lunes, 7 de agosto de 2017

"Harakiri" para todo el PSOE/PSC que (como hizo antes IU) 'se des-une' tras de Podemos…

    
Los últimos titulares periodísticos destacan el más reciente sondeo electoral del CIS en julio: "PP cae ahora casi 3 puntos y PSOE queda 4 por encima de Podemos" (se les atribuyen 28,8%; 24,9%; y 20,3%, respectivamente)". Mas recuérdese: también por ganar Sánchez las primarias de 2014 la expectativa del PSOE subió puntualmente desde 21,2% a 23,9% y luego hasta 25,3% en 2015, mientras al PP se le pronosticaba tan sólo 25,6%; pero... con las Elecciones el 20-D se obtuvieron 28,7% para Populares y sólo 22% hacia Socialistas. Igualmente, aunque llegaron a preverse 19% en C's e incluso 29,1=[23,9+5,2] para UP (por no más de 27,4% al PP), la Votación del 2016 terminó dejándolos con 13%; 21,1 y 33 respectivamente.
   
 
Lo que hasta hoy ni habría logrado arrastrar hasta un fin otra mucha más y menos delincuencial vergüenza masiva reiterada, por sus militantes [tan sonad@s cual Zarrías, Vera, Vallejo, Urralburu, Sotos, Solchaga, Solana, Serra, Santos, San Cristóbal, Sánchez Teruel, Salanueva, Sala, Roldán, Rguez. Colorado, Recio, Ojeda, Navarro, Mestre, Mnez Aguayo, Martí Soler, Martín Delgado, López Aguilar, José A Viera, Hdez. Ros, Hdez. Moltó, Guerra, Griñán, Gz. Besteiro, Tomás Gómez, Garzón, Gª Vargas, Gª Valverde, Gª Marcos, García Damborenea, Fdez Villa, Fdez Bermejo, Eligio Hernández, Elgorriaga, Egiguren, Chaves, Corcuera, Boyer, Borrell, Bono, Blasco, Blanco, Barrionuevo, Asunció, Magdalena Álvarez, V Albero, etcétera, etc], parecen estar dejándolo ya sin remedios posibles las últimas estrategias del ahora piropeadísimo -después de ser siempre vencido, en Elecciones- líder partidista: PS (no confundir con "PZ", o 'ZP', el predecesor), a partir un piñón hoy con lo de Pablo Iglesias & Íñigo Errejón... 
   
Puede hallarse cierto “video sin desperdicio colgado en Youtube a disposición para todos quienes quieran verlo, conteniendo un monologo protagonizado por Albert Boadella acerca de 'los hechos diferenciales'... Muchas serían las facetas a resaltar de su contenido, todas interesantes, pero podemos centrarnos tan solo en dos.
 
La primera es que Boadella, tras aceptar irónicamente que, por su condición de catalán, tendría hechos diferenciales, supone que los demás, que no son catalanes, también los tienen. Verdad de Perogrullo. ‘Principio individuaciones’. Cada sujeto se diferencia de los demás. Hasta aquí nada nuevo. Pero el actor enseguida va más allá y, parodiando discursos nacionalistas, afirma que, como es lógico, sus hechos diferenciales son superiores a los demás, porque de lo contrario, se pregunta con toda la razón, de qué serviría ese tener hechos diferenciales. No se tienen estos para ser iguales o inferiores a los otros.
   
           
Y es que aquí en gran medida se encuentra el núcleo del argumento nacionalista. Cuando se afirma 'diferentes', lo que se quiere proclamar es que son de linaje superior y por tanto acreedores a un trato privilegiado. Es decir, se postulan no hechos, sino 'derechos diferenciales'.
  
El segundo elemento a resaltar es su aseveración de que han sido muchas las personalidades del resto de España que han colaborado a incrementar la conciencia de los catalanes hacia los hechos diferenciales, personalidades tales como  Anson, Herrero de Miñón, Felipe Glez, Gª Margallo,  Rguez. Zapatero, Pedro Schez. Estos son los nombres que cita Boadella, pero a los que ciertamente se podrían añadir muchos más. Tal aseveración viene a confirmar tesis ya expuesta sobre cómo este problema del nacionalismo catalán no residiría en Cataluña sino por el resto del Estado, donde muchos de su prohombres se han empeñado en lograr lo que llaman el ‘acomodo’ de Cataluña en España.
 
 
La mayoría de los catalanes están perfectamente acomodados, al menos en la misma medida o incluso más que cualquier otro español. Nada es perfecto y todos tendríamos motivos para estar descontentos, no precisamente por ser catalanes. En cuanto a los nacionalistas, por su propia definición, nunca estarán satisfechos salvo con la independencia.
   
Desde la Transición y quizás por antagonismo al régimen franquista (de donde se deduce que nunca se pueden elegir opciones por el único argumento de diferenciarse de otro), nos hemos ido equivocando en el tema territorial, cediendo posiciones con el único objetivo de atraer al nacionalismo, lo que constituye una utopía. Hoy es tabú, pero puede que llegue el día en el que se reconocerá el error cometido con el Estado de las Autonomías establecido. Como muchos de mi generación que nos sentíamos de izquierdas, gritamos aquello de ‘Libertad, Amnistía, Estatuto de autonomía’.
  
