jueves, 8 de septiembre de 2016

Es corta nuestra vida; y no iremos a más [año] derrochar en seguirles la corriente de su Casta

  
Estos días, rememoramos el Arte de Caminar, paseando por algún sendero: “desde una colina los granjeros, y todo su trajinar, son apenas más visibles que las marmotas o cualquier madriguera: el hombre, con sus asuntos (iglesia, Estados, agriculturas, Mercadear, escuela, Comerciantes y manufacturas, e incluso -lo más alarmante de todo ello- la Política)... me complace ver qué poco espacio del paisaje al fin ocupan. Hacia él lleva la carretera de allá donde a veces dirigí algún viajero: 'si deseas ir al mundo de lo político, toma el camino recto; sigue tras ese negociante, písale los talones y te conducirá derecho hasta llegar, ahí (pues ello no tiene más que tan estrecho lugar; ni ocupa, tampoco, cualquier otro sitio)'...
  
Camino del bosque paso junto a políticos, como entre campos de judías; pronto caen todos al olvido: en apenas media hora puedo perderme por ciertas zonas de terreno donde ninguna persona puso sus pies el último año ni, consiguientemente, se vio tampoco política; pues como la del humo de un cigarro es, tan sólo, su existencia.” (1)
  
   
“El sabio es reposado, y nada impaciente ni tampoco inquieto: reside donde se halla, en cualquier momento, como lo harían algunos caminantes, al descargar todo el peso de su cuerpo sobre cada pisada; mientras otros nunca lograrán relajar los músculos de las piernas, hasta cuando la fatiga que acumulen les obligue a parar en seco.” (2)
    
    
“No te obceques en que sean las cosas tal como piensas... Haz eso que nadie por ti puede hacer; y omite todo lo demás.” (3)
 
   
“Sólo quien diletante o vago es carece del ocio para sus proyectos verdaderos. Preocúpate por, o dedícate a, ellos; y ningún incidente podrá sucederte, ni te distraerá con vanos compromisos.” (4)

   1/   ‘Walking’, 1862
       2/   'Diary', 17.9.1839       3/   íbidem 9.8.1850       4/   ídbiem 21.4.1854)
  
En fin, apartados un poco de lo que pretenda dictarnos tan inapelable actualidad palpitante, cabría recordarse algunas nítidas advertencias clásicas fundamentales para nuestros actuales casos -y, sin embargo, en general- ya olvidadas: 
 
“... mientras erramos de aquí por allá sin seguir a otro guía sino los clamores o rumor discordante que nos llaman hacia distintos lugares, consumida será entre tanto error nuestra corta vida, por más que... trabajemos día y noche para un mejorar (...) Habrá que decidir pues, adónde nos dirijamos y por dónde, no sin ayuda de alguna experiencia. Pero aquí el camino más frecuentado y famoso sería el que mejor engaña...
   
Nada importa, pues, más que lograr no seguir al rebaño de quienes nos preceden cual ovejas; yendo así, no a donde hay que ir, sino por ahí adonde van. Y ciertamente nada nos envuelve con mayor mal que acomodarnos -a rumores- persuadidos del cuánto será mejor aquello admisible por el asentimiento de muchos; o sea, tener como supremos los ejemplos numerosos y no vivir racionalmente, sino en la imitación.
   
  
De ahí las aglomeraciones tan grandes, entre personas, que se precipitan una sobre otra: lo que ocurre durante cada catástrofe colectiva grande -cuando la gente misma se aplastaría, pues nadie caerá sin arrastrar a otros, y los primeros son perdición del que seguíales- puedes verlo suceder en toda vida; ninguno solo por su cuenta yerra, sino que causa y autor es del error ajeno, a su vez.
  
Dañino sería, pues, el apegarnos a quien delante vaya; y como todos preferirán algún creer a juzgar, casi nunca se juzgaría sobre nuestras vidas, creyéndose siempre. Con lo cual nos pierden, o perturban, aquellos errores que pasando van desde manos en manos: perecemos por el ejemplo de los demás, estaremos a salvo si nos separamos de la masa.
  
Pero ahora la multitud se opone a más razones, en defensa de su propio mal. Y sucede como con los comicios: tras de cuya celebración, aquéllos mismos que habrían nombrado algunos pretores admíranse del cómo hayan podido llegar al ser nombrados, cuando muda ya el inconstante favor. Pues aprobamos y condenaremos unas mismas cosas, tal es el resultado...”
  
