viernes, 31 de marzo de 2017

'Más cornadas el hambre' da, por desigualdad creciente, que nos recorta 'esperanzas de vida'

    
Como habíamos recordado ya con datos recientes del INE, toda precariedad socioeconómica es factor de riesgo grave para la salud: en Barcelona, por ejemplo, los barrios ricos llegaron al tener vida media 11 años mayor que barriadas más pobres. Y desde la prestigiosa revista médica 'Lancet' se acaban de publicar estudios nuevos ratificando lo mismo.
     
Sin embargo, en este Reino de España (y la UE) los fríos hechos -nada desmentibles...- nunca se ven mejorados, al respecto; y así, según diversas estadísticas internacionales reconocidas muy solventes: porcentajes para los hogares que no cuentan ingresos ninguno creciendo siguen, desde hace una década, casi triplicando ya sus valores de hace 25 años.
 
Muy escandaloso es cómo desde 2007 mientras tanto se han más-que-duplicado patrimonios, tanto de los 200 mayores capitalistas como para las Bolsas totales en España (si bien, por poner ejemplo, Amancio Ortega multiplicó su fortuna por 6, entre 10.700 y 67.650 millones de euros)...
  
       
Entre toda la OCDE durante los últimos años, lo peor, como promedio: las rentas laborales más Altas han tenido su evolución menos favorable para Grecia (-10%) y España (-5%); la renta laboral Mediana registró su variación más desfavorable para Grecia (-12%) y España (-6%); las rentas laborales Inferiores van sufriendo su variación más negativa para la península ibérica: Portugal (-20%) y España (-15%)
    

 
Por fin, seguimos batiendo récords en cuanto a nuestra Desigualdad económica (medida con el índice Gini, para dicha OCDE y sobre toda la Unión Europea), según valores absolutos e incluso respecto de sus evoluciones últimas...
       
 
  
¡Para nada se ha visto ningún avance aun, traducido en el ponerle frenos a suicida tolerancia general, ante tal lacra colectiva! ¿Cuándo aplicaremos lo Mínimo, de Renta Básica? Sería ya hoy claro: probadamente factible...
     
   
Somos los primeros en 'corrección política' perorando de Ministerio, Consejerías, Concejales, Leyes o Políticas para la 'Igualdad'... mas los últimos a las horas del reducir -eficaz mente...- las Desigualdades. Y un motivo está ya claro, como nos lo explica el prof. Vicenç Navarro, muy bien:
 
La transición al capitalismo desde lo que se llamó el ‘socialismo real’, y las enormes desigualdades creadas entre tal proceso, costaron más muertos que los causados por las Guerras [Calientes] de Irak y Siria juntos. Solo en 1990-95, llegó hasta casi 2 millones el aumento en muertes para lo que fue la URSS. Y durante toda la década de los años 1990 fueron 4 millones, algo consecuente al enorme crecimiento en las desigualdades causadas por aquella transición (que literatura científica documenta extensamente: V.M. Shkolnikov y G.A. Cornea: ‘Population Crisis &Rising Mortality in Transition Russia’The mortality crisis in transitional economies’- Oxford University Press, 2000).
  
Mientras alguna ‘esperanza de vida’ para personas con elevadas rentas o superiores niveles educativos aun continuó creciendo en lo que había sido Unión Soviética, entre las clases populares de aquel país la mortalidad ha sufrido elevadísimos incrementos como resultado de sus políticas públicas hacia masiva privatización a los medios productivos mayores y destrucciones de la protección social, que incrementaron espectacularmente desigualdades sociales. Esta realidad apenas ha sido reflejada en los mayores medios de información del mundo occidental, ¡aunque no hay duda de que si le hubiera ocurrido a un país para el que la transición hubiese sido del capitalismo al socialismo, tal hecho hubiera sido notición del siglo!
  
Pero tan enorme coste humano con el neoliberalismo aparece también dentro del propio ‘capitalismo real’ (…) esperanza de vida ha ido empeorando para la clase trabajadora blanca en EE.UU. Y, como consecuencia, las esperanzas de vida promedios entre toda su población se han estancado, dejando de crecer. Todo ello a la vez que políticas antidiscriminatorias federales, intentando corregir las desigualdades por raza y de género, se desarrollaban o establecían; lo cual parecería ser paradójico, pues al tiempo que se intenta favorecer a los grupos discriminados entre la sociedad (por lo tanto más vulnerables) habrían ido deteriorándose calidades de vida, bienestar y salud en las clases populares…
  
  
Sin embargo, esa paradoja queda clara viendo cómo para diseño y aplicación de dichas políticas antidiscriminatorias no se tuvo en cuenta la categoría de ‘clase social, centrándose sobre ‘raza o género’, tan sólo. Como consecuencia, los grupos que se han beneficiado más por tales políticas antidiscriminatorias han sido pertenecientes a las clases de rentas altas y medias-altas. La estructura de poder ha cambiado, diversificándose sus colores y géneros (es decir, hay más mujeres, afro-americanos, latinos y mujeres hoy), sin que haya beneficiado ello sustancialmente a las clases populares (incluidos aquellos grupos discriminados, cuyas mayorías están en ellas incluidas, también)…
  
Las políticas públicas de la candidata demócrata Hillary Clinton iban en esa dirección: el hecho del que su campaña fuera sin promover política pública centrada en la clase social -como un sujeto de intervención- explicaría por qué unas mayorías de mujeres entre las clases populares tampoco votaron dicha candidatura, haciéndolo a los candidatos Sanders y Trump, quienes enfatizaron esos discursos clasistas (aparte de razas o géneros) aun cuando el uso de dichas dos categorías fuera diametralmente diferente u opuesta entre ambos rivales.
 
Una segunda dimensión en la desigualdad, además de cualquier discriminar, sería su Explotación (concepto del cual los beneficiarios por tal orden ni oír hablar quieren jamás; y ello a pesar de cómo sumamente fácil es del detectarse: el sujeto A explotó al B si él vive mejor a costa de que lo haga peor ése; siendo las diferencias entre A y B de clase social o género y raza, nación u otra cosa cualquiera).
 
Por poner ejemplos, en Catalunya se vio un descenso sobre la esperanza de vida para las tasas del crecimiento, al estallar su Gran Recesión; lo que sucedió desde 2007: realmente, la tasa de mortalidad creció un 10%, pasando de 7,98 a 8,77 defunciones por cada 1.000 habitantes entre 2010 y 2015 (cuando había descendido durante los años anteriores). Y otra situación semejante ha ocurrido con el promedio para España, tanto en descenso respecto a la tasa incremental sobre las esperanzas de vida como al aumentar sus mortalidades.
 
Estos cambios han ocurrido a la vez que aumentaban las desigualdades de mortalidad, entre ciudades (con distintos niveles económicos) y barrios (también de niveles económicos diferentes) dentro de las mismas. Por Catalunya, la diferencia en esperanzas de vida entre ciudades con elevada renta -cual Sant Cugat del Vallès- era 8 años más que para las otras -como El Prat de Llobregat o Sant Adrià de Besòs- del cinturón (obrero) junto a Barcelona... Y sobre la misma capital, los barrios con superior renta -como Pedralbes- registraron durante 2009-2013 esperanza de vida 11 años mayor que otros –obreros del tipo Torre Baró, por ejemplo, para las más bajas- en toda el Área Metropolitana barcelonesa.
   
    Postdata, de 3 días después: 

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