lunes, 3 de abril de 2017

Meditar, confiar y experimentar (como praxis básica)... según el ingeniero Salvador Pániker

  
Rememoremos lo más prosaico del buen ciudadano poeta don Antonio Machado, en alguno entre sus "Proverbios y Cantares", muy simple 'a la manera del Juan de Mairena': o sea, "es hoy, siempre, todavía"…
 
Sin olvidar otras básicas propuestas -zen- de la gran monja Ana María Schlüter, del "asentarse sobre lo impensable, desde inquietas mentes"…
  
Para concluir centrándonos con el querido e inclasificable sabio Salvador (hermano de Raimon Pannikar), recordando su -recién apagada- voz al aclarar esto, tan bien: 
     
 
No soy ningún experto en prácticas de meditación (…) pero busco entrar a mi manera en la famosa mindfulness budista, del aquí ahora: esto es, abrirse realmente a la experiencia, sin mecanismos defensivos que interfieran; o, al menos, en libertad al margen. La energía brota cuando nos deshacemos de tics y muecas.
 
Algunos denominan eso meditar, remitiendo a unos estados de no-mente, algo así como una conciencia sin contenido; y, si se prefiere, desidentificada desde su propio fluir: conciencias, éstas, que puro testigo son [aunque, atención, ése todavía podría ser otro último bastión del ego: mas cuando cae, ya no hay nada en donde aferrarse, haciéndose al fin puro; y emerge un vacío que, tan bien, libertad es].
  
MEDITAR tiene poco que ver con la concentración, porque no hay un sujeto que se concentre, ningún acto de voluntad, sino abandono activo espontáneo en acción mental/corpórea que trasciende al esfuerzo y la dualidad. Quien medita no debe preocuparse siquiera por evitar las distracciones mentales. Como se lo decía un maestro tibetano al buen Arnaud Desjardins, consiéntele presentarse a la distracción, pues igual que venga se irá: let them come, let them go. Desde la posición del testigo (sakshin), contémplalo.
 
Alan Watts decía que la gente pierde capacidades de sentir cuando va con prisa. Pues bien, este meditar es sacudirla toda... Conseguir atención plena frente al presente, sin juzgar: no poner nuestras mentes en blanco, sino liberarse del apego; es decir, de miedo. Y quizás la única entre las actividades humanas carente de propósitos: quien medita no va yendo a ninguna parte.
 
Es vida sin tiempo, ni finalidad, del sabio zen (También el Maestro Eckhart enseñaba cómo “el hombre sabio no basa sus acciones en motivo alguno). “Meditar es vaciarse de lo conocido”, escribe Krishnamurti. Y añade: 'cuanto conocemos ya sería el pasado”.
  
  
¿Meditar filosofando? Aunque parezcan contrasentidos, para nada está descartado (al menos como un preámbulo), siempre que uno mantenga las distancias –y no se identifique, tanto- con su propio pensamiento. Pues ya enseñó Nagarjuna que a la sabiduría tampoco se llega conceptualmente, y Chuang-tzu dijo que ''cuando aparecen los juicios mentales comienza la destrucción del Tao"… Nos aclaró Wittgenstein que aun cuando podemos tener experiencias íntimas, cualquier cosa que podamos decir al respecto ya sólo es 'lenguaje público'.
  
Con todo, el filosofar puede ser -como digo- un buen preámbulo antecedente del alcanzarse una cierta lucidez. Al fin y al cabo, la palabra sánscrita para dicha meditación es dhyana, íntimamente relacionada con dhyati; cuyo significado sería 'reflexionar', actividad crítica o abocando a 'escuchar', atender frente a lo que ocurre (antes de aplicarle nuestras formas a priori: una operación que se consideraría, en Occidente, imposible).
 
Por otro lado, si hay quien propone técnica de visualizaciones, otros pueden arrancar desde conceptualización. Asumiendo la paradoja de palabras que sirven al trascenderse (La sensibilidad mística dispone de lenguaje negativo, amén del poético, hablando sobre lo que no se puede hablar. Además, como dice la Kena Upanishad, el ‘Brahman’ es «cuanto jamás decir se puede con palabras; pero de tal nos hablará la palabra, por todas partes»)...
  
Se puede arrancar desde algún pensamiento, o sea de la dualidad objeto/sujeto, para luego saltar hacia lo no-dual. ¿Cuándo y cómo se produce dicho salto? No lo sé. Tampoco estoy seguro del que se trate de un saltar. Al menos, no es ninguno que se pueda provocar a voluntad. Sino, más bien, una deconstrucción; y, a lo sumo, cabe su preparación psicosomática para que surja iluminación: espontánea mente.
 
