miércoles, 22 de mayo de 2019

'Macarrillas de "afterwork" o el triunfo de la política adolescente...' (Esteban Hernández)

  
La irrupción de Pablo Iglesias y el éxito de Podemos trajeron grandes cambios a la política española. Su aparición subrayó que un ciclo se había terminado, que era preciso un giro, que había que renovar cúpulas políticas: supuso un aldabonazo, el cierre de una época y el inicio de otra.
Hubo no obstante, de entre todas las transformaciones que provocó, algunas profundamente perniciosas. Los partidos entendieron el mensaje de fondo, era necesario renovarse, pero lo hicieron por el lado más banal. Ya que Podemos significó la irrupción de otra política, de los líderes jóvenes y de la sangre nueva, cada formación decidió que en ese momento, más que ofrecer nuevas ideas, lo decisivo era colocar gente más joven al frente de los partidos. Todos hicieron ese movimiento, menos el PP, que para eso había ganado las elecciones.

Más contundencia

La política española, para bien y para mal, se convirtió en otra cosa, no solo porque surgieron más opciones electorales, ni por la fragmentación a que ese cambio condujo ni por la necesidad de pactos, sino por varias tendencias a las que se abrió la puerta (o se aceleraron) con este cambio generacional.
La mayoría de los expertos explicaron el éxito de Iglesias y Podemos por su presencia televisiva, y comenzaron a pensar que había que utilizar los medios de otra manera, que había que contar con una presencia más relevante en las pantallas, que había que comunicarse con los posibles votantes con un discurso más ágil y directo, con mensajes más contundentes, expresados con otra actitud. Al mismo tiempo, la sensación de estar en un tiempo de cambio llevó a segmentar más los mensajes, a buscar con más intensidad a grupos objetivos, como los ligados al feminismo o a los toros, por citar dos ejemplos diferentes. La popularidad de las tertulias televisivas, además, consiguió que mucha gente vinculada a los partidos entendiera que ese clima tenso era preciso para crecer, que no convenía amilanarse en esos escenarios y que la contundencia era un camino hacia el éxito.

El ingenio punzante

En ese contexto, las redes sociales y los medios de comunicación ayudaron a que esa tensión aumentase, porque comenzó una guerra virtual en la que las noticias circulaban por Twitter, Facebook o WhatsApp mucho más velozmente, con menos pausa, con menos tiempo para la reflexión y con el ingenio punzante y a menudo faltón como arma principal.
Además, creció la sensación de que los políticos tradicionales tenían poco que hacer. En primera instancia, porque los discursos ya no servían, lo único que importaba de los mítines era la conexión televisiva y las fotos con los recintos llenos, y no había tiempo ni espacio para expresar ideas, con lo que necesitaban candidatos más directos. En segundo lugar, porque esa tarea de selección interna de cuadros que habitualmente realizaban los partidos y que ya estaba en declive se hizo aún más débil. Las nuevas formaciones necesitaban dirigentes y candidatos, y cada vez más recurrieron al exterior para captarlos: desde empresarios hasta activistas contra los desahucios pasando por astronautas o toreros, nuevas caras concurrieron al terreno electoral.

La primera conclusión es que los partidos no han sabido renovarse con la sensatez precisa y que tampoco han sabido cambiar el paso cuando las cosas se han torcido electoralmente. Se nota en sus procesos de sucesión, pero también en la dirección que han tomado. La caída de Podemos generó una crisis interna profunda que se ha solventado muy deficientemente, la del PSOE tras las elecciones generales de 2016 se saldó con un muy feo golpe de Estado en directo, provocando una posible debacle de la que fue salvado por la resurrección de Sánchez, y la del PP, con el ascenso de un líder joven que lo ha llevado al peor resultado electoral desde hace décadas. 

Además, todos los partidos han vivido su 'spin off'; ya fuera el PSOE con Rosa Díez, el PP con Vox o parte de Ciudadanos, y Podemos con Más Madrid...
En ese momento en que se sintieron presionados para cambiar, apostaron en general por dos movimientos. Uno de ellos ya se ha mencionado, ya que había que poner gente joven al frente, que diera la sensación de que existía renovación, de que se habían aclimatado a los tiempos. Pero esa transición también fue difícil de hacer, porque se resistieron a ceder demasiado poder las viejas élites de los partidos, como ocurrió con Aznar en el PP o con los González, Solana y demás en el PSOE.

Lo mismo, pero peor

El segundo ha sido todavía más pernicioso. Los partidos, cuando las cosas se han torcido, han optado por seguir haciendo lo mismo, pero peor: con más intensidad, con más espectacularidad, de forma más radical. La popularidad de las redes sociales y un periodismo a menudo partidista han contribuido a una radicalización de las formas, con muchos más numeritos, más agresividad verbal, más exageraciones, más acusaciones absurdas, mucho más de tensión gratuita y ruido sin sustancia.
Esta deriva tiene responsabilidades amplias, porque esas conductas hostiles han sido jaleadas en exceso. Un ejemplo revelador: tras el primer debate de las elecciones generales, la mayoría de los medios señalaron que Rivera fue el triunfador, como afirmaban las encuestas en línea, una buena parte de las opiniones en las redes y muchos de los columnistas que escribieron para el día después. Pero su éxito se basó no solo en la convicción con la que expresaba sus posturas, sino en las interrupciones cuando el turno de palabra no le correspondía, en las descalificaciones simplistas, en la exhibición de carteles, en la continua negación de las afirmaciones de los otros. Esas simples actitudes deberían haber servido para descalificarle, pero ocurrió todo lo contrario: las malas formas fueron jaleadas.

