lunes, 18 de diciembre de 2023

Jaleando los 'derechos [bélicos]' contra Rusia y Gaza, guerra (de Materias Primas) arriesgamos

    
No hace mucho que ya nos referimos al tema justificando con evidencias determinadas conclusiones preocupantes:
 · aparte de las consideraciones climáticas, está ya en una grave Crisis de inviabilidades progresivas evidentes nuestro viejo modelo del crecimiento económico, basado en aquellas energías por ahora realmente desarrolladas... 
 · proliferan los síntomas de un agotamiento acelerado tanto con respecto a las dichas fuentes naturales energéticas aprovechadas como en el rendimiento de su Explotación... 
 · (...) y otro cuello de botella para desarrollar un mundo "verde o digital" son algunas escaseces en material geológico clave (uranio, cobre, litio y cobalto)...

 

 

Ahora continuamos en la misma línea:

 
"China acaba de establecer restricciones a la exportación de grafito como respuesta a los controles de exportación de semiconductores y alta tecnología por parte de EE.UU. 

Dichas restricciones se suman a otras recientes a la exportación de germanio y galio, y suponen un nuevo y peligroso paso en la guerra tecnológica. China es el mayor productor y exportador (y casi exclusivo refinador) mundial de grafito, un mineral esencial para la fabricación de baterías de vehículos eléctricos, lubricantes para maquinaria en industrias petroquímica, aeroespacial y defensiva.
 
 
En un intento por cubrirse las espaldas ante posibles reclamaciones ante la Organización Mundial de Comercio, China ha alegado que la restricciones (que afectan a 3 tipos especiales de grafito), se imponen para “para salvaguardar la seguridad y los intereses nacionales” y que “no están dirigidas contra ningún país en concreto”. El uso de la excusa de la seguridad nacional como argumento no convierte estas medidas en compatibles con la OMC, pero es el mismo argumento alegado por EE.UU. cuando decidió imponer aranceles al acero en época de Trump.  

Hay que recordar que la OMC concluyó que dichos aranceles eran ilegales, pero en enero de 2023 (es decir, ya en la era Biden) EE.UU. replicó, sentando un peligroso precedente, que “durante más de 70 años los EE.UU. han mantenido la posición clara e inequívoca de que las cuestiones de seguridad nacional no pueden examinarse en el sistema de solución de diferencias de la OMC y que ésta no está facultada para cuestionar la capacidad de un Estado miembro para responder a una amplia gama de amenazas a su seguridad”. 

Y añadía, en un párrafo que veremos muy repetido en los próximos años (por arrojadizo), que “resolver cuestiones de seguridad nacional en la OMC no sólo es incompatible con el propósito de una organización comercial, sino que no promoverá el interés común de los Estados miembros de la OMC como foro de debate y negociación”. Vamos, que la OMC no es quién para decirle a EE.UU. qué es -o no- seguridad nacional.

Por eso China se agarra ahora al clavo ardiendo de la “seguridad nacional”: porque le permite dañar a EE.UU. (principal importador mundial de grafito) y evita que éste pueda quejarse. Esto es, por cierto, una buena lección para la UE y su concepto de 'autonomía estratégica': si cualquier cosa puede ser cuestión de seguridad nacional, la seguridad nacional no significa realmente nada. La verdad es que, si EE.UU. fuese consistente en sus argumentos, los defensores del comercio lo tendríamos un poco más fácil.
 

El presidente chino, Xi Jinping -HUANG JINGWEN /XINHUA NEWS
 
Al mismo tiempo, este nuevo clavo en el ataúd de la cooperación internacional nos recuerda el peligro de la fragmentación (es decir, retrocesos en la integración mundial) sobre los mercados de materias primas. Este tema ha merecido un capítulo especial en el último informe de 'Perspectivas de la Economía Mundial del FMI', que realiza una simulación del posible escenario de fragmentación mundial en los mercados de materias primas llegando a 6 preocupantes conclusiones:

- En primer lugar, que el mercado de materias primas es más susceptible de fragmentación que otros mercados, ya que se compone de bienes difícilmente sustituibles, con baja elasticidad de demanda y de oferta muy poco variada (el 70% de la producción global de minerales se concentra en solo tres países).

- En segundo lugar, que la fragmentación de los mercados de materias primas no es solo potencial, sino que ya se está produciendo: las restricciones al comercio son estos años mucho más frecuentes en este tipo de mercancías, para las que además se ha reducido la inversión directa extranjera.

- En tercer lugar, que generaría peligrosas subidas de precios en minerales críticos para la transición ecológica y en algunos alimentos. Los aumentos repentinos de los precios de estos últimos productos podrían, además, perjudicar a muchos países de renta baja muy dependientes de las importaciones para alimentar a su población (algo que ya se está observando en las restricciones a las exportaciones de grano de Ucrania).

- En cuarto lugar, que la fragmentación de los mercados de materias primas no solo tendería a incrementar los precios, sino también su volatilidad, aumentando la incertidumbre y dificultando la acumulación de stocks para prevención de situaciones de crisis.

- En quinto lugar, que tendría efectos macroeconómicos considerables para muchas economías con alta dependencia de productos básicos (especialmente en países de renta baja y en mercados emergentes), con pérdidas de PIB a largo plazo superiores al 2%, muy desigualmente repartidas.

- Por último, que la fragmentación de los mercados de materias primas terminaría desincentivando la inversión en transición energética, que podría ser un 30% inferior a la necesaria en energías renovables y en vehículos eléctricos a nivel mundial para 2030.

En resumen, que la guerra tecnológica entre EE.UU. y otras guerras como la de Ucrania o la reciente crisis de Oriente Medio pueden provocar importantes restricciones al comercio de materias primas, cuyos mercados se están fragmentando; conviene no minimizar dicho peligro de fragmentación, ya que su traducción práctica podría ser la persistencia de la inflación (que creíamos ya superada), una mayor volatilidad de los precios, una crisis alimentaria (que generaría fuertes tensiones sociales) y un peligroso retraso de la transición energética. Problemas que, en el contexto económico actual, es justo lo último que necesitamos."


jueves, 14 de diciembre de 2023

Una pregunta crucial sobre las 'Inteligencias Artificiales' que ni nos estábamos haciendo...

    
Ya hemos tratado del tema con algunas claras conclusiones, expuestas antes, y quedan todavía ciertos aspectos por desarrollar aquí ahora: lo más peligroso de las últimas herramientas "inteligentes" no es que nos distraigan, sino que nos inhabilitan para la práctica de concentración/distracción; las IA son incapaces de algo como es el hacerse preguntas, imprescindible para la inteligencia; están sólo programadas para respondernos de forma rápida y automática sin dudar, siempre (e incluso se supondría que optimizada mente...), con o sin fundamento adecuado... Pero hay más: 
 
 
"La casi implosión de OpenAI, líder mundial en el floreciente campo de la inteligencia artificial, reveló un conflicto dentro de la organización, y de la comunidad en general, sobre la velocidad a la que debe avanzar la tecnología y también sobre si desarrollarla de manera más lenta ayudaría a hacerla más segura.

Soy profesor tanto de inteligencia artificial como de ética de la IA y creo que este planteamiento del problema omite la pregunta crucial sobre qué tipo de inteligencia artificial es el que aceleramos o desaceleramos.
 
