viernes, 9 de noviembre de 2018

“Cada vez más a la escucha... y deberíamos educarnos, en discriminación sentimental"

 
 
(Se lo explica Chantal Maillard a la entrevistadora, Nuria Azancot, para una última entrega que nos ha legado 'El Cultural' y así dijo...)
  
Chantal Maillard, la más belga de las pensadoras andaluzas (y la más malagueña de las poetas orientales), es doctora en Filosofía Pura. También vivió largo tiempo en Benarés (India), donde se especializó en Filosofía y Religión india (“Vine a no saberme, vine a estar” escribió en sus diarios años más tarde), y hoy es profesora de Estética y Teoría de las Artes en la Universidad de Málaga.
    
Especialista en la obra de María Zambrano, es además una traductora excepcional. Suya es la versión castellana de los deslumbrantes Escritos sobre arte de Henri Michaux que publicó Vaso Roto hace unos meses.

Ahora, casi a su pesar, coinciden en librerías un ensayo, ¿Es posible un mundo sin violencia?, y el poemario Cual menguando, protagonizado por Cual, su alter ego. Y ella se confiesa feliz, porque su reverso no siempre la acompaña: “No, Cual aparece cuando logro ausentarme de mí. Es mi lado más amable, el más divertido”. Y dice más. Que todos los trajes de su personaje (el de primavera, el de olvido, el de construir metáforas) le sientan bien, y que en este poemario, Cual menguando, “hay un punto más de rebeldía contra los géneros”. Que es su estrategia para encontrar fórmulas que se adapten mejor a lo que quiere decir. Y en este caso, se trata además de “recuperar la extrañeza. O cierta ingenuidad”, proclama. Con todo, no intenta trascender los géneros, sólo concertarlos sin que ninguno pierda su singularidad.

Por eso en las teatrales Cinco piezas breves que el libro también incluye, ha renovado su apuesta por el lenguaje, considerado como un arma de doble filo, ya que, “por un lado permite que la realidad se haga comunicable y nos hace perder de vista la auténtica dimensión de las cosas por otro. El lenguaje normaliza, y esto hace que perdamos la capacidad de extrañarnos. ¿Cómo recuperarla? Alterando el lenguaje -una opción que utilizo en los poemas- o trayendo a escena personajes que actúen de modo diferente, seres que, al margen de la norma (a-normales) nos desconcierten y nos lleven a sospechar de aquello a los que acostumbramos”.

Y el mundo deja de ocurrir

Lo cierto es que Maillard no se siente feliz con las etiquetas. En realidad las odia, segura de que “en cuanto te la cuelgan llevas el precio incluido”. Y por eso niega la mayor y no se considera poeta, “aunque escriba eso que llaman poemas. En cambio puedo sentirme Cual de vez en cuando. Entonces el mundo deja de ocurrir para mí, o ante mí. Deja de haber diferencia entre el zumbido de una avispa y mi voz, entre el caminar de un insecto y el mío. Y eso está bien”.

Otro refugio puede ser recurrir al pasado para comprender la realidad, pero, aunque en Cual menguando leemos que “Contar es de memoria. Las palabras / también son de memoria”, para Maillard los recuerdos “entendidos como las huellas que no nos sirven para actuar” acaban siendo lastres en realidad. A su juicio, la memoria no deja de ser impresiones, huellas, en la conciencia. Y hay huellas imprescindibles, “a las que acudimos para reconocer las cosas. Llamamos inteligencia a ese reconocimiento”, y otras , en cambio, cargadas de sensación o sentimiento, “que nos traen de vuelta una y otra vez al mismo pliegue. Esto sólo resulta útil si el presente no nos compensa y si sabemos elegir el pliegue”. 

Acostumbrada a vivir entre mundos y géneros aparentemente ajenos, Maillard descubre el hilo conductor que relaciona sutilmente el poemario Cual menguando y ¿Es posible un mundo sin violencia?, su último ensayo. Y ese hilo es “Nosotros”. “Sí -explica- , ‘Nosotros' es por quienes se pregunta Cual al final de la primera pieza de Cual menguando, y acerca de lo que su interlocutor Fiam, en cambio, no tiene dudas. Ese mismo ‘nosotros' es el que reencontramos al final de la propuesta utópica que lanzo en este breve ensayo sobre la violencia. Un nosotros que trascienda esos límites a cercos de pertenencia para los que estamos acostumbrados”. 

Lo cierto es que en ambos libros resuenan palabras como entendimiento, guerra, violencia, poder... Son los temas que se enseñorean del libro de Vaso Roto, a partir de una certeza, la de que vivimos en un universo por naturaleza violento. Y Maillard arroja al lector desde estas páginas, como un reto, la pregunta de si somos capaces de no añadir a la natural violencia aquella que nos caracteriza como humanos, la que se ejerce por placer o por codicia. Si seremos capaces de ampliar el marco de nuestras pertenencias (territoriales, grupales, específicas, etc.) para que esto sea posible. 