Un paso preocupante

Es un caso más de esa deriva negativa en la que nos encontramos, y lo sucedido ayer en el Congreso, con todo lo que se desató, es un paso más en ese camino. El Parlamento es el espacio de representación por excelencia, no un escenario para la parada de los monstruos. Seguro que muchos de los ciudadanos pueden sentirse identificados, sean de izquierdas, de derechas o independentistas, con quienes exhiben una actitud hostil, con sus camisetas reivindicativas, su tono altisonante, sus cartelitos y sus cosas, con su 'show'. Pero debería ser exactamente lo contrario, un espacio en el que no predominasen el diálogo y la confrontación entre personas, como parece hoy estar ocurriendo, sino entre ideas. No es un lugar que deba convertirse en la espectacularización de las diferencias, en la descalificación 'ad hominen' o en la escenificación para conseguir una foto, un vídeo o una frase para que sea difundida por redes.
Puede decirse de otra manera: la política no se ha vuelto joven sino más bien adolescente. Los macarrillas de 'afterwork', las pandillas juveniles, la puerilidad, la agresividad gratuita, el exceso de testosterona, las rabietas y los arrebatos, el estar permanentemente pensando en qué foto o vídeo se va a colgar en las redes es una parte más de nuestro día a día político. Y por lo que parece, esta legislatura tendrá bastante de eso en el Parlamento. ¡Por favor, ya basta, creced!: se pueden defender las ideas con firmeza y determinación sin recurrir a actitudes infantiles.
Una paradoja final: Veremos el resultado de las elecciones del domingo, pero de momento, las encuestas otorgan ventaja a candidatos como BorrellCarmena o Gabilondo, y las últimas elecciones generales fueron ganadas por Sánchez, que adoptó un perfil moderado. Quizá tanto ruido no sea tampoco buena idea desde un punto de vista pragmático.

miércoles, 24 de abril de 2019

Con sus torticeras "Desgravaciones" fiscales los UPPSOERC's a la inmensa Mayoría nos TIMAN


   
Se ven graves inconsistencias financieras o contables en las proclamas electoreras emitidas estos días por esos tan célebres "3 temores" de nuestra Oposición y sus -pretendida mente, superiores...- variopintos "contratenores" enfrentados desde otras filas afectas al Gobierno actual del Reino...
  
Por ejemplo: ni unos ni otr@s han repuesto con su decretar siquiera cierta compensación de pérdida del poder adquisitivo por IPC's que les anularon a nuestras rácanas Jubilaciones desde 2010... Mas prometen 'el oro y el moro' cada vez sin rubor al electorado, todas Sus Señorías...

Cualquier día podemos viajar en Cercanías 100 veces más de personas que con Trenes AVE; pero entre toda la ciudadanía subvencionamos al minoritario caso de Altas Velocidades, a cuyas clientelas NO se les cobran (por sus billetes) todos los costes de inversiones precisas para la infraestructura de tal funcionamiento, donde se costean algunos Presupuestos Públicos 5 veces mayores que [lo cargable] financiándose las demás vías férreas de otra Media Distancia o/y Proximidades -menos veloces- muy mayoritariamente usadas cada jornada.

Ese paradigma del supuestísimo populismo 'alternativo' ultra izquierdista radical "más Plus"... que pretende ser hoy la corporación municipal madrileña desgrava los Impuestos de Actividades Económicas a sus empresariados -nada importa con qué magnitudes, rentas o patrimonios...- que tan sólo abonen 'Abono de Transporte' para sus plantillas (¡aun cuando éstas acaso sean unipersonales!)... 

Y cualesquier Administraciones Públicas menos progresistas han venido regalando subvenciones a los especuladores que aleguen haberse lucrado alquilando viviendas... con tal de ser sus inquilinos "Jóvenes" (análogamente al caso de otras contrataciones con cotización social reducida por emplear -o sea, explotarse- "Trabajador@s para Bajas Empleabilidades" incurs@s)... ¿Nos hemos decidido a chuparnos los dedos, como tontos, y desistimos del echar ya nunca la mínima cuenta
 
"La idea de que el PIB no refleja toda realidad económica —medible a través del bienestar de los ciudadanos— es tan antigua cuanto la propia creación de nuestra contabilidad nacional como herramienta para calcular qué produce un país a lo largo de cierto periodo en el tiempo [...]

Eso explica que organismos intergubernamentales como la OCDE o Naciones Unidas hayan creado (espoleados por un número creciente de economistas) sus propios índices para medir una calidad de vida, en última instancia lo que se pretende con el mayor incremento del PIB, toda vez que favorecerá la inversión en las necesidades básicas, como sanidad, enseñanza, investigación científica o promociones de viviendas [...]

En el último Índice (compuesto por 11 indicadores), España alcanzó el puesto 19 de un total de los 38 países analizados, por delante de Italia o Japón, pero por detrás de la mayoría de los países europeos avanzados.

  
Y nos convendría que no se olvidara; pues España, que políticamente resulta un país muy 'ciclotímico' (pasando con enorme facilidad desde los pesimismos finiseculares en la Generación del 98 hasta otra euforia desmedida más propia del ambiente previo a -sus Juegos Olímpicos de- 1992), va camino hacia una reciente autocomplacencia digna de ser tenida en cuenta. 