(Sobre la felicidad: 'De vita beata', L. A. SENECA)
 
   
“(…) salvo en el caso de muy pocas personas, a la mayoría, las abandona su vida cuando aun preparándose andan para lograr aprovecharla. No tienes un tiempo escaso, sino perdemos mucho. La vida es lo suficientemente larga -y se nos dio con generosidades tan sobradas- como para realizar las cosas más grandes, con tal de haberla empleado bien completa…
    

Ninguno recibimos unas cortas vidas, nosotros mismos las hemos acortado. Y tampoco seríamos nada menesterosos, en absoluto; ¡más bien derrochadores, con ellas...! Tal como una riqueza cuantiosa crece al emplearse, igualmente, su existencia se le dilatará mucho a quien mejor la organice…
       
¡A cuántos les han resultado sus riquezas algunas pesadas cargas! En realidad no querrías estar con otro, sino que tampoco serías capaz de quedarte a solas contigo mismo. ¿Y se atreve a quejarse por las arrogancias de otros alguien que nunca guarda tiempo para sí mismo? «De nuestra vida, escasa es aquella parte que vivimos»; porque todo lo restante para cada existencia no son vidas, ya, sino mero tiempo…
    
¿Cuál es la razón de todo esto? Vivís igual que si fuerais a vivir para siempre, nunca reparáis en vuestra fragilidad, ni calculáis cuánto tiempo se os ha pasado ya. Todo teméis como los mortales que sois; y también, como inmortales, lo anheláis todo…
  
¿No te avergüenza reservar para ti lo sobrante, de tu vida, y destinar al bien espiritual solo aquel tiempo que no puedes dedicarle a ninguna otra cosa? A vivir hay que aprender la vida entera y, lo acaso más extraño aun, durante toda ella deberemos estar aprendiendo a morir…
    
Aquel que organiza cada jornada, como si fuere la última, ya el mañana no anhela; ni tampoco recela del mismo. Sin embargo, real mente, nadie aprecia el tiempo; se maneja con soltura, despilfarrándolo, como si fuera gratuito. Aunque debería guardarse con mayor cuidado lo que no se sabe cuándo habrá de faltarnos.
  
Ninguna razón hay para pensar de alguien que, por sus más canas y arrugas, vivió mucho: éste no habría vivido acaso; sino que tal vez apenas ha continuado existiendo, solo, tantos años…
       
   
¿Puede haber algo más estúpido que aquellas actitudes de quienes presumirían por ser previsores? Andan empeñados con demasiadas tareas para poder vivir mejor, equipan sus vidas a base de gastarlas, y el pensamiento desde su mente se dirige a lejanías del futuro.
  
Pero, claro, un mayor desperdicio de vida es la dilación: anula cada día según va presentándosele como si el primero fuese, arrebata escamoteado todo presente mientras que sigue prometiendo lo por venir de más allá. En fin, ¿quieres atinar a saber hasta qué punto viven muy poco? Mira cuán largos tiempos anhelan vivir…
    
Los únicos ociosos verdaderamente son quienes permanecen libres para dedicar tiempo a la sabiduría; son ellos, única mente, los que viven: aquellos que a diario quieren tener por sus más allegados al cortejo de los Zenón, Pitágoras, Demócrito y demás oficiantes -en tan buenas artes- como Aristóteles o Teofrasto.
  
Ninguno entre todos estos dejará de tener tiempo libre; como tampoco podría nunca despachar a quien hasta él acuda sin hacerlo más dichoso, si no es conforme consigo mismo; ni aun consentirá que nadie se vaya de su lado con las manos vacías. Lo mismo de día que por las noches, todo el mundo puede abordarlos…
    
Solemos decir que no estuvo en mano nuestra el poder elegir qué padres habían de caernos por suerte, tan sólo se nos dieron al azar. Ahora bien, sí que se nos permite nacer a nuestro albedrío. Tal será el único método de prolongar nuestra vida mortal, y hasta del llegar a transformarnos en inmortales…
    
No hay nada sin alterar, o hasta derruir, por una larga vejez que finalice revocándolo; salvo, en cambio, aquellas cosas a las cuales consagró la sabiduría: nunca los muchos años consiguen su perjuicio; y ninguna edad puede ahí hacer menguas, ni borrarlas
    
