jueves, 8 de enero de 2026

Hoy es la UE un "manicomio" entre Ucrania y Groenlandia, o como vérselas con 'el Matón'...

   
Si la dependencia europea de EE.UU. con respecto al apoyo comprometido para Ucrania obligase a los europeos al aceptar la ocupación estadounidense de Groenlandia, territorio en un estado europeo de la OTAN, esa humillación sería tan profunda como hasta poder llegar a suponer una práctica desaparición de la idea misma de Europa en tanto que factor significativo sobre los asuntos mundiales. Pero si por contra se resistieren, la OTAN se derrumbaría y Ucrania terminará ya condenada. 
  
 
Siempre debería haber sido obvio que, al enemistarse con la Rusia postsoviética, la Unión Europea y Gran Bretaña estaban asegurando su dependencia de EE.UU y haciéndose incapaces de resistirse incluso a sus acciones más ilegales e inmorales, como lo demuestra su postura ante la guerra de Israel contra Gaza y los ataques estadounidenses contra Irán y Venezuela.

Al prometer a medias enviar tropas a Ucrania, pero solo con el apoyo garantizado de EE.UU, estos gobiernos europeos están haciendo que sea total su dependencia de EE.UU. El precio de ello puede estar llegando ahora, con la toma de Dinamarca por parte de EE.UU, a la que los europeos no pueden oponerse de manera significativa; pues hacerlo requeriría amenazar con infligir un daño real a EE.UU, en forma de cierre de las bases estadounidenses en Europa y un embargo económico contra Israel que obligaría a EE.UU. al apoyar masivamente la economía israelí. Pero, por supuesto, los europeos no pueden hacer eso si de verdad están decididos a comprometerse con Ucrania. 

Así pues, para defender a un país que no es miembro de la OTAN ni de la UE, la UE y la OTAN tendrían que aceptar la invasión del territorio de un miembro real de la OTAN, Dinamarca. Si esto ocurre, será una humillación que nos convertirá en el hazmerreír del mundo. El golpe al orgullo, el prestigio y la confianza en sí misma de Europa sería inconmensurable. La imagen de la UE como defensora del «orden basado en normas» hace tiempo que se ha hecho añicos a los ojos del mundo. La pérdida de Groenlandia la haría añicos a los ojos de los propios europeos.

La declaración conjunta de la «coalición de voluntarios» europea para Ucrania tras la última reunión en París sobre las condiciones de paz para Ucrania contiene algunas ambigüedades críticas. Es de suponer que estas ambigüedades tienen por objeto hacer que los futuros compromisos militares occidentales con Ucrania sean lo suficientemente fuertes como para tranquilizar a Kiev y permitir a Zelensky proclamar la victoria, pero lo suficientemente débiles como para evitar tanto un compromiso por parte de EE.UU. del entrar en guerra con Rusia en defensa de Ucrania (algo que Trump es muy poco probable que haga), como un compromiso inequívoco por parte de los europeos de desplegar efectivamente fuerzas armadas significativas en Ucrania.

Sin embargo, incluso sin ese compromiso, la actual estrategia británica y europea hacia Ucrania conlleva enormes riesgos: a largo plazo, el de una guerra con Rusia, pero más inmediatamente, el de cualquier capacidad para disuadir a EE.UU. del apoderarse de Groenlandia.

Lo más significativo es que esta declaración solo fue realizada por los líderes de la Coalición. El enviado estadounidense Steve Witkoff habló de «grandes avances» en París, pero también de la necesidad de ciertos «compromisos» en materia de garantías de seguridad.

El pasaje clave de la declaración dice lo siguiente: «Una fuerza multinacional para Ucrania compuesta por contribuciones de naciones dispuestas a participar en el marco de la coalición, con el fin de apoyar la reconstrucción de las fuerzas armadas de Ucrania y la disuasión. Se ha llevado a cabo una planificación militar coordinada para preparar medidas de seguridad en el aire, en el mar y en tierra, así como para la regeneración de las fuerzas armadas de Ucrania… Estos elementos estarán dirigidos por Europa, con la participación también de miembros no europeos de la Coalición y el apoyo propuesto de los Estados Unidos».