 
En mis 40 años de investigación sobre procesamiento del lenguaje natural y la creatividad computacional en el campo de la IA, fui pionero en una serie de avances en aprendizaje automático que me permitieron construir el primer traductor de idiomas en línea a gran escala del mundo, el cual engendró en poco tiempo programas como Google Translate y Bing Translator de Microsoft. Es complicado encontrar argumentos en contra del desarrollo de las 'inteligencias' artificiales para traducción: reducir los malentendidos entre culturas tal vez sea una de las cosas más importantes que puede hacer la humanidad para sobrevivir a la polarización geopolítica cada vez mayor.

Sin embargo, la IA también tiene un lado oscuro. Vi cómo muchas de las mismas técnicas —inventos de nuestra comunidad de procesamiento del lenguaje natural y aprendizaje automático con fines benéficos— se utilizaban entre las "redes sociales" y los 'motores de búsqueda' o recomendaciones para buscar amplificar la polarización en los prejuicios y desinformar de un modo que plantea cada vez más amenazas existenciales para la democracia. 
 
 
En fechas recientes, a medida que la inteligencia artificial se ha vuelto más poderosa, hemos visto cómo la tecnología ha llevado las ciberestafas a un nuevo nivel con voces 'deepfakes' (o ultrafalsas) de colegas o seres queridos utilizadas para robarte dinero.

Las inteligencias artificiales manipulan a la humanidad. Y están a punto de ejercer un poder todavía más inconcebible para manipular nuestro inconsciente, algo que apenas se ha insinuado con los grandes modelos lingüísticos como ChatGPT. El temido "momento Oppenheimer" es real.
 
 
Sin embargo, el dilema de “velocidad versus seguridad” no es lo único que nos distrae de las cuestiones importantes, y que oculta las amenazas reales que se ciernen sobre nosotros.

Uno de los pasos clave en los círculos de seguridad de la inteligencia artificial es la “alineación de la IA”, la cual se centra en el desarrollo de métodos para alinear las inteligencias artificiales con los objetivos de la humanidad. Hasta el caos reciente, Ilya Sutskever y Jan Leike, jefe de investigación sobre alineación de OpenAI, codirigían un programa de investigación sobre “superalineación” que intenta resolver una pregunta sencilla, pero de una complejidad significativa: “¿Cómo podemos garantizar que unos sistemas de inteligencia artificial mucho más inteligentes que los humanos cumplan los objetivos humanos?”.
 
 
No obstante, en la alineación de la IA, una vez más, hay un asunto evidente con el que no queremos lidiar. Alineación… ¿con qué tipo de objetivos humanos?

Desde hace tiempo, los filósofos, los políticos y las poblaciones han luchado con las disyuntivas espinosas entre los distintos objetivos. ¿Gratificación instantánea a corto plazo? ¿Felicidad a largo plazo? ¿Evitar la extinción? ¿Libertades individuales? ¿Bien colectivo? ¿Límites a la desigualdad? ¿Igualdad de oportunidades? ¿Grado de gobernanza? ¿Libertad de expresión? ¿Seguridad frente a discursos perjudiciales? ¿Grado de manipulación admisible? ¿Tolerancia de la diversidad? ¿Imprudencia admisible? ¿Derechos versus responsabilidades?
 
 
No hay ningún consenso universal [ni podría jamás haberlo] sobre dichos objetivos, mucho menos sobre asuntos todavía más detonantes como los derechos a las armas, los derechos reproductivos o los conflictos geopolíticos.

De hecho, la saga de OpenAI demuestra ampliamente cuán imposible es alinear los objetivos, incluso entre un grupo diminuto de líderes del mismo. ¿Cómo es posible que la inteligencia artificial se alinee con todos los "objetivos de la humanidad"...?
 
 
Si este problema parece obvio, ¿por qué la alineación de la IA tiene tanto peso en la comunidad de la IA? Es probable que se deba a que el paradigma del modelo dominante en la inteligencia artificial es definir una función matemática que nos sirva como “función objetivo”, es decir, un objetivo cuantitativo o un norte que deba buscar la inteligencia artificial. En todo momento, el cerebro artificial de una IA toma miles, millones o incluso miles de millones de pequeñas decisiones para maximizar la consecución de este objetivo. Por ejemplo, un estudio reciente mostró cómo una IA médica que busca automatizar una fracción de la carga de trabajo de las radiografías de tórax detectó el 99 por ciento de todas las radiografías de tórax anormales, una cantidad superior a la de los radiólogos humanos.

Por lo tanto, los investigadores de la inteligencia artificial estamos muy tentados a plantear todo en términos de una maximización para tal función objetivo; somos un caso típico de "uso por costumbre"... Para conseguir una IA segura, ¡solo debemos maximizar la alineación entre la tecnología y los objetivos de la humanidad! Si tan solo pudiéramos definir una función objetivo clara que mida el grado de alineación con todos los objetivos de la humanidad.
 
 
En la comunidad de la investigación sobre la IA con demasiada frecuencia ignoramos los riesgos existenciales que surgen de la manera en que esta interactúa con la compleja dinámica de los caóticos factores psicológicos, sociales, culturales, políticos y emocionales de la humanidad; los cuales no vienen prolijamente empacados en una simple función matemática.

Las empresas de IA, los investigadores y los reguladores deben acelerar con urgencia la resolución del problema que plantea el funcionamiento que se espera de las inteligencias artificiales frente a tantas inmemoriales disyuntivas entre objetivos opuestos no resueltos y también acelerar el desarrollo de nuevos tipos de inteligencias artificiales que puedan ayudar a resolver estos problemas. Por ejemplo, uno de mis proyectos de investigación incluye una inteligencia artificial que no solo comprueba la información, sino que la reformula en automático para reducir los prejuicios implícitos de los lectores. Acelerar este trabajo es apremiante justo por el avance exponencial de la tecnología de la IA en la actualidad.
 
 
Mientras tanto, debemos desacelerar el despliegue de las inteligencias artificiales que están exacerbando la inestabilidad sociopolítica, como los algoritmos que alinean una tras otra las publicaciones con teorías conspiratorias. En cambio, debemos acelerar el desarrollo de las inteligencias artificiales que ayuden a reducir esos peligrosos niveles de polarización.

Y todos nosotros —los expertos en inteligencia artificial, influentes de Silicon Valley y grandes medios de comunicación que dirigimos las conversaciones cotidianas— debemos dejar de esconder debajo de la alfombra estos desafíos reales por medio de narrativas demasiado simplistas y mal enmarcadas en torno a la aceleración versus la desaceleración de la IA. Debemos reconocer que nuestro trabajo impacta en los seres humanos y los seres humanos son desordenados y complejos en maneras que tal vez una ecuación elegante no pueda reflejar.
 
 
La cultura importa. La IA ya es parte de la vida cotidiana de nuestra sociedad, un hecho que llegará a ser más pronunciado de lo que la mayoría de las personas jamás imaginaron. Ya es demasiado tarde para empezar a darse cuenta de eso. Hagamos que un conflicto en una sala de juntas sea nuestra oportunidad. Es posible soñar a lo grande rápido y frenar la confusión."

