martes, 8 de noviembre de 2016

Autócratas: desde -por allá- Trump... al Partit Socialista de Cataluña (PSOE) sin ir más lejos


Quien siga sin entender aún lo de 'Trump contra... Hillary Clinton' puede imaginárselo parecido a otros dilemas por 'Gil y Gil -o, mejor, Ruiz Mateos- compitiendo enfrente de... Ana Botella'.

E, igual mente, recordamos aquello del Viejo Profesor Tierno Galván (que desde su Partido Socialista Popular justificaba sus exiguos resultados electorales partidistas llamándoles "votos de calidad..." a los escasos tenidos antes de ser absorbido por el PSOE): "para no cumplir, son promesas electorales..."
 
¡Vaya disyuntivas, entre poco [atrayentes] demócratas, en la cruda realidad!, ¿no?
  
           
"Ha sido motivo de hilaridad, cuando no de preocupación, la respuesta dada por Donald Trump acerca de si iba a aceptar los resultados electorales. En su contestación hizo honor a su fama y a su trayectoria: “Aceptaré los resultados electorales si gano”. La opinión pública internacional ha quedado pasmada de una respuesta “tan democrática”. Pero he aquí que la postura adoptada por el Partido Socialista de Cataluña (PSC) en la investidura de Rajoy tampoco ha sido muy diferente; de hecho, es una actitud que abraza con demasiada frecuencia. Participa en los órganos de decisión del PSOE, pero solo asume los acuerdos si le conviene y coinciden con su opinión. Lo ha hecho ahora y en otras múltiples ocasiones, por ejemplo en esa defensa del derecho de autodeterminación de Cataluña.
  
Hay que reconocer que en Cataluña la postura de romper la baraja si no se gana no es propiedad exclusiva del PSC. Los secesionistas han adoptado una actitud similar. Usan las instituciones españolas al tiempo que las repudian; recurren a los tribunales pero solo aceptan sus sentencias si les favorecen y los deslegitiman si les son adversas; mantienen que las leyes españolas no rigen para Cataluña, pero ellos concurren en la elaboración de esas mismas leyes. Los catalanes han participado en los gobiernos, y en las Cortes en mayor -o al menos igual- medida que cualquier otra región de España. Al tiempo que se nos han declarado 'independientes' del Estado, se sientan en el Congreso español; e intervienen para las elecciones del Presidente de Gobierno.   
 
Entre ambos, PSOE y PSC, sus relaciones totalmente asimétricas han sido: mientras los miembros de este último partido son celosos de su independencia y no permiten que los militantes del PSOE se inmiscuyan en la elección de sus órganos directivos, ellos sí participan en los del PSOE. Podemos recordar cómo los votos del PSC fueron decisivos en la elección de Zapatero, cuyas consecuencias hemos pagado todos.
   
Iceta, con tono melifluo, tras mostrarse inquebrantable en el voto negativo de los diputados del PSC en la investidura, se ha dirigido a sus compañeros del PSOE pidiéndoles comprensión y que sean conscientes de las especiales circunstancias de Cataluña. Es un mantra del nacionalismo, o de aquellos que lo imitan, recurrir a la especificidad de Cataluña; y reclaman compresión a todos los demás. Comprender, comprender, se comprende todo, pero no son las Comunidades ricas (Madrid, Cataluña y el País Vasco) las que necesitan mayor comprensión, sino las Comunidades de menor renta per cápita (Extremadura, Andalucía, Castilla-La Mancha, etc.).
     
  
Es verdad que el PSC se encuentra en una situación crítica, pero de eso nadie más que ellos tienen la culpa por coquetear con el nacionalismo, y si continúan por ese camino en el futuro no les va a ir mucho mejor. El otro día en las Cortes tuvieron ocasión de constatar lo que pueden esperar de partidos como Esquerra y en energúmenos como Rufián. Es cierto también que el sentimiento secesionista ha aumentado en los últimos años en Cataluña, pero la responsabilidad en buena medida recae también sobre ellos propiciando y aprobando un Estatut anticonstitucional.
  
Por otra parte, contrastan los remilgos que ha manifestado el PSC a la hora de abstenerse en la investidura de Rajoy con la total carencia de escrúpulos que mostró en 2010 para abstenerse en la investidura de Artur Mas. Si de corrupción se trata, ningún partido creo que esté a la altura de Convergencia y hay pocas dudas también acerca de que esta formación política se sitúa a la cabeza en cuanto a ideología conservadora se refiere. CiU ha sido el adalid en el Congreso de los Diputados de todos los lobbies económicos. Basta con mirar las actas de sesiones para comprobarlo. Pero el nacionalismo lo tapa todo. Solo eso explica que partidos que llamados de las izquierdas, como Esquerra Republicana y la CUP, no solo a la abstención están dispuestos: también al voto positivo... e incluso a gobernar en coalición con CiU o su actual sucesor, el PNEC. Lo grave es que después se atreven a llamar 'fascistas' y 'azules' al resto.
  