Hasta el punto de que la Economía ha desaparecido en el debate electoral más allá de manidos recurso del prometerse rebajas de impuestos 'gratis total'. 

O ha sido enterrada bajo la promesa de toneladas de gasto público sin que se responda a la célebre pregunta que ya hizo Josep Pla cuando llegó a Nueva York: '¿Y esto, quién lo paga?'. Es decir, en ambos casos sin la precisa memoria económica que avale alguna solvencia para esas cifras comprometidas ante los electores.

Todo es tan absurdo que, incluso, se obvia una realidad incómoda que se ocultó deliberadamente en el momento de presentar los programas electorales, y que tiene que ver con la ralentización de una economía —en línea con lo que está sucediendo en la mayoría de los países avanzados y, sobre todo, para China...— que ha pasado en apenas 3 años de crecer un 4,1% anualmente al 2,3% en el último trimestre del año pasado. 

Lo cual refleja que la desaceleración no es un discurso de 'agoreros'. Y que, además, cuenta con un lunar importante: España es uno de los pocos países para la Euro-zona que todavía no ha recuperado su nivel de empleo previo a la crisis (tenemos la 2ª mayor tasa de desempleo)...

El PIB, en todo caso, ha sido favorecido por una posición cíclica de la economía española (aún retrasada, en varios trimestres, respecto a la Euro-zona) o su gasto público (y el mayor déficit de Europa); lo que justificaría, como bien se contaba por Javier G. Jorrín, hasta una tercera parte del crecimiento... 

Y que de manera indudable da señales del agotamiento, también, con uno de los tesoros encontrados en los últimos años: el sector exterior.

La balanza de pagos (cuenta corriente y de capital) ha sido negativa en enero, lo que significa que España vuelve a tener necesidades (y no capacidades) de financiación, después de haberse visto cómo en 2018 el superávit exterior lo redujo hasta su mitad.

 
A este ritmo, como han puesto ya de manifiesto muchos analistas, el 'colchón de seguridad' que antes garantizaba solideces para la expansión desaparecerá en poco tiempo; lo cual es especialmente preocupante para un país que todavía acumula (pese a la mejora de los últimos años) una deuda externa equivalente al 77% del PIB (932.000 millones de euros)...

Y cuyo Tesoro Público, literalmente en manos del BCE, debe captar este año de los mercados nada menos que 209.526 millones de euros. Un cuarto de la Deuda española (más de 1,17 billones €) está ya en la mano de los banqueros de Fráncfort.

Aunque los economistas reconocen cómo nadie dispone hoy de instrumentos analíticos rigurosos para poder advertir sobre la llegada de una recesión, parece razonable pensar que un debilitamiento de nuestra economía limita el margen para maniobras ante las políticas fiscales. Algo que olvidan los políticos, lo que necesariamente conduce a la frustración de los votantes cuando observan que lo prometido era una quimera.
  
Solo habría que recordar cómo los inicios del desplome electoral en el PP con Rajoy se produjeron, de hecho, cuando desde la oposición prometió que bajaría los impuestos y lo primero luego al llegar a su Gobierno fue aumentar el IRPF más, posteriormente, también IVA... O, en el caso del PSOE, cuando Rodríguez Zapatero negaba la crisis de forma incluso ridícula y al final tuvo que hacer muy duros ajustes obligado por su cruda realidad.

El resultado en esa estrategia del esconder cabezas debajo del ala, como no puede ser de otra forma, es una pérdida de credibilidad de los políticos y de la propia política, que es una entre las causas que nos explican el crecimiento de los populismos.

Cuando no se confía en la política aparecen los 'políticos milagreros', como antes decía Fuentes Quintana, que sólo agravan el problema. Unas veces diciendo que la curva de Laffer 'demuestra' lo que no es verdadero (apenas  operaría —y no en todos los casos— a partir de un determinado nivel en  presión fiscal que, desde luego, España hoy no ha podido alcanzar) u otras veces confiando en los tipos impositivos hipotéticos aumentos de recaudación... 

Pero, en realidad, la calidad del sistema productivo (y no solo los tipos marginales) es lo que justifica el cómo España recauda sistemáticamente menos que la Euro-zona. Un país de bajos valores añadidos es también 'low cost' en términos de recaudación fiscal.

  
Es evidente, sin embargo, cómo el principal incentivo de los Partidos pasa por lograr los mejores resultados posibles, pero, precisamente por eso, nuevas probabilidades del hacérsenos demagogia fiscal son cada vez mayores. 

Entre otras cosas, porque la utilización de las redes sociales como canales de distribución de mentiras presupuestarias tiende a aumentar a medida que la prensa tradicional —en la mayoría de los casos en una situación de quiebra técnica ha ido dejando de tener el monopolio de la información, lo que significa que se dejaría un terreno abonado a todo tipo de atropellos intelectuales.

Y así es cómo burdas mentiras sobre el verdadero nivel de presión fiscal o sobre la naturaleza del gasto público pululan hoy por las redes sociales con total impunidad. Y lo que se vería más preocupante, propaladas por los propios partidos políticos con 'costes 0'...