(De Kai, profesor de informática e ingeniería en la Universidad de Ciencia y Tecnología de Hong Kong: artículo para el 'The New York Times', 10.12.23)
  

domingo, 10 de diciembre de 2023

Este salvajismo por Israel llegó hasta ser tan impactante que a veces difícil es el creérselo

 
 
No se trata de ningún estallido puntual y desde la resistencia contra sus ocupantes, en plan "David contra Goliath" (como lo terrorista de Hamas el último 7-O... u otro previo levantamiento judío del Ghetto de Varsovia 80 años antes), sino de una muy distinta "Opción Sansón" estatal programada desde hace más de medio siglo por una potencia nuclear con el apoyo total de USA que se viene prolongando ya durante su mes 3º e incluyendo [cuando menos, para empezar, por ahora...] 14 veces más de
víctimas mortales... Como es visto:    
 
* Desde perspectivas judías.-
  
  

«Los abajo firmantes somos estudiosos del Holocausto y del antisemitismo de diferentes instituciones. Escribimos para expresar nuestra consternación y decepción ante los líderes políticos y figuras públicas notables que invocan la memoria del Holocausto para explicar la crisis actual en Gaza e Israel. Ejemplos concretos van desde el embajador israelí ante la ONU, Gilad Erdan, que se puso una estrella amarilla con las palabras «Nunca más» mientras se dirigía a la Asamblea General de la ONU, hasta el presidente de los EE.UU. actualmente, Joe Biden, afirmando que Hamás se había «involucrado en una barbarie que es tan trascendental como el Holocausto», 

Mientras que el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, dijo al canciller alemán Olaf Scholz que «Hamas son los nuevos nazis»; y el representante estadounidense Brian Mast, un republicano de Florida, hablando en la Cámara de Representantes, cuestionó la idea de que existan «civiles palestinos inocentes», afirmando: «No creo que utilicemos tan a la ligera el término 'civiles nazis inocentes' durante la Segunda Guerra Mundial».
 
 
 
El antisemitismo a menudo aumenta en momentos de crisis agudizada en Israel-Palestina, al igual que la islamofobia y racismos antiárabes. La violencia desmedida de los ataques del 7 de octubre y los continuos bombardeos aéreos e invasión de Gaza son devastadores y están generando dolor y miedo entre las comunidades judías y palestinas de todo el mundo. Reiteramos que toda persona tiene derecho a sentirse segura dondequiera que viva, y que se debe abordar el racismo, el antisemitismo y la islamofobia deben ser una prioridad.

Es comprensible por qué muchos en la comunidad judía recuerdan el Holocausto y pogromos anteriores cuando intentan comprender lo que ocurrió el 7 de octubre: las masacres y las imágenes que surgieron después han aprovechado la memoria colectiva profundamente arraigada del antisemitismo genocida, impulsado por la historia judía demasiado reciente. Sin embargo, apelar a la memoria del Holocausto oscurece nuestra comprensión del antisemitismo que enfrentan los judíos hoy en día; y tergiversa -muy peligrosamente...- todas las causas de violencia en Israel/Palestina. 
 
 
 
El genocidio nazi involucró a un Estado (y su dispuesta sociedad civil) a atacar a una pequeña minoría, lo que luego escaló hasta convertirse en un genocidio a nivel continental. De hecho, las comparaciones de la crisis que se desarrolla en Israel-Palestina con el nazismo y el Holocausto (sobre todo cuando provienen de líderes políticos y otras personas que pueden influir en la opinión pública) son fallas intelectuales y morales. En un momento en el que las emociones están a flor de piel, los líderes políticos tienen la responsabilidad de actuar con calma y evitar seguir avivando las llamas de angustia y división. Y, como académicos, tenemos el deber de defender la integridad intelectual de nuestra profesión y apoyar a otros en todo el mundo para que este momento tenga sentido.

Los líderes israelíes y otros están utilizando el marco del Holocausto para retratar este castigo colectivo -por Israel- a Gaza como una batalla por la civilización frente a la barbarie, promoviendo así narrativas racistas sobre los palestinos. Esta retórica nos anima a separar la crisis actual del contexto en el que surgió. 
 
  
 
El "desplazamiento" desde hace 75 años, 56 de ocupación y 16 con bloqueo en Gaza han generado una espiral de violencia en constante deterioro que sólo puede detenerse mediante una solución política. No existe una solución militar en Israel-Palestina, y desplegar una narrativa del Holocausto en la que un «mal» debe ser vencido por la fuerza sólo perpetuará una situación opresiva que ya ha durado demasiado tiempo.

Insistir en que «Hamas son los nuevos nazis» (mientras responsabiliza colectivamente a los palestinos por las acciones de Hamas) atribuye motivaciones endurecidas y antisemitas a quienes defienden derechos de los palestinos. 
 
 
 
También posiciona la protección del pueblo judío frente a las defensas de las Leyes y los Derechos Humanos internacionales, lo que implica que el actual ataque a Gaza es una necesidad. Y invocar el Holocausto para despedir a los manifestantes que piden una «Palestina libre» alimenta la represión de la defensa palestina de los derechos humanos y la combinación de antisemitismo con críticas a Israel.

En este clima de creciente inseguridad, necesitamos claridad sobre el antisemitismo para que podamos identificarlo y combatirlo adecuadamente. También necesitamos pensar con claridad mientras abordamos y respondemos a lo que se está desarrollando en Gaza y Cisjordania. Y debemos ser francos al abordar estas realidades simultáneas (el resurgimiento del antisemitismo... y para Gaza los generalizados asesinatos más escalada de expulsiones desde Cisjordania) mientras participamos en el discurso público.
 
 
Alentamos a aquellos que tan fácilmente han invocado comparaciones con la Alemania nazi a que escuchen la retórica proveniente de los líderes políticos de Israel. El primer ministro Benjamín Netanyahu dijo al parlamento israelí que «esta es una lucha entre los hijos de la luz y los hijos de la oscuridad» (posteriormente se eliminó un tweet de su oficina con la misma frase). El Ministro de Defensa, Yoav Gallant, proclamó: «Estamos luchando contra los animales humanos y actuamos en consecuencia». Tales comentarios, junto con un argumento generalizado y frecuentemente citado de que hay palestinos inocentes LIR en Gaza, de hecho traen a la mente ecos de violencia masiva histórica. Pero esas resonancias deberían servir como una orden judicial contra los asesinatos a gran escala, no como un llamado a extenderlos.
 
 
 
   
...
 
Como académicos tenemos la responsabilidad de usar nuestras palabras. y nuestra experiencia, con criterio y sensibilidad, para tratar de reducir el lenguaje incitante que puede provocar más discordia y, en cambio, priorizar el discurso y la acción destinados a prevenir más pérdidas de vidas. Por eso, al invocar el pasado, debemos hacerlo de manera que iluminen el presente y no lo distorsionen. Ésta es la base necesaria para establecer la paz y la justicia en Palestina e Israel. Por eso instamos a las figuras públicas. incluidos los medios de comunicación. dejar de utilizar este tipo de comparaciones.»

Karyn Ball, Professor of English and Film Studies, University of Alberta

Omer Bartov, Samuel Pisar Professor of Holocaust and Genocide Studies, Brown University

Christopher R. Browning, Professor of History Emeritus, UNC-Chapel Hill

Jane Caplan, Emeritus Professor of Modern European History, University of Oxford

Alon Confino, Professor of History and Jewish Studies, University of Massachusetts, Amherst

Debórah Dwork, Director of the Center for the Study of the Holocaust, Genocide, and Crimes Against Humanity, Graduate Center—City University of New York

David Feldman, Director, Birkbeck Institute for the Study of Antisemitism, University of London

Amos Goldberg, The Jonah M. Machover Chair in Holocaust Studies, The Hebrew University of Jerusalem

Atina Grossmann, Professor of History, Cooper Union, New York

John-Paul Himka, Professor Emeritus, University of Alberta

Marianne Hirsch, Professor Emerita, Comparative Literature and Gender Studies, Columbia University

A. Dirk Moses, Spitzer Professor of International Relations, City College of New York

Michael Rothberg, Professor of English, Comparative Literature, and Holocaust Studies, UCLA

Raz Segal, Associate Professor of Holocaust and Genocide Studies, Stockton University

Stefanie Schüler-Springorum, Director, Center for Research on Antisemitism, Technische Universität Berlin  

Barry Trachtenberg, Rubin Presidential Chair of Jewish History, Wake Forest University

  
 
 
 
«Los abajo firmantes estamos profundamente preocupados por la declaración “Principios de solidaridad” publicada en el sitio web del centro de investigación Normative Orders de la Goethe-Universität Frankfurt el 13 de noviembre de 2023, firmada por Nicole Deitelhoff, Rainer Forst, Klaus Günther y Jürgen Habermas.