Cabe señalar que solo se habla del apoyo «propuesto» de los EE.UU. y de «medidas de seguridad», sin precisar exactamente cuáles serán ni, lo que es más importante, dónde se llevarán a cabo. Esto es mucho más vago que el borrador de la declaración europea filtrado a la AFP antes de la reunión. Esto permitió al canciller alemán Friedrich Merz, por ejemplo, hacer el siguiente «compromiso» profundamente cómico:

«Alemania seguirá contribuyendo política, financiera y militarmente. Esto podría incluir, por ejemplo, el despliegue de fuerzas en Ucrania en territorio vecino de la OTAN tras un alto el fuego». Si alguien cree que «desplegar fuerzas en Ucrania en territorio vecino de la OTAN» es un doble lenguaje transparente, podemos estar de acuerdo con ello.

Keir Starmer pareció ir mucho más lejos al afirmar que la declaración conjunta «allana el camino para el marco legal bajo el cual las fuerzas británicas, francesas y asociadas podrían operar en suelo ucraniano… tras un alto el fuego, el Reino Unido y Francia establecerán "centros militares" en toda Ucrania y construirán instalaciones protegidas para armas y equipo militar».

Sin embargo, esto podría significar solo depósitos de armas de la OTAN custodiados por un pequeño número de tropas de la OTAN, en lugar de fuerzas terrestres sustanciales que Gran Bretaña y Francia no pueden proporcionar sin dedicar todos sus ejércitos a la tarea. Si es así, es concebible que Moscú pueda estar de acuerdo, pero Rusia exigiría precisamente el tipo de límites concretos, formales y detallados sobre estas fuerzas que la «Coalición de los Dispuestos» parece decidida hasta ahora a no proporcionar.

Los europeos piensan claramente que incluso el limitado respaldo de EE.UU. que recibieron en París representa un éxito significativo para ellos. Sin embargo, puede que resulte ser una victoria muy pírrica, y no solo porque es probable que Rusia rechace cualquier marco de paz de este tipo y continúe la guerra. También porque el apoyo de EE.UU. a la «Coalición de los Dispuestos» tendrá un precio, y el nombre de ese precio podría ser Groenlandia.

En una declaración conjunta al margen de las conversaciones de París, en respuesta a las amenazas de EE.UU, 6 líderes europeos han declarado que «Groenlandia pertenece a su pueblo. Corresponde a Dinamarca y Groenlandia, y solo a ellas, decidir sobre los asuntos que afectan a Dinamarca y Groenlandia». 

Sin embargo, pocas horas después, la Casa Blanca declaró que «adquirir Groenlandia es una prioridad de seguridad nacional de Estados Unidos y es vital para disuadir a nuestros adversarios en la región ártica. El presidente y su equipo están debatiendo una serie de opciones para alcanzar este importante objetivo de política exterior y, por supuesto, recurrir al ejército estadounidense es siempre una opción a disposición del comandante en jefe».

La primera ministra danesa, Mette Frederiksen, declaró el lunes que si EE.UU. tomaba Groenlandia por la fuerza, la propia OTAN se derrumbaría. En estas circunstancias, parece realmente extraño que los países europeos pidan garantías a EE.UU. para las tropas europeas en Ucrania, que dependerían totalmente del apoyo estadounidense.

Quienes hemos vivido la última generación podemos comprender cómo todos los actuales gobiernos europeos han acabado en esta situación tan grotesca. Las generaciones futuras quizá lo vean como una prueba de locura colectiva.
  
 
La actitud hacia Trump de la UE es todo lo contrario de dicha manera que la mejor mantenida con notable eficacia por China, Brasil y hasta los hutíes del Yemen.

China respondió a las amenazas de guerra comercial total de Trump con el corte de toda exportación de tierras raras a EE.UU., un recurso del que Pekín dispone de alrededor del 45% global y EE.UU. menos del 2%. Trump tuvo que desdecirse.