Por otra parte, tal vez la misma energía del pensamiento crítico (cuando si puede ser realmente tal, poniendo en crisis sus propios fundamentos, o asume paradoja última de la razón y deconstruye relaciones objeto-sujeto) sea (transformado espontáneamente, ya, en) conciencias místicas. Así como hay alguna equivalencia entre masas y energías, puede que se dé también otra de crítica con mística.
  
Meditar no es buscar nada, ni siquiera salud; sino permitir que la realidad (el Tao) fluya, espontáneamente: aquí, ahora. Es liberarse, del pensamiento compulsivo, y estar alerta. Meramente, el acto del existir, sin esfuerzo; por gozo puro de hacerlo. Descansar en el atemporal Testigo, vacío e increado; manteniendo recta nuestra columna vertebral, enraizarse sobre la tierra (“Méditer, ce n'est pas décoller mais aterrir”).
  
Si atender al respirar (anapanasati) o a visiones perspicaces (vipassana) son técnicas de meditación complementarias, cuanto tienen común es un situarnos en el ahora y aquí, desenganchados desde Io que ocurriera por otros pasados o pudiese ocurrir con cualquier futuro. Dicho en otra forma: desde tal silencio de mentes, la mirada penetrante, sin expectativas ningunas, accediendo al puro presente. Por ello, habría mil maneras del meditar, para sentarse -cómoda mente- y observar. O sea, de meditación… sin meditarse.
 
¿CONFIAR? Cabe hablar de una confianza –digamos- ontológica, cuando uno se fía de la realidad. O algunas actitudes previas a todo [También aquélla -infantil...- en la del que habremos de cobrar alguna pieza sin demasiados esfuerzos (¡atención: previo esfuerzo, aun cuando no demasiado!)… Lo mío es tal confiar en el hallazgo, inmediato, de algo real. Un punto del partir que ya es de llegada: por eso me atraería el Zen, que siempre se ha llamado a sí mismo “camino del despertar instantáneo”; y no porque sea rápido, sino por liberarnos del tiempo].
 
A esa confianza previa en otras épocas la llamábamos fe (De hecho, la palabra griega pistis debe ser traducida por confianza, más que como creencia). Hoy se trata de reconvertir esa fe, esa pistis, pero ya sin dogmas adheridos ni ápice de realismo ingenuo. ¿Por qué iba, la fe, a ser un monopolio para los creyentes? Pensamos que, más bien, sea energía con lucidez. Porque así es lo paradójico de tal fe, agnóstica y existencial, a la vez (en parte vislumbrado por Lutero: con uno de sus Sermones, enseñaba que “creer no requiere información, conocimiento ni certeza, sino una entrega libre y alegres apuestas”).
 
  
Sabemos cómo -"tal cual"- el mundo no es accesible: navegamos sobre unos mares de interpretaciones, construcciones cerebrales, o adaptaciones para la supervivencia. Y por esa confianza, digo, la fe pura; una cierta conformidad con el vivir[se]. Sentirse a gusto, en la realidad, e independiente mente de las ideas que se tengan al respecto. ¿Creyentes... o ateos? Pero ¿qué importancia tendrá eso? Lo que cada cual piense sobre sí mismo tiene bastante irrelevancia. Es desentenderse ya del problema -de[sde] la fe...- tenerla; y, en todo momento, hacerse lo que a cada uno corresponde hacer.
 
Esa confianza ["Pues, eterna mente, sólo existe ahora" (Schrödinger)…], que salud mental es. [Por otra parte, ¡cuidado: no confundir con ingenuidades de «pensamiento positivo», el cual dice ‘vida es bella, y viva la Virgen!’ A menudo, las vidas nada tienen de belleza. He hablado sobre una cierta conformidad con el vivir, sentirse a gusto por lo real. Mas también es posible sentirse muy a disgusto en lo real o disconformes por la vida. ¿Qué ocurriría, entonces? Pues, para empezar, está el derecho a quejarse. ¿Y ante quién? No sabemos.]
  
La queja también puede ser una pura plegaria, posibles preludios antes de alcanzar la posición del Testigo. En cuyo caso, la misma fe/confianza se diluirá en lo último [y entre todo ello no hay nada; es decir, hay una cierta libertad. E incluso si ésta se pierde, hablemos de la eutanasia]. Ser libres, «más allá del ego»... Somos ciudadanos aterrorizados por algún posible fin del pasatiempo, incapaces de resistir a vacíos, en la realidad pura.
 