Sin duda, por la ausencia de un organismo oficial (público o privado) con autoridad legal para evaluar obligatoriamente de forma independiente y objetiva —como aquél que existe en Holanda— el coste de los programas electorales. Lo cual en España podría cumplirse por la Autoridad Fiscal Independiente (AiRef).

Esa carencia es la que les permite a los Partidos prometer rebajas en impuestos o incrementos del Gasto Público al margen de cualquier racionalidad económica. No es, desde luego, un problema del sistema político español sólo. 

El populismo fiscal —que suele olvidar el cómo lo que se grava son capacidades económicas y no ningún otro tipo de consideraciones hereditarias— supondría un resultado desde cierta trivialización para nuestra política, y en sus propias democracias, inédita desde que moralistas británicos pusieron a circular durante los siglos XVII y XVIII aquella nueva idea del Bien común.

Es decir, la demagogia el fruto en una 'democracia' despojada de su atributo fundamental, que es la racionalidad frente a los impulsos primitivos que por su propia naturaleza no son frutos del análisis empírico ni del rigor académico; sino, por el contrario, herederos del fanatismo ideológico."

    

Es más, y conforme se nos acaba de recordar -tan bien, oportuna mente, hace muy poco...- por Juan Fco. Martín Seco, La Confederación Europea de Sindicatos (CES) ha publicado su gran estudio “Benchmarking Working Europe 2019...” que señalaba cómo para toda una serie de Países eurocomunitarios los salarios reales se redujeron durante la última década toda (-4% en Portugal, -3% en España, -2% de Italia)... Pero sin embargo, frente a ello, la frivolidad del discurso económico en las distintas formaciones políticas es inquietante

"Todas sus propuestas cuelgan del vacío, pareciendo que ni siquiera les importaría ya demasiado una total ausencia de consistente fundamento; y hay que comenzar señalando la llamativa levedad de los equipos económicos, que por otra parte están -si acaso existen- desaparecidos en el mayor de los anonimatos... Del de Podemos aún se desconoce su existencia, pero tampoco parece que les importe mucho tenerlo. 

En IU, con eso de que su 'Coordinador' se tiene por un "economista", y dice eso de que 'el Euro no importa y no condiciona nada', ¿para qué van a necesitar más? Desde tal coalición política alguien ha dicho que 'los Estados no pueden quebrar' (y eso era cuando nos endeudábamos en nuestra propia moneda, en otros tiempos, mas ahora lo hacemos en una divisa que no controlamos; con lo que claro que podemos quebrar, estamos a expensas del BCE o de los mercados: ¡que se lo digan a Grecia!).

El equipo económico del Doctor Sánchez (él también dice ser economista) está en consonancia con su tesis doctoral: la ministra de Hacienda es licenciada en medicina, con sus 'mariachis' traídas todas de Andalucía; y otra con cartera para Economía, discípula de Solbes (que tuvo tanto éxito en la crisis anterior) ha sabido hacer carrera en la burocracia europea con el Presupuesto de la Unión (el cual, como se sabe, apenas tiene casi contenido y el poco que tiene es totalmente ajeno a los problemas fiscales que afectan al de los Estados)... 

Esta ministra de nuestras Economías, para cubrir al Gobierno en su despendole presupuestario, ha recurrido a la 'tasa de crecimiento'. Pero una vez más hay que incidir en el hecho de que las cosas cambian cuando se forma parte de la Unión Monetaria (Cuando un país carece de moneda propia y se endeuda en moneda extranjera o en una moneda que no controla, una tasa positiva de crecimiento tiene un carácter ambiguo, ya que si el crecimiento es a crédito constituye una bomba de relojería a medio plazo. 

Eso fue lo que ocurrió en los primeros 8 años del presente siglo: la existencia de una Moneda común, el Euro, propició que el saldo de la balanza por cuenta corriente alcanzase niveles jamás conocidos -9%- y que se disparasen sus contrapartidas, el endeudamiento exterior [esta vez privado]. Aunque nunca hubiese ocurrido, por lo menos a esos niveles, de ser las Pesetas nuestra divisa, ya que los inversores internacionales, temiendo el riesgo de tipo de cambio, no se hubiesen aventurado tanto). 

El “España va bien” de Aznar y las bravatas de Zapatero acerca de que la renta per cápita en España había superado a lo de Italia, estuvieron en aquel origen de la fuerte recesión que sufrió la economía española...

   
 
La ministra de Economía minimizaba (“no llegó al 100%”, ha señalado) el nivel del endeudamiento público: la cifra peor en los 50 últimos años y muy distinta de lo del 2007 (el 35%). Entonces eran deudas privadas las causantes de la crisis, pero ahora, dado su nivel, podría ser lo otro a poco que su déficit se incrementara. Los ultimísimos indicadores señalan que gran parte del crecimiento económico actual se debe al sector público... El exterior, por contra, se debilita progresivamente. El saldo de la balanza por cuenta corriente se reduce de manera notable, y aun cuando es verdad que se mantiene para zona positiva, el peligro de que pueda adentrarse por cifras negativas no es descartable...

La levedad en materia económica no es ajena tampoco a las formaciones a la derecha del PSOE, tanto en la composición de los equipos económicos como para sus propuestas. Sus líderes no son economistas, pero también se expresan con toda futilidad en esta disciplina. Los equipos económicos se habrían reclutado entre aquellos liberales más dogmáticos, economistas de laboratorios o/y periodísticos, totalmente divorciados de la realidad e ignorantes de las limitaciones que impone el hecho de no contar con una moneda propia. 