Nos sumamos a los autores para condenar el asesinato y la toma como rehenes de civiles israelíes por parte de Hamás el 7 de octubre de 2023 y estamos totalmente de acuerdo con la necesidad vital de proteger la vida judía en Alemania frente al creciente antisemitismo. También estamos de acuerdo con la declaración que fundamenta estas posiciones en el respeto por la dignidad humana de toda persona como parte central del espíritu “ético democrático de la República Federal de Alemania”.
 
  
 
Sin embargo, estamos profundamente preocupados por los aparentes límites de la solidaridad expresada por los autores. La preocupación de la declaración por la dignidad humana no se extiende adecuadamente a los palestinos civiles en Gaza que afrontan la muerte y destrucción. Tampoco se aplica ni se extiende a musulmanes en Alemania que experimentan una creciente islamofobia. Solidaridad significa que el principio de la dignidad humana debe aplicarse a todas las personas. Esto requiere que reconozcamos y abordemos el sufrimiento de todos los afectados por un conflicto armado.

La declaración afirma que “los estándares de juicio fallan completamente cuando se atribuyen intenciones genocidas a las acciones de Israel”. Hay un debate en curso entre los estudiosos del genocidio y los expertos jurídicos sobre si se ha cumplido el estándar legal para el genocidio. Grupos de derechos humanos han presentado demandas por genocidio ante la corte penal internacional y un tribunal federal de EE.UU. Omer Bartov, profesor de estudios del Holocausto y genocidio en la Universidad de Brown, nos recordó recientemente: “Sabemos por la historia que es crucial advertir sobre el potencial de genocidio antes de que ocurra, en lugar de condenarlo tardíamente después de que haya tenido lugar. Creo que todavía tenemos ese tiempo”. Mostrar solidaridad y respetar la dignidad humana significa que debemos prestar atención a esta advertencia y no cerrar el espacio de debate y reflexión sobre la posibilidad de genocidio. No todos los firmantes creen que se hayan cumplido los estándares legales para el genocidio; sin embargo, todos coinciden en que se trata de un tema de debate legítimo.
 
 
La declaración menciona tres “principios rectores” de la acción militar: “principios de proporcionalidad, prevención de víctimas civiles y librar una guerra con perspectivas de paz futura”. Nos preocupa que no se menciona el respeto del derecho internacional, que también prohíbe los crímenes de guerra y los crímenes de lesa humanidad, como el castigo colectivo, la persecución y la destrucción de infraestructura civil, incluidas escuelas, hospitales y lugares de culto. Guiados por los principios de las normas jurídicas internacionales, la solidaridad y la dignidad humana nos obligan a exigir a todos los participantes en el conflicto que cumplan este estándar más alto.

No podemos permitir que las atrocidades nos obliguen a abandonar estos principios.»

Samuel Moyn, Profesor de Derecho e Historia, Universidad de Yale

Amia Srinivasan, Profesora de Teoría Social y Política, Universidad de Oxford

Nancy Fraser, Profesora Ciencias Políticas y Sociales, Nueva Escuela de Investigación Social

Alice Crary, Profesora de Filosofía, Nueva Escuela de Investigación Social

Linda Zerilli, Charles E Merriam Profes. distinguid. Ciencias Políticas, Universidad de Chicago

Chandra Talpade Mohanty, Profesor distinguido, Universidad de Syracuse

Diedrich Diederichsen, Profesor Teoría Arte Contemporáneo, Academia Bellas Artes, Viena

Beate Roessler, Profesor de Filosofía, Universidad de Amsterdam

Quinn Slobodian, Profesora de Historia, Wellesley College 

Cécile Malaspina, Directora de programa, Collège international de Philosophie, France
  
 
  
 
«Israel y Hamás han librado 5 guerras en los últimos 15 años. ¿Cómo ponemos fin a la actual y evitamos que, tarde o temprano, se produzca una sexta? ¿Cómo conciliamos nuestro deseo de poner fin a los combates con la necesidad de abordar las causas del conflicto? Durante 75 años, diplomáticos, israelíes y palestinos bienintencionados y gobernantes de todo el mundo han hecho esfuerzos por llevar la paz a esta región. En ese tiempo un presidente egipcio y un primer ministro israelí fueron asesinados, debido a sus intentos del acabar con la violencia, por extremistas. Y así una u otra vez.

Para aquellos de nosotros que queremos no solo poner fin a esta guerra, sino evitar una futura, primero debemos tener claridad en los hechos. Hamás, una organización terrorista, desencadenó el 7 de octubre ataque brutal contra Israel, en que murieron unos 1200 hombres, mujeres y niños inocentes, y más de 200 fueron tomados como rehenes. Si la población de Israel fuera la misma que la de EE.UU, ese atentado habría equivalido a casi 40.000 muertos, más de 10 veces las víctimas mortales que sufrimos el 11 de septiembre.
 

Palestina de 16 años en prisión al abofetear a quien les disparara...
 
En respuesta, Israel, bajo el liderazgo de su primer ministro de derecha, Benjamín Netanyahu, quien enfrenta una acusación por corrupción y cuyo gabinete incluye a racistas indiscutibles, desató lo que equivale a una guerra total contra el pueblo palestino. En Gaza, más de 1,6 millones de palestinos se vieron obligados a abandonar sus hogares. Se cortó el suministro de alimentos, agua, medicinas y combustible. La Organización de las Naciones Unidas calcula que el 45% de las viviendas en Gaza están dañadas o destruidas. Según el Ministerio de Salud en Gaza, más de 12.000 palestinos, niños la mitad, han muerto y muchos más resultaron heridos. Y la situación se torna más grave cada día.

Estamos ante una catástrofe humanitaria que corre el riesgo de desencadenar una conflagración regional más grande. Todos queremos que termine lo antes posible. Sin embargo, para avanzar, debemos hacer frente a la complejidad de esta situación que demasiadas personas de ambos bandos quieren ignorar.
  
 
Israel también a-terror-iza: teniendo niños de Gaza 'rehenes' en cárceles 
 
En primer lugar, Hamás dejó claro, antes y después del 7 de octubre, que su objetivo es una "guerra perpetua" y la destrucción del Estado de Israel. Recientemente, un vocero de Hamás declaró a The New York Times: “Espero que el estado de guerra con Israel se vuelva permanente en todas las fronteras, y que el mundo árabe se ponga de nuestro lado”.

En segundo lugar, Israel no ha hecho en los últimos años nada para dar esperanzas de un acuerdo pacífico: ha mantenido el bloqueo de Gaza, profundizado las humillaciones diarias de la ocupación en Cisjordania e ignorado en gran medida las terribles condiciones de vida a las que se enfrentan los palestinos.
 

Israel conserva, también, rehenes en prisiones... a niños
 
Sobra decir que no tengo todas las respuestas para esta tragedia interminable. Pero para quienes creemos en la paz y en la justicia, resulta imperativo que hagamos todo lo posible para darles a los israelíes y a los palestinos una respuesta sensata que trace un camino realista para abordar la situación a la que nos enfrentamos hoy. He aquí mis ideas sobre el mejor camino a seguir y sobre cómo EE.UU. puede reunir al mundo en torno a una posición moral que nos conduzca hacia la paz en la región y justicia para la población palestina oprimida.