La votación en la investidura de Rajoy ha dejado al descubierto también otra de las mojigangas arraigadas en nuestro espacio político, la de los 'independientes' (ver mi artículo de 5 de mayo). Normalmente son reclutados al margen de todo procedimiento democrático por el líder supremo, que los impone al resto de la organización. Pero con frecuencia se consideran situados en un estrato superior, y sin sentirse obligados a ningunas de las servidumbres que pesan sobre los demás diputados o militantes. En esta ocasión ha surgido de manera evidente en la reacción tanto de Margarita Robles como de Zaida Cantera. Ambas le fueron impuestas a la Organización de Madrid por Pedro Sánchez.
 
Las dos decidieron contravenir el acuerdo del Comité Federal del PSOE (supremo órgano entre congresos) basándose en su responsabilidad y en su compromiso con los ciudadanos que las han elegido. Lo cierto es que los ciudadanos no eligen candidatos sino listas cerradas, pero es que, además, a la ex jueza y a la ex comandante tampoco las designaron los militantes. Solo el 'dedazo' de P. Sánchez.... Una vez dimitido este, lo único digno que hacer les cabría ya era un abandonar el acta de diputada. No deja de ser curioso que hayan argumentado que la decisión tomada por el Comité Federal debería haber sido consultada a las bases.
  
  
Los socialistas rebeldes han recurrido a la libertad de conciencia. No parece que la decisión de haberse inclinado o no por la abstención haya tenido mucho que ver con la conciencia; se trata más bien de una medida meramente estratégica, la de permitir gobernar a Rajoy ahora o ir a terceras elecciones, con lo cual pareció posible que el presidente del PP gobernase finalmente pero ya con 150 diputados. Manejan un concepto erróneo, el de que la abstención constituye un incumplimiento de la promesa que habían hecho a sus votantes. La imposibilidad de cumplir el programa electoral surge tan solo de haber perdido unas elecciones. Solo quien obtiene tal mayoría absoluta está en condiciones de poder llevar a cabo la totalidad de sus promesas, e incluso en este caso a menudo dependerá de que las circunstancias lo permitan.
 
En política, cuando no se transforma en épica (ver mi artículo del pasado día 7 de octubre), lo único que está en cuestión es optar por la mejor alternativa de lo viable. El PSOE con 85 diputados no puede aspirar a imponer el 100 por 100 de su programa electoral; solo a influir lo más posible en las medidas que se tomen. Y no es demasiado descabellado pensar que las condiciones para presionar son mejores ahora que lo serían después de unas terceras elecciones. En cualquier caso, acertada o no, la decisión no parece -ni de muy lejos- un problema de conciencia, sino exclusivamente un juicio acerca de lo mejor o, quizás, de lo menos malo.
  
Hay quien en un exceso de celo ha llegado a declarar que ninguna ocasión como esta plantea un problema de conciencia. Se me ocurre otro sinfín de opciones tomadas por diputados socialistas que podrían haberles dado lugar con mayor motivo a una objeción de conciencia, sin que en ningún caso se planteara. Por ejemplo en 1985, con la primera reforma de las pensiones, tan solo Nicolás Redondo y Antón Saracíbar votaron en (su) contra; o con la Ley de Presupuestos de 1989, que provocó la huelga general de 1988, y que causó la dimisión de los sindicalistas anteriores, o cuando se aprobó el Tratado de Maastricht, que se encuentra en el origen de las duras medidas acometidas por Rajoy y Zapatero, o en épocas más recientes, del 2011, cuando se modificó el artículo 135 de la Constitución, en virtud del cual el Estado social de nuestra Carta Magna se transformaba en el Estado liberal del santo temor al déficit.
 
En ninguno de dichos casos los diputados socialistas (excepto los dos anteriormente citados, en la modificación de nuestra Constitución, y Antonio Gutiérrez...) nada en conciencia objetaron. La historia es muy antigua como para que ahora se puedan exhibir ciertos remilgos que solo suenan a hipocresía o a sectarismo, tanto más si quien los plantea fue secretaria de Estado en la legislatura 1993-1996, la más oscura de Felipe González."
    
  
  

lunes, 31 de octubre de 2016

Aun sin saber enmendarlo realmente debemos reconocer nuestro Mal -del €- ya indiscutible...


Hace cuatro años vimos que hasta un premio Nobel reciente -cual Paul Krugmann- daba sus razones a quienes, hasta entonces tildados como 'agoreros de las cáscaras amargas', rebatían sostenibilidades para nuestra Moneda Común con los presentes [27] países en esta UE sin convergencias político-fiscales. Con más perspectivas tras de las últimas 'Crisis' y sus pretendidas medidas 'correctoras' aquí ahora, todos esos asuntos parecen poderse ver entre mucha mayor claridad, caigan quienes cayeren... 
  