Solo así se pueden explicar ocurrencias tales como la propuesta en Ciudadanos de rebajar el 60% del IRPF para los contribuyentes que residan en zonas despobladas: se presiente que todas las grandes fortunas, y aun otras no tanto, van a establecer sus domicilios en estas zonas; las cuales por supuesto dejarán automáticamente de ser tales (y es increíble la propensión que tienen algunos a intentar solucionar todos los problemas mediante la bajada de impuestos, cuando cualquier manual de Hacienda Pública ha señalado los múltiples defectos que los gastos fiscales presentan en comparación con las políticas directas).

Y hablando sobre reducción de impuestos, el nuevo líder del PP ha perdido toda proporción y medida, promete a diestro y a siniestro cualesquier reducciones tributarias sin ninguna consistencia. En alocada gesta pretende barrer toda huella del 'marianismo' (ya se arrepentirán ahí...) y resucita el 'aznarismo', que tan nefasto fue desde puntos de vista económicos y en cuyo gobierno se fraguaron desequilibrios que nos dieron lugar a la peor crisis económica padecida por España este último medio siglo.

Los forofos 'pablistas' hablan con orgullo del retorno al liberalismo, enterrando 'socialdemocracia' de Montoro (nunca se le hubiera tenido por socialdemócrata, si bien es verdad que fiscalidad impulsada en sus etapas últimas fue más progresista que previas políticas de Solbes y Salgado: la explicación no hay que buscarla por su ideología, sino en el mero pragmatismo, Rajoy se vio obligado a enfrentarse con la desastrosa situación económica engendrada desde los otros Gobiernos de Aznar y Zapatero; no tuvo más remedio, con mejor o peor acierto, que pisar tierra).

Por el contrario,  parece que viven entre nubes los líderes actuales de todas las formaciones políticas; y que con anterioridad a ellos no hubiera existido nada, salvo tierra quemada... Iglesias, Sánchez, Ribera y Casado persiguen el vellocino de oro: son 'argonautas' pero sin carga, sin peso, ingrávidos, levitan, y con ellos hay el peligro de que lo haga toda España."







miércoles, 20 de marzo de 2019

Frente a la "ciber-revolución" que se nos va viniendo encima... y sus graves amenazas...


Como nos ha hecho notar F. Moragón ('Transformaciones profundas y... ¿sin estar preparados?'), "estamos iniciando ya una auténtica ciberrevolución que está trasformando rápidamente nuestras vidas y cuyo máximo exponente e icono es la inteligencia artificial; pero no estamos ante una nueva revolución industrial. Las consecuencias de una revolución informática sin otra en lo industrial acompañándola van a ser dramáticas, con un coste social que todavía no estamos en condiciones de valorar, dada su enorme magnitud. La confusión que hay en torno a la revolución cibernética tiene su origen en un malentendido histórico que cabe remontar hasta la primera Revolución industrial. En concreto, a su misma denominación.
   
  
Todos sabemos a qué nos referimos cuando hablamos del acontecimiento histórico conocido como Revolución industrial; pero esta denominación llevó a caer en un error habitual, muy nefasto para entender lo que tal acontecimiento supuso y cuanto realmente fue. Y es que, lo que desencadenó el proceso que conocemos como revolución industrial y cambiaría el mundo para siempre -fue el suceso más importante de la historia desde la revolución neolítica- no fue sino una Revolución energética que provocó la posterior industrial. Sin ella tal cambio revolucionario no habría existido nunca.
   
La clave fue nuevo uso masivo del carbón aprovechando todo su potencial energético. Sin esto, las cosas hubieran continuado como hasta entonces. El carbón ya era conocido desde la antigüedad, así como algunas de sus propiedades, y, de hecho, se utilizaba en algunas regiones del mundo de manera marginal. Hasta la revolución energética del siglo XVIII, las principales fuentes de energía eran las producidas por el trabajo humano y el animal y por los 4 elementos de Empédocles: el agua, el viento, el fuego (teniendo como combustible la madera) y la tierra. 
  
Desde la revolución neolítica en el que aparecen todos ellos como formas de energía -a excepción del fuego que se venía usando desde hace, al menos, unos 500.000 años- lo que se produjo fue una optimización de estas fuentes a las que se les dio más usos y se mejoró extraordinariamente su eficacia: no hay más que comparar los relativamente sencillos barcos a vela egipcios del tercer milenio antes de Cristo con los sofisticados barcos mercantes y, sobre todo, de guerra del siglo XVIII. Pero ambos usaban la misma fuente de energía para propulsarse: el viento. Fue el carbón el que hizo posible la máquina de vapor, y no al revés.
   
Lo mismo sucede con la 2ª Revolución industrial: sin petróleo ni gas no hubiera sido posible la industria petroquímica, los coches, el alumbrado de las ciudades, los aviones y un largo etc., incluidos los cohetes espaciales. Conviene no olvidar que la energía eléctrica, imprescindible para el mundo actual, abarcando a los más inteligentes ordenadores y sin la cual no son capaces de funcionar convirtiéndose en un montón de chatarra inútil, se tiene que producir utilizando otras fuentes de energía: desde el agua de las centrales hidroeléctricas a la energía nuclear de fisión de las centrales nucleares pasando por las centrales de carbón, petróleo o gas, por ejemplo. A ello hay que añadir los enormes problemas que todavía sigue generándonos el almacenamiento de energía eléctrica.
  