Su apuesta no admite enjuagues: se trata de apostar de manera inequívoca por una ética de la compasión, que ella explica así: “La violencia que nuestras naciones ejercen -y de la que nos beneficiamos- siempre ocurre en otro lado: otras tierras, otras selvas o, simplemente, el sótano de otros edificios. La falta de empatía ocurre cuando pensamos que no nos concierne, y no nos concierne aquello que no consideramos como propio. Por eso es importante ampliar el cerco de pertenencia y reemplazar la moral del semejante -la del prójimo (próximo)- por una ética de la compasión, mucho más abarcante. En un mundo global, la moral de grupo resulta ser una fórmula anticuada”. 


La compasión difícil

No es el único desafío que plantea el libro. También urge a educarnos en la “discriminación sentimental”, consciente de que el hombre actual vive inmerso en la representación y que recibimos la realidad por los mismos medios (la pantalla) y de la misma manera que los seriales. “El problema -comenta- es que no nos han educado para ser espectadores maduros y esto permite que seamos manipulados a través de nuestras emociones”. Por eso, la educación sentimental que propone ayudaría a entender cómo se generan las emociones y cómo se transforman en ideas y creencias. Un aprendizaje que debería formar parte de la asignatura de educación política de la que carecen los actuales planes de estudios. 

Nada complaciente, no teme perder lectores. Tampoco con su próximo proyecto, La compasión difícil, que publicará Galaxia Gutenberg en febrero. Un libro incómodo, en el que revela que le resulta cada vez más difícil compadecernos: “La compasión es cualquier cosa menos sentimentalismo; es ser capaz de padecer con otro. Es fácil compadecer con la víctima; no lo es tanto si se trata del verdugo, del asesino. No obstante, no puede hablarse de auténtica compasión si no somos capaces de entender que, en el fondo, no hay diferencia entre la víctima y el verdugo. De ahí que en la última parte del libro tengan lugar unas conversaciones con Medea. Una Medea anciana de siglos y ya de vuelta”.
@nmazancot
  
  
(Mas podemos añadir, útil: otra paralela conversación de la misma poeta editada por Alberto Gómez hace bien poco en el diario 'SUR'...)

¿Cómo ha evolucionado Cual, el ente protagonista del último libro, y para qué le ha servido a usted como escritora?

–Ha seguido a mi lado todo este tiempo (...) Al final de 'Hilos' la disminución de gestos, de palabras, había ido creciendo. Fue necesario tomar aire. Cual me permitió hacerlo, me hizo ver que era posible seguir viviendo con mayor despojamiento. Es un ser carente de todo deseo, sin necesidades. No tiene ideas. Vive pendiente de las musarañas, atento a todo lo que, enfrascados en nuestras intenciones o nuestros recuerdos, dejamos de percibir. No sé qué haría sin su compañía.

¿Es posible convivir con la muerte, comprenderla? 
 
–Todo ser viviente convive con su muerte. Desde que nació, en cada instante mueren las células que lo componen y nacen otras. Nada es en un individuo permanente. En nuestra cultura hacemos todo lo posible para evitar enfrentarnos a esa realidad, y esto es algo que nos pasa factura. La mejor manera de enfrentar la ausencia no es desviando de ella nuestra atención. Cuando no les otorgamos un lugar y un tiempo a los muertos en nuestra vida cotidiana ellos se alimentan en otros niveles de la conciencia y tarde o temprano afloran, dejándonos sin aliento. En otras culturas, los rituales cotidianos les procuran ese tiempo, de tal modo que el resto del día pertenece a los vivos. Así es más fácil convivir con ellos. 

¿No estaríamos entonces llorando «en los tiempos pautados», como criticaba en 'La mujer de pie'? 

–Tiene razón. La diferencia estriba en que hay quienes siguen las pautas establecidas por otros «porque hay que seguirlas» y quienes elaboran conscientemente sus propias estrategias de supervivencia. No se trata de reprimir el llanto, sino de que no nos inunde hasta ahogarnos... Si es que elegimos seguir con vida, claro, pues siempre está la opción contraria.