Ahora me pregunto cómo pudimos meter en el mismo saco las autonomías políticas en los ámbitos territoriales, de conveniencia muy discutible, con la libertad y la amnistía, exigencias imprescindibles para acceder a un Estado democrático. Y, sobre todo, cómo podíamos olvidarnos de la Igualdad.
 
Tal vez estábamos demasiado obsesionados con la falta de las libertades formales y no caíamos en que sí, estas son necesarias, no son suficientes. Deben ser completadas con las libertades reales, todas aquellas que hacen posible la igualdad. No pusimos el debido acento en ella, permitiendo incluso que las veleidades nacionalistas con sus requerimientos prevaleciesen sobre las exigencias de la equidad.
  
La Constitución se confeccionó con miradas puesta en los nacionalismos, y por el objetivo de integrarlos para que no quedasen al margen del proceso de la Transición. Se realizaron concesiones importantes tanto en la Carta Magna como en la Ley electoral. Buen ejemplo de ello lo constituye el concierto vasco y navarro, régimen fiscal inconcebible en un Estado moderno y que rompe la igualdad en el plano territorial.
  
 
Aparentemente, la estructura política creada en aquel momento parecía contentar al nacionalismo. Eso explica cómo Cataluña fue una de aquellas Comunidades donde las participaciones por su población en el referéndum del 1978 para la Constitución fueron mayores, y también los porcentajes de votos positivos. Sin embargo, el equilibrio conseguido fue solo provisional, porque para el independentismo toda conquista constituye únicamente una plataforma en la que apoyarse para plasmar una nueva reivindicación.
  
Paso a paso y año tras año se han ido creando las mayores cotas de autogobierno conocidas en España, y quizá Europa, hasta el extremo de que ha ido quedando progresivamente reducido a su mínima expresión el Estado.
  
Pero hay algo más y quizás más grave, y es que el independentismo en todas su variantes ha empleado las estructuras del Estado para propagar su ideario en contra del propio Estado y a favor de la independencia. Se ha valido de toda clase de instrumentos: educación, recursos económicos, medios de comunicación, etc. Ha fabricado una historia nueva e inexistente. Ha construido también una realidad social, política y económica falsa, en la que Cataluña -¡oh, paradoja!-, aparece como una Comunidad oprimida y explotada por regiones mucho más pobres.   
       
‘España nos roba’... Esta labor de adoctrinamiento practicada año tras año ha tenido sus frutos y ha incrementado sustancialmente el sentimiento soberanista. Frente a los que afirman que el independentismo ha aumentado por la intransigencia del Gobierno central negándose a hacer concesiones, parece claro que la causa se encuentra más bien en las hechas por unos y por otros a lo largo de todo este tiempo, y que han dotado a los soberanistas de nuevos instrumentos para practicar el proselitismo. 
    
  
Quienes defienden que el diálogo y las cesiones pueden servir para solucionar el problema o son unos inocentes o tienen intereses muy propios y puede que bastardos. Sin duda, Azaña pertenecía al primer grupo al defender el estatus de autonomía de Cataluña en la I República; ya que la razón estaba del lado de Ortega cuando mantenía que el problema del nacionalismo catalán no tenía solución y solo cabía la ‘conllevancia’.   
    
El propio Azaña más tarde reconocía su error y se quejaba amargamente en su obra ‘La velada en Benicarló’ de la deslealtad por el nacionalismo catalán; primero cuando Companys, aprovechándose por la Revolución de Asturias, proclamó unilateralmente el Estado catalán y, más tarde, por el comportamiento de la Generalitat en plena Guerra civil.
  
En todos estos años de democracia, las prebendas concedidas al independentismo se han debido, al menos en parte, a las conveniencias de los dos grandes partidos nacionales. A pesar de practicar cuando gobernaban políticas bastante similares, se negaban sin embargo a entenderse entre ellos y, si se carecía de mayoría absoluta, preferían pactar con los nacionalistas y someterse a su chantaje. Este hecho se ha reforzado en el PSOE en los últimos años por la influencia y presión del PSC.
  
    
Fue PSC el que dio la victoria a Zapatero frente a Bono, hecho que marcó la actuación del primero en el tema de Cataluña, tanto como secretario general del PSOE, como en su calidad de presidente del gobierno. La tan recordada frase ‘Pascual, del Estatut apoyaré lo que diga el Parlament’ fue un precedente nefasto y en buena medida origen para esta ofensiva secesionista.
 
Los causantes del llamado desencuentro no han sido, tal como se nos quiere hacer creer ahora, los que recurrieron al Tribunal Constitucional, sino quienes aprobaron el Estatut claramente anticonstitucional y quisieron modificar por la puerta de atrás la Carta Magna. Pero, eso sí, Zapatero, gracias al voto catalán, se aseguró una segunda legislatura.
 