Para empezar, debemos exigir un cese extendido de los bombardeos indiscriminados de Israel, en los que mueren un gran número de civiles y que además violan el derecho internacional. Israel está en guerra con Hamás, no contra hombres, mujeres y niños palestinos inocentes. Israel no puede bombardear un barrio entero para eliminar un objetivo de Hamás. No sabemos si esta campaña ha sido eficaz para socavar las capacidades militares de Hamás. Pero sí sabemos que el 70% de las víctimas han sido mujeres y niños, y que 104 trabajadores humanitarios de la ONU y 53 periodistas han muerto, según indican los informes. Eso es inaceptable.
 
 
También debe producirse una tregua humanitaria significativa y sostenida para que la ayuda que tanto se necesita (alimentos, agua, medicinas y combustible) pueda llegar a Gaza y salvar vidas. El acuerdo por el que se liberaron rehenes israelíes a cambio de un cese de unos días en los combates fue un primer paso prometedor que podremos usar como base y, con suerte, trabajar para que se extienda más. Mientras tanto, debe dársele tiempo a las Naciones Unidas para establecer con seguridad la red de distribución necesaria para evitar la sed, el hambre y las enfermedades, y para construir refugios y evacuar a quienes necesiten cuidados críticos. Esta tregua también ha permitido entablar conversaciones para liberar a rehenes. Esta pausa prolongada no debe preceder a la reanudación de bombardeos indiscriminados. Israel seguirá persiguiendo a Hamás, pero debe cambiar radicalmente sus tácticas para minimizar los daños a la población civil.

Para que los palestinos, que llevan tanto tiempo sufriendo, puedan tener alguna posibilidad de autodeterminación y una calidad de vida decente, no debe haber una reocupación ni un bloqueo de Gaza por parte de Israel a largo plazo. Si se pretende expulsar a Hamás del poder, como debe ser, y dar a los palestinos la oportunidad de una vida mejor, una ocupación israelí de Gaza sería contraproducente y beneficiaría a Hamás. Por el bien de la paz regional y de un futuro mejor para el pueblo palestino, Gaza debe tener la oportunidad de liberarse de Hamás. No puede haber una ocupación israelí a largo plazo.
 
 
 
Para lograr la transformación política que Gaza necesita, será necesario un nuevo liderazgo palestino como parte de un proceso político más extenso. Y para que esa transformación y ese proceso de paz tengan lugar, Israel debe asumir algunos compromisos políticos que permitan a un liderazgo palestino comprometido con la paz conseguir apoyo. Deben garantizar a palestinos desplazados derecho absoluto al regreso a sus hogares mientras Gaza se reconstruye. Las personas que han vivido en la pobreza y la desesperación durante años no pueden quedarse sin hogar para siempre. Israel también debe comprometerse a poner fin a las muertes de palestinos en Cisjordania y detener los asentamientos allí como un primer paso hacia el fin permanente de la ocupación. Esas acciones demostrarán que la paz puede beneficiar al pueblo palestino y es de esperar que den a la Autoridad Palestina la legitimidad que necesita para asumir el control administrativo de Gaza, quizá tras un periodo provisional de estabilización bajo una fuerza internacional.

Por último, para que los palestinos tengan alguna esperanza de un futuro digno, debe haber un compromiso con amplias conversaciones de paz para avanzar en una solución de dos Estados tras esta guerra. EE.UU, la comunidad internacional y los vecinos de Israel deben avanzar con determinación para alcanzar ese objetivo. Esto incluiría un aumento considerable del apoyo internacional al pueblo palestino, incluido el de los países ricos del Golfo. También significaría la promesa del pleno reconocimiento de Palestina a la espera de la formación de un nuevo gobierno elegido por la vía democrática y comprometido con la paz con Israel.
 
 
  
Seamos claros: esto no va a suceder por sí solo. El partido Likud de Netanyahu se creó de manera explícita con la promesa de que “entre el mar y el río Jordán solo habrá soberanía israelí” y el actual acuerdo de coalición refuerza ese objetivo. No se trata solo de ideología. El gobierno israelí ha buscado alcanzar ese objetivo de manera sistemática. El año pasado se registró un crecimiento sin precedentes de los asentamientos israelíes en Cisjordania, donde más de 700.000 israelíes viven ahora en zonas que, según las Naciones Unidas y EE.UU, son territorios ocupados: utilizan violencia de Estado para respaldar anexión de facto. La ONU ha informado que, desde el 7 de octubre, al menos 208 palestinos, entre ellos 53 niños, han muerto a manos de las fuerzas de seguridad y los residentes israelíes. No podemos permitir que esto continúe.

Netanyahu ha dejado clara su postura sobre estas cuestiones críticas. Nosotros también deberíamos hacerlo. Si pedir por las buenas funcionara, no estaríamos en esta situación. La única forma de que se produzcan estos cambios necesarios es que EE.UU. utilice la importante influencia que tenemos sobre Israel. Y todos sabemos en qué consiste esa influencia.
 
 
 
     
Durante muchos años, EE.UU. ha proporcionado a Israel sumas considerables de dinero, casi sin condiciones. En estos momentos, proporcionamos 3800 millones de dólares al año. El presidente Biden solicitó 14.300 millones de dólares más y le pidió al Congreso que renuncie a las normas habituales de supervisión, ya de por sí limitadas. El concepto del cheque en blanco debe desaparecer. 

EE.UU. debe dejar claro que, aunque somos amigos de Israel, esa amistad está sujeta a condiciones y que no podemos ser cómplices de acciones que violan el derecho internacional, así como nuestro propio sentido de la decencia. Esto incluye el fin de los bombardeos indiscriminados; un cese lo suficientemente largo de los bombardeos para que pueda llegar a la región una ayuda humanitaria masiva; el derecho de los gazatíes desplazados a regresar a sus hogares; la no ocupación israelí de Gaza a largo plazo; el fin de la violencia de los colonos en Cisjordania, que se detenga la expansión de los asentamientos, y un compromiso con amplias conversaciones de paz para una solución con dos Estados tras de la guerra.
 
 
 
A lo largo de los años, las personas de buena voluntad de todo el mundo, incluidos los israelíes, han tratado de abordar este conflicto de tal manera que se haga justicia para los palestinos y se ofrezca seguridad a Israel; obviamente, no hemos hecho lo suficiente. Ahora debemos volver a comprometernos con esta labor. Lo que está en juego es demasiado importante como para rendirse.»
 
     (Bernie Sanders)
  
 
   
 
«Las operaciones militares israelíes han creado una crisis humanitaria insostenible, que sólo empeorará con el tiempo. Pero, ¿están las acciones de Israel –como argumentan los opositores de la nación– al borde de una limpieza étnica o, más explosivamente, de un genocidio?

Como historiador del genocidio, creo que no hay pruebas de que actualmente se esté produciendo genocidio en Gaza, aunque es muy probable que se estén produciendo crímenes de guerra, e incluso crímenes contra la humanidad. Eso significa dos cosas importantes: primero, debemos definir qué es lo que estamos viendo y, segundo, tenemos la oportunidad de detener la situación antes de que empeore. Sabemos por la historia que es crucial advertir sobre el potencial de genocidio antes de que ocurra, en lugar de condenarlo tardíamente después de que haya ocurrido. Creo que todavía tenemos ese tiempo.
 