Ese terror dispara nuestros atolondrados proyectos de identidad, nuestro parloteo mental y automáticos refugios en la ficción. Incluso con el fanatismo. ¿Se puede vencer esto? Sí, en teoría, y ahí residen los meollos de sabidurías. Abandonarse a todo, incluido el no-ser, sin angustia ni temor. Dicho de otro modo: no esforzarse por ser. Hacerlo, sí, con la obra bien hecha; pero desde cualquier desapego, abandono previo (al Tao) u otras inefables formas, como se quieran -o no- decir… Sin mí, el mundo se hizo... y así seguirá.
  
A mi juicio, el ego es una función útil, pero insubstancial: tenemos egos, como estómago y pulmones; pero no somos ego... C. G. Jung se refirió a un self más allá del ego, el cual se revelaría sólo a través de imágenes arquetípicas. Un punto de vista más bien regresivo. En contraste, la genuina visión oriental no ve inconveniente alguno en concebir una conciencia sin egos, ni arquetipos; ya sea negándolo, como el budismo, y/o transfigurándolo (vedanta).
 
En esos contextos, Oriente transige asumir muertes. Occidente, por contra, se define desde angustia frente al morir (Heidegger). Pero eran más sabios Nagarjuna o Shankara: «La forma es vacío, y el vacío es forma», leemos en el Sutra del Corazón. Inesperadamente, la física cuántica ofrece una perspectiva concordante. Toda materia es -nada más que- alguna modificación del vacío; el cual está ya infinitamente lleno por energías. Nuestro mundo, manifiesto, es una temporal asimetría en los vacíos que se cancelan. Materia y vacío son una misma cosa.
  
Digamos, desde una perspectiva análoga, que también el yo es no-yo. Y viceversa (nuestro ilustre Hume lo vio, hace siglos: “el yo no es más que algún manojo de percepciones varias… en perpetuo huir”). Ese vacío que hay entre uno y otro momentos en mi conciencia, eso, también forma parte del ser consciente. Por tal vacío localizó el yogi tibetano Milarepa la “sabiduría no conceptual”.
  
Meditación, confiarse… y -por fin- EXPERIMENTAR'': lo inmediato. “¡Cuanto nos requiera ser demostrado no vale gran cosa”, escribió Nietzsche. Paradójicamente, tal mismo gran demoledor de ideales trascendentes nos pone sobre pistas a una genuina trascendencia, que sólo sería inmanencia: la inmediatez desde aquello cuanto, más que fin del recorrido, es un punto de partida.
  
No es casual que todas las tradiciones de mística solvente hayan comenzado sus enseñanzas partiendo desde algún cierto absoluto inmediato ["En el principio era, es, la inmediatez absoluta (...) el uno sin segundo” (ekam eva advitiyam), que nos enseña la Chandogya Upanishad]. No hay otra cosa. Y por eso carece.de sentido plantear las “pruebas de la existencia" sobre lo absoluto inmediato. Lo cual no es ontologismo, sino la contrapartida de una vivencia muy especial.
  
Ésta coincide con una conciencia de que la liberación consistiría en llegar a ser lo que ya [se] es: alcanzar el lugar donde [se] está yaEsta vivencia muy especial es también lo más común, pero una experiencia no-dual, 'mística'; y, como dije antes, a primera vista parece bastante inútil hablar sobre la misma.
 
Nada más contradictorio sino el escribir, con cualquier lenguaje inevitablemente dual, sobre la realidad no-dual. Pero cabe remitirse hasta unas ciertas complicidades. Y, de algún, modo deberemos entendernos... Hay, algo... Ésta (y no el "cogito" cartesiano) es la constatación primordial; después ya vienen las explicaciones, o contextos, variados. Y por eso hay místicas religiosas, agnóstica, teísta, devocional, atea...
  
      
[El budismo, ya se sabe, abocó a una mística sin Dios (ateísta, más que atea); y también Occidente, a veces, tantea esta dirección. Por ejemplo, resulta significativo cómo G. Landauer -figura principal en el anarquismo histórico alemán al tiempo que apasionado estudioso del Maestro Eckhart- escribió proponiendo una sin dioses, en su libro Escepticismo y mística (1903); o más recientemente, que J-C. Bologne haya sostenido, desde Le mysticisme athée (1995): “le mysticisme est par essence même athée, et ses raports avec la religión n’ont été qu’un malentendu historique”... Pero no entraré ahora en cuanto sea sólo cuestión de contexto interpretativo.]
  
