
Ahora -que por 'Carnes tolendas (o sea, toleradas) y Carnaval' nos andamos...- es preciso ir al fin a cosa más cierta que lo de costumbre.
¿Nuestros nombres?... Insumisión... es..., ¡y seámosl@ mucho...!



Al bueno de Kafka -¡quien también era un dibujante muy reseñable, lo que acaba de avisarnos FF con algunas muestras!- le colgamos ese sambenito del adjetivar como si suyo fuera todo aquello que podría más bien tildarse de parajódico, por ejemplo el trabajo (por cuentas y lucros ajenos) así como ese interminable reforma(tea)r en sus mercados globales...
Pero también hay otros casos, como el de las comunicaciones cada vez más usuales que no hay modo humano de saber si por alguna persona -o solo desde hábil maquinita...- se habrán originado: ¡no en vano aun está desierto el premio anunciado para quien logre ofrecer cualquier programa capaz de aplicarnos con eficacia real un test de Türing seguro a la hora del discriminar entre una u otra posibilidades ante los mensajes cotidianamente recibidos!
En fin, que la comunicación siempre será difícil, vale; pero máxime por aquello -a GF oído tan pacientemente repetir, una y otra vez, con claridades pedagógicas- del que nunca podremos deshacer tanto equívoco en los demás mientras no resolvamos análogas asignaturas pendientes del nosce te ipsum... e, incluso, de llegar hasta tolerancias para lo nuestro primero:
"Somos cinco amigos, hemos salido uno detrás del otro de una casa; el primero salió y se colocó junto a la puerta; luego salió el segundo, o mejor se deslizó tan ligero como una bolita de mercurio, y se situó fuera de la puerta y no muy lejos del primero; luego salieron el tercero, el cuarto; y, por último, el quinto. Al final formábamos una fila. La gente se fijó en nosotros.
Nos señalaban y dijeron: «Los cinco acaban de salir de esa casa». Desde aquella vez vivimos juntos. Sería una vida pacífica, si no se injiriera continuamente algún sexto. No nos hace nada, pero nos molesta, lo que es suficiente. ¿Por qué quiere meterse donde nadie lo quiere? No lo conocemos y tampoco queremos acogerlo entre nosotros.
Si bien es cierto que nosotros cinco tampoco nos conocíamos con anterioridad, y aun si se quiere tampoco ahora, lo que es posible y tolerado entre tantos no es tan posible ni tolerado en relación con un sexto. Además, somos los que ya somos y no queremos ser seis para nada. ¿Qué sentido tendría ese continuo estar juntos?
Tampoco entre nosotros cinco tiene sentido. Pero, bien, ya estamos juntos y así permanecemos. Mas no queremos una nueva unión, y precisamente a causa de nuestras experiencias. ¿Cómo se le podría enseñar todo al sexto?
Largas explicaciones significarían ya casi una acogida tácita en el grupo. Así, preferimos no aclarar nada y no le acogemos. Si quiere abrir el pico, lo echamos a codazos, pero si insistimos en echarlo, regresa..."
(Kafka: 'COMUNIDAD', 1920)
O sea, ya sabíamos lo del que 'no hay Quinto malo'... Mas, ¡caray, ahora nos dijeron esta joda del ...'Sex...to'...! Bueno, pues incluso así, Ale...
¡Encontremos camino luminoso... pese a los empeños en oscurecérnoslo!

Estoy hablando de lo que todo el mundo habla: de la actualidad política, o séase económica, de nuestros Estados, inquietante ciertamente, por no decir que desastrosa: es la que durante largos años se ha venido llamando Crisis, que últimamente toca entre nosotros a las exigencias de la Unión Económica Europea para con los países menos educados o bien regidos, y que en todo caso afecta justamente a los Estados desarrollados, sean los europeos, los unidos de América o el Japón, de tal modo que se trata evidentemente de un mal inherente al régimen del Bienestar en que ha venido a parar el desarrollo.
Me paro aquí a hacer notar, por si hacía falta, la enorme desproporción (numérica, dineraria) de las Medidas que políticos, financieros y economistas proponen, imponen a sus poblaciones y hasta ponen en práctica como buenamente pueden, frente a la magnitud de las faltas, necesidades, estropicios o agujeros que en la economía de los Estados se producen. Otros, más estudiosos que yo de las grandes cuentas y cifras, tienen que haberles hecho saber, aunque sea tímidamente, esa desproporción: que, sumados todos los importes de esos remedios que se han propuesto o aplicado, no podrían montar más que a una mísera fracción de los que las nuevas necesidades y desajustes de Estados, bancas o cualesquiera finanzas representan.