 
De manera que la vida del sabio logra extenderse mucho; él es el único a quien se ve libre de leyes del género humano; todas las épocas, como al dios, le prestan servicio. Que algún momento ya pasó, lo poseerá mediante recuerdo. Si es inminente, aprovéchalo. ¿Habrá de llegar todavía?, pues lo anticipa. Muy larga vida le otorga la reunión de todos los momentos en uno solo…
  
Más corta y sin sosiego es en cambio la vida de aquellos que olvidan las cosas pasadas, descuidan lo presente y abrigan temores del porvenir: cuando lleguen hasta el final de sus existencias lograrán comprender muy tarde, desdichados, cuánto tiempo han estado afanándose para no hacer nada.
     

  
Y es que, si las tareas los dejan libres alguna vez, se requeman desamparados en la desocupación por no saber de qué manera organizarla ni cómo salvarse. Así pues, aguardarán buscándose cualesquier ocupaciones concretas; y mientras, en medio, se les hace pesadísima toda hora.
    
Cuando esperan algunas convocatorias, de un festival o una diversión, querrían ir saltándose los días intermedios; toda dilación de algún acontecimiento será para ellos larga. Cada día lo pierden aguardando la noche, y malgastan ésa en temer el alba. Un ocio auténtico nunca es llevado a cabo, en realidad, aunque siempre se anda echando de menos…
    
El peor estorbo para vivir son las expectativas, porque dependen del mañana y entre tanto dejan perderse lo de hoy. Dispones de lo que puesto está en manos de la fortuna y sin embargo, al mismo tiempo, abandonas cuanto ya es alcanzable por las tuyas…
   
Por fuerza es muy desagradable, y no sólo corta, la vida para quien se procura mediante un gran esfuerzo algo que luego habrá de poseerse con otro mayor todavía. Consigue trabajosamente aquello querido, retiene con angustia cuanto alcanzó; y entretanto sobre un tiempo que no ha ya de jamás volverle, nunca echaría cuentas ningunas…”
 
(Desde fugacidades, 'De brevitate vitae', Lucio Anneo SENECA)
      
Pero, ¿concluiremos con todo eso algo parecido a una mera neutralidad, y accidentalismos e indiferencias, frente a la Política [es decir, las 'Res -o cosas- Publicas', más allá de cucañas partidistas por sus poderes...] en fin?
      
¡Nunca, pues hay siempre opción mejor! Como bien acaba de resaltárnoslo una lúcida intelectual, con sus luminosos escritos, aquí ahora:
  
- Que la «poesía no neutral» es... Ah, ¿y los versos combaten?
   
- “Afirmaba Celaya que la poesía es un arma cargada de futuro… Yo no creo que sea un arma, pero sí tiene una capacidad de incidir en las conciencias de las personas. Eso sí, sí... Las luchas a conciencia son bestiales; y a menudo luchar es desaprender todo lo que habíamos aprendido. Hay veces en las que, al desaprenderte, ayuda un poema.” 
  

- ¿Quién ha usurpado el poder al verso?
   
- “El verso no ha tenido un gran poder, nunca. La capacidad que tiene la poesía para en la gente incidir, teniendo un mínimo poder, como a fuego lento es. De tú a tú. Muy derecho al corazón de la conciencia.”
 
- Confiéselo, lo que pasa es que aspiraba usted a cambiar el mundo... ¿Ya no?
 
- “Sí, claro. Seguimos necesitando cambiar este mundo; lo que pasa es que, ya, no lo espero. Yo sigo en esto para que nunca me cambie, a mí, el mundo. Y sé que no voy a cambiarlo. Pero necesitamos resistir en una conciencia poética para que al menos, el mundo, a nosotros tampoco nos cambie.”
 
(Entrevista con M. Ángeles Maeso en el 'Diario de Soria', 5.09.2016)


     

viernes, 2 de septiembre de 2016

Más de 600 Víctimas (¡Muertas, por año!) con siniestros -"laborales"- que acá solo toleramos

  
Tras el dato para 1er. Semestre del 2016, las muy siniestras contabilidades de MUERTES en los empleos (por Cuenta o beneficio Ajen@) persisten con impunidad; sin llegar aun a ser nunca jamás objeto prioritario ante t@ntísimo 'Acuerdo consensuable -o Pact[it]os para Reformas- y Regeneraciones' como luce toda la Casta, polític@mediática, plurinacional...

