lunes, 17 de julio de 2017

Bendita, tú alegría

    
Te confunden con otras, alegría:
ingenuidad, simpleza,
candidez,
inocencia.
Te subestiman con diminutivos:
sucedáneo de la felicidad,
eterna hermana pobre de la euforia.
  
Parecen no acordarse de la helada rutina,
cuando las insistencias se vacían de sangre
y el espanto aprisiona como un despeñadero.
 
No recojas el guante, te lo ruego,
olvida el desafío que lanza la ignorancia.
No nos dejes perdidos en medio de qué océano
sin tu luz, alegría, la de las manos anchas
que convertirían el alma en lugar habitable.
 
Desatiende el rumor de las trincheras,
la retórica vana de los oportunistas.
Tú eres el destilado de libertad más único,
el orgasmo espontáneo del espíritu.
  
Bienhallable alegría,
la pura de sabor,
la complaciente.
Tú que vives y reinas en el tuétano limpio,
ahora o en los albores de toda hora,
quédate con nosotros.
  

[Esta sólo es una versión 'traducida', y con leves intertextualidades, del original ofrecido por la leonesa -de Jerez- Raquel Lanseros en Croniria: obra distinguida mediante un XIII premio internacional Antonio Machado en Baeza para el que señalaba su jurado «la frescura y audacia de unos poemas, si de mano joven, no por ello faltos de solidez y penetración, además de hacer partícipe al lector de un mundo propio y propio de su época, con hallazgos verbales que van más allá del mero juego literario»]
     
Mas lo difícil es -reinventar, cada día- cómo.
    
Canto XXXV, que cierra "Noche más allá de la noche", Antonio Colinas 
 

2 comentarios:

  1. Aquel tiempo en que fuimos
    los cómplices perfectos,
    renunciando al deseo
    con gravosa templanza
    por temor a minar
    nuestro apego sin mancha,
    cerriles nos negamos
    a hacernos el amor.
    Hoy viendo, desolado,
    en que ha quedado todo
    -esta nada insolente
    que, abismal, nos separa-,
    consciente del error,
    sospecho que debimos
    con lujuriosa saña
    y obviando precauciones,
    olernos, desnudarnos,
    palparnos, retorcernos,
    lamernos, pellizcarnos,
    babearnos, arañarnos,
    bebernos, desangrarnos,
    royernos, devorarnos,
    sin tregua y desmedidos,
    folgar como animales.

    hipogeo.blogspot.com

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  2. Y más, aun, de Antonio Colinas:

    Duermes como la noche duerme:
    con silencio y con estrellas.
    Y con sombras también.
    Como los montes sienten el peso de la noche,
    así hoy sientes tú esos pesares
    que el tiempo nos depara:
    suavemente y en paz.

    Te han llovido las sombras,
    pero estás aquí, abrazando en la almohada
    (en negra noche)
    toda la luz del mundo.
    Sí, pienso que la noche, como la vida, oculta
    miserias y terrores,
    más tú duermes a salvo,
    pues en el pecho llevas una hoguera de oro:
    la del amor que enciende más amor.

    Gracias a él aún crecerá en el mundo
    el bosque de lo manso
    y seguirán girando los planetas
    despacio, muy despacio, encima de tus ojos,
    produciendo esa música
    que en tu rostro disuelve la idea del dolor,
    cada dolor del mundo.

    Reposas en lo blanco
    como en lo blanco cae con paz la nieve
    ...

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