Es lo relevante decidir que, sí, existe una experiencia genuinamente mística; más allá -o aquí...- de (otras) interpretaciones: aperturas, a-conceptuales, a esta realidad. Y el acceso a tamaños tipos de sabiduría, como ya dije, apenas casi se concibe aquí en Occidente. Porque jamás podríamos deshacernos del pensamiento, es decir, de lenguaje; dado que toda realidad viene siempre condicionada por algunos... Ahora bien, éstos, algo aprendido son; tan sólo. ¿Y si los desaprendiéramos?
  
A esa posibilidad, en Oriente, la llaman meditación. Con lo cual a ser una deconstrucción del pensamiento, solo, pasa la misma. Y se puede meditar incluso filosofando; cualquier pensamiento conducido hasta su límite, ya, es meditación (en la medida que hace posible saltar hasta inexistencia de un centro pensante: entonces, la forma es vacío, y éste prosigue siendo conciencia o -quizá, mejor aun- libertad].  
  
Sabemos que, desde un enfoque conceptual en Occidente, no hay experiencia sin interpretaciones; pues toda ella es finita, dual y condicionada. Ahora bien, aquí hablaríamos ya de otras posibles experiencias puras: no duales e incondicionadas (lo que la filosofía india llama el nir-vikalpa, por contraposiciones a sa-vikalpa). Nos referimos a las formas para experimentarse la realidad más allá de trampas por el lenguaje, al otro lado del sentido común.
  
Sugerimos que desde la experiencia cotidiana de cualquier cosa ya está el Tao, Dios, Vacío, lo Absoluto y cualquiera otra manera como quiera -o no- decirse. Planteamos que tal estado, no-dual, de la conciencia nunca es uno alterado; sino muy real… Estamos ya en lo absoluto, y no existe otro camino especial para llegar al lugar en donde [se] está ya... Las personas místicas no son ningún tipo de atleta espiritual; sino, sencilla mente, del ser lúcido: despiertas.
 
Todo lo cual se acomoda con la doctrina budista del dzogchen, el cual explica cómo la iluminación está ya hoy aquí, o que ni siquiera son necesarias meditaciones; pues no se trata de cambiar nuestra percepción sobre otra cosa, sino del reconocerse pureza en la mente. Y tampoco existirían dos tipos -diferentes- de conciencias, iluminada e ignorante: sólo existe uno; es decir, estamos liberados, ya [Leemos el Tao te king: “Procura estarte quieto / hasta que cualquier acción apropiada, por sí misma, surja”] Sola mente, se trata del reconocerlo; en el desapego.  
 
MEDITACIÓN: en cierto modo, es una manera controlada de no detenerse; meditar se parece mucho a morir [el Zen llama ‘la gran muerte’ al satori, o sea, comprensión y entendimiento iluminado], lo cual también tiene su ventaja (si mueres antes del morir, cuando mueras, ya no morirás)... ¡Es posible vivir sin identificarnos -en exclusiva- con el ego: por mística, y no religión, anularlo cabe!
  
Lo que Buda descubrió fue cuánto sufrimiento (duhkha) es toda vida, estando las causas en el apego (trishna), final mente, mas no hay ningún –verdadero- yo (anatman) sufriente; y quienes esta paradoja tampoco hayan captado son dignos de compasión (karuna) siempre [Lo cierto es cómo pasamos la vida sin entender gran cosa sobre aquello que alrededor sucede, ni apenas nada con respecto a lo que nos está sucediendo, inmediatamente… Y se me ocurre añadir que rellenamos nuestras lagunas con manías, o sea, somos maniáticos a fuer de incoherentes; pues en algo debemos apoyarnos]…
 
Quiere decirse que si ahora mismo murieses a la sensación de identidad separada y tu verdadero Self (que, desde lo existente, la totalidad es) descubrieras, morir luego no supondría sino el caer una hoja en este inmenso árbol; o mejor todavía, un absorberse la gota de agua dentro del océano: dejar de ser gotas, y seguir siendo eso mismo, igual mente. 
 
(desde 4 de marzo del 1996...)
       
 
   
Y en fin, para cerrar el periplo completo por muy distantes convergencias, otro apunte que sumar:
 
Alguna eximia investigadora científica como Begoña Pérez Gómez nos abrió su tesis doctoral reciente -‘On design and implementation of any operational Sea Level monitoring & forecasting system for the Spanish coast’ (ed. O.P.E. Puertos del Estado, 2016)- rescatando esta inmarcesible mención a un siempre oportuno premio Nobel, humanista mente: 

Necesito del mar por lo que nos enseña,
no sé si aprendo música o conciencia,
no sé si ola solo es o profundo ser,
o solo ronca voz o deslumbrante
suposición de peces y navíos…
                                             (Pablo Neruda)                  .