  
   
Se suceden estas "Campañas" electoreras (y más o menos "Primarias", hasta la suciedad), con apabullante discursear atronador en t@nt@ supuesta lumbrera opositando a Padre &Madre para nuestra(s) Patria(s), cada poquitos; mas nada cambia, ninguna de todas ellas, al respecto: lo mismo da, si todavía no es aun peor, referirnos a la mortal sangría del 2014 que reportar escandalosas carnicerías más recientes...
  
   
   
Ya se han llegado a registrar -oficialmente- hasta 301 Bajas Mortales por siniestralidad dizque 'laboral' tan sólo durante nuestro último semestre, Enero/Junio del 2016.
 


 
     
Y nadie aun parecería ver anómalo un hecho del estarse incrementando en el 5'61% la cifra correspondiente para igual periodo de 2015, que habían sido -entonces, ya- 286 muertos, ¡mientras por otro lado apenas vivimos 'recortes' generalizados en tanto los precios cuanto las actividades económicas o el poder adquisitivo salarial medio...!   
   
   

   
    
¿Hasta cuándo seguiremos igualito, sin reaccionar ni siquiera planteando -en serio- alguna exigencia de Ley o Plan Integral contra Siniestros [malditos] 'laborales'...?
 
 
 


martes, 30 de agosto de 2016

Apuntes: acerca del ["Hatha"] YOGA, hoy aquí hacia -otra Meditación para- mejor Conciencia

  
  
Todo saludable y auténtico vínculo con las técnicas del Yoga pasa por -como se ha repetido- el "conseguirse subordinar practicantes de aquéllas a su fin más primordial, que tan frecuentemente se olvida: yoga chitta vritti nirodha, o sea, 'el Yoga es para procurarnos atenuación entre nuestras fluctuaciones mentales’ [según, con autorizada precisión, nos lo explicaba Miguel Fraile].
    
Utilizarlo como un camino para detenerlas, alcanzándose aquellos grados necesarios de concentraciones ante toda evolución interior, le supone su auténtico fin al Hatha yoga; y los demás usos de técnicas yoguis pueden ser también válidos desde cierta lectura específica, pero nunca serán el Yoga, real mente…
  
             
   
Su verdadera vía es la del silencio interior, inundando al ser de sabiduría; y abolirse tal 'fluctuación mental' sería un íntimo sentido, para cualquiera..."
  
  
Era el Yoga un sistema clásico y antiquísimo emanado desde la India, como método para mayor expansión o autodominio del espíritu humano, buscando algún equilibrio entre los diversos componentes de su personalidad... En Occidente ha conocido grandes auges tras de las últimas décadas; y lo practican tanto quienes tienden a un horizonte más dilatado, espiritual, como los que se preocupan por sus 'líneas' o formas físicas. 
   
No obstante, reina entre nosotros una gran confusión en torno a todo lo yóguico porque algunas mayorías entre los tratadistas no habrían sabido desapegarse respecto a conceptos y figuras originales pero propias del mundo oriental; y por otras adulteraciones con las que ha estado sometido dentro de algunos movimientos místico-psicodélicos.
  
 
No hace mucho conocimos al respecto una buena síntesis explicativa recopilada por J. Mtnez. Ortin… Mas previa mente, varias décadas anterior todavía del que nos invadiera el ‘agujero negro’ mental de los –hoy, omnipresenciales, ya- smartphones, tuvimos la fortuna de recibir con X. Moreno Lara un aviso muy atinado: “Si los hombres -de ahora y aquí- son presa del desequilibrio en gran medida se debe al que, sin aventura interior, adolecerían empobrecidos con aquellas constantes alienaciones padecidas por entregarse a nuevos ídolos o ser manejados desde la publicidad y propaganda continua.
  
  
El equilibro es una de las actitudes, humanas, dinámicas: nunca se da con estados de reposo. Lo cual significa que buscarlo implica ir caminando. Así se inferirá cómo el yoga sería un camino a través del cual resulta fácil marchar en busca de los equilibrios; y por ello también, precisamente, puede suponer una senda de liberaciones. Occidente, pese a su gran civilización técnica, se ha vuelto hacia el Este al recordar la expresión bíblica 'Lux ex [vendrá Luz del...] Oriente'... Ambos han intercambiado influencias y contacto desde antiguo, e interesaría detenerse cuando menos en dos, al respecto.
   
