lunes, 13 de marzo de 2017

In memoriam de "Isabelita" (Escudero… y con Agustín García Calvo, clar@) alegría, siempre!

 
Formaban una entre aquellas parejas intelectualmente más extraordinarias, del último siglo, convertida en todo un icono de la intelectualidá transgresora y los espíritus rebeldes
 
 
     SONETOS TEOLÓGICOS
  
          I
 
Enorgullécete con tu fracaso,
que sugiere lo limpio de la empresa:
luz que medra en la noche, más espesa
hace la sombra, y más durable acaso.
    
No quiso Dios que dieras ese paso,
y ya del solo intento bien le pesa;
que tropezases y cayeras, ésa
es justicia de Dios: no le hagas caso.
 
¿Por lo que triunfo y lo que logro, ciego,
me nombras y me amas?: yo me niego,
y en ese espejo no me reconozco.
 
Yo soy el acto de quebrar la esencia:
yo soy el que no soy. Yo no conozco
más modo de virtud que la impotencia.
 
 
      y   II
  
Pero no cejes; porque no se sabe
cuándo pierda el amor, dónde la tierra
volteando camina, ni qué encierra
mensaje del que nadie tiene clave.
 
Pues el Libro Mayor (y eso es lo grave)
del Debe y el Haber nunca se cierra,
y acaso acierte el que con tino yerra;
ni es nada el mundo hasta que el mundo acabe.
  
Si te dicen que Dios es infinito,
di entonces que no es; y si finito,
que lo demuestre pués y que concluya.
  
Pero no hay Dios ni hay Ley que a contradanza
no se pueda bailar. Tu muerte es tuya.
Tu no saber es toda tu esperanza.
 
          (Del ‘Sermón de ser y no ser’, A. Gª C.)
 
 
"A la vez de Psicología y Filosofía doctora, poetisa y narradora, Isabelita nos ha mantenido viva la memoria del filósofo zamorano, con quien compartió proyectos, vida y reivindicaciones.
  

Una enfermedad fulminante se llevaba esta madrugada en Madrid a Isabel Escudero Ríos, la eterna compañera del filósofo zamorano Agustín García Calvo, con quien se le vio durante 40 años. Doctora en letras, profesora honoraria de UNED, escribiente declamadora, Isabel Escudero (Isabelita, como la llaman sus íntimos) era la memoria viva del filósofo zamorano desaparecido, con quien tanto compartiera.
 
Su sonrisa generosa, sus pamelas y gorros, sus ojos vivos de pitonisa, entre sus collares y sus pañuelos; sus vestidos etéreos de gasa y colorines, su larga melena al viento o las flores prendidas siempre en su cabello denotaban que Isabel era una mujer especial y brillante, alegre, vital. Dotada de una especial sensibilidad y musicalidades deliciosas entre sus rimas, era extraordinaria conversadora que reivindicaba el poder de los cuentos al amor de la lumbre o versitos infantiles en sus canciones del óptimo Coser y cantar, las historias del burro que "Burro" se llamaba y andanzas de su amor por el mundo.
 
Compañera durante décadas de A. García Calvo, ella y él compartieron muchísimo. Centenares de los zamoranos la recordarán en el "Cuartel Viriato", entre aquella magnífica Universidad Popular, siempre al lado del ‘Maestro’ -como ella lo llamaba- embarcada en una experiencia vital que se ha prolongado más allá de la muerte. Desde que Agustín falleciera el 1 de noviembre del 2012, Isabel ha sido su memoria viva, recordándole vidas y obras, declamando, escribiendo. Fue un golpe duro de la vida. Aquel día cantó Amancio junto a la tumba.
   
Ahora, al mismo tiempo que florece la violeta sobre las tierras zamoranas que cubren a nuestro Agustín, Isabel se nos ha ido. Será incinerada en Madrid y sus cenizas serán repartidas entre la tumba donde descansan sus padres y la casa que compartiera con aquel filósofo en Las Navas del Marqués, que tantas tertulias guarda entre sus muros.
   