La situación se hizo especialmente grave desde que comenzaba la deriva separatista, ‘verdadero golpe de Estado’, en palabras de la propia patronal catalana. La actuación de las autoridades de la Generalitat es de clara sedición y rebeldía. Aun cuando la Fiscalía hasta ahora, por un problema de prudencia, no haya querido acusar más que de los delitos de desobediencia y prevaricación, que no conllevan asociadas penas de cárcel (se ha rehuido incluso la figura de malversación con fondos públicos) no implica que los otros no existan ni estén tipificados en el Código Penal.
 
Ante tal estado de cosas, es sorprendente la actitud de Pedro Sánchez desmarcándose de las medidas del Gobierno y queriendo jugar a la equidistancia. La postura del actual secretario general del PSOE solo se explica -que no se justifica- por el odio que al parecer tiene a Rajoy, por la pretensión de posicionarse en todos los temas en contra del PP y sobre todo por la ambición nunca abandonada de llegar a presidente del gobierno para lo que -de tener alguna posibilidad- necesitaría contarse con los votos de secesionistas.
    
  
Su comportamiento raya en el esperpento cuando, ante los desafueros de toda clase planteados por el independentismo, su reacción se reduce a seguir predicando el entendimiento y diálogo, cual fraile franciscano.
 
La CUP más Junts pel Sí están a punto de declarar unilateralmente la independencia de Cataluña. No se ha hecho demasiado hincapié en ello, pero la verdad es que esta declaración se produciría automáticamente con la aprobación de la Ley del referéndum, ya que se proclama a sí misma ley suprema por encima de cualquier otra ley, del Estatuto y de la propia Constitución, con lo que se está presuponiendo la soberanía total del parlamento autonómico.  
  
Sabíamos que a los sediciosos les importaban poco la ley y la democracia, pero ahora sabemos que tampoco la lógica, ya que se da una petición de principio. Se hace una ley para habilitar un referéndum con el que preguntar a las ciudadanías acerca de su independencia, la misma que se supone ya realizada desde el momento en el que -por ello, antes- ya se ha declarado al Parlament de Cataluña soberano.
 
Ante un momento tan crítico como el actual, lo único que se le ocurre a Pedro Sánchez es acusar al presidente del Gobierno de no dialogar y anunciar pomposamente que él sí va a proponer la verdadera solución, unida a una 'reforma constitucional', que todavía no explica en qué va a consistir, pero que hay que temer que se oriente a nuevas concesiones a los nacionalistas para premiar la sedición y la rebeldía, concesiones que solo servirán para que en el futuro cuenten con más instrumentos para plantear con fuerza renovada la ofensiva separatista.
   
  
Pedro Sánchez mantiene posición ambigua totalmente, cuando menos. Por una parte afirma respaldar al Gobierno en su oposición al referéndum independentista y en la defensa de la Constitución, pero al mismo tiempo pone reparos y se distancia de todas las medidas que el Ejecutivo se ve en la obligación de instrumentar; incluso, él y sus acólitos han llegado a desacreditar el artículo 155 de la Constitución, descartando a priori su aplicación y amenazando nada menos que, como cualquier sedicioso, con acudir a la opinión internacional en caso de que fuera necesario ponerlo en práctica. 
  
El comportamiento adoptado por Pedro Sánchez contradice las posturas constantes del PSOE para esa materia, que siempre consideraba cuestión de Estado y en la que se debía estar al lado del Gobierno. Su condescendencia con el secesionismo catalán tiene que estar dejando descolocados a buena parte de sus compañeros de partido, incluso a aquellos que le hayan votado en las primarias, que seguro que no le dieron su voto para defender esa ambigua teoría sobre 'nación de naciones', que tan bien les puede venir a los nacionalistas.
  
Es imposible que andaluces, extremeños, castellanos, murcianos, etc. vean con buenos ojos el hecho de que -pese al que la renta per cápita en sus Comunidades es muy inferior a la catalana- les consideren 'explotadores' y a Cataluña como alguna 'colonia' subyugada... O el que para dejarles contentos a los nacionalistas catalanes deba reformarse la Constitución y dejar muy claro que sus hechos diferenciales son superiores a lo del resto de los españoles.”
    
(Juan F. Martín Seco, ‘Pedro Sánchez y los hechos diferenciales’, 3/8/17)
  

martes, 1 de agosto de 2017

Celebramos tantas hermosas vitalidades, de insumisión, en Boliviana entre otros casos...

 

¡De cuantísimas redomadas architonterías -propinables por soplafuellitos, gilís e inflagaitas vanos, hoy aquí- no podría liberársenos en caso del tan sólo atender un poco más a la poderosa vida real peleada entre todas aquellas personas que hallamos con más viveza desde nuestro global Mundo ahora mismo!
    
Merecería la pena echársele una ojeada, por lo menos, al tráiler...    
   
   
¡No todo van a ser t@ntos repetidos "me gusta..." sobre payasadas, pavoneos o/y demás estupefacientes chorradas autistas retwitteables: emociona toparse aun, cada día, con heroísmo [que no anti-social...es] a nuestra vera!