 

2 comentarios:

  1. Salvador Pániker dejo escrito en su diario, 12 años antes de su reciente fallecimiento, lo siguiente:

    <<...Tengo poca gana de contarlo, pero algo he de anotar. La operación de prótesis de cadera ha resultado más dura de lo esperado. Han sido 6 días y 6 noches en la clínica CIMA, lo he pasado francamente mal y he salido bastante disminuido. El golpe ha sido más bien brutal. Estoy un poco anémico y, cosa sorprendente, con dioplía -o diplopía, o como rayos eso sea escrito- en los ojos (veo doble), lo cual me impide leer. Y uso el ordenador con mucha dificultad. Dicen que es un efecto transitorio de mi debilidad más general. JX está en la boda de una sobrina (¿o sobrino?) por Castilla, y yo pienso que a mí qué, ya, las bodas. O los que comienzan sus vidas. Yo voy terminando la mía y no tengo vocación de maestro. Esta tarde voy a tomar el té a casa de Virginia. Supongo que le daré un abrazo de verdad, aun cuando tampoco es seguro. Es uno de los amores en mi vida y acaba de rozar la muerte, pero ahora somos ambos dos ancianos y tampoco es seguro que podamos comunicar sin cortapisas.

    Ha muerto Paco Umbral. Si tuviera que escribir su necrológica para algún periódico tendría que repetir, lo de todos: era un maestro del columnismo, etc. Como escribo para mí mismo dentro del ámbito de mi precaria intimidad, sólo diré de entrada que Umbral era un amigo cuya muerte me ha afectado. El caso es que aquel hombre adusto y tierno, inteligente y sensitivo, últimamente incomunicado por su sordera, ha hecho mutis en una clínica de Madrid. Ha muerto escuetamente, como Eduardo Haro, como Manolo Vázquez, aunque menos a la izquierda. En el fondo Umbral -que presumía de rojo- carecía de ideología; su única pasión era la literatura. Escribir era su venganza frente a la crueldad del mundo. Incluso sus amores y sus musas finalmente también se incorporaban a su paisaje literario (...) Mortal y rosa -buen título extraído del poema de Salinas- es quizá su libro más sentido y tiene fragmentos hermosos pero el libro de él que más me gusta, Diario de un escritor burgués, es del 1979.

    Al final de su vida Víctor Hugo, medio sordo y silencioso, no hacía absolutamente nada. Al final Miguel Ángel Buonarroti esculpió su más misteriosa Pietá. Juan Sebastián Bach, ya ciego, le dictaba a su hijo las últimas notas del Arte de la fuga. Al final de su vida, Ralph W Emerson tuvo graves problemas de memoria, olvidó su propio nombre y cuando alguien le preguntaba cómo estaba sintiéndose respondía: "perdí mis facultades mentales, pero estoy perfecto". Al final -para ser precisos, la última noche de su vida- el jovencísimo Évariste Galois, sabiendo que al día siguiente moriría en un duelo, redactó su testamento matemático. Al fin de su vida Dostoievski, leyendo el Evangelio de San Mateo, les daba consejos cristianos a sus hijos. Al final Marcel Proust, asmático, siente cómo aumenta la conciencia de su mortalidad y corrige manuscritos hasta la extenuación. Sigmund Freud le escribe a Stefan Zweig que no consigue acostumbrarse a las miserias de la vejez y piensa con nostalgia (sic) en "el paso a la nada".

    Al final de su vida Henri Matisse, que no puede levantarse de la cama, pinta el techo de su alcoba con una caña de pescar. Al fin Albert Einstein le escribe a la hermana de su amigo Michele Besso, recién fallecido: "se me adelantó en dejar este extraño mundo; es algo sin importancia: para nosotros, físicos convencidos, la distinción entre pasado, presente y futuro es sólo una ilusión, por persistente que sea". Al final, recluido en un asilo, Samuel Beckett relee a Dante en italiano. Finalizando su vida el famoso matemático G. H. Hardy intenta suicidarse y al no conseguirlo decide seguir charlando de cricket con C. P. Snow, su amigo. Edmund Husserl exclama: "No sabía que morir fuera tan duro". André Gide, justo un momento antes del expirar: "Está bien". Goethe: "¡Luz, más luz!". Y el poeta Paul Claudel: "Doctor, ¿habrá sido por culpa del salchichón?"...>>

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  2. Estos versos que brotan
    del silencio
    recogen sensaciones
    del instante
    y otras que creías olvidadas.
    Así vas aprendiendo
    a conocer
    el gozo y el dolor del que estás hecho,
    con los que, deshaciéndote,
    te haces.

    SIN RUIDO (José Corredor-Matheos)

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