¡Buen viaje, Isabelita! Ten encendido el fuego para cuando volvamos a vernos."

 

 

1 comentario:

  1. Isabel Escudero, poeta: la verdad del aire

    Antes de cada recital que daban, y dieron cientos, Isabel con Agustín Gª Calvo gustaban de advertir que si las piezas que leían no nos decían nada entonces las habían escrito ellos, el yo particular de cada uno, pero que si, por un acaso, alguna conseguía herirnos, entonces eso significaba que quien las había sacado de la nada o cazado en el aire no eran ni el uno ni la otra, sino algo misterioso, imposible de cuantificar, que corre siempre por debajo y que quizá pudiera denominarse pueblo. Frecuentemente, en los recitales de Isabel, salías herido o con alguna de sus coplas o cantares clavado en una pared del cerebro, unas palabras que desvelaban un secreto que hasta entonces no habías sabido enunciar pero que, gracias a que estabas hecho de lo mismo que ella, gracias a que ella tenía el talento o la magia de leer lo invisible, quedaba ya para siempre descubierto. "Yo sé que me moriré algún día/ Si no lo supiera/ no me moriría".

    Formó con Agustín un ‘dúo’ -uno de los grandes libros AGC lo titula ‘Contra la pareja’…- que se distinguió por su incansable labor en favor de la poesía popular, cuya pretensión esencial es surcar el aire y ser voz de otros hasta perder el nombre propio de quien la hubiera engendrado. Lo extraordinario de sus estampas -apariencia hippie y tal- consiguió quizá que muchos se los tomasen menos en serio de lo que sus extraordinarias obras merecían. De hecho, parece mentira que del poema póstumo de Gª Calvo, un milagroso ‘Sermón del dejar de (ser… o no) ser’, no se haya escrito apenas en prensa, más allá de un grupo siempre fiel de seguidores.

    Eran, por supuesto, empresas contra el tiempo, la pretenciosa modernidad y su realidad. De ahí que la obra poética de Isabel tenga esa ingravidez milagrosa… Precisamente por aspirar a perder el nombre propio de la autora, en época donde se diría que caudal máximo al que se puede aspirar es a tener una voz personal, su obra era tan distinguida. Nadie como ella supo hacer avanzar incesante novedad de la tradición popular. Con oído infalible y un ingenio que debía proceder del observar la vida cotidiana y reconocer la realidad como parque de abstracciones encerrándonos en conceptos, produjo una serie de libros compuestos por pequeñas piezas atentas a la honda levedad de los cánones en la poesía popular. ‘Coser y cantar’ (1984), ‘Cifra y aroma’, ‘Fiat Umbra ‘, ‘Gorrión... migajas’, ‘Nunca se sabe’ y ‘Alfileres’ (Coplas libertarias: 2014). Cuando de vez en vez acertaba, nos hería como sólo los grandes poetas han sabido hacerlo, con una gracia y economía excepcionales: "Esto sí que tiene ciencia/ Yo dependiendo de ti/ y tú de tu independencia".

    En sus poemas no dejan de hablar las cosas concretas de la vida: cuando aparece un concepto, es por hacerlo trizas. "El juego del Amor es/ un juego tan complicado,/ que el que pierde no sabe/ cual de los dos ha ganado". Y su magia consiste en aplicar una lupa que desvele el secreto del mundo: "En una gota de agua/ caben tres ríos/ Y en cada instante/ el infinito". Para abrazar esa colección de secretos, es necesario liberarse de todo ideal capcioso, de las mentiras de la realidad, de toda fe: "Llevo la fe prendida/ con alfileres/ para que cuando sople el aire/ se me la lleve". La verdad del aire contra la mentira de la fe…

    Estudió aplicación didáctica de la poesía popular y los ritmos tradicionales (en la UNED). Fruto son ’Razón Común=Razón poética’ y ‘Cancionero didáctico: Cántame y Cuéntame’, sobre uso del juego y milagro de la poesía con escolares.

    Juan Bonilla (8/3/17-EM)

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