Sin cifras, el mero sentido común descubre que estas Medidas o remedios que les sacan hoy los dirigentes son los mismos que se recordaban como propios del antiguo régimen: restringir gastos, apretarse, como decían, el cinturón, y hasta ahorrar, remedios ridículamente impropios para el régimen actual, que se mueve por una circulación dineraria sumamente alejada de las cosas palpables y por el despilfarro y producción de objetos no pedidos ni dirigidos a más consumo que su compra. De manera que, si algo de humor le dejaran vivo a la gente, se reiría de esas medidas y remedios como de una cataplasma aplicada a un cáncer.
Está claro, salvo para quien tenga interés en no verlo, que el mal pertenece al propio régimen actual del mundo desarrollado, el del poder entregado al movimiento del dinero.
Sería una buena ocasión de reconocer que este régimen, con todo su enorme éxito y por la calidad de su éxito justamente, era en su estructura y programa mismo una insensatez, una de las grandes insensateces que jalonan la historia de los seres ilusos que somos: pretender que eso de la vida que podía vivirse se puede cambiar tranquilamente por la dedicación de las personas (y las cosas) a venderse y comprarse unas a otras, y pretender que lo que pasa, está pasando o pueda pasar, se reduzca todo a tiempo, a futuro (que es lo solo con que el dinero sabe trabajar), y que ese futuro contado se tome como un sustituto de la vida y las posibilidades. Esa insensatez, por cierto, no se puede atribuir a ningún economista o mentes preclaras que la hayan inventado y la manejen: así como hoy día no pueden los entendidos en economía y finanzas dar razón de lo que le pasa al dinero (no entienden lo que pasa porque se creen que sí), así tampoco podemos achacarles la fundación ni dirección del régimen del dinero: es más bien el dinero el que, con sus ideas y teorías, los toma a su servicio para hacer de las suyas, esto es, para realizar las funciones que a él solo le corresponden.
Que los males que dan lugar a tantas quejas, arreglos y diatribas pertenecen al régimen mismo del dinero, el sentido común lo dice.
Sería poco amable pensar de mí que con esto estoy proponiendo como sola cura un cambio radical de régimen, un abandono del dinero. No es así. Pero eso no quita para que tenga sentido intentar que mucha gente del común reconozca que los remedios del Mal con que los agobian y aburren son una ilusión, engaño y triste divertimiento... dedicándole al sentido común un rinconcito.
Escuchemos, pues, el final con que concluye la ópera -o mejor en palabras de su propio autor, Igor Stravinsky, el 'melodrama musical'- Perséfone:
"... Accueillez-nous, filles des dieux.
Nous apportons nos offrandes / des guirlandes, / lys, safrans, crocus, bleuets, / renoncules, anémones... / des bouquets pour Perséphone, / des épis pour Dèméter. / Les blés sont encore verts / mais les seigles déjà blonds.
Déméter, reine de l'été, / dispensez-nous votre sérénité.
Ô, reviens à nous, Perséphone, / brise les portes du tombeau! / Archange de la Mort, rallume (...)
L'Ombre encore t'environne, / chancelante Perséphone, / comme prise en un réseau. / Mais partout où ton pied pose / s'épanouit une rose / et s'élève un chant d'oiseau. / Chaque geste te dégage / et ta danse est un language / qui propage le bonheur, / l'abandon, la confiance; / et le rayon se fiance / au pétale de la fleur. / Tout, dans la nature entière, / rit et s'abreuve de lumière. / Toi, tu bondis vers le jour.
Mais, pourquoi, si sérieuse, / restes-tu silencieuse / lorsque t'accueille l'amour?
Pour répondre au destin qui m'appelle, j'irai / vers le monde ombrageux où je sais que l'on souffre. / Crois-tu qu'impunèment se penche sur le gouffre / de l'Enfer douloureux un coeur ivre d'amour? / J'ai vu ce qui se passe et se dérobe au jour / et ne puis t'oublier, vérité désolante... / Je n'ai pas besoin d'ordre et me rends de plein gré / où non point tant la loi qua mon amour me mène (...)
Ainsi vers l'ombre du terrain / tu t'achemines à pas lents, / porteuse de la torche et reine / des vastes pays somnolents. / Ton lot est d'apporter aux ombres / un peu de la clarté du jour, / un répit à leurs maux sans nombres. / A leur détresse un peu d'amour.
Il faut, pour qu'un printemps renaisse, / que le grain consente à mourir / sous terre; afin qu'il reparaisse / en moisson d'or pour l'avenir."
Francisco Luzón, consejero antes en BBV y luego del Banco Santander, se retiró ahora con 56 millones de euros como 'su pensión' y a Corcóstegui le indemnizó el BSCH con 108 millones por 'despido' previamente...
Roble centenario en Olmedo (Quintana del Pidio)
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