Desde hace años, su poesía tiende a lo esquelético, a despojarse de adjetivos y grandilocuencias. Esto es aun más perceptible en 'Cual menguando'. ¿Cómo lleva su lucha contra los grandes conceptos?
–Ya he dejado de luchar contra ellos. Viven su vida, como otros entes de ficción con los que convivimos, sólo que no les hago mucho caso. Es curioso, a menudo me parece ver a las personas caminando con una esfera repleta de ideas encima de la cabeza. En sus encuentros veo cómo esas esferas se juntan e inician su danza, una danza que a menudo termina en combate... Otras veces las esferas ni siquiera llegan a rozarse o incluso se repelen porque sus paredes han sido reforzadas como murallas defensivas. Las creencias son de ese tipo.
¿También a usted, como a Cual, le resulta más familiar el vuelo de una mosca que las relaciones humanas?
–¡Y tanto!
¿Pero no siente deseos, necesidad de relacionarse con otros?
–Sí, por supuesto, pero de uno en uno. Tres son multitud, ya sabe. Aunque la verdad es que me siento más a gusto con los otros animales. Y no precisamente los domésticos, a los que hemos humanizado en demasía.
«Que el sol se haya levantado cada 24 horas desde que lo recordamos no significa que vaya a levantarse mañana». ¿Cuál es el riesgo de dar cosas por sentado?
–Averiguar constantes a partir de las repeticiones de ciertos fenómenos es una necesidad práctica. Pero de la regularidad a la necesidad hay un paso. Que algo se considere normal no nos asegura su permanencia. Nada es permanente. Incluso el sol podría no aparecer una mañana si la tierra variase su órbita a causa de un meteorito. Así es la propia existencia. Sabemos que somos mortales, pero actuamos como si fuésemos inmortales. Creer que ciertas cosas son perdurables mantiene bajo nuestro nivel de angustia, pero la sensación de seguridad tiene un precio: la vida pierde la intensidad que la conciencia de lo efímero le otorga. Y es así cómo el planeta se puebla de muertos vivientes.
En su último ensayo aborda el exceso de soberbia y creencias y la falta de comprensión global. Le devuelvo la pregunta: ¿Es posible un mundo sin violencia?
–Un sistema en el que la vida se sostiene y depende de la muerte de otros es un estado de violencia. Si aceptamos la vida, hagamos lo que hagamos colaboramos con esa violencia, así que al menos hagámoslo sin hipocresía. Ahora bien, la pregunta es: ¿Podemos vivir los seres humanos sin añadir violencia a la violencia? ¿Seremos capaces de considerar como semejantes a todos los seres, sin distinción de razas ni de especies, y reconocer la mutua dependencia? ¿Seremos capaces de compadecer a todo aquello que existe sujeto a la maquinaria infernal del hambre?

Hace referencia a la compasión. ¿En qué momento distorsionamos su significado original?
–Compadecer significa sufrir el padecimiento ajeno, o sea, empatizar. Hubo un momento, en la historia de los pueblos cristianizados, en que esta palabra se desvirtuó y se utilizó como sinónimos de apiadarse, pero la compasión no tiene que ver con normas morales. Es espontánea.
Como profesora que fue, ¿qué le parecen los plagios y falsos títulos que van descubriéndose entre quienes gobiernan o aspiran a hacerlo?
Hace tiempo que la política se convirtió en una pantomima. La realidad se ha convertido en un espectáculo, pero el problema es que no nos han educado para ser espectadores maduros. Hace falta no sólo una educación política sino también una educación en las artes de representación que nos permita distinguir la manipulación a las que son sometidas nuestras emociones a través de la pantalla.
¿El problema es que nuestras emociones son manipulables o que las hemos anestesiado? Somos capaces de ver cualquier tragedia humana y seguir comiendo, como si relegáramos esos acontecimientos al orden contra el que usted arremetía en 'Matar a Platón', a lo normal.
–Que la manipulación sea posible y, además, tan fácil se debe en gran medida a que, al recibir lo que acontece como si fuese ficción, por los mismos canales y recortado en el mismo espacio de la pantalla, las emociones que puedan surgir serán experimentadas siempre con cierto grado de placer. La pena o el terror que podamos experimentar al ver una película no son los mismos que experimentaríamos ante un hecho real doloroso o temible. Por eso vamos al cine a llorar o a temblar de miedo. La representación transforma las emociones ordinarias en emociones placenteras. ¿Qué ocurre entonces si asistimos a lo real como si fuese una representación? La empatía, la compasión, el terror, se neutralizan. Y podemos, en efecto, seguir comiendo...
¿Algún diagnóstico reciente de la ciudad?
–Málaga (...) está compartiendo el destino de todas las ciudades que se han convertido en atracción turística. Parece que se ha confundido la cantidad con la calidad y el progreso con el crecimiento y la acumulación. La verdadera cultura no es la que se compra, sino la que se cultiva. De eso sabían quienes, a la caída de la tarde, se sentaban a escuchar los vencejos o a conversar tranquilamente bajo un árbol.

lunes, 22 de octubre de 2018

¿Suben desde 735,9 el SMI hasta 900€?... y una Pensión Mínima -580,9- ¡a 'menos de 600' sólo!

 
Sólo 735,9 €/mes por un trabajo a Jornadas Completas es el SMI hoy en este lado del Pirineo... pero si acaso se cruza (sin pasar al catalán valle de Arán, o sea, pisándose Francia) tal importe queda más que duplicado, llegándonos hasta los 1.499 € ya; e igualmente resulta yendo hacia cualquier otro Estado vecino como el Reino Unido e Irlanda, Bélgica, Países Bajos, Alemania o Luxemburgo.
 
 
Sin embargo estas desproporcionadas diferencias no guardan relación con el verdadero desnivel comparativo entre nuestras 'riquezas (en términos del PIB) per cápita' y las correspondientes a todos esos otros Estados de la Unión Europea: Francia, por ejemplo, tampoco disfruta 'capacidad económica personal media' doble (sino, aproximadamente, un sexto mayor) que nuestra conciudadanía...
    
GDP per capita, 2006 and 2016   (EU-28 average = 100 reference)
   
Lo que como Salario Mínimo podría -y deberá, por tanto- pagarse, o no, está para cada caso en función de cuál es el nivel más general remunerativo; habrá de haber alguna correspondencia, por lógica, entre posibles alzas a esos 2 niveles de la escala salarial (los medi[an]os e inferiores, u [objetivamente] pobres)...
  