Pues bien, a pesar de los importantes avances de las energías renovables en la producción de energía eléctrica y en la sustitución de las energías fósiles y de la energía nuclear de fisión, todavía estamos lejísimos de que estas u otras que podamos producir y controlar en el futuro, como la energía nuclear de fusión, remplacen a las viejas energías fósiles. Esta es la razón por la que, por mucha revolución informática que tengamos, si no va acompañada de alguna revolución energética solo provocará una catástrofe. Esta catástrofe se va a dar en una expulsión masiva de trabajadores del mercado laboral. 
 
De acuerdo con uno de los más destacados expertos mundiales en Inteligencia Artificial (IA), Kai Fu Lee, dentro de tan solo 15 años, el 40 % del trabajo en el mundo podría ser realizado por máquinas ya (Kai Fu Lee es escritor, capitalista de riesgo, un ex-vicepresidente de Google Inc. y alguien que acumula más de 30 años de experiencia en la IA).1
  
  
¿A qué se debe esto? Durante la primera Revolución industrial, la industrialización del campo con la consiguiente expulsión masiva de trabajadores agrícolas y pequeños propietarios de tierras pudo ser absorbida por la creciente industrialización entorno a las ciudades a pesar del empobrecimiento que supuso pasar del medio rural del Antiguo Régimen al medio urbano fabril del mundo moderno. Igualmente sucedió con la segunda Revolución industrial, el "excedente de población" pudo, en este caso, ser absorbido esencialmente por la expansión colonial y, posteriormente, por la creación de la cadena de montaje (fordismo), el incremento del sector terciario y la creación de un consumo de masas en Occidente. Todo ello porque teníamos una nueva revolución energética.
 
Nada, ni aun remotamente, parecido sucede ahora. La ciberrevolución va a expulsar a centenares de millones de trabajadores, tanto en el sector de la producción como, especialmente, en el de servicios, y no van a encontrar trabajo en ningún lado, puesto que no hay detrás ninguna nueva revolución energética que amplíe ámbito laboral como lo hicieron sus antecesoras.
  
Esto ya lo venimos viendo desde hace tiempo con la disminución creciente de la tasa ganancia2 y el traslado del capital de una forma masiva a los mercados financieros desregulados (financiarización de la economía capitalista), la reducción real de los salarios de los trabajadores en Occidente (precarización y aumento de la desigualdad social) y la deslocalización de la empresas occidentales hacía países emergentes (como el caso ejemplar de China). La crisis del 2008 no ha hecho más que agravar extraordinariamente esta tendencia.
 
Dos ejemplos paradigmáticos. Uno el de la exploración espacial. Desde el lanzamiento del primer cohete en 1956 con el famoso satélite soviético Sputnik hasta los más modernos sistemas de lanzamiento de hoy en día: como el cohete Soyuz FG y la nave tripulada Soyuz MS y los cohetes de la clase Angará rusos, pasando por el lanzador privado norteamericano Falcon de Space-X, el Atlas V de la Fuerza Aérea estadounidense o el cohete Larga Marcha CZ-5 chino, todos ellos tienen el mismo sistema básico de propulsión: los motores servidos por combustibles químicos. Es decir: estamos ante un cuello de botella energético desde hace más de 70 años ya pese a los motores iónicos o nucleares, por ejemplo, que tienen una utilidad muy limitada.
  
El otro es el de los reactores nucleares de fusión. Al menos desde los años setenta siempre estamos "a 50 años vista" de lograrlos, aunque vayan cayendo las décadas. De hecho, seguimos todavía en una fase inicial construyendo reactores experimentales como el ITER, que aún están muy lejos del conseguir eficiente reacción nuclear de fusión en la que las energías invertidas para su producción sean menores que lo producido por ésta y -además...- estable durante mucho tiempo.
  
Al final, a la Historia no le queda más remedio que someterse a la Física, y en concreto a la 2ª Ley de la Termodinámica, aquella que dice que un sistema cerrado tiende con el tiempo a aumentar su entropía. Por suerte, hay una manera temporal de cumplir con ella y conseguir un aumento de la complejidad para un sistema. Aun existiendo en un sistema-Universo cerrado, se puede ganar complejidad localmente cuando un sistema es capaz de intercambiar energía e información con el entorno. Es lo que hacen los seres vivos y sistemas sociales, ambos son complejos pero adaptativos. Y cuando encuentran una forma de utilizar dicha energía e información de una manera novedosa consiguen aumentar de modo espectacular su complejidad, surgiendo propiedades emergentes. Entonces, en la Historia, cuando los sistemas complejos adaptativos sociales aprenden a usar nuevas fuentes de energía aparecen la revolución neolítica y la primera y la segunda revolución industrial3
    
  
Pero como hemos contado, la ciberrevolución, al no estar acompañada de una revolución energética, no va a producir un aumento de la complejidad del sistema-mundo actual. Todo lo contrario. ¿Cuál puede ser la solución a este aparente callejón sin salida? Resetear el sistema. Ya lo hicimos, al menos una vez, con la crisis del 1929. A pesar del New Deal rooseveltiano, de las propuestas reformistas de Keynes y del nazismo, desde la Gran Depresión sólo se terminó saliendo a través de una guerra, la II Guerra Mundial.