 
Lo primero fue cierta influencia desde hinduismos en el pensamiento más occidental mediante bimilenaria escuela neoplatónica que, a pesar de su filiación inicial pagana, marcó algunas improntas decisivas entre todo posterior cristianismo: mística como progreso, y ascensión gradual, desde las cosas hacia 'lo Uno': con los Plotino, el Seudo Dionisio, S. Agustín de Hipona, Meister Eckhart, Juan de la Cruz u otros, Occidente siempre tuvo unas líneas abiertas al misticismo -teórico y práctico- más fecundas incluso en su singularidad que las orientales.
  

  
El otro caso con una notable similitud -tanto que puede verse influencia- nos lo supone la Filocalía o Hesicasmo, escuela de plegaria por los 'Padres del desierto', desde siglos VI al VIII. Esos eremitas practicaron métodos del orar que se basaban en repetición sistemática para fórmulas fijas, idéntico a lo empleado por los orientales al reiterar sus mantras; por ejemplo, la sílaba 'OM' usable como sagrada... Según Goethe, 'el pensamiento dilata, mas paraliza; las acciones nos vivifican, aunque limitando'.
   
   
Y aquí valdría también aquel verso de Machado: 'al andar se hace camino'... Nuestra mente no tiene costumbre del moverse por un itinerario lineal, concatenado, lógico; sino que más bien salta incansable desde algún objeto hacia otro, de una sensación hasta lo contrario u otra con la cual nada tenga en común, o a cualquiera semejante. No respeta tiempos, haciendo presentes los pasados o el futuro, sin establecer ninguna frontera -decisiva- entre su vivir y lo soñado.
  
  
Si usualmente presentamos nuestras vivencias como algo único, y/u homogéneo, solo se debe a cierta conciencia seleccionándonos determinadas porciones de tal proceder mental sobre las que afloraría la misma tónica creándoles lazos artificiales para unión; al relacionarlas entre sí, o con respecto a nosotros en unos antes, ahora y después.
   
  
Pero esta visión consciente, sobre nosotros mismos, tan solo es una pequeña parte de nuestro ser en la totalidad; y a su vez dicha realidad como conjunto -no lo que nosotros mismos pensemos...- nos determina todo cuanto nuestra personalidad será. De ahí es que seamos para nosotros mismos algo tan desconocido; y que al comienzo de toda inquietud personal siga campeando aquel lema, clásico, del oráculo en Delfos: '¡conócete a ti mismo!'.
  
En líneas hacia tal conocimiento profundo dirige los pasos el Yoga por su característico modo al enfrentar las apariencias -en tanto que grandes enemigas del practicante, como de cualquier otra persona, con espíritu...- contra la realidad. Desmonta el proceso de la mente durante una primera fase purificadora, y concentra su atención en algún objeto luego a fin del hacerla fuerte al evitarle dispersiones.
  
  
Con sus experiencias llegaremos a comprender cómo el secreto ante todos los esfuerzos humanos estaría en identificarse. Tal afirmación del yo es un acto de rebeldías, en el origen para todo yogui, porque niega valor a las apariencias -y jerarquía establecida sobre aquéllas...- desde determinadas actitudes con absolutas independencias. Para desarrollarse todo su programa cuenta el Yoga con sus 3 elementos fundantes, no aislables: respirar, posturas y concentración.
  
   
Pretende alcanzar ceses del alocado discurrirse de aquellas imágenes con las que cualquier sentido bombardea sin cesar a nuestra mente, sumergida por otra parte además entre los flujos y reflujos en la memoria, tanto para el recuerdo cuanto creando sus fantasías... Poner orden sobre tales desconciertos es empeño de una disciplina mental, que se denomina 'Pratiahara'.
  
 
  
Y después, la conciencia intenta llegar hasta un intuitivo conocimiento de lo esencial entre las cosas, en el preciso instante que ha ya logrado detener tal proceso discursivo para su mente.
   