 
Pues bien, las cifras oficiales recopiladas por el Eurostat para nuestro entorno comunitario son llamativas y alarmantes al respecto en cuanto a este mercado laboral: mientras España tiene aun Salario Mínimo bajo la mitad incluso del promedio -a su vez reducido, por otra parte- entre sus nóminas... Francia lo regula próximo a los dos tercios de la moda más común entre toda su masa laboral.
       
Minimum Wages, as % of Median [gross] Earnings, in EU
   
Y todavía supone una mayor sorpresa el cómo la misma relación desigual que manifestamos aquí, frente a nuestro vecino transpirenaico galo, se repite con el otro atlántico: Portugal mantiene SMI casi un 50% más elevado del español, en valores relativos a las magnitudes centrales de ambas poblaciones trabajadoras.
  
¡Así resulta explicable cómo España es el país con mayor % de trabajadores pobres en Europa (según contabiliza la OCDE)...!
 

    
Ya enfatizó el presidente  Franklin D. Roosevelt, en 1933: “El objetivo aquí es asegurarnos un beneficio razonable para nuestra industria y salario digno a sus trabajadores, con eliminación de métodos o prácticas piratas, que no solo han acosado al negociar honesto sino también contribuyeron a los males del trabajo [...] Con mi programa inaugural les presentaba la simple meta de que nadie pueda morir en estas tierras por hambre.
   
   
Me parece igualmente claro el cómo ninguna empresa que dependa para existir de pagársele menos del salario vital al trabajador tiene derecho a continuar en este país; por negocios empresariales me refiero a todo comercio, así como cualquier industria; entre los trabajadores incluyo aquellos de monos o con cuello blanco; y salarios dignos quiere decir por más que simples niveles de subsistencia, o sea, para una vida digna...”
     
(Nos lo ha recordado ahora -sobre otra muy polémica implantación de una 'Ley Nacional para la Recuperación Industrial', en USA, desde hace 85 años...- Juan Laborda, oportuna mente, con Vozpópuli: "Subida del salario mínimo, condición necesaria pero no suficiente", 16/10/2018)
   

  
¡Y huelga el insistir sobre que nada menos de todo cuanto se ha razonado para trabajadores en activo debe aplicarse asimismo a quienes, al retirarse por fin, tienen la subsistencia tan sólo pendiente del según acaben siendo sus Jubilaciones como alguna postrera remuneración salarial diferida!

martes, 9 de octubre de 2018

Sin palabras, ni acción tampoco, pasivamente...


Est@ no es ninguna pose, con truco sino... imagen real aquí pillada en bus urbano

martes, 25 de septiembre de 2018

ZP dictó fin de Pensión Permanente Revisable según IPC; y debe derogarlo Sánchez, al revés



Ya llegó este Otoño, que al parecer se nos presenta como acalorado, bastante más de cuanto acostumbraría...


(Recordamos el nefasto DECRETAZO por Rguez. Zapatero, del 20.5.2010)

 
Escarnio cruel es, aquí ahora, cómo aquellos Mínimos antes instituidos (hasta, incluso, durante todo el "rodillo" de mayorías absolutas) con Aznar... no son ya propuestos -tan siquiera- entre su secuela por los Rivera o/y Casado.

  
Ni aun apenas en esto, del PS... que -minoritaria mente- logra Gobierno, sostenido desde 'progresistas' ERC e IU & Podemos: ¡forzar compensaciones automáticas y por Ley, de la inflación (total), para cada Pensionista!
 
(Decreto URGENTE de Pedro Sánchez, del 24.8.2018)
  

Cuantos partidismos traicionan ahora sus consignas de supuestas "Izquierdas" andan pavoneándosenos por otros, no tan igualitarios, objetivos y prioridades a las modas actuales...
 
  
Nada puede hacer 
'sociedá rendía' que
-pasiva mente- trágase
cualquier Desafuero, sin
OPOSICIÓN real, tan sólo
'encantadita' por palabreo
de sus -ELEGIDAS- CASTAS...

[...ni en dioses, reyes o TRIBUN@
     habrá ningún Supremo Redentor: 
      ¡Nosotr@s, mism@s, realicemos 
       cualquier -Salvador- ESFUERZO...!]

OK (débese insistir más aún) en que aquí, ahora, sigue faltándonos de todo: Paros masivos estudiantiles frente al prostituirse aquellos Títulos, que tantísimo le cuestan a las mayorías; Movilización del precariado ante tanto abusar, rampante; MANIS indesmayables (más acá de Bilbao solo) contra Pensiones devaluadas por no actualizados IPCs; '0 tolerancia' sobre cualquier tipo de Supremacismo (por Clase, Raza, Lenguas, Religión e Ideologías o Géneros y 'Nacional': género 'Humano'... internacional) en vez de unas republicanas IGUALDADES, AntiDiscriminatori@s; Derogar privilegios, heredados y con creces ¡desde Franco-juancarlismos! por neoCastas actuales; Castigo con 'Desahucio' electoral definitivo a l@s list@s culpables por Latrocinios (más allá del color partidista... o/y si estafan entre ayuntamientos, banca, empresa, oenegé, sindicato, universidad...); Resarcirnos devolviéndose los 20.000.000.000 € que se regalaron a las Cías. Eléctricas + hasta otros 100.000.000.000 € del Rescate para Bancos, pagados por la ciudadanía...
  