Trump amenazó a Lula con gravámenes del 50% sobre todo el comercio brasileño si se encarcelaba por tentativa de golpe de estado a su amigo Bolsonaro. Brasil no cedió, los precios del café y la soja subieron en EE.UU. y Trump reculó.

Trump atacó Yemen causando gran destrucción y muerte pero no consiguió su objetivo de que cesaran los ataques contra buques israelíes o con destino a Israel y al final tuvo que firmar un alto el fuego en Omán, el pasado mayo, mientras el propio matón dijo que sus adversarios tenían “mucho valor”.

En América Latina China es el principal socio comercial de casi todos. La pretensión de que países como Chile, Ecuador o Brasil que mantienen enormes relaciones económicas con China renuncien a ellas por miedo a lo visto en Venezuela, es completamente irreal. Es incluso improbable que funcione con la propia Venezuela, por lo que la agresión del 3 de enero se parece mucho más a un gesto de debilidad que de fortaleza que se acabará volviendo contra los propios EE.UU. 

En Oriente Medio hay un realineamiento desfavorable para Israel. Netanyahu está más amenazado que nunca por los escándalos de corrupción de su entorno, particularmente el llamado “Qatargate”, por lo que el escenario de un nuevo ataque contra Irán se hace cada día más probable, mientras el tráfico de armas estadounidenses hacia Israel, vía la base alemana de Ramstein, está siendo muy fluido en los últimos días. El ministro de exteriores de Omán, un país de tradición mediadora, Badr Al-Busaidi, ha abandonado toda ambigüedad al declarar que -para la región- fuente de inestabilidad no es Irán, sino Israel.

El mundo está girando y en ese contexto, la Unión Europea continua lamiéndole las botas a Trump sin recibir más que nuevos y mayores desprecios. El de Groenlandia podría ser sensacional. El lunes el subdirector del Gabinete de Políticas de la Casa Blanca Stephen Miller dijo que EE.UU. debe ser territorio de EE.UU. “Nadie luchará militarmente contra Estados Unidos por el futuro de Groenlandia”, dijo. ¿Por qué la UE mantiene hacia EE.UU. una actitud tan demencial y contraproducente? La derrota militar de la OTAN en Ucrania está servida y va a fracturar aún más a eso que conocemos como “Occidente”.

Como Anatol Lieven dice,  “para defender a Ucrania un país que no es miembro de la OTAN ni de la UE, la UE y la OTAN tendrían que aceptar la invasión del territorio de un miembro real de la OTAN, Dinamarca. Si esto ocurre, será una humillación que nos convertirá en el hazmerreír del mundo. Hace tiempo que la imagen de la UE se ha roto en todo el mundo, ahora la pérdida de Groenlandia la haría añicos a los ojos de los propios europeos”.

En solo un año Trump ha volado el derecho internacional, toda diplomacia y cualquier derecho humano y nacional, apoyando y armando el genocidio israelí, atacando a Irán en medio de una negociación, bombardeando Nigeria, colocando a un líder yihadista en el gobierno de lo que queda de Siria, atacando a Venezuela, secuestrando a su presidente y manteniendo y profundizando los ataques contra Rusia vía Ucrania. La UE colabora activamente en casi todo eso.

Cuando Ucrania sea derrotada los reproches entre EE.UU. y la UE subirán todavía de tono. Los gobiernos e instituciones europeas se resquebrajarán aún más; y entonces "¿qué será de la OTAN?", se ha preguntado hasta la por ahora amenazada primera ministra danesa.

Trump es un matón y la UE le trata con respeto. Aunque a un matón no se le puede respetar, porque te pisará más aún.

 

  
Y por fin, llegados a estos extremos de lo que pareciera inverosímil, sólo nos quedaría rememorar algo en la Historia personalmente vivida; pues la pesadilla profetizada por el general De Gaulle en 1964 se está haciendo realidad: «Tarde o temprano, pueden ocurrir acontecimientos fabulosos, reveses increíbles. ¡Cuántos ocurren en la historia! Podría estallar Estados Unidos convertido en una amenaza para la paz (...). Nadie puede predecir dónde estará el peligro».
  

