos cristianos viejos que al conversar entre sí habían lanzado una maldición sobre dicho profeta del islam. Asimismo a Salvador, «descendiente de moros y moro», esclavo de Francisco de Ayllón, excombatiente en las Alpujarras y vecino de Madrid, le hicieron acusación muy absurda del haber declarado «que valia mas Mahoma que Dios le queria mas a Mahoma que a Dios» (1571-1572); él se defendió diciendo que «bebiendo vino un dia le avian apretado tanto sobre si era bueno Mahoma que el auia dicho que si...», lo que 5 años de galeras le costó... 
   
La Inquisición consideraba también moriscos a esclavos magrebíes convertidos al cristianismo (...) No solo los sublevados granadinos y sus hijos e hijas de corta edad fueron objeto para repartos o comercio, sino también personas capturadas y vendidas por las costas africanas. Como tantos pintores de su época, Diego de Velázquez tuvo un esclavo que le ayudaba en sus tareas y al que se negó a enseñar cómo pintar por considerarlo indigno para ello, Juan de Pareja; éste se las ingenió y aprendía observando a Velázquez en su taller de Madrid hasta que ideó una estratagema para enseñar sus obras al Rey, quien tras verlas ordenó al pintor instruir y liberar a su esclavo. Velázquez lo retrató en 1650, el mismo año de su liberación...
   
Si los esclavos mejoraban su situación con el bautismo, también cerraban la posibilidad de volver a ver su tierra. Incluso intentar el retorno después de haberse convertido era grave delito, pues suponía demostrar que se prefería vivir como moro y no cristiano. En 1541, Juan de Aguilar, también llamado Juan de Marruecos, «de nación al-árabe» y esclavo liberto del marqués de Aguilar fue acusado por haber urdido un plan en Alcalá de Henares para «pasarse allende» junto con otros moriscos. Juan era originario de Marruecos (Marrakech) y había sido hecho esclavo en Azamor (Azemmur), ciudad de la costa atlántica marroquí que fue colonia portuguesa y puerto del esclavismo. En una situación similar se vio el año siguiente Juan de Azamor, esclavo liberto de Juan Hurtado de Mendoza, que con otros esclavos y sus familias más complicidades de moriscos en Toledo y Madrid organizó una fuga rumbo a Berbería que se frustró en el último momento, al ser apresados fugitivos a pocas leguas de Valencia... 
   
   
Todos estos personajes tuvieron su contrapunto en lo que la historia española llamaba «renegados», es decir, los cristianos que por circunstancias similares (exilio, cautiverio, interés o convicción) llegaban a Berbería y se convertían al Islam. Si la vida les devolvía más tarde a tierras cristianas, podían pagar muy cara su conversión. 
   
Así por ejemplo, en 1567 un vecino de Madrid llamado Pedro Martínez confesó ante el Santo Oficio haberse convertido al islam durante los dos años y medio que pasó cautivo en Argel, donde se casó con otra conversa llamada Ana; alegaba que ambos fueron presionados a ello y que lo hicieron para mejorar sus condiciones de vida. Por el grande auto de fe celebrado en la Plaza Mayor durante 1680 -según lo pintaría Francisco Rizi- se condenó a un gaditano llamado «Lázaro Fernández, alias Mostafá», por este mismo motivo. El propio Cervantes, que anduvo 5 años prisionero en Argel, debió de rozar tal acusación; por lo que se adelantó a escribir una detallada historia de su cautiverio, en la que afirmaba el haberse intentado escapar 4 veces, para disipar dudas.
   
Resulta irónica, tras de haber reprimido tan duramente por apostasía a quienes intentaban emigrar a tierras del islam, la decisión del expulsarse a todo morisco que se tomó en 1609 y fue desarrollada por fases hasta 1612. Los moriscos de la región de Madrid salieron para su destierro hacia Cartagena y Francia (de donde debían pasar a Berbería) durante 1610. Sin embargo, casi no se hallaban entre ellos moriscos de la propia ciudad puesto que, dado el intenso y caótico crecimiento que había experimentado la Villa en décadas anteriores, encontrarlos era como buscar cualquier aguja en un pajar. El conde de Salazar, responsable del destierro, escribía (1611): «En esta villa de Moriscos granadinos ay 50 casas que se an registrado, muchos de los quales pretenden quedarse por buenos cristianos, ay muchos de los antiguos que no han querido registrarse, asi no se save el numero de ellos, son muy ricos y tienen muchas personas que los ayudan y cubren»...
   