 

¡Más cuentas claras y menos cuento!
 

sábado, 1 de septiembre de 2018

Si(...endo nadie, y)...endo a ningunas partes...


Uno entre nuestros habituales despropósitos, como seres humanos, es el hecho de andar -constantes, e incorregibles, mentes...- pensando [tanto] futuros no predestinados o el pasado ya irremediable. Las personas jóvenes estarían atentas con preferencia sobre los primeros, porque tienen más; y quienes alcanzan mayor edad se suelen ocupar en especial del segundo, también al poseerlo más. 

Pero para experimentar la vida hemos de vivir cada momento (nunca es nada real sucediendo en pasado, sólo recuerdos; ni entre ningún supuesto futuro, una mera proyección)... Aun cuando se pierden demasiados por las dedicaciones al "ganárnosla" o a prepararla y revisar cómo ha ya pasado, el único tiempo en que -de verdad- podemos vivir es ahora, éste...
   
  
    
"Pese a que absurdo nos parezca, por lo general e incluso tras de cumplir ya los 60, 70 u 80 años, hemos de aprender cómo experimentar bien el vivir: cuando lo consiguiéramos, habríamos eliminado muchos entre nuestros problemas. ¡Mas qué sencillo suena, y cómo de difícil es! 

Somos capaces y eficientes para cuidar nuestros cuerpos. Los lavamos a menudo, salimos de casa con ropa limpia. Cada noche descansamos; mal se conseguiría, si no, soportar la tensión del vivir. 

Al cuerpo lo alimentamos con una sana nutrición. Y hacemos ejercicio, al menos caminando; ya que si no hiciéramos eso, se atrofiaría nuestra pierna, no pudiendo usarse. Pues lo mismo, exactamente, se debe hacer también con la mente... ¡O en realidad, incluso, más!

Nada entre todo el universo parece comparable a las mentes, ni puede sustituirlas, y todo es por ellas percibido. Si ha de crecer nuestra vida en visión y profundidad, cuidarlas esencial es...

Se suelen malvivir demasiadas vidas en las realidades del ayer o el mañana, lo bueno y malo, me gusta o no, esto es mío y eso tuyo, lo quiero para mí o no... Sólo podemos ver otras dimensiones cuando está entrenada la mente, que a su vez apenas puede limpiarse sino con ella misma...

Un segundo concentrándose le aporta purificación; pues, de verdad, cualquier mente nada más que puede hacer una sola cosa en cada instante. Y mientras aprendemos a cómo alargar nuestros períodos en concentración, se va limpiando de sus imperfecciones...

En la medida que desarrollamos tal habilidad, podemos comenzar aplicándola también a nuestra vida cotidiana, por ayudar al desprendernos de los pensamientos nocivos... 

Es una inmensa liberación o descanso el poder pensar, incluso por un momento, lo que quieres; porque te has convertido entonces en dueño de tu mente, y no es ella más la dueña: aprendes a no involucrarte con cualquier pensamiento que aparezca, en constante reflujo, triste o alegre...

Al principio sólo es posible dejar de hacerlo algunos momentos; lo cual ya supone un paso por la buena dirección, consistente sobre todo en abandonar, desprendiéndonos de cuanto hayamos construido a nuestro alrededor: hábitos condicionados, ideas, creencias, esquemas mentales...

Una mente fuerte no sufre de frustración, aburrimiento ni depresión, al haber aprendido a desprenderse de lo que tampoco quiere...

Nuestra mente, la más valiosa  y compleja herramienta, necesita reposos también; pero las únicas veces en que puede tener uno real es cuando deja de pensar, comenzando a solo experimentar. Nos relajamos y la mente descansa, se llena de alegría con fuerzas, porque sabe poder volverse a casa en cualquier momento....

Cuando cualquiera tranquiliza su mente, calmándose, lo hace también el respirar (al ser ésta la única función corporal que se autorregula pero pudiendo, además, a nuestra intención resultar sometible). No se debe pensar en nada para ello. La vida sigue su curso sin tampoco necesitar que pensemos. Está surgiendo en todo momento y a cada uno cesa de nuevo...

Se le atribuye a Siddhartha Gautama haber enseñado cómo 'el único camino para purificarnos, y destruirse todas las insatisfacciones, consiguiendo la liberación desde cualquier sufrimiento, es MÁS ATENCIÓN...' 

Sólo hay tres clases de sensaciones: agradables, neutras o desagradables. Y si una se incluyera en esas últimas, nos diría la mente 'Ah, esta sensación no me gusta; quiero rehuirla'... Aunque pese a todo, hasta que antes nos hubiésemos liberado del deseo de no pasar por incomodidades, tampoco habría modo para librarse.
  