   
El pasado 6 de octubre pudo seguirse por Internet la presentación en Barcelona para un reciente libro de Joseph Stiglitz, también premio Nobel, que había protagonizado otra sesión similar desde la madrileña Fundación Rafael del Pino 24 horas antes [aun visible, por Internet, completo]. El segundo acto se celebró para la Escola Europea d’Humanitats de La Caixa, consistiendo en un coloquio entre el autor y un ex-conseller d'Economia i Finances militante del PSC, Antoni Castells.
  
"Cualquiera (...) comprenderá la satisfacción al escuchar a un premio Nobel de Economía mantener punto por punto todas las tesis que sobre la Unión Europea, y más concretamente su misma Unión Monetaria, he venido defendiendo desde hace lo menos 25 años (véase aquel 'Contra el euro: historia de una ratonera')... Es más, mi entusiasmo fue en aumento al comprobar también que un miembro sobresaliente del PSOE, aunque sea del PSC, mostraba su total conformidad con los planteamientos de Stiglitz, lo cual hubiese sido impensable hace años.
  
Sostener tales aseveraciones comportaba el ostracismo y el ser situado extramuros del sistema. Hay que suponer que Castells no siempre ha pensado de la misma manera, de lo contrario, difícilmente hubiera ocupado determinados puestos, entre otros, miembro del Tribunal de Cuentas Europeo. Sin embargo, más vale tarde que nunca, y hay que ponderar su evolución, sobre todo cuando la mayoría de los políticos y economistas para nuestro país continúan defendiendo aún 'consensos desde Maastricht...' y el Euro.
  
Son ya bastantes los que, al comprobar los nefastos resultados, cuestionan las políticas aplicadas estos años en la Eurozona, pero muy pocos se atreven a llegar al fondo de la cuestión pues, tal como dejó claro el otro día Stiglitz, el problema es más hondo. No hay ninguna duda de que la política de la austeridad ha originado los efectos contrarios a los pretendidos (lo dice ya hasta el FMI) y de que el BCE, principalmente en la época de Trichet, fue a contracorriente de los demás bancos centrales subiendo los tipos de interés cuando ya estaba encima la recesión; incluso, en la etapa de  Draghi se actuó con mucho retraso. 
   
Pero los análisis deben ir mucho más allá pues el defecto no se halla solo en las políticas aplicadas, sino desde propios diseños de la Unión, afectando a su propia esencia. De ahí que los planteamientos de Stiglitz sean radicales. No constituyen una enmienda parcial, sino a la totalidad; no es un envite, es un órdago; la flecha se dirige al corazón, muestra la incongruencia del actual proyecto Eurocomunitario:
   
 1) Una integración monetaria no se puede realizar sin una integración verdadera, o sea, política.
   
 2) La condición para que una Unión Monetaria pueda subsistir es que no haya desequilibrios en el sector exterior de los países -cosa sumamente difícil, por no decir imposible- o que sí se implante Unión presupuestaria y fiscal capaz de compensar estos desequilibrios mediante una política redistributiva.
   
 3) La crisis en Europa tiene su origen en el Euro. Tuvo sus características y causas propias independiente de la de EE.UU, que solo fue su detonante.
   
 4) En particular, el Euro permitió que el desequilibrio del sector exterior de los países europeos alcanzase niveles antes desconocidos, que de ningún modo se hubiesen producido -al menos en esa cuantía- de no estar en la Unión Monetaria. Unos presentaban superávit y otros déficit (Los excedentarios prestaban a deficitarios, hasta que con ocasión de las hipotecas subprime cundió la desconfianza, huidas de capitales y con ella la crisis, crisis de la que Europa aún no ha salido, mientras parece que EE.UU sí lo ha hecho).
   
  
 5) Ante los desequilibrios del sector exterior, los países de la Euro-zona no cuentan con el instrumento de ajuste más lógico, el tipo de cambio. Además, los tratados crean un sistema asimétrico porque, en contra de las enseñanzas de Keynes, el ajuste se impone solo a los deficitarios.
  
 6) Alemania y otros países del Norte no ajustaron sus balanzas de pagos y continúan manteniendo cuantioso superávit, lo que no solo crea graves problemas al resto de países de la Eurozona, sino a toda la economía mundial.
  
 7) Así es el sistema insostenible, con un equilibrio inestable. O bien se avanza, hacia una unión política, o bien se retrocede y se desmonta la Unión Monetaria.
   