  
Lo importante será, pues, afrontar las apariencias en busca de una más profunda realidad interior: partiendo desde los desequilibrios percibidos en sí mismo -dividido entre deseo contradictorio, esclavizado por costumbres y hábitos que arruinan salud o empobrecen personalidades- el practicante del Yoga es un rebelde buscando libertad; y la encuentra con aquel 'yugo' que cada cosa coloca en su sitio...”
  

jueves, 11 de agosto de 2016

De 'Reformas [pro delincuencias] fiscales' que nadie aquí pide (ni Podemos…) ya derogarnos

  
El problema fiscal de nuestro país no está en las cuantías del gasto público, uno de los más reducidos entre toda Europa; es un escaso nivel para sus ingresos, menor también a una mayoría de la UE, y cuyas causas hay que buscarlas -no exclusivamente, pero sí en forma significativa- por el muy desorbitado Fraude impositivo.
  
  
Casi todo Partido político, a la hora de solucionar problema en recaudación, se centrará con 'las defraudaciones': dicho recurso –por lo menos en declaración- resulta más cómodo y conlleva costes electorales menores para ellos a los del plantearse una verdadera Reforma tributaria que, mírese como se quisiere, implicaría un incremento sobre muchos ciudadanos de su presión fiscal...
 
[Nos lo ha vuelto a desmenuzar muy claro, con sus pedagógicas divulgaciones, Juan F. Martín Seco]:
   
  
Estamos acostumbrados a que los delitos fiscales no tengan la correspondiente sanción penal y -lo que ya es aún peor- tampoco la social, sobre todo si se trata de un personaje famoso; pero gestos adoptados en el último ‘caso…’ por el FC Barcelona exceden todos los límites de la indignidad. Tras la condena por 21 meses a cárcel del futbolista, dicho club azulgrana ha lanzado una campaña bajo el poco afortunado eslogan de ‘Messi somos todos’. La realidad es muy otra, pues muy pocos son los que pueden cobrar esas cantidades astronómicas percibidas por el futbolista… ¡las mismas que le permiten sisar al Fisco, es decir a todos los españoles, 4’1 millones de euros!
  
El quid de la cuestión estaría en cómo tal defraudador, y otros muchos, están robando a toda la ciudadanía; ponen en peligro su empleo, la salud de las familias, educación para los hijos, el cuidado a sus ancianos y tantísimos servicios más que peligran por insuficiente recaudación…
  
Según dicen, ‘el Barça es algo más que un club’. Ese plus es el nacionalismo, de manera que se dobla el sectarismo, sectarios al cuadrado. Solo ese duplo de fanatismo podría explicar -que no justificar- alguna postura tan ilógica… La historia es muy antigua ya. Comenzó allí, en la plaza de Cataluña, cuando Jordi Pujol salió envuelto con su senyera para librarse del ser procesado por los trapicheos desde Banca Catalana; y ha continuado a lo largo de otros 40 años ya entre complicidad por todas las demás fuerzas políticas en Cataluña más el resto del Estado…
     
La defensa por el Barça C.F. -de Messi- no es desde luego desinteresada, está conectada con autodefensa propia del Club inmerso entre quién sabe cuántos procesos judiciales; de los cuales está librándose siempre a base del dinero. Y es ahí donde radica la más auténtica vergüenza, en que los delitos económicos -especialmente si son fiscales, esto es, llamados ahora ‘contra las Haciendas Públicas’- terminen saldándose tan simplemente con el pago de cantidades defraudadas más una pequeña multa, o sin que sus delincuentes lleguen jamás a pisar ni una cárcel (…) Pero para erradicar esos fraudes nunca bastará con decirlo, sola mente, y desde luego los distintos Gobiernos tampoco han mostrado hasta hoy demasiado interés en conseguirlo.
   

             
No es el momento del enunciarse aquí todo un catálogo completo de las posibles medidas encaminadas a este fin, pero sí cabe citar 2 fundamentales: primero, incrementar conciencia fiscal para esta sociedad, haciendo conscientes las ciudadanías de cómo cualquier gran defraudador es un delincuente y atenta contra el bienestar social en mayores medidas a otros muchos que se pudren durante años desde la cárcel. Todos los defraudadores, y más cuando sean famosos, deben sentir como cualquier delincuente las reprobaciones o desprecio social. Sin que su popularidad, en el ámbito que sea, pueda servirles para coartada ni excusa; sino más bien de agravante...
  