 
Observemos la simple secuencia de contacto, sensación y reacciones. Centrándonos atentos a cualesquier sensaciones, en vez del querer huir de nuestro posible dolor, puede percibirse su naturaleza cambiante.

Démonos cuenta de cómo este cuerpo no tiene sufrimiento, sino es así; que más bien consiste sin remedio en un hábito del no poder sentarse, o estar tumbados, pero a la vez inmóviles y sintiendo comodidad. 

Es inherente a todo ser humano el hecho del que la sensación aparezca sin haber sido invitada para ello; ¿por qué llamarla, entonces, 'mía'...?

El deseo de comodidad y las aversiones hacia toda insatisfacción serían como 2 caras en una misma moneda. Al trabajar sobre los pensamientos y sensaciones que aparecen observamos cómo son, ambos, transitorios... 

La impermanencia, insatisfacción y no entidad son las tres características que hallamos en todo lo existente. Mientras no lleguemos a identificarlas, dentro de nosotros, difícilmente podremos apenas conocer tampoco. El único camino, para encontrarlas, acción es... 

Llevaremos junto con cada cuerpo, allá donde vayamos, acumulación psicológica por los bloqueos y obstrucciones mentales depositados a través de todas nuestras respuestas emocionales. La mente nos la puso allí; por eso, también, podríamos eliminarla. Lo cual significa 'conocer la sensación, pero no reaccionar, y luego liberarse frente a ella'. 

Esto es un aspecto muy importante para por fin alcanzar la paz y armonía interna; de otro modo, serán siempre nuestras reacciones oleadas que nos abrumarán y nunca veremos con claridad el camino. Cualquier emoción, según aparezca, la podemos ver como una sensación que se ha presentado y desaparecerá...

Nadie hay en el mundo que no sepa cómo su cuerpo, y todos los demás igual, son impermanentes. Pero sin embargo, vivimos como si fuéramos permanentes; e incluso nos afligimos por estos cuerpos en tanto sucumben a las leyes de la naturaleza, pareciendo que fuera esto algo inesperado...


Tratamos de ver -sola mente...- aquello agradable. Y el que constantemente nos estemos enfrentando a sus opuestos es un hecho del cual tratamos de culpar al otro...

La verdad en la vida es impermanencia total y tenemos que aceptarlo, para vivir de acuerdo con ello, experimentándolo. Cuando aprendemos a profundizar más, percibimos que dentro de cada célula del cuerpo hay un movimiento continuo... Y los científicos nos han mostrado que no existe tampoco ninguna otra formación de suficiente 'sólidez' en todo el orbe...

La mente se podría, en consecuencia, preguntar: 'si hay movimiento constante, ¿por dónde andará el yo? Todas las emociones han cambiado ya. No queda ni una de aquellas que tan sólo hace un momento tuve. Y mi cuerpo se mueve. Tampoco encuentro nada donde poder aferrarme. Los pensamientos no dejan de moverse, igual. Entonces, ¿en dónde, yo, estoy?'...

Desde luego, después las gentes hallan posibilidades imaginarias acerca del por dónde podría estar, tales como en los 4 elementos: tierra, fuego, agua o aire; y un quinto más, espacio. Dentro de nosotros, en el interior del cuerpo, hay numerosos espacios abiertos. Y nuestro universo, al fin, espacio es...

Los medios pueden ser muy esenciales, o necesarios, pero no deben confundirse con sus fines: la calma es el medio... y visión interior su fin...

Suele decirse que dijo el Buda, por ejemplo: 'tan sólo enseño una cosa, la insatisfacción (nacer un sufrimiento es, igual que la decadencia, o el morir; mas no lograr cuanto se desea, también, lo es...), y el CONSEGUIR QUE CESE...'.

Aunque todo esto significa que tampoco cabe sufrimiento si no hay nadie reaccionando a él. Cesa cualquier yo: si aquí no queda nadie que tenga un problema, ¿cómo puede haber, ya, ninguno? Usando la más agradable vía sólo para buscar nuestra comodidad, en cambio, vamos en opuesto sentido...
  


Cada pensamiento nuevo aparecido no es ningún intruso molesto. Sino todo un maestro para enseñarnos que nuestras mentes, ingobernables, nunca son de confianza ni seguras; porque tampoco hacen cuanto quisiéramos que hiciesen.

Así pues, ¿cómo creernos todo aquello en lo  que normalmente pensamos? Por el contrario, sería mejor olvidar la mayor parte de los pensamientos que tenemos.

La mente quiere distraerse, y ser nutrida, continuamente. Necesita su aportación porque nunca contiene nada que reste dentro de sí misma. Los pensamientos, en realidad, son muy impermanentes. A cada momento aparecen o se van...

Impermanencia y no posesión: tampoco tú quieres, de veras, poseer todos esos pensamientos, ¿no es así? Nunca valen la pena, realmente, por lo general. Y es muy difícil que nos aparezca uno digno de consideración. Entonces, ¿para qué pensarnos que yo soy esto? ¿O por qué no ver cómo sólo son ellos aparición y consiguiente desaparecer naturales?