  
Está claro que la violencia diaria que se desata en Gaza es insoportable e insostenible. Desde la masacre del 7 de octubre perpetrada por Hamas –en sí misma un crimen de guerra y un crimen contra la humanidad– el ataque militar aéreo y terrestre de Israel contra Gaza ha matado a más de 10.500 palestinos, según el Ministerio de Salud de Gaza, una cifra que incluye a miles de niños. Eso es más de cinco veces más personas que las más de 1.400 personas asesinadas en Israel por Hamás. Al justificar el ataque, los líderes y generales israelíes han hecho declaraciones aterradoras que indican una intención genocida.

Aún así, el horror colectivo de lo que estamos viendo no significa que ya esté en marcha un genocidio, según la definición legal internacional del término. Debido a que muchos perciben el genocidio, a veces llamado “el crimen de todos los crímenes”, como el más extremo de todos los crímenes, existe a menudo el impulso de describir cualquier caso de asesinato en masa y masacre como genocidio. Pero este impulso de etiquetar todos los acontecimientos atroces como genocidio tiende a ofuscar la realidad en lugar de explicarla.
 
 
 
El derecho internacional humanitario identifica varios crímenes graves en los conflictos armados. Los crímenes de guerra se definen en los Convenios de Ginebra de 1949 y sus protocolos posteriores como violaciones graves de las leyes y costumbres de la guerra en conflictos armados internacionales contra combatientes y civiles. El Estatuto de Roma, que estableció la Corte Penal Internacional, define los crímenes contra la humanidad como el exterminio u otros crímenes masivos contra cualquier población civil. El crimen de genocidio fue definido en 1948 por las Naciones Unidas como “la intención de destruir, total o parcialmente, a un grupo nacional, étnico, racial o religioso, como tal”.

Entonces, para demostrar que se está produciendo un genocidio, debemos demostrar que existe la intención de destruir y que se están llevando a cabo acciones destructivas contra un grupo en particular. El genocidio como concepto jurídico difiere de la limpieza étnica en que esta última, que no ha sido reconocida como su propio crimen según el derecho internacional, tiene como objetivo expulsar a una población de un territorio, a menudo de forma violenta, mientras que el genocidio tiene como objetivo destruir a esa población dondequiera que esté. En realidad, cualquiera de estas situaciones (y especialmente la limpieza étnica) puede derivar en genocidio, como ocurrió en el Holocausto, que comenzó con la intención de expulsar a los judíos de los territorios controlados por los alemanes y se transformó en la intención de su exterminio físico. 
 
 
"Israelis and Palestinians are locked together by geography, resources, 
water, climate & epidemiology. From COVID to the fear of cholera 
due to the current war, reality has lashed our fates together...”
 
Mi mayor preocupación al ver cómo se desarrolla la guerra entre Israel y Gaza es que exista una intención genocida, que fácilmente puede desembocar en una acción genocida. El 7 de octubre, el Primer Ministro Benjamín Netanyahu dijo que los habitantes de Gaza pagarían un “enorme precio” por las acciones de Hamas y que las Fuerzas de Defensa de Israel, o FDI, convertirían partes de los centros urbanos densamente poblados de Gaza “en escombros”. 

El 28 de octubre, añadió, citando Deuteronomio: “Debes recordar lo que Amalec te hizo”. Como muchos israelíes saben, en venganza por el ataque de Amalek, a “matar por igual a hombres y mujeres, niños y lactantes” llama la Biblia.
  
 
El lenguaje profundamente alarmante no termina ahí. El 9 de octubre, el Ministro de Defensa de Israel, Yoav Gallant, dijo: "Estamos luchando contra los animales humanos y actuamos en consecuencia", una declaración que indica una deshumanización, que tiene ecos genocidas. Al día siguiente, el jefe del coordinador de actividades gubernamentales del ejército israelí en los territorios, mayor general Ghassan Alian, se dirigió a la población de Gaza en árabe: “Los animales humanos deben ser tratados como tales”, dijo, y añadió: “Hoy no habrá electricidad ni agua. Sólo habrá destrucción. Querías el infierno y lo tendrás”.

El mismo día, el mayor general retirado Giora Eiland escribió en el diario Yedioth Ahronoth: “El Estado de Israel no tiene más remedio que convertir Gaza en un lugar en el que sea temporal o permanentemente imposible vivir”. Añadió: “Crear una grave crisis humanitaria en Gaza es un medio necesario para lograr el objetivo”. 

En otro artículo, escribió que “Gaza se convertirá en un lugar donde ningún ser humano podrá existir”. Al parecer, ningún representante del ejército ni político denunció esta afirmación. Y podría citar muchos más.
 
 
 
En conjunto, estas declaraciones podrían fácilmente interpretarse como una indicación de una intención genocida. ¿Pero realmente está ocurriendo un genocidio? Los comandantes militares israelíes insisten con que están tratando de limitar las bajas civiles y atribuyen el gran número de palestinos muertos y heridos a las tácticas de Hamás de utilizar a civiles como escudos humanos y colocar sus centros de mando bajo estructuras humanitarias como hospitales.

Pero el 13 de octubre, el Ministerio de Inteligencia israelí supuestamente emitió una propuesta para trasladar a toda la población de la Franja de Gaza a la Península del Sinaí gobernada por Egipto (la oficina del Sr. Netanyahu dijo que era un “documento conceptual”). Elementos de extrema derecha en el gobierno (también representados en las FDI) celebran la guerra como su oportunidad para deshacerse por completo de palestinos. 
 

 
Este mes apareció en las redes sociales un vídeo del capitán Amichai Friedman, rabino de la Brigada Nahal, diciéndole a un grupo de soldados que ahora estaba claro que “esta tierra es nuestra, toda la tierra, incluida Gaza, incluido el Líbano." Las tropas vitorearon con entusiasmo; Los militares dijeron que su conducta “no se alinea” con sus valores y directivas. Y así, si bien no podemos decir que el ejército esté apuntando explícitamente a civiles palestinos, funcional y retóricamente podemos estar presenciando una operación de limpieza étnica que rápidamente podría degenerar en genocidio, como ha sucedido más de una vez en el pasado.

Nada de esto ocurrió en el vacío. Durante los últimos meses he agonizado mucho por el desarrollo de los acontecimientos en Israel. El 4 de agosto, varios colegas y yo hicimos circular una petición advirtiendo que el intento de golpe judicial del gobierno de Netanyahu tenía como objetivo perpetuar la ocupación israelí de tierras palestinas. Fue firmado por cerca de 2.500 académicos, miembros del clero y figuras públicas que estaban disgustados con la retórica racista de los miembros del gobierno, sus esfuerzos antidemocráticos y la creciente violencia de los colonos, aparentemente apoyados por las FDI, contra los palestinos en los territorios ocupados de la Ribera Occidental del Jordán.
 

 
Lo que habíamos advertido (que sería imposible ignorar sin consecuencias la ocupación y opresión de millones de personas durante 56 años y el asedio de Gaza durante 16 años) explotó en nuestras caras el 7 de octubre. Tras la masacre de judíos inocentes perpetrada por Hamás, civiles, nuestro mismo grupo emitió una segunda petición denunciando los crímenes cometidos por Hamas y pidiendo al gobierno israelí que desista de perpetrar violencia masiva y asesinatos contra civiles palestinos inocentes en Gaza en respuesta a la crisis. Escribimos que la única manera de poner fin a estos ciclos de violencia es buscar un compromiso político con los palestinos y poner fin a la ocupación.