Merece la pena detenernos un momento en el carácter capitalista del nazismo, algo que ha suscitado muchísimos debates; pero que la historiografía actual ha dejado bien claro... El nazismo fue una solución capitalista a la Gran Depresión; como ejemplo citamos este texto publicado en la obra “Los Fascismos Europeos” que dice: 

“Teníamos la impresión de que Hitler nos daría la posibilidad de un desarrollo sano. Y, por otra parte, lo hizo. Al principio votábamos por el partido popular, pero los conservadores no podían dirigir el país, eran demasiado débiles. En esa lucha implacable por mantenerse a flote, por el pan y por el poder, necesitábamos ser dirigidos por una mano fuerte y dura. Y la de Hitler lo era; después de los años pasados bajo su gobierno, todos nos encontrábamos mucho más satisfechos. Queríamos un sistema que funcionara bien, y que nos diese la ocasión de trabajar tranquilamente.
 
Y el oficial norteamericano le preguntó después: “¿qué piensa usted de las matanzas de judíos?” Krupp respondió: “ya he dicho que lo ignoraba todo a propósito de las matanzas de judíos, y he añadido además que, cuando se compra un buen caballo, no se le miran los pequeños defectos...”4
 
Tendemos a pensar como el 99,99 % de todas las gentes, por explicarlo en una manera simplificada; pero casi nunca nos paramos a pensar con otra lógica, del 0,01 % de la población mundial. Ese 0,01 %, que, a pesar de la crisis económica del 2008 y del enorme aumento de la desigualdad social, ha seguido ganando más dinero del que ganaba aún antes de la crisis. 
  
Desde la lógica del 99,99 % una guerra mundial sería un desastre de proporciones bíblicas, desde ese 0,01 % una guerra mundial puede ser la solución a sus problemas: la vuelta a una economía productiva que crezca a un buen ritmo después de una “destrucción creativa” y la salida de una economía ficticia totalmente financiarizada que terminará inevitablemente por estallar, y cuando lo haga, las empobrecidas masas de trabajadores occidentales, sin ya nada que perder, puedan provocar enormes revueltas que pongan en peligro sus bienes y personas. Al mismo tiempo se “resuelve” el problema del excedente de mano de obra que señalábamos anteriormente a través de la eliminación de los cientos de millones de trabajadores que sobran a los que se refería Kai Fu Lee y que si no acabarían provocando dichas revueltas sociales.

Es verdad que desde el final de la Segunda Guerra Mundial tenemos un gravísimo problema, las armas nucleares. Pero este problema, aunque muy difícil de soslayar, para dicho 0,01 % no representa un problema insalvable y piensa que puede mantenerse bajo control (armas nucleares de baja potencia, bombas termobáricas, doctrina del ataque global inmediato, sistema de defensa antimisiles, etc.). Es por ello, que vivimos en un momento histórico de extraordinaria peligrosidad, la mayor desde aquella crisis de los misiles en Cuba
  
No debe extrañarnos que los EE.UU. busquen desde hace décadas la superioridad nuclear por medio de un sistema de defensa antimisiles que les permita chantajear a Rusia, la otra gran potencia nuclear, con eliminar su capacidad de respuesta ante un ataque norteamericano. En el 0,01 % están dispuestos a todo con tal de seguir formando parte de tal exigua minoría privilegiada..."
       
(artículo en 'El Mundo Financiero', del 27.1.19)
     
 ___________________________________________


2 Véase: Roberts, Michael, 16.12.2018. La teoría económica al revés.  

3 Ver: Christian, David. Mapas del Tiempo Introducción a la “Gran Historia”. Ediciones Crítica Barcelona. 2005. Y Chaisson, Eric J., Cosmic Evolution. Harvard University Press 2001.

4 Hernández Sandoica, Elena. Los Fascismos Europeos. Ediciones Istmo, 1992. p. 123.


jueves, 28 de febrero de 2019

El IBI -más "Plusvalía..."- municipal, verdadero 'impuestazo (a las clases bajas) del Patrimonio'

  
   
"Quizás sea el del Patrimonio aquel impuesto más odiado y vilipendiado por esos 'pensamientos' únicos que se han adueñado de la economía, lo cual, hasta cierto punto, tiene su lógica ya que tal tributo junto con el de Sucesiones y el IRPF sobre la Renta constituyen los instrumentos esenciales de la progresividad del sistema fiscal. No pretendemos aquí refutar el discurso falaz que se suele usar al denostarlo. Para ello, véase "Impuesto sobre Patrimonio" del 22 de septiembre de 2011 [o en el libro "Economía, mentiras y trampas” de la editorial Península...]. Se perseguirá, eso sí, señalar la contradicción que representa el hecho de que los mismos que condenan sin paliativos este tributo muestren indiferencia e incluso promocionen el Impuesto de Bienes Inmuebles (IBI), que es en realidad un gravamen sobre la riqueza, si bien limitado a un único tipo de patrimonio, el inmobiliario. Este tributo tiene además el agravante de no ser progresivo, sino proporcional (lo que en cierta forma es congruente al no incidir sobre todas las riquezas del contribuyente). Será tal vez esa ausencia de progresividad la razón de que este gravamen no moleste demasiado a los realmente adinerados, que son los que imponen el pensamiento único.
   