 8)   La constitución de la Unión política parece imposible. Los países del Norte no aceptarán nunca la integración presupuestaria y fiscal ni considerables transferencias de recursos desde unos países a otros que representarían. La palpable prueba son enérgicas repulsas que ha suscitado cualquier medida -por muy pequeña que sea- tendente a socialización de pérdidas o riesgos, como el mutualizarse Deudas.
   
 9) El retroceso puede ser total con la ruptura de la Eurozona o parcial admitiendo ciertos grados de flexibilidad, por ejemplo, creándose 2 'Euros', uno en los países del Norte y otro para el Sur. Esta 2ª opción, al igual que una salida de Alemania desde la Moneda única, representaría sin duda un alivio a corto plazo; pero a medio plazo retornarían las contradicciones entre los Estados miembros, a no ser que se constituyese la unión política.
  
   
10) Por tanto, la desaparición del Euro podría llegar mediante un divorcio amistoso en el que, a la vista de las contradicciones, todos los países acordasen cómo volver a las monedas nacionales de la forma menos traumática posible.
  
11) Lo más verosímil, sin embargo, es que los mandatarios europeos -bien de las instituciones bien de los gobiernos- adoptando la postura del avestruz: continuar una huida hacia adelante, colocando parches, hasta que cualquier nuevo detonante imprevisto dé lugar a un final estallido catastrófico en la economía que haga saltar por los aires un edificio tan débilmente construido y tan plagado de contradicciones. Con toda probabilidad, las consecuencias para todos los países serán graves.
  
El título del libro El euro: cómo la moneda común amenaza el futuro de Europa constituye un resumen, creo que acertado, de todos los puntos anteriores, desarrollados por los intervinientes en el acto del día 6 en Barcelona. No se podría estar más de acuerdo con ellos. Por lo tanto, no hay mucho que añadir excepto una cierta extrañeza de que alguien como Antoni Castells, que desarrolla un discurso impecable con respecto a la Unión Europea y el Euro, incurra en flagrante contradicción en otras ocasiones al referirse a Cataluña y a España.
      
En cierto momento de su intervención hizo una observación sumamente aguda. Indicó que los creadores del Euro cometieron el error de creer que desequilibrios entre los países no tendrían importancia, para las balanzas de pagos, al igual que no la tienen los de las regiones dentro de un Estado. Castells sabe perfectamente a qué se debe tal diferencia: las regiones cuentan con una hacienda pública común (capaz de compensar mediante una política redistributiva los desequilibrios territoriales) de la que carece la Unión Monetaria.      
   
Él mismo en otro instante afirmó rotundamente que “una moneda necesita un Estado”, lo que es totalmente cierto; pero precisa de un Estado, entre otras razones, porque necesita un presupuesto fiscal y presupuestario unitario que sea capaz de corregir los desequilibrios que la moneda única origina entre sus miembros. Cabe entonces preguntarse por qué Castells quiere para España (ruptura de las Haciendas públicas) lo que critica de Europa."  
 



lunes, 24 de octubre de 2016

Adiós a -con descendencias...- reproducirnos (insostenibles ya, de no ser por inmigración)!


Del año 2008 al 2013 el número total de conciudadanos que perdían ocupaciones (quedándose luego parados aquí o saliendo, como expatriados de nuestro país, en tanto apenas variaba la inmigración) creció 5 millones; idéntica suma que la de cuantos emigrantes -recién- habían llegado acá entre 1998 y 2008 pese a descender entonces levemente las cifras del Desempleo...
 
Y sin embargo para mantener nuestro PIB necesitamos aun estos millones de trabajos desempeñados por migrantes extranjeros, como mínimo, mientras la juventud nacional continúe aportándonos tan poquísimo en [cotizaciones o/y] producción...
  
   
"En 1980, un 65% de las españolas de entre 20 y 34 años estaban casadas y tenían el 80% de los hijos nacidos ese año en España. En 2014 solo están casadas en un 22% y han tenido el 25% de los hijos. El descenso de la proporción de casadas en este grupo de edad viene siendo lineal desde hace 36 años. Actualmente, en la EPA II/2016, solo alcanza el 19%. Si continuase esta tendencia, en 2030 no habría ninguna española casada en estas edades.
 
En 2014, todas las españolas nacidas en España han tenido menos de la mitad de hijos que en 1976 (330.000, frente a 677.000). Los matrimonios celebrados por algún rito religioso son menos del 30% de los contraídos en el año 2015.
    
   
La desinstitucionalización formal de la convivencia en pareja es un fenómeno de cambio social que pone de manifiesto importantes procesos previos que se vienen dando en nuestras sociedades. Estos incluyen transformaciones en algunos de los elementos básicos de la organización económica y social, en las prioridades vitales y, consecuentemente, en las relaciones de parentesco, tanto en las funciones que están atribuidas a las familias como en su regulación jurídica. La explicación requiere tomar cierta perspectiva temporal y analítica, porque lo característico de ciertos procesos básicos en nuestro país es una tardanza para sus comienzos y la rapidez en el desarrollo.
   