2 comentarios:

  1. DE QUÉ HABLAMOS CUANDO SE TRATA DE VENEZUELA

    En el caso venezolano, EEUU ha invocado tres motivos: la droga, la falta de libertades y el petróleo.

    El primero, aunque ha servido como coartada jurídica para 'extraer' a Maduro, tiene escaso vuelo. Desde Venezuela procede apenas en torno al 1% de la cocaína que llega a EEUU. Y el llamado Cártel de los Soles, según una acusación revisada del Departamento de Justicia que acaba de recoger el NYT , no es 'cártel' real, sino una etiqueta políticamente funcional que, a lo sumo, designa un sistema de corrupción estatal. Útil para la batalla política, pero nada más.

    La defensa de la democracia, que no mencionaron ni Trump ni los tribunales, resulta aún menos creíble. Las vaporosas palabras de Rubio de hace pocos días cumplen todos los requisitos de la racionalización decorativa 'a posteriori'. Mampostería cosmética. La elocuencia de la política exterior es suficiente. Arabia Saudita es el mejor experimento natural para comprobar la arbitrariedad moral –esto es, la amoralidad– que rigen estas invocaciones: no manipula elecciones porque, sencillamente, no existen; el año pasado ejecutó a 345 personas; y su historial en materia de derechos de las mujeres es conocido. Y tan amigos.

    Ante estas inconsistencias, algunos concluyen que el verdadero motivo es el petróleo. Hay algo de verdad, pero no toda: el problema no es el petróleo en sí, sino CÓMO SE PAGA. Durante décadas, la facturación del petróleo en dólares garantizó una demanda estable de la divisa. Al tratarse del producto más necesario e insustituible de los que engrasan las sociedades modernas, todos los países –salvo EEUU– necesitaban dólares para mantener su economía; los exportadores de crudo, a su vez, acumulaban esos excedentes y los reciclaban en deuda pública estadounidense. El resultado fue un circuito de retroalimentación tan simple como eficaz: el resto del mundo financiaba el gasto y los déficits norteamericanos mientras aseguraba su propio acceso a la energía. Ese engranaje permitió a EEUU sostener una hegemonía sin competidores posibles y la maravilla de convertir el endeudamiento externo en una fuente de poder antes que de vulnerabilidad. Ante cualquier desequilibrio bastaba con darle a la maquinita, con la tranquilidad de que siempre alguien querría los papelitos verdes. No se trataba de un privilegio posturero, sino de la arquitectura del sistema monetario y geopolítico internacional, apuntalada además por la capacidad de imponer sanciones financieras y por acuerdos de seguridad que blindaban el orden petrolero. Un chollo sin precedentes.

    Ese orden, el nuestro hasta hace poco, tiene un origen preciso. En 1974, tras el colapso de Bretton Woods, EEUU y Arabia Saudita sellaron un acuerdo –impulsado por Kissinger– por el cual el petróleo saudí se cotizaría SÓLO EN DÓLARES a cambio de protección militar y respaldo político. El esquema se extendió después al conjunto de la OPEP. El dólar dejó de estar respaldado por el oro, pero pasó a estarlo por la mercancía estratégica por excelencia: la energía.

    Ese mundo ha empezado a cambiar. A medida que grandes economías buscan comerciar energía y materias primas en otras monedas o mediante sistemas de compensación alternativos, se erosiona gradualmente el mecanismo que garantizaba la demanda global de dólares. La estrategia de los BRICS apunta en esa dirección: transacciones en monedas locales. No estamos ante un sustituto inmediato del dólar, pero sí ante una fragmentación progresiva que limita su centralidad. Lo que ni se concebía se contempla como posible. Y aquí, ya ven lo que son las cosas, asoma la guerra de Ucrania y del uso masivo de sanciones financieras contra Rusia, que actuaron como una señal de alarma para muchos países: lo que hoy se aplica a un adversario, mañana puede aplicarse a cualquiera. Las barbas del vecino.