Aunque ordenó el rey «que se ponga particular cuydado en que salgan todos los moriscos que ay en esta corte», la cifra de todos los expulsados desde Madrid fue tan sólo 369 personas; una cantidad muy alejada de aquellos 1487 censados en 1581, que posiblemente se habría incrementado en los 30 años ya transcurridos. Añadamos a esto que, desde que comenzaron las expulsiones, afluyeron a Madrid moriscos de todas partes para presentar alegaciones; hasta el punto de que colapsaron instancias judiciales (...) Entre casos particulares más curiosos están los de quienes acudieron a la corte por hacer valer certificados de nobleza que los ligaban a la élite del Reino de Granada, o incluso con Omeyas de Córdoba (...) Y otros esgrimían certificado de buena conducta o su parentesco entre cristianos viejos. Muchos aprovecharon a confundirse discretamente con los habitantes de la Villa y permanecieron en ella...
   
En 1690, un secretario del sultán de Marruecos en visita oficial ante Carlos II escribió que durante su viaje por España se había encontrado con varias personas afirmando, discretamente, ser de origen andalusí (...) También en Madrid con «un secretario del gobierno» que, refiriéndose a sí mismo y las mujeres que lo acompañaban, dijo: «Somos de la estirpe de musulmanes, descendiente desde los Abencerrajes» (...) Gaspar Melchor de Jovellanos, ya en el siglo XIX, pensaba que los famosos 'majos' madrileños de su tiempo, antecesores de otros 'chulapos' más actuales, eran de origen morisco...
     

4 comentarios:

  1. «A la lima y al limón..., que no tengo quien me quiera» cantaba una expresión popular que aparece también entre la canción infantil «al alimón, al alimón, que se ha roto la fuente». Aunque la lima (lima) y el limón (laymún) son palabras introducidas en el castellano a través del árabe, estas expresiones no tienen
    nada que ver... sino con una frase por la que los pregoneros de al-Ándalus solían comenzar sus pregones: a la alima l-alimún, «atención, sepan los que tienen que saber…»

    «Fulano y Mengano...» viene del árabe: "fulán" es 'Alguien', mientras que "man kan" significa "Quien sea"...

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    1. Y lo que se vería claro es cómo ha terminado por fusionarse una estirpe con 'hijos de los Omeya' en la población actual española: el historiador de Madrid aquí se apellida 'Benumeya'. Y a la vez, el ahora cardenal arzobispo de Barcelona es monseñor 'Omella'...

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  2. Abu l-Walid Muhammad ibn Rushd, abuelo del grandísimo filósofo cordobés Averroes llamado igual que su nieto y muerto el mismo año (1126) en que nació éste, fue gran cadí de Córdoba; y entre los muchos pleitos que hubo de resolver cuentan lo siguiente. Se presentaron 2 madrileños ante su tribunal pidiendo justicia: uno había sido contratado por el otro para un trabajo a cambio del salario que se debía pagar en alimentos.

    La caída de Madrid en manos de los cristianos interrumpió el asunto y ambos fueron a parar hasta Córdoba, donde quien estaba contratado exigió al otro su salario. El problema es que allí, en la gran ciudad del sur, los alimentos o el grano costaban doble que para la villa del norte; y el pleito consistió en decidir si los pagos tenían que hacerse por una mitad respecto de la cantidad acordada, como pedía la parte contratante; o si debían ceñirse a lo pactado en especie, según quería su contraparte...

    El abuelo de Averroes fue relevado en el cargo, precisamente, por un hijo de madrileño exiliado, «apellidado» al-Maŷriti..."

    . . . ( Daniel Gil-Benumeya )

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  3. Es verdad: "creció Madrid como una pequeña ciudad de la frontera norte de al-Ándalus, cuando a El Cairo le faltaba casi un siglo para nacer en tanto que tal"... ¡Y durante una época, en torno al fin del primer Milenio, que tenía como urbe más populosa de todo el Occidente o incluso hasta Oriente Medio a nuestra Córdoba...!

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