 
El paso progresivo y acelerado desde las redes familiares de dependencia hacia la construcción individual de trayectorias vitales 'independientes' ha resultado posible gracias a la caída drástica del riesgo empírico de muerte en periodos cada vez más largos de la vida de los humanos. Este alejamiento objetivo de la presencia de la muerte ha sido consecuencia de un conjunto de factores, entre los que destacan los estilos de vida con mejoras en higiene y alimentación, y la extensión progresiva de la sanidad basada en los avances de la ciencia aplicados a la medicina.
   
Los individuos han ido tomando conciencia —con un fundamento empírico sólido— de su alta probabilidad de una esperanza de vida prolongada. Eso ha alejado de sus cálculos vitales el tradicional riesgo inmediato de que el infortunio de una muerte anticipada quebrase su trayectoria, sus actividades presentes, y/o sus proyectos futuros. Hasta hace medio siglo, la continuación de esas trayectorias, actividades y proyectos se encargaba a padrinos, hermanos, esposos o descendientes.
  
 
A medida que crece la 'seguridad altamente probable de seguir vivo' se va volviendo más razonable dedicar los esfuerzos a construir una vida en la que la independencia respecto de los demás (incluso de los parientes) se convierta en el soporte en el que asentar el ejercicio de la libertad concreta. Pero para que dichos proyectos vitales individuales puedan ser viables, sin mayores dependencias familiares, se hace imprescindible que el resto de las funciones sociales y las dependencias personales básicas cubiertas estén, de forma que no provoquen la caída en otros tipos de riesgos.
   
 
Es sabido que una forma estándar de disminuir un riesgo es transferirlo a unidades más grandes. El Estado ha ido asumiendo una serie creciente de funciones familiares y proveyendo unos servicios que absorben esos riesgos (mediante unidades mucho más grandes que la familia) capaces de proporcionar los más diversos tipos de seguridad presente y futura (Seguridad Social, seguridad ciudadana, educación, defensa, rentas, seguridad jurídica en el ejercicio de los derechos)… De esta forma, ha ido sustituyendo a la familia como soporte central de la seguridad —objetiva y, progresivamente, también subjetiva— para las biografías de los ciudadanos en sociedades avanzadas.
  
La infancia y la vejez son dos fases de la vida en las que la dependencia humana es ineludible. Parece claro que el Estado está en disposición de financiar prioritariamente la de la vejez. Y que la de los bebés, los niños —y, consecuentemente, la de sus padres...—, está tan fuera de las atribuciones estatales que cuando se nombra 'la dependencia' se da por supuesto que se trata de la de los mayores. En esta situación, los ancianos —emancipados por el sistema de pensiones— confían en mucha mayor medida en el Estado que en unos improbables cuidados recíprocos de sus tan 'independientes' descendientes.
   
   
Una vez hecha esta transferencia de riesgos como proveedor de bienes y servicios, el Estado, esta vez como regulador, ha podido ir vaciando de derechos específicos al matrimonio como institución fundamental de apoyo a la reproducción, al conferir a ciertas uniones consensuales prácticamente los mismísimos derechos, de filiación, o económicos, fiscales, hereditarios, etcétera. Las escasísimas ventajas fiscales del 'sector de la reproducción' confieren al Estado lo que (desde 1991) 'el control fiscal de la natalidad' he denominado.
  
La preponderante valoración de la independencia individual hace que no se reivindique un mayor apoyo a una actividad tan colectivamente imprescindible, pero personalmente absorbente. En estas condiciones es previsible que el matrimonio pierda atractivo como vía de asunción del compromiso de estabilidad de la convivencia en pareja. Resulta preferible evitar las interferencias judiciales en una eventual ruptura, más temida aún si se incluye el enfrentamiento por la custodia de los hijos. E, incluso, se intuye que la vida sin convivencia en pareja pueda ser una opción mejor adaptada a la creciente centralidad de la realización personal y profesional.
  
   
Mientras, el ejercicio de la reproducción continúa encargado a una familia nuclear en la que el afecto se sigue considerando el sistema de incentivos más eficiente para la concepción y la crianza. Y en la que, cada vez en mayor medida, unos cohabitantes sin más vínculo que el de su 'relación libremente acordada' puedan optar entre priorizar: o la mutua compañía para su realización personal, o la dedicación a la paternidad-maternidad, o procurar llevar a cabo ambas opciones de forma simultánea o secuencial.
  
Cambian las prioridades dando lugar al desprestigio del amor. Así, se propician biografías en las que se antepone el que las sucesivas relaciones colaboren y acompañen la consolidación profesional; pero que, en ningún caso, los sentimientos amorosos la puedan poner en cuestión. Incluso, se terminan prefiriendo los momentos disjuntos de compañía a las vinculaciones, para no comprometer la libertad vital cotidiana.
   