La vanidad en el ego significa ver tanto el mundo como, en especial, a nosotros mismos desde sólo puntos de vista del 'yo'. Y cuando lo hacemos a menudo es amenazador, todo él, igual que la gente; pues nuestro yo se siente frágil al poder herirse o ser derribado fácilmente...

A través de nuestra experiencia personal ganamos visión interior sobre qué son lo impermanente, o las insatisfacciones, y la no entidad. La mayoría entre la gente pasan su vida intentando retener sensación agradable y desprenderse de lo que les desagrada. Esto es luchar por una causa perdida, e imposible; nadie puede...

Si decidimos reposar sin movernos más aunque solo sea durante algún rato, por observar lo que representa el no huir del desagrado -ni asirse a sus opuestos...- después, habremos podido aprender una enormidad sobre nosotros mismos: 'De modo que apareció, permanecerá un momento y desaparecerá; nada persiste igual. Si observo detalladamente, aunque sólo sea en un momento, estoy haciendo uso de atención, antes que reaccionar'...

A no ser que nos percatemos de qué ha ocurrido por nuestra mente cuando esta sensación aparece, caeremos una y otra vez siguiendo normas de nuestros viejos hábitos. Lo que pensamos cada vez, aquello ante cuanto constantemente reaccionamos, marca surcos en la mente. Igual que por un camino fangoso, el surco se hunde mas y más. Hasta que al fin es tan hondo como para creernos imposible salirse adelante...

La mente puede ser lista o manipuladora y hacer cualquier cosa, racionalizando hasta el punto del tener siempre razones ella mientras que todos los demás están equivocados. Debemos aprender cómo sería imposible llevar completamente la razón. Una mayor parte de las veces, lo que intentamos es defender nuestra miope visión particular, basada en propio ego...
 

Cada momento puede usarse para ganar mejor o más amplia visión interior, y con ello surge calma: si comprobamos que no se necesita prestar atención a todos nuestros pensamientos, resulta fácil el desprendérnoslos; cuando vemos cómo no hemos de reaccionar ante cualquier sensación, es más fácil desprenderse de las reacciones...

Mientras no se halla calma, en la mente, hay olas de agrado y desagrado. Como el agua, debe mantenerse sin agitar o tranquila; y así, la visión que surge puede hacerlo clara, dejando ver con profunda nitidez...

Cualquier persona con buena voluntad se desprendería de algún pensamiento etiquetado por 'avaricia' u 'odio'. Tal es el camino de la purificación: etiquetar(nos) muestra lo que le ocurre a la mente...

Las palabras pueden ser peligrosas. Nos producen ilusión sobre algo permanente y no son sino conceptos, careciendo de realidad...

Hay tres grados, por así decirlo, de amor. Primero, benevolencia: dependemos de la que tenga nuestro vecindario; y si deja de practicarla, se produce un caos. Otro grado es amistad, que nos hace la gente más entrañable; pero lleva incrustada en ella un enemigo muy cercano al amor, el apegarnos a ese afecto, creándose odio a la idea de perder aquello que ya queremos. 

Tenemos miedo, y sólo podemos temer lo que odiemos. Mas, por fin, sentir amor -incondicional, y hacia otros- nos crea seguridad: la del saber cómo vamos a reaccionar; al no temer, puede confiar cada cual en sí mismo...

Nunca podemos acabar ya con los que nuestros problemas vienen siendo: está siempre surgiendo uno, nuevo. Pero si renunciamos a eso y dirigimos nuestra insistente atención sobre las absolutas insatisfacciones en donde parece sujeto cada ser humano, no sólo podemos ver su plena universalidad sino que hasta el propio sufrimiento carece de significado.

Se siente cómo forma parte, también, de la propia existencia. Entonces cabe que surja la compasión, hacia uno mismo y por cualquier otro ser; o determinación de acabar con todo sufrimiento...

Alegría empática es un antídoto seguro contra las depresiones. No siempre se pueden tener ocasiones ni pensamiento alegres en la propia vida; mas a cambio, si nos alegramos por el bien de otro, con seguridad encontraremos algo para ser felices... 

Nuestra ecuanimidad nace de mayor visión interior del cambio continuo en todas las cosas: tanto si es malo como bueno eso que ha ocurrido, no debe ser motivo para desánimo ni excitación; está ocurriendo, sólo. Y en cualquier caso, esa seguridad que todos buscamos es un mito, apenas una ilusión que no existe...

   
  
El camino de la emancipación es aquel por el cual vamos cambiando nuestra naturaleza interior. Estamos tentados constantemente de cometer el error del involucrarnos entre nuestros 'enemigos'. Al llevarlos dentro de nosotros, difícil es reconocerlos. Antes que nada, debemos intentar esquivarlos; para seguir después purificándonos, hasta que al fin ya ni tan siquiera formen parte de nuestro ser...

Uno entre todos ellos, que tanto estrago produce dentro de nosotros y también por ende a nuestro entorno, es la cólera, malevolencia u odio.