Es hora de que los líderes y académicos de alto nivel de instituciones dedicadas a investigar y conmemorar el Holocausto adviertan públicamente contra la retórica llena de rabia y venganza que deshumaniza a la población de Gaza y pide su extinción. Es hora de hablar contra la escalada de violencia en Cisjordania, perpetrada por colonos israelíes y tropas de las FDI, que ahora parece estar deslizándose también hacia una limpieza étnica bajo el pretexto de la guerra en Gaza; Según informes , varias aldeas palestinas se han auto-evacuado bajo amenazas de los colonos.
 
 
Insto a instituciones tan venerables como el Museo Conmemorativo del Holocausto de los Estados Unidos en Washington, DC, y Yad Vashem en Jerusalén a que intervengan ahora y se pongan a la vanguardia de quienes advierten contra los crímenes de guerra, los crímenes contra la humanidad, la limpieza étnica y el crimen de todos los crímenes, genocidio.

Si realmente creemos que el Holocausto nos enseñó una lección sobre la necesidad (o realmente el deber) de preservar nuestra humanidad y dignidad protegiendo las de los demás, este es el momento de levantarnos y alzar nuestras voces, antes de que el liderazgo de Israel se hunda. a él y a sus vecinos al abismo.
 
 
 
Todavía hay tiempo para impedir que Israel permita que sus acciones se conviertan en un genocidio. No podemos esperar ni un momento más.»

 (Omer Bartov, 10-11-2023, The New York Times)
 
 
 
* Desde perspectivas gentiles.-


Una frontera arbitraria, una línea trazada por los hombres en algún momento de la historia, determina si te vas a llamar Leila, Ahmed, María, José, David o Esther. Ningún nombre es nuestro. Nuestros nombres no nos pertenecen, nos los otorgan al nacer. Llegamos por efecto del azar a un entorno u otro que nos moldea y nos nombra. Al nacer se nos lanza a un mundo que no conocemos cuya lengua, cultura y religión nos están impuestas.

Esas criaturas muertas en Gaza no eligieron nacer en aquella prisión a cielo abierto, convertida en una trampa mortal por la voluntad de una nación colonizadora que ha proscrito su humanidad. No eligieron nacer en aquella tierra codiciada por los siglos de los siglos que, por ser cuna de religiones monoteístas, parece estar predestinada al caos.
 
 
El Estado de Israel es el niño mimado y consentido de Occidente. Los países occidentales arrastran su complejo de culpabilidad a causa del exterminio cometido durante la Segunda Guerra Mundial contra los judíos de Europa delante de sus narices, e incluso con la colaboración directa de algunos países. A Palestina le ha tocado pagar la factura de la infamia del genocidio nazi.

Erróneamente, hemos pensado que el pueblo que ha sufrido la Shoah no podría cometer los mismos horrores que sufrieron sus antepasados. ¿Qué pensarían las víctimas de los campos de concentración nazi de los crímenes contra la humanidad de sus descendientes? ¿Qué opinarían del hecho de que esos criminales de guerra sigan esgrimiendo el Holocausto para monopolizar el estatus de víctimas, únicas y eternas, dignas de compasión?
 
 
 
Una nación asentada sobre tierras ajenas, dando la espalda y desobedeciendo a las resoluciones de la ONU desde su creación, que valora de manera supremacista una confesión religiosa sobre otras, que legitima el racismo y la desigualdad, no puede ser un ejemplo de democracia ni de derechos humanos. El ensañamiento contra la población árabe, desde el punto de vista histórico, es aún menos justificable, no se entiende la magnitud del odio manifestado hacia los pueblos que menos motivos dieron para la venganza. No hay que edulcorar la historia y pretender que nunca hubo fricciones entre las comunidades musulmana y judía en el mundo árabe; sin embargo, se puede aseverar que la convivencia fue más apacible comparada con las naciones europeas.

Al parecer, numerosos judíos de origen marroquí representan el ala más extremista de la derecha israelí y sus líderes forman parte del Gobierno actual que está masacrando a los palestinos de Gaza. La presencia del judaísmo en el Magreb es anterior al islam, además de los judíos amazigh autóctonos del país, llegaron los sefardíes huyendo de la persecución y de la Inquisición española. La historia reciente ha dejado un ejemplo loable en la persona del sultán de Marruecos, Mohammed V, el abuelo del actual rey, que defendió a sus súbditos de confesión judía cuando el Gobierno francés de Vichy, colaborador de los nazis, pretendía enviarles a los campos de concentración como hizo en Francia y en sus demás colonias con sus ciudadanos judíos. La oposición categórica e implacable del sultán, lo impidió y así pudo un sultán salvar a los marroquíes de confesión judía de la barbarie nazi.
  
 
 
Seguramente, un marroquí musulmán tiene más puntos en común con el israelí de origen marroquí que con el palestino. A este último lo une el idioma oficial y la religión (sin olvidar que hay palestinos que son cristianos), al primero lo unen los genes, la lengua, la cultura, la gastronomía, y un largo etc., únicamente los separa la religión. Las religiones no son el opio del pueblo, como afirma Marx relegando una realidad histórica que desmiente su reflexión. ¡Ojalá fuese así! ¡Estarían las personas creyentes relajadas, pacíficas y a gusto! Son las religiones el arma más mortífera que devastó a la humanidad a lo largo de la Historia. En el nombre de Dios, los pueblos se hacen la guerra y se odian a muerte desde hace lustros.

El azar decreta de qué lado de la frontera vamos a caer, pero el sentido de la justicia, la empatía hacia el sufrimiento ajeno y la capacidad de discernimiento nos pueden salvar de la ceguera comunitaria y religiosa, del odio indiscriminado y de la manipulación y propaganda de Estados. Cuando nuestros gobernantes legitiman y deslegitiman a su antojo, cuyas reacciones y medidas de doble rasero no entendemos, cuando los medios de comunicación nos inundan con imágenes e informaciones sesgadas con el fin de tutelar nuestro juicio, cuando los argumentos de los violentos nos abruman y nos confunden, únicamente nos queda cerrar los ojos y buscar las respuestas en lo más profundo de nuestro ser, en la esencia de nuestra humanidad. Esa luz tenue enterrada bajo espesas capas de creencias impuestas, de dogmas intransigentes, de prejuicios inculcados, de rencores heredados, etc. En definitiva, intentar despegarnos de lo adquirido a lo largo de nuestras vivencias e imaginar nuestra existencia bajo otro nombre. Y si mi nombre fuese Esther, ¿hubiera escrito el mismo artículo?"

 (Houda Louassini, 27-11-2023)
 
  
  

A veces los crímenes de Israel son tan horrendos que al principio ni siquiera entiendes lo que estás viendo. Simplemente lo miras fijamente tratando de darle sentido a lo que estás viendo por un momento, como lo harías si de repente vieras un extraterrestre o un duende o algo así. Me pasó ayer cuando estaba viendo un reportaje del 'Sky News' sobre un adolescente al que las fuerzas israelíes dispararon en Jerusalén por celebrar la liberación de los prisioneros palestinos en las negociaciones sobre rehenes con Hamás. Lo estaba viendo pensando para mis adentros: debo de estar entendiendo mal lo que estoy viendo. Sé que Israel hace cosas asquerosas, pero seguramente la historia aquí no podía ser que le dispararan al niño por ser feliz con algo.
 