El emparejamiento, matrimonios o -más aun- la maternidad se temen como formas de dependencia abrumadoras y prescindibles. O se posponen... La soledad va ganando adeptos entre quienes tienen los recursos suficientes para llevar unas vidas acomodadas sin ninguna colaboración relacional."
 
  
¡Mas lo que no quedaría nada claro es cómo se plantearán vidas acomodadas tales -para- tantos jóvenes cuantos aquí hoy Ni... cursan estudios Ni... tampoco trabajan!
     
   
   

lunes, 17 de octubre de 2016

Un 'big-bang', en la Sociedad reformador, de lo clientelar al Estado transparente-meritocrático

  
Aunque no se lograría por introducir un par de leyes más alguna institución: estos "persistir del Estado clientelar -con todos los alejamientos de una meritocracia, o distorsiones, conllevados- deterioran calidad democrática, perjudicando eficiencia económica y baja igualdades en oportunidades.
 
El dominado por pautas no-meritocráticas es un equilibrio con mala calidad que no querría superar, dejando cotas del poder, su Clase Política; en lo cual acabará la ciudadanía cómoda, sintiéndose, procurando beneficiarse con frutos de tan retorcido árbol al adoptar sus códigos para conductas...
     
   
Pasar desde tal statu quo hasta otro con mayor calidad –en el cual gestionen los Gobiernos lo público mediante más transparencia, sin proporcionar bienes privados a minorías, y donde sus ciudadanos adopten las conductas para una sociedad meritocrática exigiéndose rendir cuentas de los políticos- no se consigue con regulación legislativa copiada, digamos, de un país escandinavo; estas medidas parciales rápidamente serían fagocitadas por las prácticas del Estado que se quiere reformar. Es necesario un auténtico 'big bang' reformador.
  
    
Sería deseable algún Acuerdo amplio sobre regeneración institucional entre fuerzas políticas, que no sólo llevase a revertir el proceso de actuales decepción y desconfianza experimentado por nuestra ciudadanía. Sino por mejorar transparencias o calidades de la acción política y del marco en el que los españoles desarrollamos nuestras actividades, económicas u otras. Facilitándose, además, otras reformas sectoriales necesarias para modernizar el Estado (de las Administraciones Públicas, Justicia y Educación)… Pues ello crearía un escenario en donde fuera más fácil doblegar las resistencias corporativas que se pueden presentar.
  
    
Los procesos hacia regeneración -institucional- se han producido históricamente tras haberse alcanzado consensos entre una  parte sustancial para la sociedad civil y conjuntos relevantes de su clase política sobre necesidades del cambio (Inglaterra y Estados Unidos durante último tercio del siglo XIX); o a veces, como apuesta colectiva de modernización, tras la crisis provocada por una derrota bélica (Suecia y Dinamarca en similares fechas). A saber si dicho consenso necesario es suficientemente sólido para España hoy... En el pasado otoño parecía que sí. Ahora está menos claro. Esa polarización electoral que se observa, con sensaciones del arrinconarse las necesidades de regeneración, y el escaso castigo electoral a toda la impunidad mostrada en algunos pasados recientes no parecen buenos síntomas.     
   
     
Sobre la España más actual resulta especialmente obvio cómo el avance no puede consistir en sólo promulgar algunas leyes o crear nuevos organismos de supervisión, porque buenas partes entre nuestra degeneración colectiva son consecuencias del incumplirse leyes y sentencias; por cuanto se ha limitado seriamente -cuando no, desde un principio, vaciado…- el contenido para los muchísimos Organismos de Supervisión creados... Hay multitudes de muestras para lo primero, pero como muestra recordemos que la normativa sobre contratación a proveedores por las AA.PP. se ha venido violando ya en forma sistemática e impune.
   
             
Y respecto a lo segundo, la sucesión de Organismos cuyas actividades están lejos del corresponderse con el objetivo dicho en su creación -siendo entorpecidos o seriamente limitados por Gobiernos, mismos que los crearon- es muy amplia. Han ido desde la ‘Agencia para Evaluación de Políticas Públicas’ (AEVAL) —que fue vaciada de contenido desde su inicio— al más reciente ‘Consejo de Transparencia y Buenos Gobiernos’, nacido ya raquítico por sus déficits en independencia más escaseces de competencias; y encima, cuando había dado ahora la razón a ciudadanos en sus exigencias de informes, el Gobierno que lo creó recurre sus resoluciones ante los tribunales.  
   
También, esa discutibilísima independencia de Organismos supervisores y la escasa capacidad sancionadora que se les otorga (ya sea frente a Empresas explotando posiciones con dominio en sus mercados o Bancos que abusan de clientes, sin por el Banco de España tenerse potestades del imponer a las entidades compensar aquellos perjuicios causados); y ninguneo de cualesquier Autoridades Independientes como la para lo ‘…Fiscal (AIREF) últimamente impuesta.
   