    [continuará...]

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    1. [... ... ... continúa]

      El dato verdaderamente inquietante para EEUU es que este proceso ya no afecta solo a países aislados o sancionados. Incluso, Arabia Saudita, uno de los pilares históricos del petrodólar, ha empezado a mover ficha. Fue invitada a los BRICS en 2023 y participa en algunas de sus actividades, aunque su adhesión plena permanece en evaluación; un gesto políticamente significativo. El objetivo de Riad es claro: diversificar alianzas, ganar margen de maniobra internacional y proteger sus principales mercados energéticos, hoy situados en Asia, sobre todo, en China e India. En ese contexto, Saudi Aramco –la empresa estatal que controla la producción y exportación de petróleo saudí– ha comenzado a aceptar pagos en yuanes en algunas ventas a China, algo impensable hace pocos años. Al mismo tiempo, el reino participa en sistemas de pago alternativos como mBridge, pensados para realizar transferencias internacionales sin pasar por SWIFT, la red bancaria dominada por EEUU y Europa. No es solo un cambio de moneda, sino la CREACIÓN DE VÍAS FINANCIERAS PARALELAS que reducen la capacidad de Washington para vigilar, bloquear o sancionar el comercio internacional. Por ahora, el uso del yuan funciona como un 'circuito cerrado': sirve para liquidar comercio bilateral con China, mientras el dólar sigue siendo la principal moneda de reserva saudí. Pero el precedente inquieta.

      Por primera vez desde 1974, el mayor exportador mundial de petróleo muestra apertura a otra moneda para el comercio energético de forma sostenida, aunque, de momento, minoritaria. La regla de oro del petrodólar contempla excepciones. Más allá de la retórica política, se trata de una apuesta explícita, aunque gradual, por la desdolarización en el sector que históricamente fue el sostén del orden monetario estadounidense. El temor que suscita este proceso no es el colapso inmediato del dólar, sino algo más prosaico y más grave: la erosión lenta de las condiciones excepcionales que permitían a EEUU financiar gratis sus déficits crónicos.

      Es en este contexto donde Venezuela adquiere relevancia. No por la droga –cuyo peso real es marginal– ni por un súbito escrúpulo democrático de Washington, que convive sin mayores remilgos con regímenes bastante menos presentables (y alguno de ellos, dicho sea de paso, anfitrión de finales futbolísticas españolas). La clave es otra. Venezuela importa porque posee las mayores reservas probadas de petróleo del mundo y porque desde 2017 ha intentado VENDER CRUDO EN YUANES, EUROS Y RUBLOS, esquivando tanto las sanciones estadounidenses como el sistema SWIFT. Al mismo tiempo, ha solicitado su incorporación a los BRICS y ha profundizado acuerdos energéticos con China y Rusia, que participan directamente en su producción petrolera.

      El 'problema Venezuela' no es moral ni policial; es, en sentido literal, energético y geopolítico. Cuando el petróleo deja de exigir dólares de manera automática –y hasta Arabia Saudita explora alternativas–, el llamado «privilegio exorbitante» deja de parecer natural y comienza a revelarse como lo que siempre fue: un equilibrio político-económico contingente. El mundo del petrodólar ya no es un destino inexorable. Es eso, más que las tribulaciones internas de Venezuela, que importan a quien importan, lo que realmente está en juego.

      A otros que tuvieron ocurrencias parecidas ya les avisaron en su día. Vaya si les avisaron: a IRAK, cuando en 2000 decidió facturar su petróleo en euros y recibió la visita educativa de 2003; LIBIA, que entre 2009 y 2011 soñaba con un dinar de oro panafricano respaldado en sus reservas auríferas, también tuvo su propia lección de realismo político en 2011. Avisados estamos. Fuerte y claro. Con Trump no hacen falta finos hermeneutas. Ha hablado sin rodeos: 'oil, oil, oil'...

      Félix Ovejero

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