 
Luego, como ha sucedido tantas veces durante los últimos dos meses, seguí observando y descubrí que sí, eso es lo que sucedió. Se ve a la teniente de alcalde de Jerusalén, Fleur Hassan-Nahoum, defendiendo el tiroteo diciendo que "parte del acuerdo es que no habría celebraciones por la liberación de los intentos de asesinato" (esto en realidad no era parte del acuerdo , era sólo una decreto emitido por el ministro de seguridad nacional de Israel) y afirmando deshonestamente que “estamos hablando de la liberación de intentos de asesinato” (la gran mayoría no han sido condenados por ningún delito y se les ha negado el debido proceso por las acusaciones en su contra).

La banda 'Eve6' resumió muy bien lo que se sintió al ver el clip de los comentarios del teniente de alcalde, tuiteando: “Lo notable de este clip es su seguridad en sí misma. Como si estuviera sumamente segura de que 'le disparamos al adolescente por estar celebrando' es algo que la gente encontrará razonable”.
 
 
Tuve la misma experiencia al leer sobre los 5 bebés prematuros que fueron dejados morir después de que las FDI asaltaran el hospital pediátrico al-Nasr en Gaza a principios de este mes, y sus cuerpos en descomposición sólo se descubrieron cuando el alto el fuego temporal permitió el acceso al hospital. Es demasiado loco para creerlo: ¿atacaron un hospital pediátrico? ¿Y luego dejaron a los bebés allí para que murieran? ¿¿Qué??

La única razón por la que estamos aprendiendo sobre esto ahora es porque la pausa en los combates permitió a los periodistas colocar cámaras en el edificio y mostrar a los bebés muertos al mundo. Esto recuerda el informe de 'Politico' inmediatamente antes del alto el fuego que decía que a la Casa Blanca le preocupaba que “una consecuencia no deseada de la tregua” fuera el “que permitiría a los periodistas un acceso más amplio a Gaza y la oportunidad de iluminar aún más la devastación allí y volver la opinión pública hacia Israel”.

De hecho, desde que comenzó la pausa en los combates, el mundo ha estado recibiendo imágenes de drones de plataformas convencionales como Reuters y Washington Post que revelan vastas extensiones de terreno urbano completamente destruidas por una capa de explosivos militares israelíes que se extiende de una manzana a otra. Observar la devastación descaradamente indiscriminada por ataque israelí a Gaza desde el 7 de octubre deja claro que las FDI no están apuntando a Hamás sino a la propia Gaza.
 
 
 
Me ha sorprendido lo mucho que he dormido desde que comenzó el alto el fuego; por eso no he escrito tanto. Supongo que pasar semanas mirando horrores increíbles que se desarrollan en tu pantalla puede ser bastante duro para tu sistema si eres sensible a ese tipo de cosas, así que mi cuerpo ha estado descansando tanto como puede mientras hay una oportunidad. Y simplemente estoy aquí viendo cómo se desarrolla todo esto de forma segura desde mi casa en Melbourne. No puedo imaginar lo que es vivir en medio del horror durante los últimos 2 meses, tratando de encontrar la mejor manera de sobrevivir y al mismo tiempo lamentar la pérdida de familiares, amigos y vecinos en el camino. Todas estas personas han quedado profundamente traumatizadas de maneras que las perseguirán por el resto de sus vidas, si sobreviven a la violencia, las enfermedades y las privaciones que están por venir.

Esto es sorprendentemente feo y podría volverse mucho peor aún cuando finalice el alto el fuego. Si hay algo positivo que se puede encontrar en esta pesadilla viviente, es que es tan terriblemente fea que podría despertar al mundo."

(Caitlin Johnstone, November 30, 2023)
  
   
 

    
  
La total eliminación de la población autóctona y su reemplazo fue factible en el pasado, en los siglos XVIII y XIX en América del Norte o Australia, pero Israel llega tarde a esa “solución final” de la que los propios judíos de Europa fueron víctimas en el mayor de los crímenes racistas de la historia moderna. Esa trágica paradoja desemboca en la loca agresividad del sionismo con su amalgama de violencia colonial de la vieja escuela, armas de última generación y una ideología supremacista envuelta en primitivas escenas bíblicas..."

Arraigada en una horrible y secular historia de persecución, el ansia de seguridad en un pueblo pequeño con 9 millones de habitantes, sin recursos naturales y rodeado de estados hostiles y poblaciones radicalizadas por décadas de injusticia y doble rasero, se traduce en una suicida política agresiva con todo su enorme entorno, insostenible sin el apoyo de EE.UU, un apoyo que no durará eternamente. Toda una sociedad de emigrantes inseguros ha sido educada en esa agresividad. Con sus políticos, militares y su sociedad civil llamando abiertamente y sin tapujos a la masacre de civiles, nunca la evidencia de un suicidio moral había tenido tantos espectadores. 
   
 
   
[Según bien citado René Naba tiene... "a 4 de diciembre, el reputado historiador palestino Walid Al Khalidy, fundador del Instituto de Estudios Palestinos, calcula que Israel habría ya matado a casi 20.000 palestinos, la mayoría civiles, en 6 semanas de guerra contra Hamás en Gaza, más que en 106 años de presencia judía en Palestina, que comenzó con la Promesa Balfour de crear un «Hogar Nacional Judío en Palestina» en 1917. 
 
Por su parte, Haytham Manna, Presidente del Instituto Escandinavo de Derechos Humanos (SIHR) y decano de los opositores políticos sirios, nos ha ya documentado cómo la guerra para destruir Gaza se había cobrado en 55 días el doble de víctimas civiles que en los 2 años de guerra en Ucrania (2022-2023).  
 
Y añade que los números de periodistas, médicos o personal de agencias para la ONU que operan en el enclave y han muerto, es infinitamente superior al de muertos entre esos colectivos en 20 años de guerra de Vietnam (1955-1975) o en 8 años de guerra de Irak (2003-2011).Más concretamente, 50 periodistas habían muerto en 45 días en Gaza, 11 de ellos en el ejercicio de sus funciones: una de las cifras de muertos más elevadas de este siglo..."] 
   
El 'único Estado democrático' se muestra como un 'Estado cainita' sólo allí
 
La actitud de los gobiernos occidentales ante el espectáculo de una masacre apoyada militar y políticamente, justificada y disimulada por sus medios de comunicación y retransmitida en directo, han ensanchado como nunca la brecha existente entre Occidente y el Sur global, incluso en las metrópolis occidentales, en algunas de las cuales se prohíben y criminalizan las manifestaciones de apoyo a los masacrados. De repente ha quedado clara la negación del principio de igualdad entre seres humanos practicada por el Occidente ampliado. Ha quedado clara la compatibilidad de los “valores europeos” y de todo el instrumental semántico sobre la democracia y los derechos humanos con esa negación. La memoria histórica del Sur ha recordado en Gaza que el colonialismo extendió la “civilización” a base de genocidios perfectamente compatibles con la ilustración, la separación de poderes y el parlamentarismo. 
 
 
El espejo de la memoria histórica europea ha recordado también la coexistencia del humanismo renacentista con las guerras de religión, y de Auschwitz con la “gran cultura” alemana. En Alemania y Francia los sucesores y descendientes de Hitler y de Petain, y en el conjunto del establishment de la Unión Europea todo un ejército de políticos, funcionarios y comunicadores, han dado la espalda a la realidad del genocidio de una forma que recuerda al conformismo con la ola genocida de las décadas de 1930 y 1940. En el colmo de la incongruencia, el actual apoyo a Israel y la correspondiente islamofobia, se fundamentan en la responsabilidad por el judeicidio de entonces. Y ese suicidio moral sugiere que la continuación de esa infame serie histórica es perfectamente posible en la actualidad y que tiene futuro..."
 
[Rafael Poch]
 
  
  

 
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