    
Aunque podrán requerirse modificaciones legislativas, sería fundamental generar el compromiso creíble y verificable del cumplir las normas existentes (o nuevas) dotando de contenido a organismos ya creados, así como garantizar su independencia... Para ello, el restablecimiento de algunos mecanismos compensatorios al ejercicio del poder sería un primer paso, empezando por dar más credibilidad sobre tal proceso: asegurar independencia y competencia de órganos clave (Tribunal Constitucional, Consejo General del Poder Judicial o los Tribunales de Cuentas), avanzando en una profesionalización para las AA.PP, al reducir sustancialmente sus nombramientos con carácter político.   
   
Mejorar las transparencias no se consigue haciendo más complejos unos trámites burocráticos (¡que ya lo son, en exceso!), sino realizando controles ex post con régimen sancionador severo y explícito. Un renovado Consejo de la Transparencia y el Buen Gobierno podría tener algunas competencias en esa tarea. Y si se prestigian además otras instituciones (como la AEVAL), cumpliéndose las reglas ya existentes sobre la producción normativa consistentemente ignoradas, se podría incrementar transparencias o calidades del proceso legislativo sensiblemente.
  
En este contexto hacia las reformas sectoriales que también necesitarán consensuarse -como de la Justicia, Educación u otras Administraciones Públicas...- sería muy conveniente generarse, dentro de tal 'big bang' reformador, un amplio acuerdo para el diagnóstico sobre deficiencias actuales y la definición del modelo al que se quiere llegar. Porque luego el avance hasta las reformas debería ser más incrementalista, evaluando los pasos que se fueran dando: lo contrario a cuanto se ha hecho en las llamadas 'reformas' de nuestras Administraciones, como la reciente CORA que no ha tenido análisis de las deficiencias o especificación del modelo al cual se quiere llegar (solo un listado sobre medidas, pero sin ninguna intención de verificar si se cumplen más allá del enviarse al BOE) ni de cuáles son sus consecuencias para los administrados.
   
     
Resulta evidente que una acción conjunta y de consenso, del tipo de lo que aquí se plantea, dejaría mucho campo para que los Partidos diferencien sus ofertas ante muchísimas cuestiones relevantes. Está claro también que dicho tipo de consenso sería necesario para impulsar cambios radicales del marco político e institucional…"
   

(Carlos Sebastián: España estancada; por qué somos poco eficientes -_'El_País', 2016)
  
   

jueves, 13 de octubre de 2016

Fin de ‘La vida como juego’ (A. Watts): “en el camino… muerte, nacimiento y lo no nacido”

      
“(…) En el desarrollo de las autoconciencias o su habilidad para reflexionar sobre los propios conocimientos residen grandes dificultades de la humanidad; son una bendición más otras maldiciones, al mismo tiempo. Ser y saberse feliz es rebosar las copas de la vida; pero también existirá su reverso, como ser desgraciado, sabiéndolo (…) Tal sería la idea fundamental taoísta sobre, ‘como condición del estar presente, quedarse ausente’…
   
De iguales maneras, por ejemplo, a menos que haya enfermado no habría por qué preocuparse sobre los funcionamientos del propio cuerpo: sucederán con maneras automáticas. Funcionan un día tras otro y, cuanto mejor estén, hay que pensar menos en ellos; pues cuando más pienses peor andarán.
  
La segunda palabra en el título del ‘Tao Te King’ –o sea, ‘Te’- se suele traducir como ‘virtud’, con el mismo sentido que las virtudes curativas de la planta: significa la ‘excelencia’ de las cosas, en el sentido del que un árbol sobresale con respecto al serlo, y nadie sabe verdaderamente cómo para ello hace (…) ‘Te’ sería, pues, una manera de hablar sobre un ser humano que aprendió a vivir en armonías con el ‘Tao’.
    
  
Es como aquella situación en la que flotamos por un río y éste nos lleva con él. Algunos nadan contracorriente pero, aun así, el agua se los lleva. Otros han aprendido ya que lo clave para el asunto estaría en dirigirse flotando a favor; mas éstos, igual, son arrastrados: la única diferencia será cómo quienes nadar aguas abajo solo escogen mejor saben su verdadero ser llevados; mientras los que intentan irse a la contra pensarían avanzar, nadando con sentidos propios, diferentes.
  
En realidad, se puede luchar contra la corriente y pretender no fluir con ella; pero lo cierto es que así ha de ser. Una persona sabedora del que debe ir por tal cauce, conseguirá en todo lo que hace adquirir las fuerzas. El río entero está tras ella y puede, sutil mente, dirigir su curso igual que la embarcación usa del timón; todavía mejor, como emplea los vientos algún velero... Cuando éste vira navegando, incluso contra el viento, en todo caso lo hace sin dejar de utilizarlo.
  