Lo segundo será garantizarse una efectividad al castigo penal, por delitos fiscales, que se diferencie con respecto a la mera sanción administrativa en el conllevar penas de cárcel. Cuando se muevan los fraudes en torno a cantidades elevadas las sanciones administrativas, siempre pecuniarias y no demasiado altas, resultarían inoperantes. Una baja probabilidad del que aquella infracción fuera detectada, contrapuesta con lo reducido de sus multas, ofrece hoy ‘esperanza matemática’ favorable a tamaño fraude. Casi es rentable siempre. Mientras todo se arregle con más dinero, esa tentación del evadir se mantendrá entre los grandes contribuyentes. Y únicamente su miedo a un ingresar en prisiones, igual que cualquier otro ladrón, pudiere actuar como elemento disuasorio.
  
       
El nuevo ‘delito fiscal’ llegó para nuestros ordenamientos jurídicos, como una contrapartida por aquellos Pactos de la Moncloa, en 1977; pero lo cierto es que 40 años más tarde casi está sin estrenar. Podrían contarse con los dedos de una mano aquellos ciudadanos que han entrado en prisión por condenas derivadas, exclusiva mente, desde dicho tipo penal. En una sociedad garantista como la nuestra, para la que resulta difícil demostrar cualquier dolo, siempre hay obstáculos e impedimentos mil; tanto más por cuanto que los delitos no están bien tipificados y jueces o fiscales participarían de una gran permisividad en la sociedad a las horas del enjuiciarse gravedades del fraude.
      
A lo largo del último casi medio siglo muchas han sido las modificaciones que sufrió esa materia en el Código Penal. Algunas de ellas tendentes a tapar agujeros que se habían venido detectando, sin duda; pero, por alguna especie de maldición del destino, las propias medidas positivas fueron acompañadas con otras que siempre invalidaban el delito.
  
       
Así ocurría con la 'Reforma' de 2012 que, junto a otros aspectos claramente favorables, introdujo el punto 6 del artículo 305: determinó que si defraudadores reconocen -judicialmente- los hechos y pagan toda deuda tributaria, durante un plazo de 2 meses desde sus citaciones por el juez como imputados, verán reducidas las penas en 1 ó hasta 2 grados... Esto supone que, aun tratándose del ‘tipo agravado de fraude’ (artº 305 bis) y aunque su rebaja sea únicamente 1 grado, la pena en prisión podría no superar los 2 años (lo que implica no entrar a ninguna cárcel el delincuente); y que la multa cabrá fijarla entre un 25% y el 50% sobre las cantidades defraudadas, o sea, muy inferior a sanciones preceptuadas por alguna infracción meramente administrativa en el artículo 191 de Ley General Tributaria; podrían darse por lo tanto casos del que alguien solo cometiendo unas infracciones administrativas debiese hacer frente a multa superior de la establecida para un condenado por delito fiscal, quien además así no entra en prisión.
   
La guinda se ha producido tras otra última Reforma el mes de marzo del año pasado cuando mediante ley orgánica se introdujo para nuestro Código Penal su artículo 308 bis, disponiendo que podrá suspenderse una ejecución de pena con prisión en los delitos contra las Haciendas Públicas cuando se procede al abono de la deuda; ¡mas añadiéndose que tal requisito podrá entenderse 'ya cumplido cuando el penado asuma un compromiso del satisfacer sus deudas tributarias y sea razonable'... aguardársele que lo mismo será por fin así, en efecto, atendido!
 

  
Es decir, que los -más- grandes defraudadores no deben preocuparse. Porque si tuvieren esa mala suerte del ser detectados con inspección de Hacienda (cosa nada probable) y quedar acusados por delito fiscal, siempre pueden librarse de llegar hasta entrar en prisión, abonando entonces lo defraudado; e incluso, si no les viene bien pagarlo ni aun en esos momentos, bastará con dar su palabra de que, cuando tengan algún rato, harán el pago correspondiente. Es más, contarán siempre con algunos colectivos -como el FCB- y medios de comunicación afines, que los convertirán en contribuyentes modélicos perseguidos [‘inquisitorial mente, por fines confiscatorios’...] o héroes.
  
(J.F Martín Seco, en República.com: ‘Vivan los chorizos… si son culés’, 21/7/16)