Todo empieza desde nuestro corazón y así, por lo tanto, resulta esencial que nos demos cuenta del cómo el mundo no es la otra gente: cada uno de nosotros lo somos; y hasta no poder encontrar paz por nuestro interior, primero, tampoco la encontraremos en otra ninguna parte.

Que alguien se vea equivocado, furioso, egoista o molesto no debe importarnos en absoluto. Lo importante, única mente, sería qué hacemos nosotros respecto a ello. No habrá nunca paz absoluta en el mundo. La única, relativa, que nosotros podemos experimentar es la propia de nuestros corazones. 

La cólera surge porque de un modo u otro hemos llegado a sentirnos heridos. Ha surgido algo doloroso y el singular instinto natural, absurda reacción, es a su vez infligir dolor en respuesta. Entre tanto no lo comprendamos así menos podremos cambiarlo. Algunos, incluso, se lo infligen a sí mismos: tragando su cólera, la reprimen y ésta hierve dentro con preocupación o resentimiento...

Quizá podamos ver cuánto sólo es reacción de nuestros personales impedimentos la cólera sentida contra cualquiera o algo. Y no tiene que ver tanto con otras acciones ni quienes las hagan.

Cuando empezamos a comprender esto tenemos posibilidades de cambiar; pero sólo si prestamos atención, y nos damos cuenta de cuándo surge tanto irritarnos, actuará ésta como los frenos del coche acelerado...

La mayor necedad que muchas gentes cometen es hacerse desgraciadas a sí mismas con sus reacciones...

Todo el mundo está lleno de impurezas, aunque se nos olvida cómo es imposible por completo entristecerse o enfurecer si no tenemos cierta tendencia -interna, latente- a querer ser provocados...
  
 
No podemos esperar situación perfecta porque nunca se presenta: el único error que cometemos, en este sentido, es por tal pretender cosas equivocadas...

Quien puede dominar la ira naciente,
igual que refrena un carruaje:
a él le llamo un verdadero auriga,
y meros asideros de riendas a los otros. 
                                                         (Dhammapada)

El deseo -sensual...- produce placer si se lo satisface. Y a pesar de todo, es un tan peligroso enemigo como la malevolencia o cólera. Son las 2 caras en una misma moneda: cuanto más hay del uno, igual de la otra. El desear placer con avidez o apego produce un ansia que a menudo se ve frustrada...

Lo sentido no son sino manifestaciones físicas -de oído, nariz, ojo, paladar o piel- que acarrean conciencia sensual: no hay nada personal, ni sano esencialmente o insano, en ella; tampoco se crea un mal mérito u otro bueno por todo eso. Daño en la mente llega si pretendes conservar y renovar dichos placeres. El sufrimiento surge del hecho de querer experimentar, poseer o retener lo placentero una tras otra vez...

Y el único antídoto claro a practicar es tener ese tipo de amigos con los que no se comentan chismes ni del tiempo, cualesquier políticas u otra gente, sino sobre nuestra emancipación...
 
'Quien conquistó un millar de veces mil ejércitos nada es comparado al que a si mismo se conquista.' Lo cual significaría el conquistarse las propias inclinaciones naturales, no dejando que -por pereza- la mente haga cuanto quisiera...

Normalmente sentimos ansiedades respecto del futuro, y una mayoría de la gente se preocupa con extrema facilidad muy a menudo; sin que pueda, por ello, detenerse para pensar cuán absurdo e inútil es. 

El desasosiego ante lo futuro no tiene sentido. Esa misma persona que hoy está ya preocupándose no es quien va después en realidad a experimentarlo. Habrá cambios: no sólo será mayor, y es de confiar que algún tanto más avisada; sino tendrá un conjunto de circunstancias totalmente distintas, con sensaciones y pensamientos dferentes, además. Preocuparse por el futuro es inútil...

Esto no quiere decir que nunca podamos planificar: la planificación se convierte sólo en ansiedades cuando nos pasamos al pensar tanto si cada plan irá, o no, a lograr materializarse; inquietándonos por los resultados futuros....

Todos los momentos empleados en el preocuparse son perdidos. Estaríamos recordando y proyectando. Eso ya nada es realmente de vida, la cual se tiene que al momento experimentar, no podemos pensarla...

Nuestra morada externa no puede funcionar bien si la interna tampoco lo hace. Olvidamos lo que íbamos a tratar de hacer al estar preocupándonos por algo, distraídos. Y no hacemos nuestro trabajo con facilidad o tranquilos porque las mentes andan en alguna otra parte.

Hasta que no consigamos que nuestra mente opte por sentirse a gusto, nunca nos podrá ocurrir de otro modo...

'Los pájaros del mismo plumaje vuelan juntos': las clases de gente con la cual vamos indican claramente lo que nos interesa...

La única confianza posible respecto de nosotros mismos es aquella que surge cuando somos capaces para realizar al fin cuanto nos hemos propuesto. No es más que una sensación de la seguridad factible solo en tanto ponemos nuestras emociones bajo control; y no importará ya lo que pueda ocurrir, pues nuestra reacción va siempre a ser equilibrada o suave. Porque sabemos habermos convertido en personas fiables...

Así, se nos vuelve cuanto hacemos en situación para enseñanza y aprendizaje, todo..."