El arte para la navegación a vela es taoísmo perfecto... Y requiere habilidad consumada. Aquellos que reman en bote gastan esfuerzos, pero quien tenga inteligencia para su vela izar aprovechará cierta magia de la naturaleza (…)
  
En estos instantes usted no ha nacido y, por tanto, tampoco puede morir. El usted que aquí ahora está no habrá de morir nunca, aquel que muera será del todo diferente; y así va pasando cada vez hasta el día en que al fin suceda. Esta idea similar es a la filosofía del Heráclito que nos dijo cómo nunca podremos entrar dos veces en el mismo río, pues aquél sería diferente siempre (...)
     
La noción de ser una ola, o cresta de agua que se mueve, también es alguna ilusión, pues el agua solo arriba y abajo va... El lema chino WuWei, que podemos traducir como ‘inacción...’ o/y ‘sin pensarlo...’ , significa no permitirle a nuestros pensamientos en serie acoplársenos con tales formas que nos aferren por su cadena de continuidad (…)
  
  
Si por un lado insistimos en cómo sólo el aquí ahora existe, y ello es todo por cuanto cualquiera debe preocuparse, nos induciremos exactamente a ese mismo estado de conciencia que alcanzaríamos con la percepción del estar fluyendo todo sin permanecer nunca nada; así que descansemos… Ambas posibilidades o situaciones, tanto si avanzamos por un río fluyendo con él como en casos del estar sentados a sus orillas dejando que fluya, ilustrarán una misma sensación; sólo las metáforas difieren (...)
  
No es posible morir si antes tampoco se ha nacido, igual que uno nunca podrá divorciarse cuando jamás llegó a estar casado. Todo es una cuestión de donde se traza la línea para definir quién y qué somos… ¿Que se trazaría justo con todo aquello sobre lo cual seremos conscientes, de nosotros mismos, o que la propia consciencia discernir nos pueda? Eso es lo que normalmente llamamos nuestro ego.
   
La cuestión es cuánto de nosotros mismos podemos percibir, ¿y quién lo percibe? Ese aspecto nuestro es no nacido en el sentido de que nadie puede aprehenderlo nunca o definirlo, ni darle su nombre, y tampoco podría configurarlo. Pero sin embargo aquel aspecto en cada uno, de nosotros, que más importa verdaderamente será eso.
   
En el caso de un iceberg, sólo una séptima parte del mismo aflora por la superficie marina. Para el nuestro, no es casi nada lo que a las vistas queda: sólo un poco de atención consciente, con la que inspeccionamos el mundo, en forma generalmente lineal... Así pues, lo que no sabríamos de nosotros mismos -ni nunca podremos controlar, por esa manera en la cual pensamos que controlamos las cosas, voluntariamente- es nuestra parte central y más grande (…)
  
  
Nuestras almas no son espectros personales, ninguno, en absoluto; sino aquellas redes de relaciones entretejidas en todo lo que -para, o ante, nosotros- es. Cualquier ‘ahora y aquí’ sería como cierto nudo en el sistema de cuerdas que las redes de pesca conforma, siendo un alma la red entera. Cada cual el mismo alma posee, aunque la experimentamos desde puntos de vista diferentes, por diversos lugares y en tiempos distintos.
   
Estas almas -que compartimos...- todo el proceso en su marcha son y, por ello mismo, nos mantienen a nosotros en movimiento también. Cada individuo en particular es alguna función de la energía como todo. Sea lo que fuere cuanto hace brillar el Sol, también se hallaría encarnado en todos nosotros (...)
  
No existe algún ego separado, que sea integrado, en el mismo. La sensación de ser ellos es, precisa mente, dichos procesos; y eso significará que ningún ego sería realmente tal, sino un montaje: tan solo es una máscara con la que todo se manifiesta (...)
  
El asunto al completo es una ilusión en aquel sentido de la vetusta palabra latina luderi, que significa jugar. Se juega, pues, a estar en alguna confusión; y sólo podremos acabar sabiendo de verdad lo que –nos- jugamos cuando también sepamos qué se juega por tales confusiones. Alternamos -o vibramos- entre ambos extremos.
   
Realmente la cuestión será que usted, quien está en ello, es nonato e incognoscible; ningún objeto de conocimiento, ni algo que pueda ser aprehendido, porque no necesita serlo. Igual a como el Sol no necesita brillar para sí mismo ni un cuchillo cortarse, la dentadura morderse o el ojo verse, así mismo sucedería con todo: este loquesea... no necesitará jamás tampoco aprehenderse a sí mismo, ni controlarse”…
 
 ( Alan Watts )