En España, dicho IBI es el impuesto que más ha crecido en los últimos 30 años. Su recaudación nunca se ha reducido, por el contrario, se ha multiplicado por 8 desde 1990. Incide directamente sobre la Vivienda, que es el único ahorro y patrimonio del que disponen una mayoría de los ciudadanos. El 77% de los españoles tienen casa en propiedad, 10 puntos porcentuales más que para la media de la Unión Europea. En este caso, sí nos encontramos frente a un impuesto que va gravando a las clases medias y bajas y, además, de una manera proporcional y no progresiva.
      

  
Sobre la vivienda inciden también otra serie de impuestos: sobre todo Plusvalías Municipales y estatal, Transmisiones Patrimoniales, etc., que hacen que, en España, según la OCDE, el porcentaje que representa la imposición sobre el patrimonio inmobiliario respecto a la totalidad de ingresos esté muy por encima del de la mayoría de los países de la Organización. Curiosamente, los que recurren al argumento de la 'doble imposición' para oponerse al impuesto de Patrimonio o al de Sucesiones no encuentran objeción a que se paguen 2 veces por el mismo concepto las plusvalías generadas en las ventas de los inmuebles. Una vez al Ayuntamiento, y otra al Estado dentro del impuesto sobre la Renta.
  
  
El Impuesto sobre el Valor de los Terrenos de Naturaleza Urbana (conocido popularmente como Plusvalía municipal), que sólo grava los inmuebles urbanos (no las grandes fincas de los terratenientes), se ha convertido en un tributo discrecional, puesto que cada ayuntamiento aplicó aquellos criterios que creía convenientes y de unas formas para nada transparentes. Hay que añadir que la obligación de este gravamen se genera en cualquier transmisión, incluso en los casos en los que se produce por herencia, lo que no ocurre en el impuesto sobre la renta con la plusvalía estatal (llamada habitualmente la “plusvalía del muerto”). La arbitrariedad de esta figura tributaria es tan clara que el Tribunal Constitucional ha tenido que intervenir y considera que este impuesto vulnera el principio constitucional de capacidad económica en la medida en que no se vincula necesariamente a la existencia de un incremento real del valor del bien, “sino a la mera titularidad del terreno durante un periodo de tiempo”.
  
Habrá que considerar, además, tal como ya se ha dicho, que el Estado en el IRPF grava también el incremento de los bienes inmuebles manifestado en las transmisiones (las llamadas plusvalías). Esta carga fiscal abusiva se ha hecho tremendamente gravosa después del injusto y distorsionante tratamiento dado a estas operaciones en la reforma fiscal de 2014. Desde la implantación del IRPF por la Ley 44/1978, una cuestión ha estado siempre presente en el desarrollo legislativo: cómo descontar la inflación de las plusvalías de manera que no se grave una ganancia que puramente ficticia es. El tema es especialmente relevante cuando el incremento patrimonial se produce en la transmisión de un activo que ha permanecido largo tiempo en el patrimonio del sujeto pasivo (suele ocurrir con los inmuebles), ya que el efecto de la inflación se acentúa, de tal forma que la parte de ganancia debida a la pérdida de valor de la moneda puede llegar a ser muy elevada. Por ello, en las sucesivas reformas de la Ley, el legislador ha introducido en todos los casos mecanismos correctores (aunque no siempre los mismos) para separar los incrementos reales de los ficticios.
  
   
   
En 2014, el Gobierno decidió modificar el régimen fiscal vigente en aquel momento sobre esta materia, y aun cuando aquel injustificable tratamiento previsto en el proyecto se suavizó después a lo largo de la tramitación parlamentaria, las plusvalías por la venta de un inmueble tributan en el IRPF por unas cantidades muy superiores a las que correspondía con anterioridad a la reforma. Especial gravedad reviste este tema para los inmuebles adquiridos en los años 1970 y principios de los 1980, puesto que, dado el tiempo transcurrido y las elevadas tasas de inflación de aquellos años, dichas ventas pasaron de estar casi exentas a tributar en un porcentaje significativo de la totalidad del valor inmueble.
   
Los damnificados no son desde luego ni las Empresas ni los contribuyentes de rentas altas, que tienen todos sus inmuebles depositados en sociedades, ya que a todos ellos se les ha dado la opción en múltiples ocasiones de revalorizar todos sus activos sin coste alguno. Afecta en mayor o menor medida a las clases medias con una segunda vivienda, y en especial a personas mayores jubiladas o próximas al jubilarse y que han considerado la propiedad inmobiliaria como la mejor forma de ahorrar para completar su exigua Pensión frente a los ruinosos Fondos de Pensiones, y ahora, después de sufrir la merma de valor de la crisis inmobiliaria, se les dice que van a perder un porcentaje importante del resto de sus ahorros.

  
Para España, la propiedad inmobiliaria está en manos de las clases medias y bajas, fundamentalmente. La verdadera riqueza se encuentra, por el contrario, en el capital mobiliario al que por supuesto no le afecta ni el IBI ni la Plusvalía municipal y cuenta con infinidad de medios para escapar del gravamen de las plusvalías en el impuesto sobre la Renta. De ahí la importancia en cuanto a los impuestos del Patrimonio y de Sucesiones, y de ahí también el empeño del neoliberalismo económico por suprimirlos."

 (Juan F. Martín Seco: 'El IBI, impuesto del patrimonio de las clases bajas', 7/02/19, en Republica.com)